A Calderón
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«La venerable Congregación de sacerdotes naturales de esta villa, puso aquí esta inscripción, con permiso de D. Diego Ladrón de Guevara, caballero de la Orden de Calatrava y patrón de esta capilla.»
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- (Capilla de San Salvador, sepulcro de D. Pedro Calderón de la Barca.)
Hay una antigua capilla
Pobre por su antigüedad,
Negra por su oscuridad,
Revocada por la villa,
Donde se lee en un rincón,
Más que con ojos con manos:
«AQUÍ LOS RESTOS HUMANOS
DE DON PEDRO CALDERÓN.»
- I - Ave osada, cuyas plumas Vistieron de cien colores Con sus matices las flores, Con su nieve las espumas. A cuyos ojos el sol Prestó luz y atrevimiento, Y a cuyas alas dio viento Tu noble aliento español. A quien la tierra dió sombra, Y la fortuna dió calma, A quien un rayo dió el alma, Y el universo una alfombra. Águila para volar, Reina del viento naciste, Fénix al mundo saliste Para vivir y cantar. Aguila fue tu osadía, Que con su atrevido vuelo Subió arrebatada al cielo A beber la luz del día. Fénix fueron tus cantares, Pues al nacer y al morir Sólo se hicieron oír Al calor de sus hogares. Aguila tus ojos son, Y fénix es tu garganta, Es fénix la voz que canta, Y águila la inspiración. Si el águila ojos te da, Te da el fénix melodía, Para tu luz y armonía, Ni ojos ni oídos habrá. Mas, por desgracia o fortuna, Ya tu garganta está seca, Y allá en tu pupila hueca No queda mirada alguna. Duerme en paz en tu rincón, Donde levantó tu gloria Una cruz a la memoria De DON PEDRO CALDERÓN. Que si un mármol reclamó Tu grandeza y te le dieron, Según lo que le escondieron, Parece que les pesó. Yaces en un templo, sí, Pero en tan bajo lugar, Que pareces aguardar Hora en que huirte de allí. Mucho te guardan del sol: ¡Temerán que te ennegrezca!..... O tal vez no lo merezca Tu ingenio y nombre español. En vez de tan vil lugar, Si fueras un potentado, Sepulcro te hubieran dado Delante del mismo altar. Porque al magnate altanero Le dan virtud y oraciones El oro de sus blasones, Y su fortuna primero. Mas duerme tranquilo ahí; En ese rincón inmundo, Para sarcasmo del mundo, Te basta tu nombre a ti. Que imbécil o descuidada La malignidad del hombre, Dejó olvidado tu nombre Sobre el sello de tu nada. - II - Sombra ultrajada, perdona Si tu sueño interrumpí, Que mi atrevimiento abona Lo poco que soy en mí, Lo mucho que es tu corona. Mis ojos te quieren ver, Pero cuando más te miran, Más imposible ha de ser. ¡Su lumbre van a perder Ojos que por ti deliran! Mis ojos ven tu laurel, Y ver quisieran tu alma; Que es martirio bien cruel Desesperado al pie dél Suspirar por una palma. Mas si nada he de poder, Digno Calderón, de ti, Si el que a llorar venga aquí Grande como tú ha de ser,, A tu vez llora por mí, Que menos no he de volver. Pues tu osada inspiración Eterna quedó en la historia, Duerme en paz en tu rincón, Donde levantó tu gloria Una cruz...., triste memoria De DON PEDRO CALDERÓN.