A doña Sylla Silva de Más y Pi

De Wikisource, la biblioteca libre.


A doña Sylla Silva de Más y Pi
de Evaristo Carriego



A Doña Sylla Silva De Mas y Pi
                   En su álbum



Si de estas cuerdas mías, de tonos más que rudos, 
te resultasen ásperos sus rendidos saludos, 
y quieres blandos ritmos de credos idealistas, 
aguarda delicados poemas modernistas 
que alabarán en oro tus posibles desdenes, 
coronando de antorchas tan olímpicas sienes, 
devotos de la blanca lis de tu aristocracia, 
con que ilustro los rojos claveles de mi audacia, 
o espera, seductora, decadentes orfebres 
que graben tus blasones en sus creadoras fiebres: 
Yo trabajo el acero de temples soberanos: 
los sonantes cristales se rompen en mis manos. 

Palmera brasileña, que al caminante herido 
ofrendarás tus dátiles de Pasión y de Olvido, 
en el Desierto Único: tú eres la apoteosis 
que nimbando de incendios sus fecundas neurosis, 
cruzas por los vaivenes de sus hondos desvelos 
como si fueras Luna de sus noches de duelos. 
Yo traigo a tu floresta la Alondra moribunda 
que, en el violín del Bosque, preludió la errabundo 
sinfonía terrena de aquel Ardor eterno 
que ahuyenta suavemente las aves del Invierno, 
y en las horas tranquilas descubre su cabeza 
como un símbolo vago de Amor y de Belleza. 

Y pasas, y no sola, presintiendo dorados 
orientes, los propicios a los enamorados, 
como una novia enferma que evoca espirituales 
promesas en las largas noches sentimentales, 
o esperas al amado, sonriente, como algunas 
heroínas que aguardan al amor de las lunas 
hojeando florilegios alegres de la Galia, 
con manos de Giocondas poéticas de Italia. 
¡Oh, las divinas magas que comulgan misterios 
en los ratos fugaces de indecibles imperios 
cuyos tiernos mandatos y ansiadas tiranías 
de las claudicaciones saben las agonías! 

Quiero brindarte versos porque te finjo buena, 
con no sé qué bondades y porque eres morena 
como la inspiradora de mis lejanos votos 
perspectivas azules de paisajes remotos. 
Generosa que amparas de los fríos crueles, 
como un fruto viviente de tus sanos vergeles, 
las rosas inviolables que tus labios oprimen. 
(¡Oh, las instigadoras del ensueño y del crimen!) 
Paloma fugitiva de la Ciudad vedada, 
donde el dolor muriera bajo la enamorada 
caricia del Consuelo: ¡Ciudad donde las risas 
suenan como campanas de las futuras Misas! 

Ya sobre los hastíos de tus meditaciones, 
como en fugas radiantes escucharás canciones 
de músicas heráldicas, de las músicas locas 
que enardecen las ansias y enrojecen las bocas 
en besos fecundantes, cual rocíos de mieles 
que hasta en el yermo hicieron florecer los laureles. 
Yo, a tu rostro moreno consagraré violetas, 
las nerviosas amadas tristes de los poetas, 
y allá en las tibias tardes, serenas de optimismos, 
cuando al disipar todos tus más graves mutismos 
mis estrofas de hierro torturen tu garganta, 
has de pensar, acaso ¡Si es un hierro que canta! 

Como un deslumbramiento de rubias primaveras 
irradian y perfuman las dichas prisioneras 
de todos tus encantos. ¡Oh, poemas paganos! 
Heroína y señora de rondeles galanos: 
para que siempre puedas orquestar tus mañanas 
calandrias y zorzales mis selvas entrerrianas 
te ofrecen en mis trovas. ¡Que en todos los momentos 
te den las grandes liras sus más nobles acentos, 
y revienten las yemas donde el Placer anida, 
en las exaltaciones gloriosas de la Vida 
que surgen en el cálido Floreal de tus horas 
como un carmen de auroras, eternamente auroras!
Herramientas personales