En continuo movimiento
estoy de noche y de día,
siempre acortando la vida;
mira que no soy el tiempo.
En medio del cielo estoy
sin ser lucero ni estrella,
sin ser sol ni luna bella;
aciérteme usted quién soy.
En el campo me crié
entre matas y lentiscos,
nunca zapatos calcé,
hábito franciscano visto,
dos martirios pasaré
pero no será por Cristo,
y así al cielo no iré.
Un pastor vio en la montaña
lo que no vio el Rey en Castilla,
ni el Pontífice en su silla,
ni Dios con ser Dios lo vio.
A la inquisición llevaron
a una porción de sujetos,
y muertos que fueron estos,
sus restos depositaron,
y a otro año de ellos sacaron
al origen de sus pleitos.
Cinco compañeros juntos
por lo regular vivimos,
y cuando nos dividimos
es para varios asuntos;
sirvo al vivo y al difunto,
siempre en movimiento estoy,
de una parte a otra voy
por mandato de los hombres
a quien serví, no te asombres,
aun antes de ser quien soy.
Añade a la letra B
el romper de una limeta,
y sabrás cómo se nombra
la que a mí me desatienda.
Una dama que anda siempre
por tejados y azoteas,
doce galanes rondan,
a una toma y a otra deja.
M. V. G. E. R.
(Anagrama.)
La M, muerte publica;
vicio la V, bien formada;
la G, guerra; la E, espada,
y la R, rayo indica.
De modo que si me ensayo
a unirlas como se advierte,
dicen estas letras: «Muerte,
vicio, espada, guerra y rayo».
¿Qué ingenio torpe e inmundo
mujer así disfrazó
y de tal modo ultrajó
la mejor cosa del mundo?
¿No fuera más cierto y fijo
que dejara descifrado
mujer, maravilla, vida,
gloria, estrella y regocijo?»
Es nada mi segunda,
y de tal modo,
que mi primera
viene a ser mi todo.
Agua bebo
porque agua no tengo;
si agua tuviera,
vino bebiera.
Yo he visto un cuerpo sin alma
dando voces sin cesar,
puesto al viento y al sereno
en ademán de bailar.
Salí de tierra
sin yo quererlo,
y maté a un hombre
sin yo saberlo.
No soy cruz, ni voy al hombro;
no soy Espíritu Santo,
y hablo con lengua de fuego.
Ya me llevan, ya me traen,
y es darme mayor tormento,
porque el fuego en que me abraso
arde con el movimiento.
De lejas tierras me traen
a servir a un gran señor,
y sus ministros me queman
sin la menor compasión.
De la iglesia mayor vengo
de ver el mundo al revés,
el penitente sentado
y el confesor a sus pies.
Soy huésped aborrecible
y nadie quiere tenerme,
mas no se acuerdan de mí
sino cuando ya me tienen.
Delgada, gruesa o mediana,
y con los ojos de un tuerto,
con las mujeres estoy
en la ciudad y en el huerto.
Palmo, palo y plomo soy,
y soy cosa tan ligera,
que cuando quiero me marcho
sin tocar los pies en tierra.
Un hombre murió sin culpa
cuya madre no nació,
la abuela quedó doncella
hasta que el nieto murió.
Soy redonda como el mundo;
clara que eso no se diga,
y me hacen de por fuerza
que mi propio nombre «escriba».
¿Cuál será la muy mentada
que se halla al fin de la vida,
no halla en el mundo cabida
ni en el cielo tiene entrada,
que no se encuentra en los meses
y en la semana dos veces?
Sale de su sepultura
con la santa cruz a cuestas,
unas veces salva al hombre,
y otras, la vida le cuesta
Yo tengo calor y frío,
y no frío sin calor.
Apellídanme Rey, y no tengo reino:
dicen que soy rubio, y no tengo pelo;
afirman que ando, y no me meneo;
relojes arreglo, sin ser relojero.
Cualesquiera que me viera
entre cadenas metido,
creerá que contra la iglesia
algún mal he cometido.
Pues jamás cometí daño,
ni en obra, ni en pensamiento,
y estoy, por decreto humano,
condenado a fuego eterno.
Suélenme sacar al aire,
y es para mí más tormento,
pues el fuego en que me abraso
crece con el movimiento.
Es santa, y no es bautizada,
y trae consigo el día,
gorda es y colorada
y tiene la sangre fría.
Yo tengo nombre de santa,
y en mi hermosura y olor,
merezco ser comparada
con la que es madre de Dios.
Un árbol con doce ramas,
cada una tiene un nido,
cada nido, siete pájaros,
y cada cual su apellido.
En medio del mar estoy y no me mojo,
en brasas me colocan y no me abraso,
en el aire me hallo y no me caigo,
sin que puedas echarme me tienes en tus brazos.
¿Cuál es aquel asmastrote,
ídolo de la mujer,
por cuyos costados entran
dos a dos, y tres a tres?
Dos cosas tiene de llave,
y de Fortuna una y tres,
dos del juego de ajedrez,
tiene una de hombre armado,
y otra que si le falta
ya no se puede mover.
Mil veces doy alegría,
y otras mil causo dolor,
y aunque saben que yo engaño,
todos me tienen amor.
Una dama muy delgada
y de palidez mortal,
que se alegra y reanima
cuando la van a quemar.
¿Cuál es el bicho feroz
que anda sin tener pies,
con las alas arrastrando
y el espinazo al revés?
Un cercado bien arado, bien binado,
y reja en él no ha entrado.
Verde me crié en el campo,
negra fue mi mocedad,
y ahora me visten de blanco
para llevarme a quemar.
Vino cierto anciano un día,
y ufano con su valía,
me aseguró que en su nombre
un gran misterio hallaría;
en confusión me habéis puesto,
diga hermano la verdad;
diré que en el primer verso
la veréis con claridad.
En tres meses ha parido
una casada tres veces,
y cada preñado ha sido
de cabales nueve meses.
Muerdo al fuego, y el bocado
es daño y bien del mordido,
no vierte sangre el herido
aunque se ve acuchillado;
mas si es profunda la herida
por mano que no acierte,
causa al herido la muerte
y en la muerte está su vida.
¿Cuál es la dama pulida,
aseada y bien compuesta,
temerosa o atrevida,
pudorosa o descompuesta,
y gustosa o desabrida?
Si son muchos porque asombre
muda de mujer el nombre
en varón, y hay cierta ley
que habla por ella al rey
y la lleva cualquier hombre.
De colores muy galano,
soy bruto y no lo parezco;
perpetua prisión padezco,
uso de lenguaje humano,
si bien de razón carezco.
Un árbol que Dios crió
de los cielos a la tierra,
si no lo cortan de chico,
de macho se vuelve hembra.
Al volver por una esquina
me encontré con un convento;
las monjas vestían de blanco,
la abadesa, de pellejo;
más arriba, dos ventanas;
más arriba, dos espejos.
más arriba, una plazuela
donde pasean los polluelos.
Fui al campo,
me encontré un hombre sin brazos;
por sacarle el corazón,
le hice el cuerpo pedazos.
Blanco como la leche,
negra como la pez,
habla sin tener lengua,
anda sin tener pies.
Una dama de linda lindeza,
con doce galanes se sienta a la mesa;
uno la toma, otro la deja;
con todos se casa y queda doncella.
Alicol que no tiene col,
ni alas, ni pies, ni pico,
y su hijo alicantico,
tiene alas, pies y pico.
Yo vi venir a un hombre,
un estudiante juró
que venía de comer
lo que Dios nunca crió.
Ningún día fuí hija,
ahora soy madre,
el príncipe que mis pechos críe
es marido de mi madre;
acertarla, caballeros,
si no dadme a mi padre.
Fui al campo,
corté un bastón,
cortarlo pude,
rajarlo no.
Vestido de fraile vengo,
a ver al padre prior,
traigo los hábitos blancos,
y amarillo el corazón.
En el campo me crié
metido entre verdes ramas,
y ahora me veo aquí
al servicio de estas damas;
ellas me dan de comer
y yo no les pido nada.
Por inútil y por viejo,
me apartó el rey de su tropa,
y sin darme pres ni ropa
total me quitó el manejo,
dejándome boca abajo,
en pago de buen servicio.
Tan grande soy como el mundo,
y con todo, no me ves;
tiénenme por vagamundo,
cércote de ancho y profundo,
todo de cabeza a pies.
Una dama está en faldetas,
un galán está bailando,
y al son de las castañuelas
las tripas le va sacando.
[editar] Más acertijos
Soluciones de los acertijos populares