Antigüedades Nicaragüenses

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Contenido

PORTADA[editar]


SOCIEDAD SUECA DE ANTROPOLOGIA Y GEOGRAFIA


ANTIGUEDADES NICARAGUENSES


por


CARL BOVALLIUS




ESTOCOLMO, 1886

KONGL. BOKTRYCKERIET

P.A. NORSTEDT & SÖNER



Dedicatoria[editar]

AL ANTICUARIO REAL DE SUECIA



Dr. HANS HILDEBRAND


ESTE TRABAJO,


CUYA PUBLICACION HA SIDO POSIBLE SOLAMENTE

GRACIAS A SU AMABLE APOYO,


LE ES DEDICADO CON GRATITUD


POR EL AUTOR.



Contenido[editar]

Introducción.................................1

Estatuas en Punta del Sapote.................13

Estatuas en Punta de las Figuras.............33

Petroglifos en la isla de Ceiba..............42

Objetos de cerámica de Ometepec, Zapatera y Ceiba.............................48

Apéndice: Objetos pequeños de piedra.........50



Colección Cultural de Centroamérica[editar]

El Fondo de Promoción Cultural del Banco de América editó en calidad y en cantidad la mejor colección de obras arqueológicas e históricas, literarias y artísticas que se haya publicado en Nicaragua. Quedo interrumpida la colección cuando el gobierno nacionalizó los bancos. Al instaurarse bajo el nuevo régimen la democracia y la economía de mercado: BANEXPO contando con miembros del anterior Consejo Asesor del Fondo de Promoción Cultural y con nuevos elementos de gran valor se propone no solo reanudar la colección interrumpida sino centro-americanizar su proyecto, haciendo accesible al lector de las repúblicas del istmo aquellos libros que definen, sustentan y fortalecen nuestra identidad.

Esta labor editorial que facilitará la enseñanza y la difusión de nuestra cultura en las escuelas, institutos, centros culturales y universidades, producirá simultánea y necesariamente una mayor unidad en la cultura del istmo; unidad cultural que es el mejor y más poderoso cimiento del Mercomún y de cualquier otra vinculación política o socio económica de la familia de repúblicas centroamericanas.

Este es un momento histórico único de acontecer del continente: todas las fuerzas tienden a la formación de bloques regionales, pero la base y motor de esas comunidades de naciones es la religión, la Lengua y las Culturas compartidas.

BANEXPO quiere ser factor activo en esa corriente con la publicación de la "Colección Cultural de Centro América" Pablo Antonio Cuadra.


Reconocimiento[editar]

La publicación de este (y otros) libros en Wikipedia, tanto las versiones en inglés como en español, ha sido posible gracias a la desinteresada aportación de los libros, por el filántropo Nicaragüense Patrick D. Bolaños, un amigo de la humanidad.

Consejo Asesor del Fondo de Promoción Cultural[editar]

La Colección Cultural de Centro América, para desempeñar sus funciones está formada por un Consejo Asesor: Este Consejo Asesor se dedicará a establecer y vigilar el cumplimiento de las políticas directivas y operativas del Fondo.

El Consejo Asesor de la Colección Cultural de Centro América está integrado por:

  • Dr. Francisco X. Aguirre-Sacasa
  • Dr. Emilio Alvarez Montalván
  • Ing. Adolfo Arguello Lacayo
  • Dr. Alejandro Bolaños Greyer
  • Dr. Arturo Cruz S.
  • Don Pablo Antonio Cuadra.
  • Dr. Ernesto Fernández-Holmann
  • Dr. Jaime Incer Barquero
  • Dr. Francisco J. Laínez
  • Ing. Rene Morales Carazo
  • Lic. Ramiro Ortiz M.
  • Dr. Gilberto Perezalonso
  • Lic. Marcela Sevilla-Sacasa
  • Lic. Pedro Xavier Solis
  • Arq. José Francisco Teran

Miembros Honorarios

  • Lic. Jorge Canahuatti
  • Rev. Manuel Ignacio Perezalonso

I - Introducción[editar]

Página 1[editar]

NICARAGUA es, para el investigador, riquísimo campo de estudio de la arqueología americana. Esto lo descubrí en dos años de permanencia en la América Central.

Tuve allí varias veces la suerte de encontrar lugares bastante ricos en reliquias prehistóricas, o más bien precolombinas. Siendo como es muy poco lo que se sabe de arqueología centroamericana, y escasísimos además los libros sobre esa materia, especialmente en lo que toca a Nicaragua, me he propuesto describir brevemente y dibujar aquí los ídolos, petroglifos, objetos de cerámica, etc., descubiertos por mí en Nicaragua, en parte dibujados o fotografiados en el mismo lugar en donde fueron encontrados y en parte traídos aquí a Suecia. No pude, desafortunadamente, traerme ninguno de los ídolos; pero mi colección nicaragüense consta ahora de gran número de reliquias fácilmente transportables, cerámica en su mayor parte. Todo está ahora en el Royal Swedish State Museum. Las láminas de esta obra son todas fotografías o dibujos míos hechos en Nicaragua. La mayor parte de los ídolos no habían sido dibujados ni descrito antes; algunos si fueron mencionados o dibujados por E. G. Squier[1] en su excelente obra sobre Nicaragua. Así encontré, sin embargo, al hacer comparaciones allí mismo, que algunos de los dibujos de Squier no concuerdan exactamente con los mismos ídolos, lo cual me indujo a publicar también los míos propios, que son seis.

Aunque este esbozo no pretende ser la historia de la América Central ni de Nicaragua siquiera, me he permitido hacer una somera exposición de los pocos e inconexos datos existentes acerca de las tribus que antiguamente poblaron Nicaragua, es decir de la época en que tal vez fueron esculpidos los ídolos que nos ocupan.

Página 2[editar]

Las fuentes ilustrativas de los anales de esas tribus y su cultura son, además de Squier, los viejos cronistas españoles Oviedo, Torquemada, Herrera, y Juarros, las obras de Las Casas y Pedro Mártir, el libro de Thomas Gage, y también diversos apuntes de Gomara, Ixtlilxochitl, Dampier y otros.

Cuando en 1521 y 1522 Gil González de Ávila invadió la región que ahora ocupan Nicaragua y la zona noreste de la república de Costa Rica, estaba habitada por pueblos indígenas de cuatro cepas diferentes que pueden muy bien ser de distinto origen llegadas al país en épocas muy separadas unas de otras.

La costa atlántica, con su lujuriante vegetación pero húmedo clima y la región montañosa adyacente con sus dilatadas florestas primitivas, eran el domicilio de tribus más o menos nómadas que vivían en un bajo grado de civilización. Puede inferirse, no obstante (merced a ciertos datos que se leen en la relación del tercer viaje de Colon, así como en los escasos detalles que dan algunos bucaneros o filibusteros que merodearon por allí) que esos indios poseían una cultura y un nivel de vida más elevados que el de las hordas de moscos, ramas, sumos y otras que pueden considerarse descendientes de aquellos.[2]

Página 3[editar]

Entre esta franja de terreno de la costa atlántica y los dos grandes lagos, el Xolotlán (Lago de Managua) y Cocibolca (Lago de Nicaragua), queda una región de tierras altas que se eleva gradualmente hacia los lagos y que según dejo escrito Oviedo estaba en su tiempo habitada por los chontales. Este nombre quedó perennizado en el "Departamento de Chontales". Sus pobladores vivían en grandes pueblos y ciudades y se dedicaban a la agricultura. Posiblemente eran de la misma cepa —o de muy cercano parentesco— de la gran familia maya que se extendiera sobre partes del este de Honduras y de Guatemala dando origen a la población de Yucatán. Esta hipótesis es admisible por el hecho de que varias palabras de su idioma son muy similares a sus correspondientes vocablos en dialectos mayas. Sus descendientes sean tal vez los poas, toacas, lacandones, y guatusos. Estos también viven en un estado de civilización muy inferior al de sus posibles antepasados.

Si la región oriental de Nicaragua, debido a sus casi impenetrables montañas y clima húmedo, es menos apropiada para asiento de una raza de gran cultura, la occidental, en cambio, es mucho más adecuada para tal fin y parece señalada por la propia naturaleza para convertirse en uno de los emporios de la civilización. Por sus fértiles planicies, valles risueños y cerros accesibles; por sus esplendidos lagos, apacibles ríos y umbrosas montañas, el país parece ideal para el más exigente poblador. Esa región, cuando llegaron los españoles, estaba densamente poblada y dividida en gran número de pequeños señoríos a los que pueden señalárseles dos diversas cepas, o troncos, de diferente idioma y carácter. Uno de ellos, el tercero de los vástagos de los cuales arranca la población de Nicaragua es el de los chorotegas o mangues. Ocupaban estos el territorio situado entre los dos lagos y toda la fértil planicie del oeste y norte del Lago de Managua hasta la costa del océano Pacifico y el Golfo de Fonseca.

Página 4[editar]

Oviedo dice que esos fueron los aborígenes y primeros amos del país, pero no aporta ninguna prueba en apoyo de su aserto. Los chorotegas se dividen por lo general, en cuatro grupos, a saber:

  • Los Cholutecas de las costas del Golfo de Fonseca, cuya principal población fue la presente ciudad de Choluteca.
  • Los nagrandanos, entre el Lago de Managua y el Pacifico; su capital fue Subtiava, cerca de lo que hoy es León.
  • Los dirianes, entre los lagos de Managua y Nicaragua hasta la costa del Pacifico; su poblado más grande fue Xalteva, hoy Granada. Y,
  • Los orotinas, bastante separados del resto de la familia, que habitaban la península de Nicoya y el territorio del Guanacaste que comprende la parte noroeste de la república de Costa Rica. Las opiniones, sin embargo, difieren en cuanto a la clasificación de estos grupos. Consideran algunos autores que los Cholutecas son un vástago de los pipiles de El Salvador, lo cual les haría de origen tolteca. Hay en verdad muchos nombres geográficos en su territorio que parecen corroborar tal opinión. Otras autoridades en la materia atribuyen origen mexicano a los orotinas, y últimamente el Dr. Berendt[3] ha sugerido que los chorotegas pueden ser un vástago tolteca, siendo el nombre chorotega corrupción de Choluteca.

La última (o cuarta) de las tribus que habitaban Nicaragua fue la de los niquiranos. El territorio que esta gente ocupaba era el más pequeño de todos: el estrecho istmo formado por el Lago de Nicaragua y el Pacifico, más las islas de Ometepe y Zapatera, en dicho lago; pero aunque pequeño en extensión fue quizá el más fecundo de todo el país, el consentido de la naturaleza.

Página 5[editar]

Conforme a los unánimes testimonios de los viejos cronistas, los niquiranos eran una tribu mexicana que llego a poblar esa región en tiempo relativamente cercano. No puede precisarse si eran toltecas o aztecas, y esta incógnita no podrá tal vez dilucidarse hasta que sus vestigios, numerosísimos por cierto, sean cuidadosamente estudiados y comparados con las reliquias arqueológicas mexicanas catalogadas ya. En cuanto a mi toca, creo que eran aztecas llegados al país en época más o menos moderna, quizá poco más de cien años antes del Descubrimiento. Vivian en permanente hostilidad con los chorotegas y tal vez —al establecerse allí— expulsará a los orotinas, que así quedaron separados de su tronco chorotega. Los inteligentes y bien conformados indios de la isla de Ometepe son sin duda descendientes de los niquiranos; confirma esta opinión su lenguaje, que gracias a la acuciosa investigación de Squier denota ser de origen mexicano y presenta muy estrecha similitud con la pura lengua azteca. Constituyen ahora un grupo pacífico y laborioso, un poco huraños con los extranjeros; se expresan a menudo en español, pero suele también oírseles hablar entre sí en su propio idioma. Con respecto a este se muestran muy renuentes a dar ninguna explicación, y lo único que por lo común responden es: "es muy antiguo", "no se nada". Los indios de Belén y sus alrededores son muy parecidos a los de Ometepe, pero están, no cabe duda, mezclados con elementos foráneos.

Según Oviedo, Torquemada. y Cerezeda, (el último de los cuales acompañó a Gil González de Ávila en su expedición de 1522, y puede por tanto al igual que Oviedo hablar de sus observaciones personales) los niquiranos tenían un grado de civilización superior al de sus vecinos. Pero los chorotegas poseían también una cultura muy avanzada.

Página 6[editar]

En verdad que al leer los escasos relatos de los postreros días de esas gentes, uno se siente tentado a sostener que en desarrollo armónico de las facultades mentales, eran superiores a esa nación que, por su caterva de aventureros sanguinarios y rapaces glorificados en la historia con el nombre de "Conquistadores", lleva sobre si la ignominiosa responsabilidad de ser la exterminadora de aquella civilización. Porque fue de veras tan rápido y radical ese exterminio, mediante el fanático vandalismo de sacerdotes "cristianos" y los sangrientos crímenes de una soldadesca codiciosa, que la historia no sabe de otro caso similar. Débese a eso que el investigador de la relativamente moderna cultura de la América Central se ve obligado a recorrer caminos más trabajosos y llenos de lagunas que el estudiante de las civilizaciones de Egipto y de la India, desaparecidas miles de años ha.

Pese a ello, es tanto ya lo que se sabe en nuestros días que podemos afirmar que los pueblos indígenas de la América Central estaban muy adelantados en política y materia social, así Como en las ciencias y las artes. Más aun así debemos seguir estudiándolos hasta obtener un conocimiento más profundo de su cultura, indagar con empeño en todo el país con el fin de descubrir los ídolos enterrados o que la celosa vegetación guarda ocultos en las casi impenetrables selvas que ahora encubren muchos de los sitios antes ocupados por populosas y florecientes ciudades y templos artísticamente decorados.

Mediante un cotejo de estos ídolos con los de la cultura mexicana, un poco mejor conocidos en ciertos aspectos, podemos llegar a solucionar algunos de los intrincados problemas referentes a los aborígenes y a la prehistoria de la América Central.

Página 7[editar]

Los ídolos dibujados por mí los encontré en su mayoría en la isla de Zapatera, los petroglifos en la islita La Ceiba, cercana a Zapatera; solo unos pocos objetos de cerámica son de Ometepe. Todos esos lugares quedan dentro de la comarca de los niquiranos, y tal vez por esto pueda considerárseles ejemplares de arte azteca, o de otro muy estrechamente emparentado con él. Los pocos ídolos que vi en los alrededores de Granada y en sus isletas vecinas, así como los ídolos y altos relieves de la isla volcánica de Momotombito, en el Lago de Managua, pertenecientes, tal vez, los primeros a los dirianes y los últimos a los nagrandanos, me parece fueron mucho más toscamente labrados, sin ningún esfuerzo por copiar el cuerpo humano; mientras que muchos de los de Zapatera dejan ver a las claras un exacto conocimiento anatómico, como se observa a veces en la fiel reproducción de ciertos músculos, etc., y tanto es así que imaginamos a los niquiranos empleando modelos de carne y hueso. Es verdad que entre estos ídolos se encuentran algunas figuras quiméricas, pero por lo general sus creadores demuestran ser artífices de concepción más realista y de técnica más desarrollada que los escultores chorotegas. Los ídolos y demás reliquias descritas aquí difieren muchísimo de los encontrados en Copan, Quirigua, Uxmal, Palenque y otros lugares de la América Central, y su grado de diferencia es tal que no es fácil encontrar más que raras características de arte comunes.

Con excepción de las escasas observaciones dejadas por Oviedo, Cerezeda, y sus recopiladores, la fuente de nuestros conocimientos de la arqueología nicaragüense es la interesante obra ya mencionada de E. G. Squier.

Página 8[editar]

Después de este otros americanos trillaron la rutas abierta por el; durante muchos años el Dr. Earl Flint, de Rivas, ha buscado y encontrado gran diversidad de reliquias arqueológicas en el Departamento de Rivas y en la isla de Ometepe. A el debo mucha de la valiosa información recogida sobre esta materia, la cual me dio cuando tuve el gusto de conocerlo en Rivas en enero de 1883. Todo lo coleccionado por él ha pasado a la Smithsonian Institution, de Washington. En la obra "Archeological researches in Nicaragua",[4] por el Dr. J. F. Bransford, el autor hace una interesantísima descripción de sus investigaciones y descubrimientos realizados en la isla de Ometepe, donde logró juntar una numerosa colección de ollas funerarias, vasijas de barro y pequeños objetos de piedra y de metal. Se ha ocupado principalmente en descubrir cementerios indígenas en la parte occidental de la isla, habiendo aportado ya nuevas luces referentes a esta rama de la arqueología niquirana. La Smithsonian Institution se enriqueció con 788 reliquias enviadas por él. También ha copiado el doctor varios dibujos de petroglifos de Ometepe; estos parecen más rudimentarios y sencillos que los dibujados por mí en la islita La Ceiba. El Dr. Bransford describe asimismo varias piezas encontradas en Talmac, cerca de San Juan del Sur, en el Departamento de Rivas, y en algunos otros lugares de Nicoya, en Costa Rica. Desde el punto de vista lingüístico el Dr. Berendt, con sus perspicaces y acertadas observaciones de los idiomas indígenas de esa región y de los que se hablan en México y la parte septentrional de la América Central, aporta contribuciones de gran valor para el conocimiento de la antigua civilización nicaragüense.

Página 9[editar]

En la noche víspera de Año Nuevo de 1882-1883 llegue a Ometepe con procedencia de Granada y me aloje en el pueblito de Moyogalpa, en la punta noroeste de la isla. De allí salí en excursión por diferentes rumbos, y, aunque mis investigaciones zoológicas me ocuparon mucho tiempo, tuve también numerosas oportunidades de realizar excavaciones arqueológicas.

Escasamente un kilómetro al oeste del cementerio descubierto por el Dr. Bransford, excavamos un montículo simétrico que se elevaba metro y medio del suelo (Campamento 1). Encontramos una ollita, fragmentos de una gran olla funeraria de insólito espesor, patas y fragmentos de una olla trípode, y una pequeña imagen de santo de bronce, evidentemente este último objeto un huésped foráneo entre los demás. En Los Ángeles (Campamento 2) encontramos, medimos y dibujamos dos ídolos muy deteriorados; extrajimos algunos añicos insignificantes de ollería. En una bahía (Campamento 3) del norte, entre Moyogalpa y Alta Gracia, en un sitio que según los indios había sido ciudad, sacamos fragmentos de cerámica, dos buriles de piedra, un majador y algunas conchas perforadas y pulidas de las especies llamadas Oliva y Voluta, de la cercana costa del Pacifico. En un valle, o más propiamente hondonada (Campamento 4), cerca de Alta Gracia, en donde un gran cumulo de piedras semilabradas parecía indicar el sitio de un gran edificio derruido, hallamos fragmentos de ollería junto con un tazón de barro, más una bien conservada figurilla, sentada, de terracota a colores, muy similar a la que aparece dibujada en la página 59 de la citada obra de Bransford. A una altura de casi 350 metros sobre el nivel del lago y al lado oeste del majestuoso y bello cono volcánico (Campamento 5), encontramos, al remover un montículo de piedras bastante grandes, una olla de barro abovedada y con tapa, muy bonita y pintada en tres colores, así como muchísimos fragmentos de ollería. Hice también seis excavaciones más en diversos lugares de Ometepe, como por ejemplo en el istmo que media entre los volcanes Concepción y Madera, pero sin frutos dignos de consideración.

Página 10[editar]

Más de un mes pase en esa encantadora isla recorriéndola a pie y a caballo en todas direcciones, escalando el volcán, remando y navegando en las lagunas y bahías que bordean sus costas, y entre las cuales no podré olvidar esos paraísos de caza que son las lagunas de Santa Rosa y Charco Verde. Salí de Ometepe a principios de febrero para San Jorge, en tierra firme. Un poco al norte de ese poblado realice algunas fáciles excavaciones sin haber obtenido resultados satisfactorios. Del Departamento de Rivas enrumbe hacia las isletas llamadas Los Corrales, archipiélago de exquisita belleza situado un poco al sur de Granada y que debe su existencia al extinto volcán Mombacho, de cuyas entrañas deben haber brotado en una o más erupciones. Su vegetación es tan pujante y pomposa que ha hecho de esos montones de fragosos peñascos risueñas isletas que el viajero no se cansa nunca de admirar. Ahora solo en sus riberas —donde los trallazos de las espumosas olas del Lago de Nicaragua mantienen a raya el avance de la verde vegetación— pueden verse las negras rotas de basalto. En algunas de esas isletas medimos y dibujamos unos cuantos ídolos, pero desafortunadamente no pudimos utilizar allí nuestro aparato fotográfico.

Después de varios días pasados en las isletas y de un corto viaje a Granada en busca de material fotográfico, partí a la isla de Zapatera. Allí acampamos por largo tiempo en la playa de la bahía de El Chiquero, la cual bordean cinco casas de otras tantas familias. Esos son al presente los únicos habitantes de esta isla grande y fértil que sin duda estuvo antes poblada por millares de niquiranos edificadores de prosperas ciudades y esplendidos teocalis. La islita La Ceiba queda frente a dicha bahía (véase el mapa No. 2).

Página 11[editar]

Zapatera es, en mi opinión, una isla volcánica. Creo que el noroeste de ella corresponde a la cumbre de un cono volcánico hundido, y la bahía de El Chiquero al propio cráter; el angosto y alto ribete montañoso que circunda la bahía forma el borde del cráter, siendo la islita La Ceiba prolongación del mismo ribete. La laguna de Apoyo, a solo un kilómetro de la costa, puede haber sido un cráter lateral.

La isla de Zapatera tiene diversidad de paisajes de arrobadora belleza. Lindos valles regados por riachuelos, fértiles mesetas, pintorescos cerros alfombrados de verdor hasta su cúspide, y bahías y ensenadas con excelente fondeadero. Desgraciadamente yo no pude examinar —desde un punto de vista arqueológico— más que una parte del norte de esa isla, y la islita La Ceiba. Mis bondadosos anfitriones en la isla, don José Lobo, doña Julia Solórzano, señorita Virginia Mora, don Jacinto Mora, y otros, me ayudaron con todo entusiasmo en mis investigaciones zoológicas y arqueológicas. Su sincera hospitalidad hizo de mi estadía en Zapatera el recuerdo más grato que tengo de aquel prolongado viaje.

Fueron tres, en Zapatera, los sitios en donde realice excavaciones:

  • Punta del Zapote; extremo noreste de la isla donde encontramos ídolos y piezas de alfarería y piedra. Este punto resulto ser, con mucho, el más importante de todos, pues nunca antes, que yo sepa, había sido excavado; pero ni siquiera mencionado por nadie. Su importancia es mucho mayor también porque allí encontramos varios ídolos en su lugar y posición originales, de modo que puede uno figurarse porque y para que fueron colocados allí.

Página 12[editar]

  • Punta de las Figuras. Forma parte del borde del cráter, y baja en leve declive hacia el lago, entre la laguna de Apoyo y la bahía del Chiquero. Squier la exploró, y también dibujo algunos ídolos que encontró allí. Fuera de los que el menciona, muchos de los cuales yo no encontré, descubrí otros que el paso inadvertidos. En este lugar dimos con solo insignificantes fragmentos de ollería.
  • Este último está en la islita La Ceiba; allí en vez de ídolos —que no los hay— descubrimos varios petroglifos de indudable muy antigua data, y, además, preciosas reliquias de alfarería y piedra. Aunque mi visita a Zapatera fue posterior a la de Ometepe, he de comenzar por describir detalladamente lo encontrado en el primer campamento de Zapatera.


II - Idolos de Punta del Zapote[editar]

Página 13[editar]

I

IDOLOS

DE

PUNTA DEL ZAPOTE

Punta del Zapote es una península ancha y semicircular cuya mayor longitud se mide de N.E. a S.O. Su parte central es una extensa meseta de unos 150 metros de altura que baja en pronunciados declives hacia el lago y el gollete o garganta de tierra que media entre la península y la isla propiamente dicha, lo cual la hace aparecer como un aislado promontorio de algo más de un kilómetro de largo por escasamente uno de ancho. Su parte central es una meseta perfectamente aplanada y, a juzgar por los numerosos ídolos que allí se hallan y la simétrica forma de los montículos de piedra a cuyo alrededor están, parece haber sido centro ceremonial en tiempo de los niquiranos. En el propio istmo que forman isla y península se alza una estructura cónica de piedra, de unos 30 0 40 metros de altura; la forman enormes bloques no desbastados colocados en camadas con bastante parejura. Tal vez tenga su base unos 40 metros de diámetro. La cima del cono es trunca, y parece tener 6 u 8 metros de diámetro. Sus empinadas laderas estaban tan cubiertas de charrales y bejucos que, tras de intentarlo, desistí de llegar hasta su cumbre. Este montículo da la impresión de ser atalaya o faro, y posiblemente fuera un ara de sacrificio, aunque son tan grandes sus dimensiones que no concuerdan con la descripción que de uno de ellos nos dejara el cronista Pedro Mártir, quien lo llamó Tezarit. Tal vez tuviera originalmente en su cima un templete similar a los de Uxmal.

Página 14[editar]

Al norte de este cono, en la cima de la mencionada meseta, vimos seis más de forma ovalada, todos de piedra, pero de muy diverso tamaño. El más grande (Lam. 41:1) media unos cincuenta metros de largo por 30 de ancho; el más pequeño (Lam. 41:6) unos quince metros de largo por menos de la mitad de ancho. La mayor longitud de ellos se mide de norte a sur. Las piedras con que los levantaron varían de tamaño, pero son en su mayoría grandes, más o menos cubicas, de medio metro a uno de largo, y de medio metro de ancho. Las piedras, que suelen tener forma regular y cantos muy lisos, sobre todo las del Montículo N° I, inducen a creer que algunas fueran labradas y sirvieran de base y quizá también para muros de edificios que suponemos estuvieron allí en donde ahora están los montículos y los ídolos, de los cuales hablaremos más adelante.


MONTICULO No I


En el Montículo N° I (Lam. 41), el más grande de todos y situado en la parte más noroeste, encontramos varios ídolos que, por estar en formación circular —seis alrededor del montículo— creemos ocupaban todavía su lugar original. Allí mismo encontramos también grandes y pequeños fragmentos de pedestales de tres ídolos más; estos estaban en pedazos en el suelo.

A juzgar por la distancia uniforme entre unos y otros, es probable que originalmente fuesen doce los ídolos que había en la periferia de este edificio o adoratorio. El hecho de que los encontrados todavía en pie tuviesen la espalda vuelta al montículo, y que no la tuvieran más que bastamente alisada, fortalece mi hipótesis de que los tales ídolos formaran parte de un muro de piedra o madera levantado alrededor de la construcción. Todos los encontrados en el Montículo N° I, de los cuales aún quedaban sus respectivas partes superiores, con la excepción del D, y de otro no dibujado, tienen en la cabeza un como espigón alto y grueso, por lo que me aventuro a lanzar la conjetura de que sirvieron para sostener la solera o viga de apoyo de un edificio más o menos circular.

Página 15[editar]

Todos los ídolos son monolíticos, esculpidos en basalto negruzco de muy considerable dureza. Tal vez el techo del edificio fuera de palma, suposición fortalecida por ciertos datos que dan Cerezeda y Oviedo. Que los templos fueran abiertos, como parece creer Squier, lo dudo; y me atengo a la forma en que encontramos los ídolos descritos. Esto tiende a demostrar que estuvieron empotrados en un mismo muro, probablemente de piedra.

A

Lam. 1

Es varón, cómodamente de pies, los brazos caídos. Lo encontramos derecho, pero enterrado hasta los codos; cavamos en derredor suyo y le descubrimos hasta abajo de las rodillas. Esta es la más excelentemente esculpida obra de todas las que vi en Nicaragua. La cara, el cuello y el tórax están bien acabados; tiene la boca cerrada y los labios abultados; la manzana de Adán claramente modelada, los músculos pectorales y de los brazos correctamente reproducidos.

Las manos, por el contrario, se ven rígidas, y los pulgares en el mismo plano que los otros dedos. Los hombros, codos y caderas son bien proporcionados; los brazos, sin embargo, no están separados de los costados, sino que retrocedes gradualmente hasta la espalda lisa.

Cubre su cabeza una toca redondeada que se proyecta hacia arriba, para luego caer en faldetas sobre ambos lados del cuello. Esta toca se convierte en algo así como capitel que a los lados tiene diseños semicirculares, enmarcados en un reborde que termina en forma globular. El espigón perpendicular de ella es en extremo alto, con un doble recuadro en el frente y uno sencillo, ancho y bien cortado a los lados. El ídolo es perfectamente equilátero. No parece haber sufrido nunca mella alguna, y es el mejor conservado de todos los encontrados allí. Su altura, desde el borde superior del espigón a la rodilla, es de 225 cm., la anchura de sus hombros da 58 cm., el espigón mide 65 cm.

Cubre su cabeza una toca redondeada que se proyecta hacia arriba, para luego caer en faldetas sobre ambos lados del cuello. Esta toca se convierte en algo así como capitel que a los lados tiene diseños semicirculares, en¬marcados en un reborde que termina en forma globular. El espigón perpendicular de ella es en extremo alto, con un doble recuadro en el frente y uno sencillo, ancho y bien cortado a los lados. El ídolo es perfectamente equilátero. No parece haber sufrido nunca mella alguna, y es el mejor con¬servado de todos los encontrados allí. Su altura, desde el borde superior del espigón a la rodilla, es de 225 cm., la anchura de sus hombros da 58 cm., el espigón mide 65 cm.

Página 16[editar]

B

Lams. 2 y 3

Figura femenina, de pies, su cabeza levemente inclinada hacia adelante y los brazos caídos. Fue encontrada derecha, pero enterrada hasta el ombligo; tenía desprendida la cabeza que encontramos cerca. Es una buena escultura, pero no de tan fino acabado como la anterior. Tiene en la frente un turbante o rollete, sobre el que descansa un pesado capitel con entalladuras en relieve a los lados. Remátalo un ornamento rectangular que circundan veinte columnitas en relieve con puntas redondeadas. Estos ornamentos parecen indicar que, de esta escultura, como de la anterior con doble recuadro, quedaba visible la parte inferior de la toca, y la parte superior o remate se incrustaba en el muro del edificio. La cara y el pecho están en buen estado, aunque no fueron tan correctamente reproducidos como en el caso del ídolo A. Tiene la boca entreabierta, los ojos clara y profundamente marcados, las orejas ocultas bajo laminillas cuadradas y estriadas. Le sostienen firmes los pechos dos ceñidores que les pasan por debajo. La anchura de su pecho es extraordinaria. Los hombros son altos y delgados, los brazos muy cortos y débiles en proporción al cuerpo; no están completamente separados, aunque sí bastante más que los del ídolo A. Su altura, desde el tope del remate de la toca a la rodilla es de 226 cm.; la anchura de su pecho, incluyendo los hombros, mide 66 cm.; la toca 34 cm. de largo.

C

Lam. 4

Hombre, semi sentado, brazos colgantes; de tamaño considerablemente más pequeño que los A y B, y muy deteriorado. Encontramos su cabeza y cuello en el suelo, pero convertidos en pedazos tan pequeños que fue de y uno sencillo, ancho y bien cortado a los lados.

Página 17[editar]

El ídolo es perfectamente todo punto imposible reconstruirlos. El pedestal columnario no tiene ningún ornamento. Sus poderosos brazos están separados de los costados. Piernas desmesuradamente gordas, pies macizos y toscos, y dedos cortos y gruesos. En medio del pecho tiene un ovalo cincelado y un circulito en el centro. Del hombro a la planta del pie mide 110 cm., la anchura de los hombros es de 56 cm.

C 1

No fue dibujado

Varón, sentado y con los brazos cruzados sobre las rodillas. El pedestal, rectangular, lo encontramos derecho. El ídolo mismo yacía roto en seis pedazos con la cara completamente triturada. En la cabeza tiene una toca columnaria similar a la del ídolo F, adornada de estrías transversales rematadas arriba por un crestón. Oculta sus orejas bajo laminillas cuadradas de 21 cm., parecidas a las del ídolo B. La cabeza mide 39 cm. desde la base de la toca a la mandíbula; la frente, de extremo a extremo, tiene 31 cm. Los hombros miden 60 cm. de ancho.

D

Lam. 5

Varón, de pies. Cabeza, pecho y brazos, y parte superior de las piernas, rotos todos en cuatro pedazos que yacían en el suelo. El pedestal es cuadrado, con su parte superior ornamentada de guirnaldas angulares; lo encontramos en su lugar original y tenía todavía los pies y las piernas, hasta las rodillas. La cara es de muy diferente tipo a la de los ídolos A y B, pues tiene pómulos muy salientes, labios resaltados, y mandíbula inferior fuertemente pronunciada; tiene toca coronaria. Recata sus orejas bajo laminillas lisas que se engruesan en la parte superior y se redondean adelgazándose en la inferior.

Página 18[editar]

La espalda de este ídolo, así como su posición en la periferia del montículo, indican que formó parte del muro del edificio; pero, en cambio, no parece haber servido para sostener el techo, pues el remate de la toca es terso y pulido y no tiene trazas de haber tenido crestón ni cosa parecida. En esto se diferencia de todos los demás ídolos que circuyen el Montículo N° I, con la excepción del E 1, situado casi frente al D, en el lado oeste. La altura de la cabeza, desde la coronilla al borde inferior de la mandíbula es de 45 cm. El tronco, desde los hombros a los muslos, mide 60 cm. La anchura de los hombros da 54 cm.

D 1

No fue dibujado

A una distancia de 5 metros del ídolo D, en la periferia del montículo, se alzaba ladeada una figura masculina, semi sentada y con los Brazos cruzados. No pudimos encontrar entre los fragmentos dispersos la cabeza ni la parte superior del tórax, solo el hombro derecho. Luce una barba que le cuelga hasta el cruce de los Brazos; en esto, en su apostura y en mano de obra se parece mucho al F. Mide 102 cm. del hombro a los muslos. La anchura de los hombros parece haber sido menos de 50 cm.

D 2

No fue dibujado

Cerca del lugar en donde debió estar el ídolo siguiente aparecieron fragmentos de una singular pilastra rectangular, sumamente delgada. Más delgada aún que la del ídolo E descrito a continuación, pero en otros respectos se parece más a este que a cualquier otro de los encontrados allí.

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E

Lam. 5

Esta escultura, a diferencia de todas las demás que desenterramos en este montículo, y en todo el lugar —por cierto— no representa ninguna figura humana; es una pilastra rectangular con diseños calados en el frente. Tiene encima un remate más angosto con un recuadro tallado en el frente con marco de 6 cm. de ancho por 3 cm. de profundidad. Las caladuras frontales de la pilastra propiamente dicha son festoneadas y tienen más de 2 cm. de profundidad, con una anchura que varía de 3 a 5 cm. Parecen representar la cabeza de un animal con un ojo encerrado en dos círculos concéntricos. Los lados son más angostos, lisos, sin otra serial de dibujos más que un marco de 6 cm. de ancho por 3 de profundidad. Su parte trasera, vuelta al montículo, es ordinaria, sin marco. La parte frontal tiene marco solo arriba y por el este. El frente de la pilastra mide 50 cm. de ancho, sus lados 37 cm. El remate cuadrado da 40 cm. de alto por 38 de ancho. La pilastra estaba tan profundamente enterrada que a pesar de grandes esfuerzos solo logramos descubrir 125 cm. de su talla, medida desde el tope de su remate o crestón.

E 1

No fue dibujado

Es varón, de pies, muy deteriorado. Carga sobre su cabeza la cabezota de un felino que por su forma recuerda al león africano o persa. Este ídolo yacía en el suelo y roto en varios pedazos; únicamente la gran cabeza del animal está en tan buen estado que permite saber de qué se trata. Sobre ella se asienta parte de un crestón cuadrangular. La longitud del ídolo, desde el borde superior de la frente a los muslos es de 84 cm., la anchura de sus hombros da 39 cm., y la cara mide 24 cm. de largo. La cabeza del animal tiene 54 cm. de alto por 52 de ancho.

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E 2

No fue dibujado

Fragmentos de figura femenina, sentada, que encontramos dispersos en los alrededores del lugar que debió ocupar el ídolo N° 10. La cabeza tiene como adorno una toca en forma de rollete, sin trazas de remate alguno. Es muy dudoso, sin embargo, que este ídolo hubiera formado parte de la serie.

Entre el último ídolo mencionado y el que corresponde a la letra F no queda ningún vestigio del que debiera ser el No. 11, contando desde A.


F

Lams. 6, 7 y 8

Varón, recostado, con el brazo derecho colgando recto hacia abajo, y el izquierdo, en ángulo, descansando sobre el pecho. Conforme a la impresión que me dio mientras lo veía y dibujaba, representa un guerrero o jefe con mascara y casquete. Me induce a creer esto el hecho de que tiene la cara incomparablemente más rígida que la de los otros ídolos, sin el más leve indicio de músculos, pómulos ni boca; además, los ojos están marcados solamente por dos círculos concéntricos con un agujerito en el centro a guisa de mirilla, y toda la cara y el casquete son proporcionalmente mucho más anchos que el resto del cuerpo, sobre todo si se compara esto con partes similares de los otros ídolos. (El ídolo bárbaramente deteriorado del Montículo N° V tiene cabeza parecida). Queremos suponer que la toca sea un casquete; este cae por ambos lados hasta los hombros, cubriendo por completo las orejas, pero cerca del punto correspondiente al tímpano se nota una depresión circular con una cavidad redonda en el centro.

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De la parte inferior del casquete sale una como almohadilla escopleada en relieve, de arriba para abajo, que le cae medio a medio del pecho; bien podría ser peto o barba. De la propia cara cuelga, bajo la nariz, una pieza de la misma forma que la descrita, pero más pequeña. El hombro izquierdo que tiene el brazo en ángulo está más realzado que el derecho.

Ambos hombros son desmesuradamente largos y gruesos, y tanto lo son que parece el escultor quiso reproducir el omóplato. Los brazos pegados al cuerpo son, si vistos de frente, delgados en grado sumo, pero más que suficientemente gruesos cuando vistos de lado. En su brazo izquierdo en ángulo el ídolo sostiene un pequeño escudo redondo de cuyo borde delantero la mano sale mostrando, de manera extraña, un dedo pulgar tan largo como el índice. Pecho y abdomen tienen ciertas trazas de músculos; las piernas son cortas y gruesas, los pies toscos sin señales de dedos. El personaje asienta sus pies sobre la cornisa de un pedestal que estaba muy enterrado. Justamente encima del tocado en forma de casquete tiene un espigón cuadrangular. El tamaño del ídolo, desde la arista superior del espigón a la planta de los pies, es de 207 cm. Su anchura de hombros da 57 cm., y la de la cabeza 36 cm. Está en buen estado de conservación y se encuentra, sin duda alguna, en su lugar original.

Puesto que no cabe suponer otra cosa que los ídolos descritos, encontrados a casi cinco metros unos de otros, están todavía en el mismo sitio en que fueron originalmente colocados, creemos no ser demasiada figuración el sentirse uno allí frente a un teocali o adoratorio construido a la usanza de los niquiranos. Es evidente que la planta del edificio es un ovalo ancho, y es más que probable —debido a que la espalda de los ídolos no les fue elaborada, sino apenas desbastada— que el edificio no fuera abierto sino amurallado, y que los ídolos sirvieran de pilastras, a manera de cariátides. Más, con todo, debemos manifestar que esto esté lejos de ser probado. Los ídolos A y B, siendo más grandes que los otros de la periferia y estando más profundamente enterrados, pueden haber sido colocados a ambos lados de la entrada, o tal vez arriba al final de las gradas que conducían al interior del teocali. El techo descansaba quizá sobre paredes de piedra o de madera, y era de vigas livianas y de palmas u otro material semejante.

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MONTICULO N° II


Este montículo, ovalado también, es mucho más pequeño que el N9 I. Su diámetro mayor es de dieciocho metros, y el menor de doce. Esta al este del N° I y separado de el por una depresión del suelo que tiene unos diez o doce metros de ancho; es de piedras más o menos irregulares.

Es imposible, también, decir si este montículo estuvo o no rodeado de ídolos, y cuales serían ellos, porque ni los encontrados en sus contornos estaban en su sitio original sino que dispersos en el suelo, y algo deteriorados. Lo mismo ocurre con los otros cuatro montículos.

Por lo tanto, me limitaré a indicar brevemente sus respectivos sitios para seguir luego con la descripción de los ídolos en el orden en que fueron medidos y dibujados.


MONTICULO N° III


MONTICULO Esta al sur del N° II v tiene más o menos las mismas dimensiones, pero su forma no es tan simétrica. Cerca de él encontramos solo las esculturas R y R I, que son dos grandes lajas, losas o partes de algún muro, decoradas con figuras humanas en alto relieve.


MONTICULO N° IV


MONTICULO Al sur del N° I. De doce v diez metros de diámetro respectivamente. Encontramos cerca de él los ídolos M. P y Q, de ninguno de los cuales puede decirse con certeza, sin embargo, que hubiera sido sostén o soporte del techo. El que corresponde a la letra P estuvo indudablemente separado.

MONTICULO N° V


Situado más al sur todavía, de iguales dimensiones que el Montículo N° II, pero con mucha menor cantidad de piedras. Solo un ídolo encontramos allí, el F I.

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MONTICULO N° VI


Este, el más pequeño de todos, está más al este, y su forma es más irregular. Encontramos en su vecindad tres ídolos, de los cuales dibujamos únicamente el correspondiente a la letra O. Los otros estaban hechos añicos.

Los objetos más pequeños sacados de estos montículos y junto a ellos, serán motivo de mención al hablar de las otras piezas de alfarería encontradas en Ometepe y Zapatera.

Ahora sigo con la descripción de los ídolos.

G

Lams. 9 y 10

Este ídolo, que constituye una figura doble, fue desenterrado entre los Montículos No I y No II. Tal vez fue esculpido para exponerlo solo, pues buena parte de su espalda es de fino acabado. Es a toda luz evidente que no sirvió para soporte de techo, ya que la cabeza superior del conjunto no tiene crestón ni espigón alguno y está muy bien alisada. Es una figura masculina, ligeramente encorvada, tiene los brazos en ángulo y las manos sobre las caderas. Sobre el personaje esta un animal que con sus zarpas delanteras le oprime la cabeza. El animal parece ser mono. El hombre tiene cara fea con nariz recta y larga; sus ojos son cuencas circulares; tiene la boca completamente abierta y la barbilla es muy corta. Cubren sus orejas laminillas gruesas, rectangulares y lisas, semejantes a las del ídolo B. El cuello es alto, los hombros bastante alzados, grandes y poderosos; los brazos en ángulo y estrechamente ceñidos al cuerpo, muy delgados si vistos de frente, anchos y planos cuando se les ve de lado.

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El pecho y el estómago fueron le esculpidos bastamente; pero los músculos están bien delineados. Las piernas son cortas, sin trazas de músculos, pero ni siquiera de rodillas. No tiene ni asomo de pies, le fueron cercenados desde arriba del tobillo. La otra figura, o sea el mono, apoya su quijada sobre la cabeza del hombre, cuya parte posterior le oprime con sus largos dedos. Su cabeza es grande, tiene recios músculos y quijada prognata; frente angosta y convexa, nariz ancha y aletas dilatadas. Sus orejas colgantes, anchas y redondeadas atrás. Tiene la boca abierta con fuertes y afilados dientes. Los brazos son muy largos; el antebrazo en ángulo recto, y los omoplatos son muy anchos y potentes. La espalda se curva en línea cóncava; su cola es larga, más larga aún que el propio animal, y le cuelga recta hacia abajo. Las patas traseras son cortas, dobladas pronunciadamente hacia el estómago y, al igual que las piernas de la figura humana, cercenadas justamente arriba de los pies. Este ídolo mide, desde la coronilla de la cabeza del mono al borde superior del pedestal, 175 cm. La anchura de los hombros de la figura humana es de 31 cm.; la del mono 21 cm.

G 1

No fue dibujado

De la misma clase del G, representa una figura humana que sobre sus hombros carga un animal. Esta tan estropeado que resulto casi imposible dibujarlo. Tiene triturada la parte delantera de la cabeza del animal, así como las piernas y brazos de la figura humana, cuya cara parece haber querido representar una calavera con cuello muy largo. La cara del personaje midió 21 cm. de largo. La altura del animal desde la coronilla al tronco de la cola es de 50 cm.; sus patas y garras son más grandes que las del mono correspondiente a la letra G.

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G 2

No fue dibujado

Torso masculino, imposible completarlo. Lo encontramos cerca del ídolo G, y parece haber pertenecido al Montículo N9 II. Midió 57 cm. desde los hombros a los muslos. Su anchura de hombros dio 48 cm.


H

Lam. 11

H Lam. 11 Varón, sentado. Este es el primero de cierta clase de ídolos de los que, en cuanto yo sepa, uno solamente ha sido dibujado en la América Central.[5] Squier dibujo también un ídolo de la isleta de Pensacola, sobre cuya cabeza se ve asimismo la de un animal, pero que allí evidentemente solo sirve de casquete; parece que este es el mismo caso del ya descrito ídolo E I. encontrado en el costado occidental del Montículo No I. Ahora bien, con respecto a este ídolo creo que, por el contrario, aquí la cabeza del animal es el sujeto principal, y que representa una deidad, no siendo el personaje más que una simple columna o pilastra del dios, es decir una especie de cariátide. Me formé esta opinión observando las bien definidas posturas de apoyo que tienen los tres ídolos, con cabeza de animal encima, que pasaré a describir. Del ídolo H solo queda la parte superior; dedúcese de esta que era una figura sentada, o semi sentada, pero no deja ver en qué forma o sobre que apoyaba los brazos. La cabeza del animal, un jaguar sin duda alguna, es una espléndida escultura, finamente tallada y muy bien conservada. Tiene entreabiertas las fauces; los belfos bien delineados, molares romos y grandes y agudos colmillos.

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El hocico es más largo de lo corriente, los ollares ovalados, un tanto dilatados; los ojos son cuencas ovaladas también, talladas con vigor; las orejas más bien pequeñas, con bordes dentados. Dos volutas y sendas abultadas hinchazones laterales tengan tal vez por objeto estilizar los nervudos músculos de la cabeza. La cara está en buen estado, con excepción de la boca y la barbilla que le fueron cercenadas con un cincel u otro afilado instrumento. La frente es angosta y un rollete la separa de la cabeza del felino. La nariz es larga, casi recta. Los ojos son más bien pequeños; es mofletudo y de pómulos bastante lisos. Las orejas insólitamente pequeñas, pero de forma corriente. Robusto el cuello y bien desarrollados los músculos pectorales. Macizos y bien cortados los hombros y los brazos, aunque estos no bastante separados de los cortados. La espalda del ídolo no fue pulida, por lo que infiero estaba solo adosado o empotrado en una pared o muro; que no sirvió de soporte del techo lo prueba el fino borde labrado de las rígidas orejas del felino. La longitud de la cabeza de este es de 63 cm.; su altura, desde la corona hasta el más bajo ángulo posterior alcanza a 42 cm. Las orejas miden 10 cm. de alto. La cara de la figura humana tiene 24 cm. de largo.

I

Lam. 12

Es varón y esta arrodillado; sobre su propia cabeza tiene la del "Rey de los Zopilotes". Pertenece a la misma categoría del ídolo H, pero quizá estuvo aislado porque tiene la parte de atrás tan nítidamente alisada como la del frente. La cabeza del ave es colosal en proporción a la figura humana que la soporta, y de muy fina mano de obra. El pico es una fidelísima reproducción, el ojo forma una cavidad semicircular; el ángulo interno o anterior del ojo está muy visible. De la parte posterior de la cabeza se proyecta horizontalmente un apéndice torneado. Sobre la corona emerge un crestón rectangular que, no obstante, apenas si pudo servir de espigón, puesto que es sumamente delgado si se lo compara con aquellos de los ídolos encontrados alrededor del Montículo No I. Pudiera quizá representar la cresta del pico, aunque para ser tal cosa estaría colocada demasiado atrás.

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La parte frontal y los lados del pico le fueron tallados con tersura y elegancia. Detrás de la cabeza del hombre hay una voluta o caracola que sirve de sostén y unión con la cabeza del ave. Aunque la figura humana no es tan perfecta como la del ídolo H, es de mucha sencillez y equilibrio. La frente es lisa, la nariz ligeramente aquilina: tiene la boca cerrada, el labio inferior delgado y saliente. Las mejillas son descarnadas; las orejas, esculpidas demasiado atrás, son descomunales. El cuello es largo, la manzana de Adán esta esbozada. Tiene el tórax poco desarrollado, los hombros y los Brazos son hercúleos, y muestra las manos pegadas a las piernas. El órgano genital apunta arriba del pubis. Las piernas, de la rodilla para abajo, son del mismo grosor, sin trazas de músculos, redondeadas en sus apodos extremos.

Estando el pedestal quebrado, el ídolo fue arrojado al centro de lo que podríamos llamar plazoleta, es decir en medio de los montículos I, II, III y IV. La longitud de la cabeza del ave, desde la punta del pico al extremo del apéndice torneado, es de 100 cm.; la altura de la cabeza desde la corona al borde más bajo de la mandíbula inferior da 37 cm. La altura del ídolo, desde el tope de su pedestal al pináculo del espigón es de 154 cm. La parte superior del pedestal es un plinto sobre el cual descansa el personaje arrodillado.

K

Lam. 13

Varón sentado, con la cabeza muy agachada, cargando sobre sus hombros y la parte posterior de su propia cabeza la de un animal que posiblemente sea tortuga o iguana. Se ve que esta fue poco labrada, simplemente redondeada arriba, y también la boca que tiene forma de pico. Un cuenco circular sobre la parte posterior de la boca figura el ojo.

Página 28[editar]

Tiene esta cabeza bastante atrás un par de rectángulos dobles en alto relieve, que tal vez reproduzcan el comienzo posterior de la concha de una tortuga o las escamas de una iguana o serpiente. El personaje, en cambio, es una excelente obra escultórica; después del ídolo A es, sin lugar a dudas —desde un punto de vista artístico— el trabajo más esmerado de todos los ídolos encontrados en Punta del Zapote. La cabeza, profundamente inclinada hacia adelante, como si agobiada por el extraordinario peso, tiene la frente ancha; la nariz es recta, los ojos bien tallados, regordetas las mejillas y pequeñas las orejas. El cuello estirado, muy grueso y musculoso. Los hombros, aunque no tan poderosos como para estar en relación con el cuello, fueron modelados con primor. Tórax y espaldas denotan maestría de cincel; constituyen lo mejor de la escultura. Si bien los brazos están justamente proporcionados, los antebrazos, en cambio, parecen tal vez un poco cortos. Las manos, cerradas, descansan sobre las rodillas. Las piernas son gruesas y no están tan bien esculpidas como la sección superior del cuerpo; los pies son toscos y carecen de dedos, son solo bultos. La figura está sentada en un alto zócalo, y sus pies descansan sobre un poyo. Como puede muy bien observarse, la nitidez con que fueron pulidas la espalda y demás partes posteriores del conjunto, denota a las claras que estuvo aislado. Su altura, desde la corona de la cabeza del animal al borde superior del pedestal es de 137 cm. La cara de la figura humana tiene 20 cm. de largo. La cabeza del animal mide 82 cm. de largo, y 36 cm. de altura en su punto máximo. Encontramos este ídolo profundamente enterrado, y yacía casi en el centro de la plazoleta formada por los Montículos NO II, III y IV.

K 1

No fue dibujado

Varón, de pies. Este ídolo no es del mismo género del H, del I, ni del K. Tal vez haya servido de soporte en el muro del edificio, porque su toca, que es un rollete, tiene de remate un espigón, y la parte trasera no le fue labrada.

Página 29[editar]

Ha sufrido tanto a causa del vandalismo y de los estragos del tiempo, que apenas se disciernen sus contornos. De la cúspide del espigón a los muslos mide 123 cm. La longitud de la cara es de 24 cm. Fue encontrado justamente al norte del Montículo N° VI.

L

Lam. 14

Varón sentado, con la cabeza inclinada hacia adelante y aguantando la cabeza gigantesca de un lagarto. Su parte posterior, recta y lisa, estuvo quizá adosada a una pared; pero como carece de espigón no parece haber servido de soporte del techo. Su posición es muy similar a los ídolos K y M, pero no fue esculpido con la elegancia del K. Es más que probable que la cabeza del animal sea de lagarto. No obstante de que su ejecución es basta, el estilo de este ídolo es muy original; la cabeza es rectangular y sus bordes no le fueron redondeados. La inconfundible protuberancia que a guisa de nariz tiene el lagarto, se manifiesta con gran soltura. Los ojos son cavidades triangulares, los colmillos cónicos y afilados. Las orejas son los únicos trazos curvilíneos de la cabeza; parecen de gente. La figura humana, queda dicho ya, es mucho más ordinaria (como mano de obra) que el ídolo K. La cara está en buenas condiciones, la frente es amplia, la nariz corta; tiene la boca entreabierta y las orejas son grandes y caídas, como de perro. El cuello es muy largo y recio. Los músculos pectorales son potentes. Tiene brazos carnosos y fortachones, rectos, tensos hacia abajo, y apoya las palmas de sus manos en la superficie del bloque sobre el cual se asienta. Sus gruesos dedos se extienden hacia abajo. Las piernas son bastante gruesas; los pies, pequeños y bastos —con dedos apenas esbozados— descansan en un pequeño poyo. La figura, sentada y con las manos fuertemente apoyadas en el bloque de piedra, parece, por la posición en que esta, capaz de aguantar un peso extraordinario El bloque que lo sustenta tiene forma de pirámide truncada.

Página 30[editar]

El ídolo estaba tumbado muy cerca del Montículo N° II, entre este y el N° I. Su altura, desde el punto más alto de la cabeza del lagarto al borde superior del pedestal, es de 147 cm. La cara de la figura humana mide 19 cm. de largo. La longitud de la cabeza del lagarto alcanza 91 cm., mientras que su altura es de 47 cm.


M

Lam. 15

Figura femenina, sentada y con los brazos caídos; las manos apoyadas sobre el banco o asiento de piedra y en posición adecuada para soportar una carga pesada. Esta descabezada, pero, por su bien definida posición, y teniendo a la vista las que acabamos de describir, es fácil suponer que esta figura llevaba también sobre su cabeza otra grande de algún animal. El ídolo, en su conjunto, es pesado y basto, pero el hecho de que los músculos de su cuerpo estén claramente indicados en frente y detrás, hace pensar que tal vez este también, como el K, estuviera aislado. Los brazos están bastante separados del cuerpo, y son fenomenalmente gruesos, al igual que las piernas. Tiene las manos apuntaladas con firmeza sobre el banco; la derecha con la palma extendida, la izquierda con el puño cerrado. Posiblemente la nota más característica de este ídolo sea el banco, que es recortado del mismo bloque y queda del todo aislado, mas sin dejar por eso de ser por entero una sola pieza, como también lo son todos los descritos. La altura del ídolo, de los hombros al borde superior del pedestal, es de 107 cm. La anchura de sus hombros mide 69 cm. Fue encontrado muy cerca del Montículo N° IV.

M 1

No fue dibujado

Varón, de pies; sobre su cabeza un tocado en forma de espigón alto y cónico. Muy parecido a la figura F.

Página 31[editar]

Oculta su rostro tras una máscara que tiene orificios para los ojos. Lleva una como luenga barba, que también podría ser lámina pectoral. Los brazos le cuelgan a plomo. Lo encontramos, roto en cuatro pedazos, en la periferia del Montículo N° V.


N

Lam. 16

Figura femenina, sentada, con un niño en su regazo. Estuvo tal vez aislada, ya que la espalda estaba muy bien labrada, y, además, el pedestal tiene un borde volado, detalle que no aparece en ninguno de los ídolos de la circunferencia del Montículo N° I. Este, por otra parte, tiene una cabeza bastante grande que no está como las demás, inclinada hacia adelante, sino que mira al sesgo. En su conjunto es una obra rudimentaria, muy inferior, en cuanto a artesanía, a la mayoría de las descritas. El artista no hizo ningún esfuerzo por delinear los músculos; las piernas y brazos son delgados y cortos, y pegados al cuerpo. Es Únicamente en el rostro en donde se advierte destreza artística para reproducir la expresión humana. Tiene por ojos dos hondas cuencas ovaladas; se le notan las ventanas de la nariz y las mejillas; labios abultados forman su boca cerrada; las orejas son fenomenales y protuberantes. Alrededor de su cuello recio y bien torneado tiene un ancho collar de tres vueltas. En la cabeza luce un tocado en forma de rollete. Tiene el hombro derecho un poco más levantado que el izquierdo. Sobre el busto se ven esculpidos dos pechos esféricos, y nada más en frente; salvo esto, pecho y abdomen forman una sola caja rectangular. En sus brazos sostiene con dejadez a un niño cabezón de orejas grandes, desmañado y de piernas cortas y enclenques. La mano de obra de este ídolo recuerda mucho a la del ídolo n de Punta de las Figuras, aunque tiene la cara mejor esculpida. Lo encontramos cerca del Montículo N° III, pero no dentro de su periferia. Su altura, desde el borde superior del tocado hasta la planta de los pies, es de 170 cm. Su cara mide, desde el borde inferior del tocado, 34 cm. Los hombros, 60 cm. de ancho. El niño que sostiene en su regazo alcanza 51 cm.

Página 32[editar]

O

Lam. 17

Figura femenina, de pies. Trae a la memoria la imagen anterior, pero esta es de muy superior artesanía. De que estuvo aislada no cabe la menor duda, pues la espalda y los hombros le fueron cincelados con tersura. En la cabeza lleva una canasta grande sobre un rollete de dos vueltas. La cara es excepcionalmente ancha, y a este respecto llama poderosamente la atención que tenga los ojos oblicuos. Es la única efigie con esta particularidad. La nariz es larga y recta; tiene la boca grande y cerrada; las orejas desmedidas y salientes, siendo la izquierda más desproporcionada que la derecha. Los hombros y los pechos le fueron pulidos con esmero. La parte inferior del cuerpo está hecha trizas. El diámetro de la canasta es de 72 cm., su espesor de 45 cm. La cara, del borde inferior del rollete a la punta de la barbilla mide 32 cm., su anchura es de 31 cm. Los hombros alcanzan 72 cm. de ancho. Encontramos esta figura en la periferia del Montículo N° VI.

P

Lam. 18

Varón, sentado. Con las piernas cruzadas, como también las manos que descansan sobre sus órganos genitales. El personaje es minúsculo, y como obra de arte vale poco. La cabeza es grande y ancha, y sobre ella lleva algo como sombrero de torero, pero alicaído. La frente es angosta, y grande la nariz; los ojos son dos descomunales cuencas. La boca es pequeña, las orejas son grandes, aunque no tanto como las de la escultura O. Tiene tallados el pecho y la espalda, pero solo levemente marcados los músculos.

Página 33[editar]

Los brazos son largos, y, cosa rara en este género de esculturas, completamente separados de los costados. Las piernas son muy cortas y desmedradas. El personaje está sentado sobre la amplia plataforma de un pedestal rectangular. El frente de este tiene una cruz cuádruple en bajo relieve, y a los lados y por detrás dibujos romboidales formando guirnaldas entrelazadas. Este ídolo estuvo sin duda aislado. Mide 92 cm. de la copa del sombrero al borde inferior del pedestal. Su cara, midiéndola desde el borde inferior del sombrero, da 25 cm. de largo, y de ancho 35 cm. Sus hombros alcanzan 54 cm.

Q

Lam. 19

Varón, sentado. Por su cara ancha y corta parece ser del mismo tipo de los ídolos N, O, y P, a los que también se asemeja en cuanto a la poca destreza con que fue ejecutado. En la cabeza lleva un sombrero cónico con entalladuras circulares que guarnecen su copa, la cual se ensancha hacia abajo hasta topar con un ala en cuyo grueso borde tiene eslabones entrelazados, en relieve también. La cara apenas si le fue tallada; la frente es angosta, la nariz larga, ancha y recta. Los ojos son dos cuencas medianas; la boca, que tiene abierta, es ancha, casi cuadrada. Las orejas —que son grandes y voladas— con los lóbulos horadados. El cuello es corto. En su pecho y abdomen se ven indicios de músculos. Los hombros son angulares. Los brazos delgados y parejos; el izquierdo le cuelga recto y tiene los dedos extendidos; el derecho doblado en ángulo agudo y pegado al hombro, con los dedos empuñados que dejan una abertura circular como si hubiera tenido agarrada una Lanza, o algo similar. Las piernas son largas y están rotas más arriba de las rodillas. La parte trasera está cortada de plano. De largo mide, desde el borde inferior del sombrero a las piernas, 103 cm.; su cara, 33 cm. de largo por 32 de ancho; de hombros da 52 cm. Fue encontrado cerca del lado oeste del Montículo N° IV.

Página 34[editar]

R

Lam. 20

Figura femenina en relieve. Con respecto al tipo de cara tiene semejanza con las recién reseñadas. Tratase de una figura de tamaño natural y desmesurada cabeza. El relieve, que es poco hondo, está en una laja rectangular de unos 25 cm. de espesor. La encontramos tan maltrecha que solo se aprecia la parte izquierda de la obra. La cara es casi completamente redonda, el ojo una cuenca. Carece de nariz y tiene la boca cerrada, la oreja grande y colgante, como de perro, el hombro combado, el brazo en ángulo sobre el cuerpo, y la pierna ligeramente doblada. Este relieve tiene un marco de casi 20 cm. de ancho, por 4 cm. de alto. La figura da, hasta los muslos, 106 cm. La cara mide 38 cm. de largo, por 37 cm. de ancho.

En cuanto a tipo de cara, las figuras encontradas en este sitio pueden dividirse en dos clases perfectamente distintas: las que van de A a M, con rostro ovalado, y, a menudo, de más esmerada ejecución; y las N, O, P, Q y R, de rostro ancho, casi esférico, que son de calidad inferior. Quizá las últimas sean más antiguas. Ninguna de estas pertenece al Montículo No I.

III - Idolos de Punta de las Figuras[editar]

Página 35[editar]

II

IDOLOS

DE

PUNTA DE LAS FIGURAS


Squier llegó aquí el 2 de diciembre de 1849. Es una meseta formada por la prolongación del borde del cráter que modela la bahía de El Chiquero. Por el oeste baja en rampa abrupta a la bahía; por el norte desciende hacia el promontorio de Punta de las Figuras que está separada del cabo sudeste de la islita La Ceiba —llamado Punta del Panteón— por un estrecho de cincuenta metros de ancho; por el este la meseta baja en pronunciadas escarpas en dirección al Lago de Nicaragua, y por el sur se despeña sobre el extinto cráter que es la laguna de Apoyo. Arboles gigantescos la ensombrecen y enmarañados matorrales y bejucos la entapizan. Allí encontré cinco grandes montículos que sean tal vez restos de otros tantos teocalis; su relativa ubicación aparece en el plano 41 de esta obra. Además de estos, que son más o menos ovalados y cuyos diámetros varían de 20 a 40 metros, encontramos otros más pequeños e irregulares. Por serlo así no figuran en el plano. El Montículo No I es el que está más cerca de la bahía de El Chiquero, el No. V es el más cercano a la laguna de Apoyo. En este lugar no encontramos ídolos que pudiéramos decir con certeza ocupaban todavía su sitio original, ni tampoco había ninguno —tumbado o derecho— del que pudiera concretarse, por la posición en que fueron encontrados, sí estuvieron alguna vez en la periferia de los montículos, dentro de los edificios, o al descubierto en medio de los montículos. A este respecto el otro lugar es mucho más interesante.

Página 36[editar]

Los ídolos están aquí en peor estado de conservación, y sin duda fueron víctima de mayor violencia. También se nota que se han hecho intentos por cargar con ellos. Por Squier sabemos que esto es muy cierto. Antes de visitar yo ese lugar habíase llevado algunos a Granada, y Squier, según su propia confesión, envió unos cuantos al Museo de la Institución Smithsonian, de Washington.


a

Lams. 21 y 22


Este ídolo esta dibujado en la obra de Squier, Vol. II, Pág. 54, Fig. 2, y lo describe en las Págs. 53-54 y 58 de la primera edición en inglés. Bancroft lo menciona en su obra "The Native Races of the Pacific shores of North America", Vol. IV, Pág. 41, con copia del dibujo de Squier en Pág. 42, Fig. 3.


Es varón, en cuclillas e inclinada la cabeza hacia adelante. Sobre la parte posterior de la cabeza y la nuca tiene un espigón que, bajando gradualmente sobre la espalda, se funde con el resto del personaje. El espigón se aguzaba hacia arriba, y parece haber tenido forma piramidal, pero nosotros lo encontramos ya quebrado. La cara es ancha, la frente combada hacia atrás y la nariz recta y larga. Los ojos son solo cuencas circulares; tiene la boca entreabierta y las orejas grandes y resaltadas. La forma de la cara recuerda a la del ídolo Q de Punta del Zapote. El cuello es demasiado grueso para ser humano. El tórax apenas le fue labrado, los hombros son muy altos, los brazos aparecen bien cincelados: la palma de su mano izquierda descansa sobre el pie del mismo lado, y recata la mano derecha entre la pantorrilla y el muslo. Las piernas bien esculpidas igual que los brazos; las rodillas casi tocan la barbilla. La espalda es abombada. El pedestal, cuidadosamente desbastado, es una pilastra rectangular de considerable altura que se aguza hacia abajo. Su parte superior, sobre la cual descansa el personaje, forma un capitel redondo, ornamentado con una triple greca. La altura del ídolo, medido desde la coronilla al borde superior del pedestal es de 80 cm.; la cara tiene 34 cm. de largo y 25 de ancho.

Página 37[editar]

Su anchura de hombros da 44 cm. Este ídolo estuvo probablemente aislado. Lo encontramos entero, tumbado al sudoeste del Montículo N° I, más cercano que cualquier otro (salvo el y) a la bahía, y parece que alguien hizo antes esfuerzos por llevárselo.


b

Lam. 23

Dibujado por Squier en lámina opuesta a la Pag. 65, y lo describe en Pags. 64 y 65. Lo mismo Bancroft en Pag. 40, Fig. 2.


Varón, en cuclillas. Con respecto a su posición debemos hacer notar su gran parecido con la figura a, pero este ídolo no tiene aspecto humano. No puedo calificarlo sino de monstruo. Squier creyó que era la representación de un tigre, pero si comparamos la cabeza de este ídolo con la del jaguar del H, de Punta del Zapote, la opinión de Squier pierde peso. La cara tiene frente angosta y abombada, pequeños ojos al sesgo, hocico o nariz ancha, chata y grande, con pequeñas aletas redondas. Tiene la boca cerrada. Se le nota labio superior, pero está roto. La mandíbula es ancha; las orejas son ovaladas, y aparecen muy arriba. La nuca es potente y gruesa, el cuerpo colosal y el abdomen desmesurado. Toda la espalda está bien pulida. Tiene los hombros muy levantados, los Brazos son largos y gruesos, los antebrazos, en cambio, cortos, y en ángulo recto, las garras sobre el estómago, Las extremidades inferiores son muy cortas, sobre todo la parte correspondiente a la tibia. Los pies, con dedos muy bien delineados, son a las claras humanos. La parte superior del pedestal fue agrandada en forma de Q, ornamentada a los lados con una greca similar a la del ídolo a. La altura, desde lo más alto del tronco a la parte superior del pedestal es de 150 cm. La cara mide 40 cm. de largo y de ancho 30 cm. Lo encontramos derecho, justamente al norte del Montículo N° III.

Página 38[editar]

c

Lam. 24 y 25

No lo menciona Squier


Varón, sentado. Sin cabeza. El personaje está bastante deteriorado, pero el pedestal se conserva bien y tiene fina labor ornamental. Su caja torácica es abultada; el brazo corto y grueso, el antebrazo y los dedos son largos. A los lados de la cornisa del pedestal se ve un diseño de eslabones entrelazados; los lados de lo que es el propio pedestal tienen decoraciones similares a un 8 cuádruple dentro de un marco en relieve; en el frente se advierten grecas. Ni el ídolo ni el pedestal tienen la parte trasera alisada. Puede inferirse, por tanto, que estuvo adosado o empotrado a un muro. La altura del personaje, midiendo desde el borde superior de los hombros hasta donde se asientan los pies, es de 52 cm. El pedestal tiene, del borde superior al comienzo de la parte más baja y no pulida que suponemos estaba enterrada, 110 cm. Este ídolo no estaba en la meseta de Punta de las Figuras; lo encontramos tumbado y medio metido en el agua, en la playa de la bahía El Chiquero, hasta donde seguramente fue arrastrado.

d

Lam. 25

Dibujado por Squier. Aparece frente a la Pág. 58, correspondiente al No. 4; lo describe en Págs. 54 y 58. Bancroft, Pág. 40, Fig. 1.

Este es ahora solo un pedestal. La figurilla humana sentada que tenía cuando lo vio Squier no existe ya. El pedestal es, sin embargo, de más fino acabado que todas las esculturas encontradas allí. Es un bloque cilíndrico que se adelgaza suavemente hacia abajo; tiene en la cornisa y en el medio sendos diseños en grecas talladas dentro de bandas similares a las del frente del pedestal del ídolo anterior.

Página 39[editar]

Lo encontramos caído, y tiene la exacta forma de un canon. Desde el borde superior al extremo inferior mide 215 cm.; su diámetro de la parte superior es de 66 cm. Yacía entre los Montículos I y II.

e

Lam. 26

Dibujado por Squier en lámina opuesta a la Pág. 58, correspondiendo al No. 5, y lo describe en Pág. 59.

Varón, recostado. Representa a un personaje muy gordo con las manos sobre las caderas. Tiene muy maltratada la cara, pero se nota que la frente y la nariz eran más rectas de como las dibujo Squier. Las orejas son grandes y colgantes, como de perro. El brazo, en su parte superior, es muy corto; el abdomen abultado. Las piernas y los pies son gruesos y bastos. El bloque sobre el cual se recuesta es muy grande en proporción al personaje; esta apenas labrado, y parece indicar que el ídolo estuvo integrado a un muro, o hasta pudo haber servido de bastidor o pared lateral en el interior de un adoratorio. La parte inferior del bloque, o sillón en que se recuesta, muestra un orificio, y otro más grande todavía en el pedestal; este es completamente liso. La figura humana mide, desde la coronilla a la planta de los pies, 98 cm. Lo encontramos caído cerca del anterior.

f

Lams. 27 y 28

Dibujado por Squier en lámina opuesta a la Pág. 52, y descrito en Págs. 52 y 58. Bancroft, Pág. 42, Fig. 3.

Varón, de pies, con las manos sobre el abdomen. En este, como en el anterior, el bloque al cual se arrima es muy grande, proporcionalmente más todavía que el otro; por eso suponemos que su finalidad fue la misma.

Página 40[editar]

La cara es grande y redonda, la frente algo echada hacia atrás, los ojos pequeños y sesgados, la nariz corta, ancha y recta; tiene la boca cerrada, los labios abultados y la barbilla ancha; las alas o faldones del bloque que le ciñen la cara le cubren las orejas. La caja del cuerpo está bien cortada. Los brazos, vistos de frente, son muy delgados, y los tiene adheridos a los costados y al bloque; pero vistos de lado son, por el contrario, anchos y carnosos. Sus manos con los dedos extendidos, descansan sobre el abdomen. Las piernas, como obra de arte, son un trabajo chapucero. El bloque se proyecta sobre su cabeza a manera de mitra colosal recamada de dibujos caracoleados dentro de un marco ancho. La altura de la obra escultórica, desde el borde superior del bloque a la planta de los pies, es de 210 cm.; su máximo espesor, del pecho del personaje al borde trasero del bloque, mide 86 cm. La altura del personaje, de la coronilla a la planta de los pies es de 140 cm. La cara tiene 31 cm. de largo; su anchura de hombros llega a 36 cm. Lo habían levantado recientemente y lo encontramos al sur del Montículo N° I.

g

Lam. 29

No lo menciona Squier

Varón, sentado. Sobre su cabeza se alza otra de cuello largo. El ídolo es medio escultura de bulto y medio alto relieve. El cuerpo del personaje principal esta recortado hasta los hombros; tras estos se extiende una parte de la piedra rudamente desbastada por detrás y por los lados. Sobre el frente de esta prolongación aparecen tallados en relieve el cuello y la cabeza del personaje principal y la cabeza secundaria de cuello largo que pudiera ser de gente o animal. Esta última tiene la frente angosta, ojos diminutos, redondos y excavados, nariz u hocico largo y de pareja anchura, la boca cerrada y orejas grandes, salientes y colgantes.

Página 41[editar]

El cuello es larguísimo y se eleva sobre la cabeza del personaje principal. La cara de este tiene frente angosta, ojos grandes, ovalados y ahuecados, nariz corta que se ensancha hacia abajo, cachetón, boca pequeña y cerrada, mandíbula ancha y recia, y orejas prominentes pero no muy grandes. El cuello es corto y robusto. El tórax no deja ver trazas de músculos, pues no es más que un bloque redondeado que baja —pasando por el abdomen— hasta el frente del pedestal. Los brazos y piernas están tallados en un como relieve. Tiene las manos sobre el abdomen. El pedestal es cilíndrico; en su cima luce una rodaja de menos diámetro sobre la cual descansa el personaje. Su altura es, desde la coronilla de la cabeza secundaria hasta el borde superior del pedestal, de 120 cm. El largo de la cara secundaria da 14 cm. La del personaje es de 27 cm., por 22 cm. de ancho. Encontramos este ídolo por la orilla sur del Montículo N° V, el más cercano de todos a la laguna de Apoyo.


h

Lam. 30

No lo menciona Squier

Fragmento de un alto relieve, o escultura unilateral, con solo la cabeza esculpida en sus cuatro dimensiones. En comparación con los otros altos relieves encontrados aquí, su tamaño es colosal. Este, a diferencia de todos los otros que vi en Nicaragua, está todo de perfil. La laja en que fue calado es muy delgada para el tamaño de la figura, ya que no tiene más de 30 cm. de espesor. La encontré rota en más de 20 pedazos; solo pude dibujar la cabeza y el tórax con el brazo. La cabeza es ligeramente comba y esta tallada por ambos lados, pero solo tiene un ojo al lado izquierdo formado por dos cavidades concéntricas. Le habían desprendido la cabeza; no tiene traza alguna de hocico o boca, y al lado izquierdo se ve una voluta como de cuerno de carnero (?) que es de esmerada artesanía. El tórax es apenas un ligero esbozo curvilíneo.

El brazo, por el contrario, es una buena talla, y los dedos son bien proporcionados.

Página 42[editar]

La parte baja del tórax no le fue casi desbastada, como tampoco la parte posterior y más baja de la cabeza. Sobre esta lleva un crestón rectangular dividido por tres rayas o líneas transversales. La cabeza tiene 53 cm. de largo, por 64 cm. de alto, tomando esta última medida desde el tope del crestón al borde inferior del cuerno. El diámetro del ojo es de 12 cm. El brazo, desde el hombro a la punta del dedo anular, mide 102 cm. La encontramos en el suelo un poco al oeste del Montículo N° V.

i

Lam. 31

Dibujado por Squier en Pág. 61; corresponde al No. 9, y lo describe en Págs. 60, 61 y 62. Bancroft, Pág. 44, Fig. 6.

Alto relieve. Figura masculina, sobre una laja de unos 40 cm. de espesor. Es una figura acostada boca arriba, si es que la laja fue utilizada como losa, o de pies, si fue parte de una pared. Tiene los brazos caídos y separados de los costados. La cara parece estar enmascarada (compáresela con el ídolo F de Punta del Zapote; dan esta impresión las cavidades gran-des y circulares que tiene en lugar de ojos, y lo que semeja una ancha la-mina pectoral o barba fluvial; le protegen las orejas dos faldillas que le caen del casquete o toca. Con la excepción de la rígida mascara, la figura esta finamente elaborada, y se ven esbozados los músculos de los hombros, del abdomen y las piernas. Sobre la laja se prolonga hacia arriba, ensanchándose, lo que parece ser un duplicado del casquete. Los bordes de la laja tienen un marco de 6 cm. de ancho por 3 cm. de alto. Está rota en dos pedazos; la parte inferior la encontramos lejos de la superior. Mide 182 cm. desde el borde superior del remate a la arista exterior del marco que tiene debajo de los pies; la parte más ancha del cuerpo da 74 cm. La propia figura humana mide, de la coronilla a la planta de los pies, 135 cm. La cara da 28 cm. de largo; su anchura, 27 cm. La barba o lamina, desde la mandíbula, es de 30 cm.; los hombros dan 45 cm. de ancho. Este ídolo estaba caído justamente al norte del Montículo N9 I; su parte inferior, al oeste del Montículo N° III.

Página 43[editar]

j

Lam. 32

No lo menciona Squier


Es varón, en relieve. Roto en tantos pedazos que fue imposible reconstruirlo. Solo pudimos copiar su cara, que está en muy buen estado y se nota que fue excepcionalmente bien elaborada. Es de gran fuerza expresiva; la frente es ancha, y lleva en la cabeza una como boina o rollete; los ojos son estrechos, de forma elíptica y el diseño se manifiesta con entera libertad. La nariz es recta y se ensancha a medida que baja; tiene la boca entreabierta, con labios bien formados; las mejillas son descarnadas, pero muy bien talladas. Su mandíbula es rectangular y vigorosa. Las orejas son grandes y prominentes. El largo de la cara, desde el borde inferior del rollete al borde inferior de la mandíbula, es de 35 cm.; su anchura da 26 cm. El espesor de la laja mide unos 30 cm. La mayor parte de sus fragmentos estaban dispersos al oeste del Montículo N4 V.

k

Lam. 32

No lo menciona Squier

Relieve de una figura masculina con cara de calavera. Como obra de arte es muy inferior a los ya descritos. La cara no es más que una comba ancha y parejamente ovalada con dos cuencas esféricas por ojos, y una cavidad triangular en el lugar de la nariz; la boca es solo una ranura longitudinal. Tiene el tórax bien redondeado; los brazos son únicamente dos listones a lo largo de los costados que terminan abruptamente en cinco graditas puestas en ángulo recto con los brazos; ellas representan los dedos de las manos. No pudimos dar con la parte inferior de la laja.

Página 44[editar]

Suspendidos sobre la cabeza se ven dos conos sobre una base común para ambos, y un poco arriba —en medio de los dos— un tercer cono invertido semejante al plomo de una bala.

Esta laja tiene —en los bordes laterales y a la altura del cuello y de las manos— sendas indentaciones rectangulares como de rueda dentada. La altura de la figura, medida desde la coronilla de la cabeza hasta el comienzo de las caderas, es de 82 cm. El largo de la cara da 32 cm., y su anchura 20 cm. Los hombros alcanzan 24 cm. de ancho.

Desparramados en la meseta encontramos un sinnúmero de fragmentos de ídolos, pero de tal manera desfigurados y revueltos, que nos habría tornado mucho tiempo y paciencia el reconstruirlos. Algunos de los ídolos que Squier dijo haber encontrado en regular estado como son, por ejemplo, los Nos. 3, 6, 7, 8, 11, 12, 13, y 18, no aparecieron por ningún lado. Tal vez unos fueran destruidos por la mano del hombre o las mordeduras del tiempo en los treinta años transcurridos entre la visita de aquel arqueólogo y la mía. Otros pueden haber ido a parar a diversos museos del mundo, o quizá hayan servido de tenamastes en el fogón de algún ranchito de cañas.

En general, los ídolos de este lugar nos recuerdan principalmente a los del último grupo de Punta del Zapote. Tal vez, desde un punto de vista artístico, sean aun inferiores a esos. Ninguno de los ídolos de Punta de las Figuras puede compararse, como obra de arte, a los encontrados en el Montículo No. I de Punta del Zapote.

El hecho de que la mayoría de los ídolos tenga sus órganos genitales —a menudo en forma más conspicua que lo natural— corrobora la opinión expresada por Squier respecto a que el culto fálico, o de los principios recíprocos de la Naturaleza, tuviera vigencia entre los niquiranos.

III - Petroglifos de la Islita La Ceiba[editar]

Página 45[editar]

III

PETROGLIFOS

DE

LA ISLITA

LA CEIBA



CEIBA fue sin duda una islita populosa. Así lo atestiguan los innumerables vestigios encontrados antes allí. En Rivas, el Doctor Earl Flint me mostró objetos de bronce, piedra y barro, así como pequeños ornamentos de oro labrado, bastoncillos de vidrio retorcidos y otras reliquias religiosas descubiertas en La Ceiba. Y si bien mis excavaciones no me rindieron ninguno de los estupendos resultados que mi optimismo me había hecho esperar, mi colección se vio muy enriquecida con lo que pude atesorar allí. De todo eso hablare más adelante en relación con los trabajos de excavación que realice en Zapatera y Ometepe. En la islita no se encuentran ídolos, pero reza la tradición que al norte de ella hallaron hace mucho tiempo varios que se llevaron a una hacienda del istmo. Dícese que eran relativamente pequeños. Por otra parte, en la isla abundan petroglifos, o "piedras labradas", como se dice popularmente. A esto se debe que su cumbre más elevada —la cual es plana como una mesa— haya sido bautizada con el nombre de Cerro del Panteón. Esta meseta es, a mi parecer, continuación del borde del cráter que circunda la bahía de El Chiquero. Los petroglifos encontrados en el espolón del sudoeste, llamado Punta del Panteón, calados en roca solida dos metros bajo el nivel del lago, son prueba fehaciente de que la isla se hundió en lo antiguo, quedando así demostrada la hipótesis mía de que Zapatera y La Ceiba estuvieron hace mucho tiempo unidas. La tierra que las unía desapareció con el hundimiento gradual del volcán.

Página 46[editar]

El oeste de la Isla es plano, cultivado en parte y también cubierto de matorrales; el este es muy quebrado. Su punto más alto, el Cerro del Panteón, se eleva unos 60 metros sobre el nivel del lago. La meseta tiene de 80 a 100 metros de largo por unos 10 0 15 de ancho, y parece sitio de propósito para calar piedras. Que los antiguos supieron aprovecharlo se ve palpablemente por el gran número de petroglifos que casi cubren su cima por completo. Esta, como queda dicho, es casi tan pareja como una mesa. Y hasta es posible que los indios la hubieran aplanado a mano completando así la obra de la naturaleza. En la parte del cerro ocupada casi toda por los petroglifos, la vegetación es muy rala; allí sólo crecen zacate áspero y maleza. No pude ver ningún petroglifo en sus farallones, ni tampoco en las grandes moles de piedra desprendidas del norte del Cerro del Panteón. Pero en grandes bloques planos o redondos, que hace mucho tiempo rodaron de sus laderas y que ahora yacen a lo largo del camino hasta la costa sur de la Punta del Panteón, si se ven muchos. Las caladuras se encuentran tanto en las rocas del centro como en las que se adentran en el lago; aquí sólo puedo reproducir una mínima parte de ellas. Los dibujos festoneados son, por lo general, parejos y de corte audaz; tienen una variación de 4 a 6 cm. de ancho, por 2 ó 3 cm. de hondo.

a

Lam. 37

Representa la parte superior de una figura humana. La cara es ancha, sus ojos redondos, ancha es también la nariz, y la boca cuadrada. En la cabeza lleva un penacho de cuatro plumas que según opinión de mis acompañantes indios es una corona.

Página 47[editar]

Por eso bautizaron la figura con el nombre de "La Reina". Tiene el busto corto y ancho, los brazos muy largos, las manos circulares; la izquierda es mucho más grande que la derecha, y ambas muestran ocho dedos radiantes. La longitud de la figura, desde la coronilla hasta el borde inferior del busto, es de 64 cm.; de codo a codo mide 127 cm.

b

Lam. 37

Puede que haya querido representarse aquí una muy primitiva figura humana. Forman la cabeza dos círculos concéntricos; los ojos y la boca son tres cuencas pequeñas. En la cabeza luce un adorno que se ensancha hacia arriba y que tal vez sea la cara de un animal; tiene también tres cavidades. El cuerpo es un rectángulo sin brazos, con una ranura perpendicular en el centro; hacia abajo se prolonga una pierna de la que se desvía para un lado un pie que se ensancha en el extremo correspondiente a los dedos. La figura mide 82 cm. de alto; la anchura de su cara da 16 cm.

c

Lam. 37

Aunque le faltan los pies se nota que es una figura humana. La cara es un ovalo ancho, con tres cuencas que, aunque colocadas muy a la derecha, son los ojos y la nariz. Su cabeza ostenta un ornamento a modo de tiara. Los brazos son cortos, sin indicios de manos. Mide 70 cm. de alto; su cara tiene 20 cm. de ancho.

Página 48[editar]

d

Lam. 37

Figura humana con brazos y una pierna. La cara es casi triangular con ángulos redondeados. Tres cuencas representan los ojos y la boca. Sobre la cabeza lleva, como la figura anterior, un ornamento alto. Los brazos le cuelgan y son de igual espesor que los hombros. Tiene una sola pierna, corta y gruesa, con pie aguzado. La figura mide 92 cm. de alto; la anchura de sus hombros es de 26 cm.

e

Lam. 37

Lam. 37 Es una Línea en espiral que se desenrolla curvándose irregularmente Para terminar proyectándose en línea recta. El diámetro de la espiral es de 20 cm.

f

Lam. 38

Figura humana. La cara de perfil, alta y estrecha, de nariz puntiaguda y mandíbula recia y redonda. El ojo, bastante grande, es una cuenca ovalada. En la cabeza tiene tres plumas. Frente a su cara se ve lo que puede ser la cabeza de un animal que también tiene por ojo una cuenca ovalada. El cuello de la figura humana es rectangular; su cuerpo esta de perfil, el pecho es convexo y la espalda ligeramente cóncava. Tiene piernas y brazos representados "en face", el brazo izquierdo cortado en dos partes, el derecho está completo; la mano izquierda con cinco dedos, la derecha con seis. Las piernas son cortas y arqueadas; dos ovalos figuran los pies. Entre las piernas se ve otra cara; dos cavidades pequeñas son los ojos, la nariz es una ranura que se ensancha hacia abajo, la boca una ranura más ancha en el centro. El tamaño de la figura da, de la coronilla a los pies, 161 cm.; su anchura de hombros es de 55 cm.

Página 49[editar]

g

Lam. 38

Mono de perfil. La cabeza esférica sin trazas de ojos ni nariz; convexo el cuerpo por delante y derecho por detrás; el brazo en alto con tres dedos en la mano; la cola, proyectada en ángulo recto, se enrolla en la punta. Tiene la pierna doblada, con dos pies, y el órgano sexual atrás. De alto mide, desde la corona de la cabeza al extremo del pie más bajo, 80 cm.

h

Lam. 38

Mono, muy parecido al anterior, con cuerpo más grande y más convexo; la mano con tres dedos apenas perceptibles; las piernas muy cortas. Mide 63 cm.

i

Lam. 38

Una cruz, o más bien tres, una dentro de la otra, y así. La de más afuera esta calada más ordinariamente que las interiores. La altura de la interior mide 15 cm., la de en medio 22 cm., y la exterior 38 cm.

Página 50[editar]

k

Lam. 39

Dos cruces, una dentro de la otra, y ambas dentro de un círculo que forma cenefas en cada brazo de la cruz exterior. Las líneas de la cruz interior tienen casi 6 cm. de ancho. En los extremos superior e inferior de la cruz exterior se ven sendos abultamientos rectangulares, aislados, y otros más o menos cuadrados en los brazos de la cruz. El tamaño de la cruz interior es de 16 cm., el de la exterior 28 cm. El diámetro máximo del diseño circular es de 48 cm.

Todos los petroglifos descritos, es decir de la a a la k, se encuentran en la meseta del Cerro del Panteón; el correspondiente a la letra k está casi en el centro de ella, su brazo corto superior se orienta exactamente al norte. Tal vez esto sea casual, pero creo que vale la pena señalarlo, puesto que también los brazos de la cruz i están orientados en estricta conformidad con los puntos cardinales. Muy cerca del petroglifo a se ve el comienzo de una cavidad roquera al parecer desgastada por las lluvias, y que tiene 30 cm. de diámetro.

l

Lam. 39

Línea ovillada, uno de cuyos cabos forma una no muy perfecta espiral, y en su parte media tiene varios arqueamientos y ángulos irregulares; el otro cabo es muy recto. Este diseño esta calado en la roca solida del promontorio de Punta del Panteón.

m

Lam. 39

Un doble diseño calado en forma laberíntica, unido mediante una línea que se enrolla, y cuya circunferencia exterior es de lengüetas casi rectangulares;

Página 51[editar]

su parte interior, en cambio, es una espiral irregular. La longitud del diseño laberintico es de 58 cm., y el diámetro máximo de la figura en espiral da 54 cm. Este tallado en la roca solida cercana al diseño anteriormente citado, en la punta del promontorio; el agua la cubre en parte.

n

Lam. 39

Casi en forma idéntica a la espiral del petroglifo anterior, pero más regular. La espiral interior tiene más vueltas, cuatro en total. Su diámetro máximo, si incluimos las líneas exteriores, es de 86 cm. Esta calado también en la roca sólida del propio promontorio, a la lengua del agua.

o

Lam. 40

Figura de diseño caprichoso. Su longitud es de 109 cm. Lo encontramos a poca distancia de la playa de Punta del Panteón, calado en roca sólida.

p

Lam. 40

Cinco caras rudamente caladas; solo una tiene señalada la nariz, las otras cuatro muestran únicamente boca y ojos. El largo de la cara más grande es de 25 cm.; el de la más chica, 20 cm. Entre dos de las caras hay una pequeña cavidad esférica. Estas figuras están caladas en la mole de una piedra suelta de dos metros de diámetro; yace un poco arriba de la margen del lago.

Página 52[editar]

Hoja en blanco

IV - Cerámica de Ometepe, Zapatera y La Ceiba[editar]

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IV

CERÁMICA

DE

OMETEPE, ZAPATERA Y LA CEIBA


1. Lam. 33. Figura humana, en terracota. Color negruzco, bien conservada. Altura: 72 mm. La Ceiba

2. Lam. 33. Figura humana, sentada, con los Brazos en jarras. Terracota, pintada en café rojizo y negro sobre base amarillo claro. Altura: 144 mm. Ometepe, Campamento 4.

3. Lam. 33. Figura descabezada, parecida a la anterior. Terracota, pintada en dos colores solamente: amarillo claro y café rojizo. Altura medida desde los hombros: 90 mm. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo N° I.

4. Lam. 33. Olla esférica con resaltos y tapa perforada. Muy bien pintada en café rojizo y amarillo claro. Diámetro: 127 mm. Altura: 83 mm. Ometepe, Campamento 5.

5. Lam. 33. Olla gruesa y sin tapa. Terracota, minuciosamente pintada con finos diseños; campo amarillo claro pintada en rojo, café rojizo y negro. Diámetro: 70 mm. Altura: 40 mm. Ometepe, Campamento 1.

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6. Lam. 33. Tazón, con asiento y asas sólidas. Gruesa y bien pulida pieza de cerámica, color café obscuro. Diámetro: 75 mm. Altura: 40 mm. La Ceiba.

7. Lam. 33. Olla redonda con asas anilladas. De barro medio cocido. Diámetro: 65 mm. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo N° VI.

8. Lam. 33. Tapa alta de pequeña olla esférica. Pintada en café; buena loza. Diámetro: 48 mm. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo N° III.

9. Lam. 34. Vaso alto y grueso. De barro, pintado en rojo; elegantemente adornado de numerosos y pequeños botones de barro. Lo encontramos roto en muchos pedazos, pero los recobramos casi todos. Es de líneas airosas. Altura: 420 mm. Diámetro de su base: 150 mm. Diámetro de la boca: 300 mm. Espesor: de 8 a 10 mm. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo N9 III.

10. Lam. 34. Fragmento de vaso de la misma forma del anterior. Espesor: de 9 a 10 mm. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo N° III.

11. Lam. 34. Fragmento de vaso, probablemente de la misma forma del 9. Espesor: de 9 a 13 mm. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo N° I.

12. Lam. 34. Asa de platón tendido. Loza; representa la nariz u hocico de una fiera. El color que tuvo se ha desvanecido casi por completo. Zapatera, Punta de las Figuras.

13. Lam. 34. Cabeza de animal que fue asa de un tazón. Loza pintada en negro. La Ceiba.

Página 55[editar]

14. Lam. 34. Cabeza de animal, asa de olla muy grande. Terracota pintada en café claro. Zapatera, Punta del Zapote.

15. Lam. 34. Cabeza de animal, asa de olla arqueada con borde superior vuelto hacia afuera. Terracota fina pintada en rojo y amarillo. Zapatera, Punta del Zapote.

16. Lam. 34. Cabeza de animal, ornamento de vasija. Terracota fina con bandas de color rojo y amarillo. Ometepe, Campamento 4.

17. Lam. 34. Cabeza de animal, asa de platón. Terracota fina en negro. Zapatera, Punta del Zapote.

18. Lam. 35. Tapa de olla ovalada, perforada. Terracota fina en café rojizo. Zapatera, Punta del Zapote.

19. Lam. 35. Fragmento del costado de una olla grande o tinaja, con una figura en relieve que representa el brazo de un mono. Terracota en café rojizo. Zapatera, Punta del Zapote.

20. Lam. 35. Pequeña redoma de terracota pintada en amarillo. Zapatera, Punta de las Figuras.

21. Lam. 35. Cabeza de pájaro que fue pie de un platón. Terracota en rojo. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo N VI.

22. Lam. 35. Parte superior de una olla o redoma, en forma de cabeza de animal con las fauces abiertas; esta vasija tuvo dos bocas. Terracota en amarillo grisáceo. Zapatera, Punta del Zapote.

23. Lam. 35. Cabeza de animal, asa de olla grande. Terracota en rojo. Zapatera, Punta del Zapote.

29. Lam. 36. Fragmento de tinaja con cuello recto y grecas. Zapatera. Punta del Zapote, Montículo No. V.

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30. Lam. 36. Cabeza de animal, asa de una vasija o platón. Terracota fina en café obscuro. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo No III.

31. Lam. 36. Cabeza de iguana, fragmento de juguete. Terracota en amarillo claro. Zapatera, Punta de las Figuras.

32. Lam. 36. Cabeza de animal, asa de vasija. Terracota pintada en un color ya desvanecido. Zapatera, Punta de las Figuras.

33. Lam. 36. Cabeza de animal, asa de vasija. Terracota fina en negro. La Ceiba.

34. Lam. 36. Cabeza de animal, fragmento de juguete. Terracota en amarillo claro. Zapatera, Punta de las Figuras.

35. Lam. 36. Cabeza de animal, asa o pie de vasija. Terracota en café. Zapatera, Punta de las Figuras.

36. Lam. 36. Cuello de una poronga o tinaja grande, en forma columnaria asido por una mano. Barro rojo sin pintar. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo N9 VI.

37. Lam. 36. Recipiente tendido con asa anillada. Loza pintada en café obscuro. La Ceiba.

APENDICE PEQUEÑOS OBJETOS DE PIEDRA

24. Lam. 35. Cabeza de animal, bien cortada; parece haber formado parte del costado de un vaso o recipiente de piedra. Zapatera, Punta del Zapote.

25. Lam. 35. Moledor o majador. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo No III.

26. Lam. 35. Mortero para majar semillas. Ometepe, Campamento 3.

27. Lam. 35. Cincel o buril. Zapatera, Punta del Zapote, Montículo No III.

28. Lam. 35. Cincel o buril. La Ceiba.

Ilustraciones, Laminas y Mapas[editar]

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Pl. 1.
Bovaiala 0061Plate 1 -Nicaraguan antiquities.jpg

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Pl. 2.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 63 B Pl 2.(b&w)

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Pl. 3.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 65 (b&w)

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Pl. 4.
Bovaiala - Plate 4 - Nicaraguan antiquities.jpg

Página 61[editar]

Pl. 5. (D y E)
Book Nicaraguan Antiquities scan page 69 D-E Pl 5

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Pl. 6.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 71 F Pl 6

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Pl. 7.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 73 F Pl 7

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Pl. 8.
Bovaiala - Plate 8 - Nicaraguan antiquities.jpg

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Pl. 9.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 77 G Pl 9

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Pl. 10.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 79 G Pl 10

Página 67[editar]

Pl. 11.
350

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Pl. 12.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 83 I Pl 12

Página 69[editar]

Pl. 13.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 85 K Pl 13

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Pl. 14.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 87 L Pl 14

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Pl. 15.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 89 M Pl 15

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Pl. 16.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 91 N Pl 16

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Pl. 17.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 93 O Pl 17

Página 74[editar]

Pl. 18.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 95 P Pl 18

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Pl. 19.
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Pl. 20.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 99 R Pl 20

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Pl. 21.
450

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Pl. 22.
450

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Pl. 23.
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Pl. 24.
400

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Pl. 25.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 109 δ Pl 25

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Pl. 26
Book Nicaraguan Antiquities scan page 111 ε Pl 26

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Pl. 27.
500

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Pl. 28.
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Pl. 29.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 117 η Pl 29

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Pl. 30.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 119 θ Pl 30

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Pl. 31.
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Pl. 32.
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Pl. 33.
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Pl. 34.
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Página 91[editar]

Pl. 35.
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Pl. 36.
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Pl. 37.
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Pl. 38.
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Pl. 39.
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Pl. 40.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 139 Pl 40

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Pl. 41.
Book Nicaraguan Antiquities scan page 141 Pl 41

Página 98[editar]

Mapa Centroamérica (Arriba)
Book Nicaraguan Antiquities scan page 144

Página 99[editar]

Mapa Centroamérica (Abajo)
Book Nicaraguan Antiquities scan page 145

Página 100[editar]

Mapa Zapatera
Book Nicaraguan Antiquities scan page 147

Notas[editar]

  1. Nicaragua: su gente, paisajes, monumentos, y el canal interoceánico propuesto. Con numerosos mapas originales e ilustraciones. En dos volúmenes. Londres, 1852.
  2. Debo impugnar aquí basado en mis propias observaciones, la alusión de Squier respecto de que las tribus nómadas de la costa atlántica de Nicaragua tienen parentesco con los Caribes y especialmente de que "los melchoras del Rio San Juan son evidentemente de cepa caribe". Todos los indios de las tribus sumo rama y melchora que yo vi y medí se acercan mucho más en usos y costumbres y características craneanas, a los talamancas y guatusos, y hasta a los indios mansos de Chontales y del norte de Nicaragua, que a los caribes de Honduras, quienes, como se sabe, son auténticos caribes, así como también a los indios magdalena de Colombia que se supone son de la misma cepa. La diferencia es tan grande hasta parecer probable que la suposición de Squier naciera de una confusión de nombres, sobre todo porque los españoles aplicaron el gentilicio de caribe a todos los indios bravos de la costa atlántica de Nicaragua, mucho antes que los caribes de San Vicente, los últimos sobrevivientes de esa raza en las Indias Occidentales después de una larga y cruenta lucha por su libertad, fueron expatriados y llevados a la Isla de Roatán, de donde más tarde y por su propia voluntad se trasladaron a la Costa de Honduras.
  3. ”Distribución geográfica de la antigua civilización de América Central", en el diario de la Sociedad Americana de Geografía de Nueva York, vol. 8, 1870. p. 142.
  4. Contribuciones Smithsonian al conocimiento (383), vol. 25 Washington (1885) 1881.
  5. En Squier, lámina opuesta a la página 64 de la primer edición en nglés.