Arte de las putas (Versión para imprimir)

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Autor: Nicolás Fernández de Moratín[editar]

- I -[editar]

Arte de las putas: I


 HERMOSA Venus que el amor presides,   
 y sus deleites y contentos mides,   
 dando a tus hijos con abiertas manos   
 en este mundo bienes soberanos:   
 pues ves lo justo de mi noble intento
 déle a mi canto tu favor aliento,   
 para que sepa el orbe con cuál arte   
 las gentes deberán solicitarte,   
 cuando entiendan que enseña la voz mía   
 tan gran ciencia como es la putería. 
 Y tú, Dorisa, que mi amor constante   
 te dignaste escuchar, tal vez amante,   
 atiende ahora en versos atrevidos   
 cómo instruyo a los jóvenes perdidos,   
 y escucha las lecciones muy galanas
 que doy a las famosas cortesanas.   
 Mas ya advertido mi temor predice   
 que al escuchar propuestas semejantes   
 tu modesto candor se escandalice;   
 pues no, Dorisa bella, no te espantes 
 que no es como en el título parece,   
 en la sustancia esta obra abominable.   
 Por mí la serie de los tiempos hable;   
 pues siguieron las mismas opiniones   
 todos los siglos, todas las naciones,
 y hallarán en el mundo practicados   
 mis dogmas por las gentes más ilustres   
 de entrambos sexos; no permita el hado   
 que la obscena maldad ninguno aprenda   
 siendo yo su maestro; el que aún no entienda
 del rígido apetito, no me lea   
 a no ser que advertencias pretendiese   
 del mal para evitarlo, pues cogido   
 puede un incauto ser muy fácilmente,   
 del contrario que no es bien conocido. 
 Así como se informan los pedantes   
 de Galego y de Lárraga, estudiantes   
 del homicidio, estupro y adulterio,   
 de plétora, aneurisma y esquinencia   
 para ahuyentarlo, como dicen ellos,
 con rosario y con pócimas amargas,   
 yo no pretendo con arengas largas   
 disuadir el amor puro y constante   
 de solo a solo, ni romper deseo   
 la coyunda que enlaza el Himeneo.
 Sufra el cuello magnánimo y robusto   
 su yugo tan pesado como justo,   
 y evitará el horror de mis lecciones;   
 mas ¡qué de estorbos, oh Fortuna, pones   
 para lograrlo! El áspero dinero
 le falta al uno, al otro la licencia   
 del superior o el padre muy severo.   
 ¿Quién bastará a adornar de resistencia   
 para que el otro sufra eternamente   
 a una mujer fantástica, insolente, 
 que fiada en el lazo indisoluble   
 tiranamente usurpa el despotismo   
 del hombre, su prudencia despreciando?   
 ¡De cuántos infortunios libertada   
 fuera la humanidad si este contrato 
 lo anularan violadas condiciones!   
 Aunque no permitido, practicado   
 vicio que aun hoy ya no es disimulado;   
 ¡cuántos suspiros, cuántas aflicciones   
 ocultas se acallaran si el recelo
 turbara las seguras posesiones!   
 Diera yo entonces inútiles lecciones;   
 mas pues el mundo sigue este sistema,   
 no hay alguna razón para que tema   
 el mío establecer. Sin duda alguna
 fuera mejor que el mundo me creyese   
 y su amor cada cual diese a la amada   
 para siempre en coyunda muy sagrada,   
 o en castidad purísima viviese.   
 ¡Castidad! gran virtud que el cielo adora,
 virtud de toda especie destructora,   
 y si los brutos y aves la observaran   
 comiéramos de viernes todo el año:   
 pero, ¿por qué abrazar el Himeneo?   
 Muchos en los demás escarmentados
 le aborrecen tenaces, pues templados   
 no son los hombres, ni templarse pueden   
 si no quebrantan la naturaleza   
 con muy duro y con áspero castigo,   
 que es inhumanidad si no es fiereza, 
 de la ley natural dogma enemigo   
 y no puede haber hombre si es humano   
 que lo deje de ser. Con modos feos   
 y horrendos, sacia el uno con vil mano   
 el brutal apetito a sus deseos;
 no es falso por no público este crimen,   
 ningunos aunque callan de él se eximen.   
 Otro incauto en nocturna complacencia   
 sin que al sueño hacer pueda resistencia   
 despierta humedecido, la blancura
 de la ropa interior contaminada,   
 sin propio vaso, en fin, desperdiciada   
 la sustancia vital capaz de vida:   
 y no siendo posible que se impida   
 lo que la naturaleza a voces clama 
 ya justa o injustamente, inevitable   
 es de amor apagar la ardiente llama.   
 Tanto cristiano Demóstenes hablaba   
 fulminando del púlpito amenazas   
 al lascivo; mas ¿qué han adelantado?
 El mundo aún hoy se está como se estaba;   
 prueba es que sus razones no han bastado.   
 Pues, ¿qué delito mi inocente Musa   
 comete, cuando a un mal inevitable   
 no pudiendo extinguirle, le modera
 la malicia fatal? Ya que haya mal,   
 el modo por lo menos bueno sea   
 y hágase bien el mal. Si yo evitara   
 tanto dispendio en jóvenes perdidos,   
 ¡qué felices mis versos contemplara! 
 ¡cuántos enajenados, mal vendidos,   
 cuantiosos patrimonios mendigando   
 se miran por las putas insaciables!   
 Si fuera la dulzura de mi canto   
 capaz de impresionar el horroroso
 gálico inmundo y su extinción lograse,   
 ésta sí fuera de mi canto hazaña.   
 La primer flota que nos trajo a España   
 Colón desde las Indias, a quien dieron   
 en Nápoles su nombre los franceses,
 si a lo menos ¡oh Musa! consiguieses   
 evitar los escándalos!... Si acaso   
 facilitando hacia el burdel el paso   
 cerraras las alcobas conyugales   
 y las castas purezas virginales 
 aseguraras, ¡qué feliz serías!   
 Hubiera quien mis dulces poesías   
 notara de impiedad viendo que en ellas   
 se asegura el honor de las doncellas.   
 Si moderan los gastos excesivos
 que pierden a los jóvenes lascivos,   
 y el contagio venéreo se destierra   
 de las ardientes ingles y, seguros   
 los tálamos nupciales, los futuros   
 frutos de bendición esperan ciertos; 
 y el infame adulterio aniquilado   
 llega en España a ser desconocido,   
 y el escándalo siempre aborrecido   
 del cielo, no da ya en los ojos castos   
 pésimo ejemplo, el daño menor debe
 sufrirse por obviar mayores daños.   
 Así el profano Coliseo, el fuerte   
 circo para lidiar los bravos toros   
 por sólo entretener tantos ociosos,   
 con mil casas de juego se consienten.
 Las leyes, la política indulgente   
 a los concubinarios dio licencia   
 por salvar al consorte el nupcial lecho.   
 Ciudades cultas dan con alto techo   
 al público burdel magnificencia
 y las vírgenes castas y matronas   
 con no invadido honor cruzan las calles,   
 y así ¡oh! cualquiera que el perderte abona,   
 la sacra inmensidad de la nobleza   
 no profanes sacrílego, atrevido,
 vuelve a mi verso el lujurioso oído,   
 que en él se encuentra el lupanar inmundo   
 que por escrito a tu lascivia fundo.   
 Y no pienses que invento estas maldades:   
 de ti son aprendidas; no que lo hagas
 te mando, sino escribo lo que haces   
 y acaso encontrará la incontinencia   
 de ambos sexos remedio al informarse   
 de la astucia, del dolo y la impudencia   
 que recíprocamente en engañarse
 practican unos y otros, y es posible   
 que así fuese la enmienda conseguible,   
 y todos conociéndose se teman   
 y se aborrezcan y se enmiende el mundo:   
 mas ya tocado de un pesar profundo 
 mi crédito en balanzas considero;   
 me juzgas un perdido putañero   
 pues del arte y las putas doy noticia.   
 La consideración ni la justicia   
 no engendra tal concepto, es hijo espúreo
 del satírico humor de tu malicia;   
 ni el escrito indicio de la mente,   
 con modesta conducta y recta vida,   
 mí Musa es juguetona y divertida;   
 Virgilio, así, y Homero el excelente
 hubieran sido atroces y guerreros   
 las armas y las cóleras cantando;   
 ni el nombrar son indicios verdaderos   
 del tratar la persona. De Alejandro,   
 Curcio, su historiador no vio el semblante; 
 no es maravilla que mi Musa cante   
 un arte al parecer de los peores:   
 maldades se han escrito bien mayores   
 de todos aplaudidas. Uno escribe   
 en el arte espantoso de la guerra
 preceptos de asolar toda la tierra,   
 pernicioso y horrible a los humanos,   
 otro pretende habilitar las manos   
 en fundir el metal de los cañones   
 para derribar hombres a millones
 y alcázares que el tiempo no lo haría   
 al trueno de la horrenda artillería.   
 El arte de verter la sangre humana   
 con la espada fatal es aprendido   
 de Príncipes y grandes, y es leído
 el libro de políticas aleves   
 para oprimir la libertad del pueblo   
 sin que él lo advierta. Son mucho más leves   
 mis delitos: no incito asolamientos,   
 destrucciones ni muertes horrorosas:
 sólo facilitar las deleitosas   
 complacencias de amor inexcusables   
 por modos a ninguno imaginables   
 solicito, y del arte meretricio   
 pretendo por mi astucia y mi desvelo
 ser nuevo Tiphis y otro Maquiavelo.   
 Y no defenderé que bueno sea,   
 mas sólo sé que los insignes hombres   
 que fueron inclinados lo siguieron   
 y los que fueron fríos no lo hicieron; 
 y no es virtud dejar lo que no gusta.   
 Unos van al Peñón, otros se dejan   
 llevar hasta Manila desterrados:   
 los brutos quieren ser despedazados   
 primero que ceder este derecho.
 La malicia y la envidia sólo han hecho   
 este vicio el mayor de las maldades,   
 mas ¡cuánto son peor las falsedades,   
 hurtos, ingratitud y tiranía!;   
 y esto se pasa y aun se aplaude hoy día.
 Por ceremonia sólo no nombrarnos   
 lo que hacemos: verás una casada   
 que primero dirá mil impiedades   
 que aquello que hace más y más le agrada;   
 y piensa injusta una mujer honrada
 que con ser fría, lícito le es todo;   
 y no piensan los hombres de otro modo;   
 pues muchos hallarás que sin empacho   
 se alaban de matar (acción horrible)   
 y no osarán decir que han engendrado. 
 Una sola manera se ha encontrado   
 de hacer los hombres; mas de deshacerlos   
 ¡cuántas industrias inventó la muerte!   
 Y el instrumento que los mata fuerte   
 va por gala y blasón pendiente al lado 
 y el que los hace, oculto y deshonrado;   
 y los hombres inicuos dan laureles   
 al que mata a un millón de sus hermanos   
 y deshonran al que ama a las mujeres.   
 ¡Cuánto es mejor, o cuánto menos malo,
 que el grande Motezuma a tres mil de ellas,   
 en hamacas gozó sus miembros bellos   
 que no el fiero Escanderbek matase   
 con su alfanje espantoso tres mil de ellos!   
 ¡Ojalá que los hombres no forniquen,
 si esto es posible, mas si no hay remedio,   
 ojalá que los vicios se limiten   
 a éste sólo; perezcan los traidores   
 alevosos, sin ley, y usurpadores   
 y se verá si pierde o gana el mundo!
 Mas el principio en que mi arte fundo   
 ¿quién dirá que destruye lo que enseña?   
 Oíd. A la mujer más pedigüeña   
 enseño a no pagar el vil trabajo.   
 Si esta lección tomara todo majo,
 obra de caridad sin duda fuera,   
 pues cada cual con tanto chasco viera   
 que no da utilidad el putaísmo,   
 si no el hambre, lacerias y el abismo.   
 Si hay algún medio de extinguir las putas 
 es sólo no pagarlas: mil oficios   
 y fábricas insignes se perdieron   
 luego que su labor sin premio vieron.   
 Pero si ven que con abrir las piernas   
 se abren las duras bolsas y hacen tiernas,
 ¿qué han de hacer sino alzar los guardapieses   
 para coger el oro que no caiga   
 al suelo, y vergonzosas o corteses   
 procurarse tapar con la camisa   
 la cara como algunos santos frailes?
 Las hazañas del fiero Masinisa,   
 ¿qué son más que delitos execrables?   
 César, Mario y Eneas endiosado,   
 ¿qué fueron sino ilustres malhechores?   
 y esto les mereció versos y loores
 que los dioses (si es dable) han envidiado.   
 ¿A quién mayores daños ha causado   
 el Macedón terrible? ¿A la Roxana   
 cuando en el lecho oriental la acariciaba   
 y a la Reina Talistres que buscando
 le vino para holgarse trece noches,   
 o a Darío, a quien del reino despojado   
 causó la muerte, y de otros mil millones,   
 y al corpulento Poro, que, arrogante,   
 cayó desde su altísimo elefante,
 sin fuerzas y sin reino y sin blasones   
 y sin ver más la luz de las estrellas?   
 Respondan ellos y respondan ellas.   
 La inconsideración llama borrones   
 de su historia el querer a las mujeres,
 y grandeza matar millares de hombres,   
 y el furioso Don Pedro de Castilla,   
 fue cruel por matar a Don Fadrique,   
 mas no por empreñar a la Padilla.   
 Pero si alguno hubiese que replique
 que más valiera ser mi lengua muda,   
 que para darla azotes muy crueles   
 no es bien que muestre a Venus tan desnuda,   
 sepa no escribo yo contra las leyes.   
 Si esto se mira con intención buena,
 en las Cortes de Soria nuestros reyes   
 con mantillas de grana distinguieron   
 a las putas, y así las permitieron.   
 Todas las cosas las perversas almas   
 corrompen siempre: quítense las fiestas  
 de toros, las devotas romerías   
 y los teatros; ¿qué hay en las comedias   
 sino disolución? Artes que avisan   
 con blandas y alevosas discreciones   
 el modo de engañar los corazones. 
 ¡Oh! ¡cuántas honras destruyó la Puerta   
 del Sol!, ¡cuántos escándalos se lloran   
 en la profanación de la iglesias!   
 ¿quién quitar puede todas estas cosas?   
 Ni es maravilla que mi verso advierta
 los riesgos cual los marca el navegante   
 porque los huya quien está ignorante,   
 ni el vuelo extrañará de fantasía   
 licenciosa tal vez, el que no ignore   
 lo que es la burla, invención y poesía.
 Y el que por mal camino mi arte tome   
 culpa es suya: panales y ponzoña   
 salen del jugo de unas mismas flores.   
 El cauto caminante y el que roba   
 ciñen el lado de la amiga espada
 con intenciones bien diversas todas.   
 ¿Qué hay más útil que el fuego? Mas si trata   
 alguno quemar templos y ciudades,   
 ¿qué cosa hay que produzca más maldades?   
 ¿Temes acaso que las tiernas almas
 pervierta de los niños inocentes   
 con mi verso? ¡Ah piedades imprudentes!   
 ¡Oh padre de familia vigilante!   
 ¡Oh ayo, quizás sopista e ignorante!   
 ¿No alejas de su mano delicada
 las tijeras y puntas de cuchillos,   
 pistolas y los filos de Toledo,   
 no por malas en sí, sino por miedo   
 de que les dañe lo que luego sirve?   
 Pues estas artes enseñar te vedo,
 del mismo modo al pequeñuelo infante   
 hasta que en la virtud esté ya firme.   
 Sábele educar bien y no reduzcas   
 a ciertas vanas fórmulas externas   
 el nombre de virtud adulterado.
 Al joven, cual se debe, ya educado   
 nada le ofenderá, ni ignorar puede   
 el uso a cada miembro destinado.   
 Si a las artes se inclina, la pintura   
 le mostrará los feminales miembros 
 haciendo fuerza Andrómeda desnuda.   
 El arte del divino Policteto   
 le enseñará a copiar en la Academia,   
 sin velo ni pudor, la hermosa Venus;   
 y así formó el cincel hecho una uva 
 al Baco de Aranjuez sobre la cuba.   
 Os parecerá horrible ver pintado   
 por mis versos un fraile y una monja   
 que se están a placer regodeando;   
 pues ¿cuánto más terrible es ver pintada 
 la horrorosa y cruel carnicería   
 que en inocentes víctimas se hacía   
 por Herodes; las castas compañeras   
 con Ursula morir; o derribada   
 del Salvador la estatua, sacrilegios
 atroces del feroz Iconoclasta?   
 Y a estas pinturas das honor y precio.   
 Si no es el joven ignorante o necio   
 ¿cómo le enseñarás filosofía,   
 y la experimental anatomía,
 y aun la religión misma, sin que sepa   
 cuanto puede saber sin ver mis artes?   
 Las noticias que ¡oh Historia! nos repartes,   
 ¿son todas para ejemplo? Aquel que lea   
 cuántos hombres mataba en la pelea
 Aquiles, el del yelmo empenachado,   
 ¿por ventura a lo mismo está obligado?   
 Y el que estudia la infiel Mitología,   
 ¿no aprende la falsa religión impía?   
 ¿Quién cerrará los inocentes ojos
 del niño cuando mire por las calles   
 los perros que se ligan? Verá siempre   
 mullir un mismo tálamo a sus padres   
 y siempre obrará en él naturaleza.   
 Mas ¿qué?, ¿llegó a tanto la vileza   
 que propagar la especie fue afrentoso 
 comercio? Y es preciso y es gustoso.   
 ¡Cuánto mejor que el pernicioso naipe   
 no se haga oculto y no dará vergüenza!   
 No hay bien alguno que en el mundo venza
 el bien de gozar uno su querida;   
 por eso cosa no hay más perseguida   
 de la envidia de esotros: y el recelo   
 de ser de los demás interrumpido   
 fue el origen de hacerlo en lo escondido,
 que no porque ello fuese vergonzoso.   
 Así el niño se oculta receloso   
 de la importunación de esotros niños   
 a comer solo el dulce que le diste,   
 sin ser el comer dulce, en sí, acción mala;
 y, creedme, que es sólo el escondite   
 quien causa la malicia; y así vemos   
 cuánto al ver una teta, nos movemos,   
 de una honesta doncella que la tapa;   
 mas las amas de leche nada incitan
 pues la costumbre y aprensión lo salvan;   
 y esto sucede en las desnudas indias.   
 No piense alguno que mi verso enseña   
 los vicios; soy espejo, no oficina;   
 mi canto avisa, pero no aconseja
 como el teatro; así los sibaritas   
 la borrachera hicieron detestable   
 embriagando primero a los esclavos,   
 viendo sus hijos vicio tan infame.   
 Tu lujuria estos versos ha inspirado;
 otros serios canté, no me escuchaste;   
 pues oye, que pensando deleitarte   
 doctrina beberás disimulada,   
 o viciosa, pues pura no te agrada;   
 y así la rectitud de los jueces 
 severos no interrumpa mis acentos,   
 ni me condene hasta cantar seis veces,   
 y el mundo me dará agradecimiento,   
 porque tantos que el tiempo mal emplean   
 putean sin saber lo que putean, 
 por falta de maestro y de un buen libro   
 que enseñe el arte que, por piedad sólo,   
 para común utilidad escribo   
 por evitar absurdos mayormente.   
 Cuando hoy abundan tantos metodistas
 de estudiar de curar los sabañones   
 y otras mil cosas, ¿ha de estar sin reglas,   
 sólo fiada en apurar las tradiciones,   
 tan gran ciencia como es la putería?   
 No consintiera tal la Musa mía.
 Bien haya el inventor tan excelente   
 de un arte en todas formas eminente,   
 tan útil y gustoso. ¿Quién sería?   
 ¡Qué elogios al saberlo yo le haría!   
 Mas, ¿cómo no percibe mi rudeza
 que el autor sólo fue naturaleza?   
 En la ley natural no fue delito   
 ser los hombres más justos putañeros,   
 ni tuvo entonces tasa el apetito.   
 Del padre Abraham las venerables canas
 con la mulata Agar reverdecieron,   
 y Jacob satisfizo a ambas hermanas,   
 y el justo Loth, después de bien bebido,   
 de Segor en los senos más secretos   
 hizo a sus hijas madres de sus nietos.
 Del santo rey David violó el serrallo   
 el miembro de Absalón. Tampoco callo   
 del Salomón científico, la ciencia   
 en elegir muchachas empleada.   
 De la profana historia no se añada
 ejemplar, que sobre esto nada prueba.   
 Apenas héroe en letras y armas grande   
 se halla a las meretrices no inclinado,   
 ni es maravilla. ¿Dónde se ha inventado   
 conveniencia mayor que el putaísmo?
 Cada cual lo contemple por sí mismo.   
 Enciéndese la sangre recaliente   
 en un joven robusto y muy ardiente,   
 en un viejo, en un clérigo o en un fraile,   
 y exprimiendo la pringue a los riñones,
 baja por sutilísimas canales   
 a esponjar los pendientes compañones,   
 los músculos flexibles extendiendo,   
 y el instrumento humano entumeciendo,   
 hasta el ombligo se levanta hinchado,
 del semen abundante retestado,   
 que, reventando por salir, comprueba   
 ser venenoso estando detenido,   
 según el docto Hipócrates decía.   
 Un hombre en tal afán constituido,
 más que otra cosa a la piedad conmueve;   
 predicarle templanza no se debe,   
 por ser inútil. ¿Dónde, pues iría?   
 Aun cuando fuese justo que invadiese   
 las mujeres honradas, ¿hallaría
 quien su gula carnal satisfaciese?   
 ¿Y habrá caritativa providencia   
 mejor que el encontrar una muchacha   
 que a su gusto le dé pronta licencia,   
 sin costarle millares de pisadas,
 postes, suspiros, lágrimas, ternezas,   
 escrúpulos, regalos y paseos,   
 estar al tocador todos los días   
 y la noche pasarla en galanteos,   
 y rematar por fin de estas porfías
 con que su honor les pone impedimento,   
 o en que no hay ocasión, después que el otro   
 su gusto ya logró mil veces ciento,   
 y todo a costa nada más que un poco   
 de dinero, vil precio a tanto gusto?
 No sé por cierto cómo hay quien no deje   
 de galantear al modo quijotesco,   
 ni cómo hay españoles que cortejen   
 contra el carácter impaciente suyo,   
 haciendo noviciado el cabronaje.
 Que no es muy malo el putear arguyo,   
 por más que griten mil Matusalenes   
 con arrugada frente y blancas sienes,   
 porque ellos ya no puedan; sus razones   
 no dan más fuerza, imposible es darla;
 dignas de risa son sus opiniones;   
 ya el tiempo se acabó en que se creía   
 a un viejo cualquier cosa que decía   
 sin más examen; ya se ha desterrado   
 de las aulas la hipótesis; se niega
 lo que se ve, si no está demostrado.   
 Juzga el mundo en común que el ansia ciega   
 de murmurar, de amontonar tesoros,   
 de ser un corazón inexorable,   
 no es maldad, o que es más abominable 
 el fornicar el hombre una mozuela.   
 ¡Oh, autores viles de perversa escuela,   
 que fundáis la virtud en abstenerse   
 de una cosa precisa y no dañosa!   
 Mas, ¿cómo el daño dejará de verse
 del infame político arbitrista   
 y de otros dignos de injuriosa lista?   
 No son los majos, no, tan perniciosos,   
 ni tienen que afrentarse de su vicio:   
 el derramar la orina, el mismo oficio  
 viene a ser casi y con la propia cosa,   
 y a nadie afrenta acción que es tan forzosa;   
 y esotro, ser en público debiera,   
 si el mundo, como yo, inocente fuera,   
 y la modestia, al fin, no lo extrañara.
 El Diógenes, filósofo de rara   
 penetración, así pensó prudente.   
 Mil veces la linterna reluciente   
 arrimó a un lado conque de día un hombre   
 buscaba y no le halló entre tanta gente; 
 y a la primer muchacha que encontraba,   
 con franca y muy marcial filosofía   
 en medio de una plaza la tendía,   
 y soltando los anchos zaraguillos   
 se alzó las respetables sopalandas
 y sin gastar respuestas ni demandas,   
 con experimental filosofía,   
 si activa o si pasiva concurría   
 a la generación la hembra, quiso   
 indagar; mas turbóse de improviso,
 viniéndole temblores y esperezos;   
 y al darla ansioso desdentados besos,   
 las blancas barbas de babazas llenas   
 ni aun la dejaban respirar apenas,   
 y el bellaco filósofo apretaba.
 Toda Atenas atenta le miraba,   
 y el vil pueblo ignorante y religioso   
 y el Areópago se escandalizaba   
 y el sabio, así amolando como estaba,   
 sin sacarlo, alzó el rostro y dijo: ¡oh necios! 
 no os admiréis con risas y desprecios,   
 que cosa natural es la que hago   
 y es lícito lo que es naturaleza.   
 Del hombre solamente la simpleza   
 dijo que esto era malo, y otro día 
 dirá, si se le antoja, que es pecado   
 el dormir y el beber; y a fe que habría   
 quien escrúpulo hará de haber cenado.   
 No estoy yo a los preceptos obligado   
 de otro hombre; esto no puede remediarse,
 como el que al vino da en aficionarse;   
 y así ¡oh, belitres! no os admiréis de eso,   
 pues sólo es malo siendo con exceso:   
 ¡que ha de ser la mujer, como la espada,   
 sólo por precisión ejercitada!
 Si esto es pecar tan dulce y tan preciso,   
 vaya el legislador que así lo quiso,   
 y al hombre enmienda la naturaleza   
 o modere a la ley tanta aspereza,   
 que no hemos de ser menos que los brutos.
 Así el del Basto en Nápoles metía   
 en cama de cristales trasparentes   
 sus pajes con muchachas diferentes,   
 y él, viéndoles obrar, se entretenía.   
 No por ejemplos tales los Catones
 me miren mesurados y ceñudos.   
 Las doncellas más castas y severas   
 por esas calles van, medio desnudos   
 los cuerpos, sin pudor, de las rameras,   
 y no lo imitan; antes detestando
 blasfeman de su vil libertinaje.   
 Tú, pues, ¡oh malo! a quien a tal paraje   
 condujo ya mi verso, si movido   
 en ti se halla el espíritu encendido,   
 si estás bien enterado, que mandarle
 a un joven bueno y sano continencia   
 es lo mismo que darle la sentencia   
 de que no coma o de que no descoma,   
 dos cosas necesarias igualmente;   
 si ya esperezos tu cintura siente,
 volviendo en torno los lascivos ojos   
 bufando al respirar como un caballo,   
 si el tuyo ya no puedes sujetallo   
 y empinándose pierde la obediencia,   
 que no hay remedio, y de tu edad florida
 deja que goce, vaya ese nublado   
 donde haya menos mal. Ya que es preciso,   
 descargue en monte inculto o alta sierra;   
 y pues los dogmas que mi canto encierra   
 señalan el paraje donde ir debe
 la tempestad que viene amenazando,   
 desatácate y vamos empezando.   
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Portada e índice Parte I Parte II

- II -[editar]

Arte de las putas: II


 PERO si en tu bolsillo los doblones   
 revientan de apretados y la plata   
 con peso preciosísimo le rompe,   
 si cuando los calzones desatacas   
 se te quedan por grillos con tal peso,
 se alzarán para ti todas las faldas   
 de cualquier hembra; inútil es con eso   
 para ti mi lección, pues sólo trato   
 con quien por pobre dice que pleitea   
 y pretende comer bueno y barato;
 pues las armas del rey (es cosa extraña),   
 más venden en la bolsa que en campaña.   
 Si la simple y feliz naturaleza   
 durara en la inocencia primitiva   
 fuera inútil entonces la riqueza.
 Cada cual dio de balde antiguamente   
 lo que dio para ser comunicable   
 naturaleza, y yendo lentamente   
 el interés y la maldad creciendo,   
 a trueque de castañas y bellotas
 el amor en las selvas resonantes   
 los cuerpos juntó allí de los amantes.   
 Mas la codicia femenil a horrendo   
 punto llegó: muy mal las ha enseñado   
 el hispano Alejandro de las putas;
 llenólas de oro, ya que no de leche,   
 y mala obra a los pobres ha causado.   
 Tú sigue el ejemplar muy ajustado   
 del hijo que no excede de la tasa   
 pues dice, «mi alto honor; mi ilustre casa».  
 ¿Qué conexión tendrá con su trabajo   
 ya la mujer, que ni aun la propia quiere   
 sin dádiva especial estar debajo?   
 La boca de un enemigo, a quien quisiere   
 más informe, responda: el pobre viejo
 si a su esposa el catalán pellejo   
 henchir de algún abate le antojaba   
 tanto más cuanto el precio ella ajustaba   
 como libra de peras, y no quiso   
 por un cuarto tal vez de diferencia,
 yo que te procuré la conveniencia   
 desde el principio, abaratarlo quiero;   
 pero es bien sepas la cuestión primero   
 aún no resuelta y tanto ventilada.   
 Si voluntario al uno más le agrada
 y andar a la que salta, otro quería   
 encabronarse en amancebamiento;   
 pero esto ya es amor, y yo no intento   
 de amor cantar la dulce tiranía:   
 muy ronca y débil es la musa mía
 para este empeño; en el amor soy Fénix   
 mas no cisne en cantarlo; ya el delito   
 el músico del Ponto desterrado   
 pagó de acometer a lo vedado.   
 Yo a las que hartazgo dan al apetito 
 me atrevo solamente, y no merezco   
 pena, pues no hago más que el Magistrado   
 que, pues no las extingue, las tolera:   
 y así es bien conocerlas como quiera;   
 pero el grande arte de la putería
 reprueba todo amor: sé conmisero,   
 tendrás tu corazón y tu dinero   
 por tuyo siempre, y el supremo gusto   
 de andar catando caldos diferentes   
 y probar cuantas mozas van al Prado
 sin peligro de verte empalagado,   
 pues siempre salsa fue la diferencia.   
 Con lo que una mantener te cuesta   
 puedes diferenciar todos los días   
 entre las que mantienen otros tontos,
 juzgando ser los únicos actores;   
 un desatino es de los mayores   
 pensar tapar buracos de pobretas   
 golosas de intestinos de braguetas;   
 antes por el contrario pensar debes
 cómo puedes hacer que te mantenga   
 y que con maña a ser tu esclava venga,   
 fingiéndote primero el generoso.   
 Al lozano rufián la garbancera   
 le ofrece así el bolsillo, y la grillera
 que chupó una abundante canonjía   
 y ahora consume un duro cada día   
 sin el fausto y pagado el disimulo.   
 Seis reales gana para un dormilón espía   
 por fingir que la estorba dar de culo
 con cuantos machacar en el mortero   
 quieren, y el centinela es el primero.   
 Ni te engañe tampoco la que diga   
 que es mayor el amor que el apetito,   
 y la continuación a aquel obliga.
 Falsas sirenas son, amar no saben   
 sino sólo a tu bolsa; está vaciada,   
 su amor infame se resuelve en nada.   
 Arriba de dos veces no permite  
 nuestro arte a una gozar aunque ella fuera
 la salerosa y chusca Saturnina,   
 a no ser que lo dé por sólo gana,   
 que entonces no hay peligro si no hay gasto.   
 En la primera vez persuadir debes   
 que arrastrado al imán de su belleza
 entre la multitud que se tropieza   
 de putas en la corte, ha muchos días   
 que la sigues con ansias y porfías,   
 y ella a tales requiebros no enseñada   
 riesgo corre de ser pronto embaucada;
 y cuanto amor al cabo de mil veces   
 te ha de dar, te dará la vez primera,   
 y ofreciendo la gran paga mi arte funda   
 que hará el último extremo en la segunda.   
 Demás que, si tú sacias tu apetito,
 ¿qué cuidado te da que ella desfogue   
 y que guarde la leche para el majo?   
 Tú con mayor astucia que trabajo   
 se la puedes sacar si te importara.   
 Muchas ponderan la excelencia rara
 del encabronamiento, que preserva   
 de la infección venérea; son errores   
 del vulgo; estar tal pueden tus humores   
 que aunque estés con mujer no galicada   
 se corrompa tu linfa de escaldada,
 pues la disposición está en nosotros   
 y hay a millones experiencias de otros   
 que a las gorronas van de las tabernas   
 llenas de lancetazos y botanas   
 con todo Antón Martín entre las piernas,  
 y lo sacan más limpio que una espada.   
 La sarna, así, la peste y las viruelas   
 no se pegan a muchos asistentes,   
 y ningún otro lo pegó al primero.   
 Debe, pues, el experto putañero
 no dormirse en colchón no conocido;   
 por no vivir en esto uno advertido   
 le arrimó unas perennes purgaciones   
 la Catalana de la calle de Hita.   
 Huya el diestro costumbre tan maldita;
 dé siempre el hurgonazo de pasada,   
 a Cándido imitando, el gran torero,   
 que, por lo pronta, es limpia su estocada.   
 Tú así del soto a casa ve a atacarte:   
 mas yo quiero del todo asegurarte,
 facilitando del condón el uso;   
 feliz principio a esta artimaña puso   
 de un fraile la inventiva, que de un fraile   
 sólo, o del diablo, ser invención pudo.   
 Iba el reverendísimo cornudo
 ardiente, como siempre están los Padres,   
 por el arroyo Abroñigal al campo   
 una tarde de sol del mes de enero,   
 y en un barranco se encontró hecha un cuero   
 una de estas grandísimas bribonas 
 que piden el dinero arremangadas.   
 Del Espíritu Santo a la gran venta   
 con las Guardias Valonas hubo ido   
 y bebiéndose azumbres más de treinta   
 el camino la pobre hubo perdido.
 Hallóla el Religioso y enfaldóla   
 a precio de dos reales que lo fueron   
 de una misa aquel día en la mañana.   
 Alzó él sus habitazos cazcarriosos   
 presentando un mangual como una torre,  
 y en vez de una belleza soberana   
 se encontró un miembro femenil podrido,   
 lleno de incordios, unos reventados,   
 otros por madurar, otros maduros,   
 sobresaliendo el clítoris llagado
 sin un labio y pelado a repelones;   
 colirios de las séptimas unciones   
 con cicatrices, churre y talpapismos;   
 de hediondo aliento y corrompido podre;   
 sucio de parches, gomas y verrugas, 
 cuantiosas y abundantes purgaciones,   
 que inundaban de peste la entrepierna,   
 pringando de materia las arrugas   
 de la muy puerca tripa renegrida.   
 Quedóse el fraile como si escondida
 víbora hubiera hallado en su alpargata;   
 haciendo cruces de volverse trata,   
 porque el convento no se escandalice,   
 aunque no hay cirujano que no dice   
 que las bubas están en los conventos;
 mas tal era la indómita lujuria   
 del sumamente Reverendo Padre,   
 desvirgador mayor de su colegio,   
 que discurrió enebrarlo sin injuria   
 de su miembro, y quitando prontamente
 de la cabeza, astuto, la capilla:   
 «Si son las bubas multitud viviente   
 de insectos minutísimos y tiernos   
 como sienten los físicos modernos,   
 porque el mercurio a todo bicho mata,
 la comunicación evitar quiero,   
 haciendo escudo de la ropa santa»   
 dijo, y calando a modo de sombrero   
 en su bendito miembro la capilla,   
 así lo mete. La pobreta chilla,
 no enseñada a tan rígida aspereza.   
 Acabó el fraile y ve que se endereza   
 la comunidad toda hacia aquel puesto,   
 y por no dar ejemplo de inmodesto   
 se pone la capilla que chorrea,
 jabonando el cerquillo y la corona,   
 blando engrudo, simiente de persona.   
 Así el gran D. Quijote en ocasiones   
 contra el casco exprimió los requesones   
 que el buen Sancho en su yelmo hubo guardado.
 El condón de este modo fue inventado;   
 después los sutilísimos ingleses,   
 filósofos del siglo, le han pulido,   
 y a membrana sutil le han reducido,   
 que las almendras lo conservan fresco
 con el aceite que destilan dulce;   
 y las putas de Londres son multadas   
 si no ofrecen bandejas de condones,   
 que les hacen venir desde la China,   
 y en Montpellier se venden a paquetes,
 y en las tiendas de Pérez y Geniani,   
 si los pagares bien y con secreto,   
 y por los Secretarios de Embajada,   
 que a la nuestra remiten las naciones.   
 Mas si acaso pequeñas purgaciones
 destila por desgracia tu ciruelo,   
 dura abstinencia observa y ten consuelo   
 de que arraigarse el mal es imposible   
 de una vez, tal que llegue a ser temible,   
 aunque toda ella fuera de veneno,
 pues lo que de ella a estar llegan postrados   
 es porque estando malos repitieron   
 la fiesta, y más y más se estropearon.   
 Los diestros practicantes ya observaron   
 del gálico infernal la decadencia;
 no es tanto cual pensó la inadvertencia   
 de muchos que se privan de su gusto   
 porque imaginan que a cualquiera daifa   
 que lleguen a embutirle la azofaifa   
 les plagará de ingleses sabañones;
 con la curiosidad y mis lecciones   
 seguro puedes ir a cualquier tronga:   
 ni extrañes que una astucia te proponga   
 muy importante: es un taller preciso   
 a cualquier oficial. No en alcahuetas
 el crédito aventures y el dinero,   
 ni experimentes sus infames tretas:   
 que tú alquiles un cuarto es lo que quiero,   
 que, por caro que esté, será barato;   
 allí con gran silencio y gran recato
 llevarás lo que caces, y seguro   
 sin susto gozarás de tus placeres   
 si hombre de fama, o fraile, o cura eres,   
 y logras sin escándalo tu gusto.   
 Pero que yo desimpresione es justo
 de un error: juzgan muchos desatino   
 ir a las infelices potajeras   
 porque no gastan seda en las basquiñas   
 y aljófar ensartado en las pulseras:   
 ¿tú buscas los adornos, o las niñas?
 Sabe elegir, verás que estas ajadas,   
 en vil plomo son perlas engastadas   
 y que las de gran rumbo todas fueron   
 potajeras pobrísimas primero,   
 que dejaron el virgo en Zaragoza
 en la bragueta de un aprendicillo   
 o de un hijo del amo, y desechadas   
 deben ser, pues están ya más zurradas.   
 Pero advierte, discípulo, que todas   
 atribuyen a un duque o a un arcediano
 la obra de caridad de desvirgarlas,   
 y luego añaden que llenó su mano   
 de pesos gordos un gran caballero   
 por tocarles las tetas o besarlas.   
 Esto es pedir oculto; mas yo quiero
 verte incrédulo ser y miserable;   
 pero es preciso que en ademán hable   
 tu lengua de creer; de diestro a diestro   
 debes juzgarla, y dila que es principio   
 de un encabronamiento dilatado,
 y que a ella por sólo eso la has buscado.   
 Llévala al cuarto y si la ropa ofende   
 la vista, ropa fuera y en pelota   
 como la borra métela en la cama   
 dispuesta para el fin, y muchas veces
 bajo un vestido rústico y villano   
 te encontrarás la Venus del Ticiano   
 como buen bebedor en mala capa.   
 Este gran golpe a un necio se le escapa   
 y es el mejor bocado y más seguro.
 Si no ven muselina en la mantilla,   
 las alas de la cofia por de fuera,   
 y ambos ganchos brillando en la cotilla   
 lo escupen: hacen mal, que esta simpleza   
 sólo agrada, mas no hace la belleza.
 Así (Dios dé salud a quien lo ha hecho)   
 sale un diestro decente por el día,   
 y nota los parajes y muchachas   
 mejores, y al cerrar la noche fría,   
 entre la amiga capa rebujado,
 incógnita la lleva a su telonio   
 y hay allí unos batanes del demonio,   
 sin peligro de rondas ni patrullas   
 obviando el ser seguido hasta la entrada.   
 A mi Musa también decir le agrada
 dónde hay la provisión más abundante.   
 La famosa bodega del Chocante   
 y otras muchas, están despatarrando   
 mil mozas con el néctar dulce y blando   
 que da el manchego Baco a sus gaznates.
 La gran casa también es bien que trates   
 a quien Jácome Roque dio su nombre,   
 y entrando en ella no saldrás para hambre.   
 Los barrios del Barquillo y Leganitos,   
 Lavapiés bajo y altas Maravillas
 remiten a millares las chiquillas,   
 con achaque de limas y avellanas;   
 salado pasto a lujuriosas ganas.   
 También alrededor de los cuarteles   
 rondan los putañeros más noveles
 las putas mal pagadas de soldados,   
 pues en Madrid hay más de cien burdeles   
 por no haber uno sólo permitido   
 como en otras ciudades, que no pierden   
 por eso; y tú, Madrid, nada perdieras, 
 antes menos escándalo así dieras.   
 Pero, ¿de qué me admiro que en serrallos   
 no se gaste el dinero, cuando ha habido   
 sujeto tan sabiondo que decía   
 que para nada a la nación servía
 la Academia Española? Yo a mi cuento   
 vuelvo, y no siento el haberme distraído.   
 Ni le pesará al chusco haber venido   
 debajo de la Real Panadería,   
 donde chupando sin cesar cigarros
 los soldados están de infantería:   
 verá allí a la Morilla, a la Mellada,   
 y ¡oh Juanita! serás también cantada   
 de mis versos; ¡qué chusca estabas antes   
 de haber tantos virotes ablandado,
 que te encajaron de asquerosas bubas   
 y en un portal baldada te han dejado!   
 A las chicas también que venden uvas   
 por las calles, embiste y logra caza   
 de la Cebada en la espaciosa plaza,
 al tiempo que ya vaya anocheciendo,   
 y allí como dos líos de colchones   
 dará sus grandes tetas la Ramona.   
 Tú también, Puerta y Puente Toledana,   
 franquear soléis el paso a la Jitana,
 y ella a los concurrentes su persona.  
 ¿Quién niega de burdel la gran corona   
 a la barranca fiel de Recoletos,   
 las Arcas y la Fuente Castellana?   
 En el hoyo vi yo a la Perpiñana,  
 a vista del camino de Hortaleza   
 plantar nabos con tanta ligereza   
 que una tarde arrancó y plantó hasta ciento.   
 No dejarán tu miembro descontento   
 las camaristas chicas del famoso
 Paseo Verdegay de las Delicias   
 la Rosuela, Caturria y Medio Coño   
 (llaman así una moza del trabajo,   
 y en verdad que aunque chico, él es entero),   
 te harán venir el golpe a cuatro vientos.
 Y si de andar te hallares con alientos,   
 el soto de Luzón a la Pelada   
 te ofrece junto a un árbol recostada.   
 No callaré tampoco los nocturnos   
 pasatiempos que da también el Prado,
 vi clérigos y frailes embozados   
 amolar la Vicenta y la Aguedilla   
 y por los granaderos maltratados.   
 Mas sólo con andar toda la Villa   
 encontrarás remedio en los portales
 desarrugando un poco tu resmilla.   
 Supongo que continuo armado sales   
 del condón, tu perenne compañero,   
 y así no ensuciarás los hospitales.   
 La calle Angosta que frecuentes quiero, 
 con la Ancha a quien su nombre dio Bernardo,   
 ni en la de Fuencarral has de ser tardo,   
 o en la que al forastero hace notoria   
 de Jacome de Trezzo la memoria.   
 Los vecinos que habitan la alta calle
 que acuerda el lugarcillo de Hortaleza,   
 están hechos a hallar en sus zaguanes   
 cuatro patas a oscuras. Se tropieza   
 y se pasa tragando, callandito,   
 envidia y miedo, de ambos un poquito.
 De Jerónimo el Magno en la Carrera,   
 en la Puerta del Sol todas las noches,   
 y en la calle también de la Montera   
 al son de los chasquidos de los coches   
 se enfalda la salada Calesera,
 la basquiñuela, que al revés se pone   
 de miedo de emporcarla tantas veces,   
 y la Rita, arrugando en mil dobleces   
 la mantilla y las sayas que hace almohadas,   
 aquella a la cabeza, éstas al culo,
 con la una mano y grande disimulo   
 te toma los testículos en peso   
 y al verte absorto, con el rabo tieso,   
 dirige a su bolsillo esotra mano   
 y de raíz te arranca si no aprietas
 con tus manos las suyas, y sus tetas.   
 Y en fin, todo Madrid al ser de noche   
 le da a un hombre de bien mil portaleras,   
 y aunque pobres, no gálicos infieras   
 que albergan en sus ingles: más seguras
 que las de rumbo son: éstas no tienen   
 de Holanda y de Cambray las blandas mudas;   
 con todos sus males a los ojos vienen   
 sin que oculte el engaño la limpieza,   
 pues nada disimula su pobreza;
 mas si ésta le fastidia a tus intentos,   
 oye a mi Musa nuevos documentos.   


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Parte I Parte II Parte III

- III -[editar]

Arte de las putas: III


 PORQUE, según el género de caza,   
 dispone el cazador las prevenciones;   
 no echa a los fieros lobos los hurones,   
 ni dispara a las tímidas alondras   
 con balas de cañón de artillería,  
 que aquello poco y mucho esto sería,   
 y así son menester astucias nuevas,   
 si a la Marcela o chusca Sinforosa   
 de tu amor quieres dar líquidas pruebas,   
 o a la Isidra que ostenta vanidosa  
 por su cotilla aquel gran mar de tetas   
 donde la vista en su extensión se pierde   
 y mueve tempestad en las braguetas;   
 o si echar a perder un trigo verde   
 quieres con la Torre, santificada 
 con el miembro del clérigo que espera   
 fruto de bendición, encarcelado   
 por esto y por hallarse lo guardado;   
 o si a la Coca o Paca la Cochera   
 con tu virilidad atragantarlas 
 la garganta de abajo boca arriba;   
 o bien si de la Cándida muy seria   
 te quieres arrastrar por la barriga.   
 Vosotras, madre e hija, las Hueveras,   
 en mi canto también seréis loadas,  
 y no menos vosotras, las Canteras,   
 y la Roma, con morros abultados,   
 y el esponjoso empeine muy peludo   
 almohadón a los miembros ya cansados.   
 Ni dejarán mis versos en silencio  
 la Antonia de ojos negros, que reciente   
 de mi amorosa herida aún se resiente;   
 ni a la Marina, ni callar yo quiero   
 la Alquiladora que estafó a Talongo,   
 ni a ti, la escandalosa Policarpa, 
 que te hacen más lugar que a un aceitero.   
 No puedo menos de aplaudir, Carrasca,   
 el acorde vaivén de tu galope;   
 ningún miembro por grande se te atasca,   
 ¡Oh Carrasca, blasón de las pobretas,  
 de grandes muslos y pequeñas tetas!   
 Ni serán de mis Musas, no, cantadas   
 la Teresa Mané que ha cuatro días   
 salió de Antón Martín de carenarse,   
 la Felipa y majísima Nevera,  
 Luisa, Giralda, y tú, Caracolera,   
 y la Narcisa, célebre gitana,   
 y la Carreterota, catalana.   
 También la Vinagrera que de gusto   
 tanto tiempo sirvió a su señoría;  
 pero aunque el arte de la putería   
 no tuviera más bien que haberme dado   
 la Alejandra una noche en matrimonio,   
 que luego a la mañana fue anulado,   
 eternamente yo lo celebrara. 
 ¡Qué empeine vi, qué pechos y qué cara!   
 Pero dejemos esto, que escribiendo   
 solamente, me estoy humedeciendo,   
 y ¡oh Pepita Guzmán! a ti me vuelvo.   
 A cualquier fraile la flaqueza absuelvo  
 de ahorcar por ti los hábitos; disculpa   
 tienen los que por ti se estoquearon,   
 mas no de que los dos no se mataron.   
 Primero el astro que a la luz preside   
 faltara al cielo, que mi verso olvide 
 ¡oh Belica! tu gracia y tu belleza;   
 miente la fama que a decir empieza   
 que es tu amor sabrosísimo homicida;   
 no es sino capaz de infundir vida.   
 Las putas mienten con decir que matas, 
 Dios guarde al que bien sabe que es mentira.   
 Por desacreditarte y comer ellas   
 tal voz esparcen; mas tus carnes bellas,   
 el alto empeine y su penacho bello   
 de negro pelo y tu mimado halago
 embelesa al que logra merecello.   
 No lo logró el presbítero taimado   
 por más que hizo; rabió de envidia y celos,   
 te acusó de un delito impune en otras   
 y por tu gran presencia, a la Galera 
 el baldón le mudó de horrible en fiera,   
 donde, aunque allí mil fueron sentenciados,   
 fueran muchos, mas pocos los forzados.   
 Bien sé yo, aunque eres puta, tus virtudes;   
 que bien cabe virtud en una puta; 
 y así no querrás tú que haga injusticia   
 con mi silencio a la Poneta-y-Pona   
 que por treinta dineros a un viejo   
 le entretiene con blanda y dulce risa,   
 con genio juguetón, chiste y gracejo, 
 que en esto se parece a mi Dorisa.   
 Mas ¿dónde, arrebatado, haciendo alarde   
 del batallón de Venus, me transporto?   
 ¿Cuál ingenio será que a tanto baste?   
 Más fácil fuera al estrellado globo
 contarle los luceros, las arenas   
 al mar que baña desde el Indo al Moro,   
 primero que yo cuente las muchachas   
 que hay en Madrid; diré de cierto cuántos   
 átomos pueblan la región vacía; 
 diré primero a cuántos la Relata,   
 antes de ser la reina de las Moras,   
 alquiló su persona a real de plata.   
 ¡Oh, cuántas brazas de hondo tiene el coño   
 de la Pepa la larga, a quien circunda  
 tosco cañaveral de ásperas cerdas!;   
 y así no es mucho que en silencio pase   
 aunque no digna de él, a la Casilda   
 ni a la Tola, que tiene entre las piernas   
 un famoso rincón de apagar hachas;  
 a la una y otra hermana Aragonesas,   
 la Paquita Sangüesa y la Cañota,   
 que lo daba por uvas de su viña;   
 a la Tecla y Liarta que aún es niña,   
 a la Rafaelilla y Micaela, 
 y a la lujuriosísima Fermina,   
 que no repara mucho en el dinero,   
 cual otra castellana Mesalina:   
 y la Chiquita, a quien el Padre Angulo   
 le pegó purgaciones en el culo.  
 No me olvido de ti, pulida Fausta,   
 que apenas a Madrid recién venida   
 te pegaron espesas purgaciones   
 y, escarmentada, evitas los varones,   
 siendo, cual vieja o fea, puñetera;  
 y así saliste, a fuerza de ejercicio,   
 la más diestra de todos los humanos:   
 y la Frasca, la Ignacia y la Teresa,   
 la hermana de la Zurda y la Tadea,   
 discípula que fue de la Relata,  
 y su testamentaria, la Belona,   
 la Tribalda y la célebre Matea,   
 la Benita, de tetas desiguales,   
 la Cevallos, baldón de su apellido,   
 y otras, que si los suyos les preguntas,  
 tendrás a dicha emparentar con ellas.   
 Y Beatriz la de las ingles bellas   
 y ojos vivos, el pecho alto y carnoso,   
 y en él dos tinajillas del Toboso;   
 y la resaladísima Antonieta  
 de hambrienta vulva y la Catalineta:   
 la Matilde y famosa Sacristana   
 con el lunar que el muslo la hermosea   
 cuando la echan al vuelo cual campana;   
 la Poderosa, del joder apriesa, 
 con boca de carmín bañada en risa;   
 y la Jacinta, del redondo culo,   
 la Clara, que, al nombrarla, en mi bragueta   
 y en mi miembro infundió tanta lujuria   
 cuanto de Clara el sucio nombre encierra:  
 la Margarita de abultado chocho,   
 que hace creer al majadero Indiano   
 que únicamente guarda para él solo.   
 Fantástica ha sacado la Felipa   
 chupetín de alamares y solapa,  
 que a la heroica le cuelga hacia la tripa   
 y así pretende aquí ser celebrada   
 y a la oreja me ruega por su hija   
 porque la den mis versos parroquianos   
 a quien vender su imaginario virgo,  
 tantas veces vendido; de quien dicen   
 que hubo alguna memoria antiguamente.   
 La Ursulita y la Bárbara caliente,   
 y la Isabel de Ceuta y Anastasia,   
 que el placer la trasporta en el coito, 
 no merecen aquí ser olvidadas;   
 y la hermosa Gertrudis, carpintera   
 muy diestra en toda suerte de meneo,   
 de cuyo bien nos priva hoy la Galera.   
 Ninguna las pasiones de Asmodeo 
 supo apagar tan bien como esta dama,   
 más graciosa que Venus en la cama   
 si al deleite suavísimo convida;   
 diga si miento quien la vio dormida.   
 Primero faltará de las braguetas  
 de los ardientes frailes la lujuria,   
 Gertruditas, que te haga tal injuria,   
 que te pase en silencio tu poeta.   
 Mas no es mi Musa tal que no respeta   
 otras mil putas de elevado timbre  
 con altos y excelentes tratamientos   
 que en altas casas, que en dorados techos,   
 en canapés y en turcas otomanas   
 satisfacen el lánguido apetito   
 con pajes, con abates y cortejos,  
 o con el peluquero o mayordomo,   
 y luego van en sillas sobre el lomo   
 de robustos gallegos y asturianos   
 tal vez solicitados de sus amas.   
 Y aunque digas que llaman a éstas, damas, 
 y las mulas de Almagro o los caballos   
 andaluces arrastren sus carrozas,   
 lo dan también, como las otras mozas,   
 al capellán, lacayo o a un volante.   
 Mas si pretendes que mi Musa cante  
 dónde hallarás la célebre cosecha,   
 óyeme atento y tú las redes echa.   
 En los corvos teatros, cuando oculto   
 estés entre la chusma mosquetera,   
 de espaldas al magnífico proscenio  
 no escuches los delirios recitados   
 y podrás registrar la delantera   
 que ocupan las que brindan con la suya,   
 cuando en los intermedios la sonora   
 música rompe y se levantan todas  
 y presentan las armas femeniles   
 con quiebros y lascivos esperezos.   
 Ni evitarás las fiestas varoniles   
 de los muy bravos toros de Jarama,   
 ardiendo la Canícula en estío, 
 cuando al redondo coso el gran gentío   
 corre en caballos y en pequeñas jacas,   
 y ellas en disparados calesines   
 y en coches de candongas simoniacas,   
 y en la gran calle de Alcalá no cabe  
 el pueblo inmenso de la corte hispana:   
 y luego que la plaza muy galana,   
 puesto a lo majo, hubieres paseado   
 después que hayan las mozas ya pagado,   
 acomódate cerca: cuesta poco 
 celebrar lo que aplaudan, o bien sea   
 del fiero Pascual Brey el valor loco,   
 o bien cuando el Marchante rejonea,   
 o cuando el toro al célebre Gamero   
 fulminado y horrendo se dispara,  
 y encuentra un monte al tropezar su vara;   
 o si ves que al Mulato o a Romero,   
 de España valerosos gladiadores,   
 dignos del circo de la antigua Roma,   
 celebrar tremolando su pañuelo, 
 cuando aguardan a pie con el estoque   
 al bravo toro que a sus pies le tienden,   
 tocan clarines, suena la ancha plaza   
 y mil aplausos las esferas hienden,   
 tú sigue el voto de la más cercana,  
 y las naranjas son allí un regalo   
 y cuesta poco un búcaro con agua.   
 Síguela a casa, y siempre evitaría   
 el triste encuentro de botillería.   
 Así ¡oh memoria! deja de agraviarme,  
 me aficioné de aquella fementida   
 de cuyo nombre no quiero acordarme.   
 Pero ya Venus, de mi oreja asida,   
 a acompañarte ¡oh joven! me molesta   
 que acudas al hermoso anfiteatro, 
 donde el nocturno pasatiempo y fiesta   
 nos da el gran baile en máscara, y reluce   
 el soberbio salón iluminado   
 y el ostentoso fasto y la opulencia   
 de ropajes costosos y disfraces
 de cuantas gentes con su imperio abarca   
 de Oriente a Ocaso el español monarca;   
 y ambos coros de música alternando   
 incitan a pisar con libre planta   
 al son acorde de entablado suelo.  
 Allí Venus amiga con anhelo   
 inflama los ardientes corazones   
 o al movimiento trémulo del baile   
 o por los espaciosos corredores,   
 y al oculto favor de la careta, 
 Venus infunde persuasivas voces;   
 Venus cualquiera máscara suspira   
 y Venus todo el ámbito respira.   
 Mas sólo en este lance han de valerte   
 los pasos de Sintet, no los dineros  
 que aquí en guardarlos has de ser muy fuerte;   
 y así deja que esotros majaderos   
 lleven pareja y háganla vestidos,   
 y huye tú de las mesas abundantes   
 con espléndidas cenas de Lúculo,
 y los refrescos que congela el nitro   
 en las garapiñeras de Penaso.   
 Al diestro putañero un solo vaso   
 de agua fría, a lo más, le es permitido   
 para poder fingirse el generoso,  
 convidando con él por la mañana   
 cuando ya se apodera la galbana   
 de los cansados miembros, y la sombra   
 desciende a nuestros Indios despeñada.   
 Entonces, los cerebros calentados  
 con el licor de Baco, en cien botellas   
 diferentes bebido, ya no cuidan   
 de sus parejas muchos ricos viejos,   
 agobiados del sueño y el catarro.   
 Muestre entonces el diestro su desgarro  
 y embracílese al punto con la moza   
 y no la deje hasta saber su casa;   
 y esto lo observe en todas ocasiones   
 pues de no hacerlo, a chascos mil te expones   
 no sabiendo las casas y guaridas  
 y se da el golpe en vago, indigna afrenta   
 del putañero que leyó mis versos.   
 Y también que concurras me contenta   
 a ver a Clemesón por un alambre,   
 como por la calle Ancha o el Camino  
 de Aranjuez, pasear (¡cosa admirable!)   
 y a ver los brincos por los aires vanos   
 que dan los volatines valencianos.   
 Pero, ¿cuál verso habrá que cantar pueda   
 todas las fiestas y concursos todos  
 de la corte feliz de las Españas?   
 San Antón, Sebastián y Blas son días   
 que llaman en la corte de trapillo,   
 el del Ángel y al sol todo el invierno   
 y en el verano hay otros de Sotillo.  
 Hierve la corte el Carnaval en bailes   
 y abunda la Cuaresma de sermones,   
 ni por qué callaré las procesiones   
 que todo el año la devota Mantua   
 hace supersticiosa en quien se mira  
 profanación del culto y al desuello   
 y hace la religión prostituida   
 en desdoro y al vil libertinaje   
 nuevo aliento te da la hipocresía.   
 ¡Oh, noche alegre de San Juan! ¡Oh, día!  
 ¡Oh, día y noche de San Pedro! ¡Oh, cruces   
 Mayas del Avapiés! Bailes festivos:   
 estaréis siempre por mis versos vivos.   
 Ni callaré los deliciosos baños   
 del río, a los que van en calesines,  
 y en la calle también de los Jardines:   
 también las noches del agosto ardiente   
 a Atocha y Santa Bárbara convida   
 la devoción, supersticiosa gente,   
 por quien Madrid a Roma ya no envidia  
 de su gran Vona la nocturna fiesta,   
 cuando, al fingirse cantarina honesta,   
 Clodio con maña le introdujo el miembro,   
 más grande que los dos anticatones.   
 ¡Oh, ferias peligrosas! ¡Qué ocasiones  
 que dais al astutísimo putero   
 de mostrarse filósofo, gastando   
 promesas, y guardando su dinero!   
 Por este tiempo, es solamente cuando   
 es útil el romper las amistades,  
 y aunque prometas liberalidades   
 sin ganas de cumplirlas, no te asombres   
 que hallándote una puta te dé el nombre   
 de traidor y alevoso; una corona   
 te pone cuando ves que te baldona;  
 teme obrar mal con las ilustres almas,   
 pero de aquestas bajas y vendibles   
 ser reprendido da laurel y palmas.   
 Mas porque putas hay tan imposibles   
 al parecer (que en realidad ninguna  
 hallarás imposible ni aun difícil)   
 porque al hacer valer la mercancía   
 pretenden ser rogadas, y el putero   
 no ha de gastar ni tiempo ni dinero,   
 más que comer, entonces son precisas  
 las alcahuetas de rosario en mano   
 que hacen novenas y oyen muchas misas.   
 Estas te ponen el camino llano   
 si no quieres cansarte en ir con ruegos   
 a Mariquita Cárdenas, o acaso  
 a la Pepa Guzmán, escatimosa;   
 o si meter pretendes el cilindro   
 en el coño candeal de la Pitona,   
 o la que vive enfrente de la puerta   
 del que mató al dragón llamado Araña, 
 de la mujer del médico, o si quieres   
 fecundar el ovario a doña Joria,   
 o la sobrina del prior Gutiérrez,   
 o las mujeres de los empleados   
 en rentas, oficinas y otras plazas,  
 de mucha vanidad y pocos cuartos,   
 o a la hija hermosa del hidalgo pobre,   
 que rabia por ser rico; o bien si intentas   
 que de teatral Venus te atiborren   
 cómicas, bailarinas y cantoras,  
 pues aunque los estímulos socorren   
 del árbol braguetal, todas presumen   
 de vírgenes Dianas cazadoras.   
 Ni por qué callaré de altas señoras   
 la flaqueza tan mal disimulada  
 que a la puerta de un templo, abandonada   
 a pajes y cocheros la carroza,   
 sale por la otra puerta bien tapada   
 a hacer por dónde adquiera una coroza   
 la tía Estefanía que en su casa  
 tiene ya el tierno Adonis prevenido,   
 que quizás es un lego, que es tenido   
 en opinión de santo, porque trata   
 las Ducas tú por tú, las manosea,   
 las despide y recibe sus criadas,  
 las da a besar el hábito y las tienta   
 las tetas con sus manos mamilares.   
 A los frailes también, si les pagares   
 en tabaco, en pañuelos o dinero,   
 alcahuetes harás con advertencia  
 que obligarán a dártelo en conciencia.   
 Facilitan los pobres del Hospicio   
 los virgos de las mozas de servicio   
 y las horcajaduras de las amas.   
 ¡Oh! ¡Cuánto siento de soberbias damas  
 dadivosas, callar el alto nombre!   
 Mas ¿qué cristiano habrá que no se asombre   
 de su influjo indignado, y que no tema,   
 por decir la verdad, la verdad pura,   
 ver las murallas de la antigua Ceuta? 
 Y es fuerte cosa que libertad haya   
 en unos para obrar lo que les place,   
 malo o bueno, y en otros es delito   
 simplemente decir lo que ellos hacen.   
 Mas ya lo anuncia la parlera fama  
 impunemente y ella ha publicado   
 cómo para atrapar a la Bobona,   
 mujer del Alejandro de las putas,   
 se valió un campeón de la Pepona,   
 para dar al maestro cuchillada  
 y que pague con unos tantos cuernos,   
 pues nadie puso más en este mundo.   
 ¡Oh, gran Pepona, de saber profundo,   
 grande en tu oficio! Deja que repita   
 para instrucción y norma de alcahuetas  
 la alta respuesta que a mi cargo diste,   
 dignas palabras de grabarse en bronce.   
 «Hijo», me dice un día, que a las once   
 quedó citada en la espaciosa lonja   
 de Trinitarios: «hijo, está perdida 
 la putería; apenas lo creyera.   
 ¿Quién en mi mocedad me lo dijera?   
 En consecuencia del encargo tuyo   
 hice, cual suelo, vivas diligencias   
 que, o no admitir la comisión honrada,  
 o debemos hacerlas en conciencia,   
 y donde no, restituir la paga,   
 mas pocas hay de proceder tan justo.   
 Yo, como sabes ya, sé bien tu gusto   
 que por larga experiencia sé servirte;  
 y a fe de honrada no sabré decirte   
 cuánto afané por una buena moza.   
 El parador del Sol, de Zaragoza,   
 y Barcelona, y parador de Ocaña,   
 todo lo anduve; que es donde se goza 
 del género a Madrid recién venido,   
 porque lo antiguo todo está podrido;   
 y allí tengo yo espías sobornadas   
 que me avisan del género que viene;   
 pero ni en cuantos conventillos tiene  
 todo Madrid, hallé un solo bocado   
 tal que pueda llamarse delicado;   
 pues no le hay en el día. ¡Oh, tiempo infame!   
 que no pueden ser putas ni alcahuetas   
 las mujeres de bien, y yo no quiero  
 engañar a quien gasta su dinero   
 como doña Leonor, que la galera   
 quebrantó, y veinte vainas sufrir hizo   
 a la Juanita la Chocolatera;   
 las mismas veces la remendó el virgo  
 con cal, clara de huevo y otras drogas   
 tu barbero Santiago, y la ganancia   
 entre los tres partieron: tal está ella,   
 que el crédito perdió, nadie la llama,   
 y con su habilidad se muere de hambre,  
 que tanto importa el crédito y la fama   
 en los otros empleos como en éste:   
 empleo de experiencia y confianza,   
 de que el gusto y salud del común pende.   
 Yo, en fin, como mujer que bien lo entiende,  
 (me está mal el decirlo, pero es cierto)   
 en buen hora lo diga, ha cuarenta años   
 sirvo a grandes de España y religiosos,   
 a señoras y a monjas, y ninguna   
 por mí ha perdido, aunque sufrí seis veces  
 mitras, encierros, troncho, burro y plumas.   
 Pero a mi oficio venga quien quisiere:   
 venga la tía Taya, la Rosana,   
 la Madre Anica, o doña Mari-Pérez,   
 o venga la beata santurrona 
 alcahueta de clérigos y frailes.   
 Pasan de seis mil virgos en la Villa   
 por mi autoridad deshechos y hechos.   
 Niña de teta fue la Celestina   
 pues sé yo más embrollos e ingredientes  
 para cien ministerios diferentes;   
 pero porque envilece la alabanza   
 en boca propia, callo, y sólo digo   
 que puesto que eres tú mi parroquiano   
 y no te pagas de apariencias vanas, 
 que quieres un buen chocho y no un buen culo,   
 tetas y carnes duras, pero sanas,   
 para esta tarde espero darte gusto;   
 que en San Antonio tengo la esperanza,   
 que, aunque mala cristiana, a la hora de ésta  
 llevo en el cuerpo (no hay que echarlo a risas)   
 once rosarios y catorce misas.»   
 Esto me dijo componiendo grave   
 las venerables tocas y las canas   
 y con gesticulación que infundiría 
 al viejo Néstor lujuriosas ganas.   


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- IV -[editar]

Arte de las putas: IV


 OH, putañero, a quien la musa mía   
 condujo a tal altura peregrina   
 por muchos rumbos que otros no surcaron,   
 no mis buenos propósitos cesaron!   
 Aun resta qué saber; y si tuviera
 lengua de hierro y voz de cañonazo,   
 a tan difícil arte ambas cedieran;   
 mas si Apolo a los míseros mortales   
 quiso enseñar algo útil por mi labio;   
 si mis preceptos y experiencias valen,  
 pues lo que son rufianas ya has notado,   
 ¡con cuáles versos y con qué alabanzas   
 te levantara al cielo tu Poeta   
 si engañas a la puta y alcahueta!   
 En esto has de estudiar de noche y día,  
 que es malo porque quieren que lo sea;   
 mas sin ganas no amueles en tu vida   
 ni a mujer que esté bien con su marido   
 pero tendrás un puesto conocido,   
 que es el de los cabrones en la Puerta
 del Sol, de los cabrones consentidos;   
 porque debes tener por cosa cierta   
 que ninguna mujer puta sería   
 si el cabrón del marido no quisiera.   
 La vanidad y la holgazanería  
 hacen cabrones, todos estos quieren   
 que vayan las mujeres petimetras,   
 la pompa y el fantástico aparato   
 más de lo que a su clase corresponde,   
 ellos no cuidan cómo ni de dónde  
 vinieron a su mesa las vajillas,   
 los vinos y manjares no comprados.   
 Y aunque oigas que blasonan muy de honrados   
 y que ellos hablan mal de otros cabrones,   
 haciendo el ladrón fiel, tú no lo creas;  
 dignos son de silbidos, de rejones,   
 porque dicen, y acaso en ello aciertan,   
 que no son los cabrones los casados   
 que gozan sus mujeres tributarias   
 sin más pena que ser disimulados:  
 que los cabrones son los que las pagan   
 después de bien sobadas del marido;   
 que aun siendo un menestral oscurecido   
 le hace antesala un grande a su vasallo,   
 le tributa y se esmera en agradallo,  
 para lograr con susto y a gran precio   
 las heces que a su vicio le han sobrado.   
 Hay varias clases de estos picarones;   
 unos del pueblo y otros que se juzgan   
 del solar de los godos descendientes,  
 porque los cuernos son como los dientes:   
 que duelen al salir, pero en llegando   
 con ellos a comer, los quieren todos;   
 mas la madera que se cría andando   
 la peinan muchos por diversos modos,  
 y es tan cabrón el que es cabrón de cuernos   
 como el magnate con sus cuernos de oro.   
 Por eso hombres verás como camellos   
 que apreciarás tratar con sus mujeres   
 a todas horas, mas que no con ellos,  
 y si por dar lugar a los quehaceres   
 de la consorte, salen a la Puerta   
 del Sol, para hacer tiempo, y a su casa   
 vuelven tosiendo a la hora que conciertan,   
 dignos de que las iras se conviertan  
 de la justicia, no contra las pobres   
 mujeres, pues la culpa suya ha sido;   
 tú, pues tienes ya el puesto conocido,   
 nótalos, y a su casa ve a porfía,   
 sin olvidar jamás la economía.  
 Suelen los Racioneros andaluces   
 comprar esclavas moras a quien hurgan   
 entre los borcellares desbarbados;   
 las hijas y mujeres de criados   
 te harán el mismo efecto, y saber debes  
 que es bueno, y salir suele más barato;   
 y no te olvidarás de las criadas   
 tuyas o ajenas, si lograrlas puedes   
 para todo lo que hay dentro de casa;   
 y agrádete también echar las redes  
 a las fuertes y sanas lugareñas   
 que a vender cosas a la corte vienen.   
 Aunque por lo común son pedigüeñas   
 se contentan con poco; ánimo corto   
 tienen, pues temen mucho que se sepa.  
 Estas lo dan por interés movidas,   
 de la confusa multitud validas,   
 y van luego a los payos sus maridos   
 blasonando de honradas, ponderando   
 los vicios de la corte y publicando  
 que consiste el ser putas las mujeres   
 en llevar más o menos alfileres,   
 en gastar escofieta y no montera   
 como si el ser honesta consistiera   
 en vestir bata y seda o saya y lana,  
 o si la castidad fuera patana;   
 y añaden que los males temporales   
 y el pan caro consiste en los pecados   
 de las usías de Madrid fatales   
 porque a todas el diablo se las lleva  
 y no quieren las ánimas que llueva.   
 Ya sabe el mundo la perversa gente   
 que son los alguaciles y escribanos:   
 éstos persiguen a las pobres putas,   
 no con deseos de extinguir lo malo,  
 pues comen con delitos, y su vida   
 penden de hombres sin ley, facinerosos,   
 y la santa virtud es su homicida;   
 y aunque saben que no es el estafarlas   
 medio de corregirlas, pues quedando  
 pobres, prosiguen siempre puteando,   
 las roban con achaque de enmendarlas.   
 Al diestro putañero le permito   
 fingirse amigo de esta gran canalla,   
 pues valen sus noticias un tesoro.  
 Ahorrarás tiempo, males, plata y oro,   
 si buscar sabes las recién venidas,   
 pues no piden ni baldan, que aún no tienen   
 ni salud ni costumbres corrompidas.   
 Así la inimitable Lavenana  
 se dio a un servidor vuestro en dos pesetas   
 siendo niña, aún casi doncella y sana.   
 Mas ya que la lujuria cortesana   
 se desenfrenó ansiosa y a porfía,   
 cada cual por dichoso se tenía  
 con llamarse algo padre de sus hijos,   
 después de aquellos lances tan prolijos   
 que a contarlos el genio me provoca,   
 mas la Musa me pone dedo en boca.   
 Después de esto se tuvo por un héroe 
 el que logró coger en su entrepierna   
 cinco meses de verdes purgaciones,   
 a costa de un gran traje y cien doblones.   
 Ni ¿por qué callaré las conveniencias   
 que trae la noche al diestro putañero?  
 Es la aprensión un enemigo fiero,   
 y no más que aprensión es la hermosura;   
 y no digo que a mujer de ruin figura   
 escudriñes las tubas falopianas;   
 mas trueca las hermosas por las sanas,  
 y de la amiga noche apadrinado,   
 mayormente si son algo garbosas,   
 en tu aprensión, figúralas hermosas   
 y serán, si lo piensas, hermosuras,   
 que hace milagros el amor a oscuras.  
 También he visto yo con muy bonita   
 carántula tapar la fea cara   
 a alguna potajera, y de esta suerte   
 se echa a la misma Venus una vaina;   
 y quisiera también últimamente  
 que conocieras a la Cafetera,   
 utilísima, a Sor Vicenta Puti:   
 ésta hace emplastos, aguas y jaropes,   
 toca dianas y es buena estafeta,   
 y lava trapos de las purgaciones;  
 pero huye de ella y de sus dos hermanas,   
 y su cuñada, que es un podridero,   
 y a cualquiera que ven, el miembro agarran   
 y están muy diestras en ponerlo tieso,   
 y a quien se lo metió luego le plagan.  
 Pero si acaso tu salud estragan   
 las puercas que lo tienen con gusanos   
 y les huele a chotuno en los veranos,   
 Urbina, Juan de Dios y Talavera,   
 muy experimentados cirujanos  
 en ingles de mancebos disolutos,   
 te sajarán con delicadas manos;   
 y los humazos del bermellón rojo   
 las tenaces ladillas desagarran.   
 Un cierto aficionado yo conozco,  
 muchacho muy modesto y bien criado,   
 a maestras de niñas muy devoto,   
 así que oyó entonar el alabado   
 espera a las chicuelas, y en callejas,   
 portales y escaleras conocidas,  
 a trueque de alfileres y de ochavos,   
 muñecas y confites, él las quita   
 virguitos sin quejar. La industria alabo,   
 pero al putero a quien la Musa mía   
 hizo tan diestro, no le agrade nunca  
 fruta sin madurar. Todas las cosas   
 tienen su tiempo, y hasta el tercer lustro,   
 en perfecta sazón no están las mozas.   
 Entonces sí que el pecho ya robusto,   
 la alta teta apretada y bien redonda,  
 palpitando a compás, la mano atrae   
 con magnética fuerza, y del mancebo   
 lujurioso apetece ser tocada,   
 y el empeine carnoso de rizada   
 cerda se puebla, y ya los gruesos labios  
 de la vulva se mueven y humedecen   
 apeteciendo el miembro masculino   
 nunca probado, con extremo y ansia   
 cual las botellas de licor, elixir   
 que sin tapón su espíritu se exhala  
 como el hambriento estómago apetece   
 los platos exquisitos de viandas.   
 ¿Quién discurriera que el putero debe   
 distinguir las naciones y sus genios   
 como el gran general que guerras mueve?  
 Pues esta industria enseñará mi verso.   
 Las mujeres de todo el Universo   
 son siempre a mi apetito lisonjeras,   
 pero aún los extranjeros anteponen   
 las españolas a las extranjeras.  
 Una de éstas estaba (y yo no quiero   
 decir de qué nación, porque no pierdan   
 las naciones por mí), digo que estaba   
 con un amigo haciendo aquel negocio   
 más digno de atención que hay en el mundo, 
 y al tiempo que él con miembro furibundo   
 las puntas de los pies y las rodillas   
 apretaba, y empeine, y jadeante   
 las uñas le clavaba en las costillas,   
 la sosa malditísima, tirando  
 estaba al techo huesos de cereza   
 sin sentir las cosquillas de la pieza.   
 Pero aun en las provincias españolas   
 hay sus más y sus menos. Las Castillas   
 dan muy buena pasta a las chiquillas,  
 y alguna hay tal que a Venus se parece.   
 La soberbia Aragón, que resplandece   
 en armas y varones señalados,   
 la corte inunda de robustas mozas   
 de lujuria feroz no delicada.  
 A mi amigo diestrísimo, no agrada   
 el rústico aunque sano mujerío   
 de lo septentrional de las Españas.   
 Las catalanas son putas de oficio   
 y manejan el arte sin melindre;  
 éstas, sólo en su figa confiadas,   
 dejan en la muzada Barcelona   
 la calle de San Pedro y la del Vidrio,   
 y en carromatos sus canales cargan.   
 Es fama que un proyecto han ofrecido  
 al Ministerio, por el cual se obligan   
 a abastecer la Corte de pescados   
 y carne fresca y sana; y más han dicho:   
 que servirán al público barato,   
 y con tanto cariño y abundancia  
 que no hará falta ni podrá quejarse   
 la insaciable lujuria cortesana,   
 pero ha de ser a Cataluña sola   
 con exclusión de las demás provincias   
 a quien tal privilegio se conceda,  
 y cualquiera puta que encontrarse pueda   
 sin ser del Principado, sea entregada   
 a sus uñas y lengua chapurrada,   
 y con tal pacto a tributar se obligan   
 mayor farda que un tiempo los judíos. 
 Pero las hijas de Madrid, que oyeron   
 en descrédito suyo y de sus gracias   
 tal propuesta, chillaron y dijeron   
 que con ojos enjutos tal infamia   
 no se puede sufrir donde estén ellas,  
 que su fama ha subido a las estrellas;  
 y sabe todo el mundo lujurioso   
 que ellas son muy mujeres, más o tanto   
 que Friné, o Venus, Lamia, Thais y Flora;   
 que nadie descontento fue hasta ahora  
 de entre sus piernas. ¡Ay, que se dijera   
 de ellas que necesitan del socorro   
 de otras putas para una friolera!   
 Y el Gobierno, justísimo, a su lloro   
 mostró blandas orejas, no dejando  
 que se estanque esta rama del comercio   
 cuando todos negocian libremente.   
 ¡Oh, tierra que el Betis transparente   
 de olivas coronada el puerto envía   
 de San Lúcar! ¡Oh, noble Andalucía,  
 en caballos y putas las mejores   
 que Síbaris y Chipre jamás vieron!   
 Las niñas que en tus límites nacieron,   
 ¿qué espíritus, qué sales infundiste   
 que tal fuego en el clítoris las diste?  
 No creeré que eran putas de otra tierra   
 las que hicieron los dioses animales,   
 ni que otros coños gusto tal encierran.   
 Del Tartesiano Betis los cristales   
 doraron el cabello a aquella ingrata  
 de cuyo nombre no quiero acordarme.   
 Mas si mi Musa de dar preceptos trata,   
 no olvide el putañero que, con Baco,   
 de Venus los espíritus se inflaman;   
 la mezcla de los vinos las aturda;  
 ¿qué cosa Venus cuidará borracha?   
 Y a estas mujeres es pequeña burla   
 la violencia, pues no son de colegio   
 ningunas doncellitas: broma y bulla   
 y botaraterías hacen mil veces  
 más que los suspiros y que el ruego;   
 tú píllalas, y embóscaselo luego,   
 y de pagar te excusa tu trabajo,   
 que nunca paga quien jodió a lo majo.   
 Ni ¿por qué ha de costar dinero alguno 
 cuando los dos trabajan igualmente   
 y entrambos hacen una misma cosa?   
 No extrañes que te encargue el ir decente,   
 mas no el prolijo adorno te afemine   
 ni el ungüento tu rostro contamine: 
 ¡Vayan lejos de mí los hombrezuelos   
 que gastan tocador como mujeres,   
 y no errarás si putos los dijeres!   
 Al hombre le conviene la limpieza   
 y no pase de allí; cierto desgaire,  
 desaliño marcial y no afectado   
 es lo que a una mujer más ha prendado.   
 Pizarro así, extremeño morenote,   
 que llevó nuestras armas y banderas   
 de la otra parte allá del Océano, 
 agradó a la Yupangui, aunque tenía   
 desfigurado el rostro con flechazos.   
 No cause a mi discípulo embarazos   
 la configuración de las facciones,   
 no siendo las mujeres mascarones:  
 con tal que para ostentación no sea,   
 la que no se ha probado nunca es fea;   
 y un carajo de espíritu no debe   
 reparar en aquesas frioleras,   
 pues son la primer vez todas hermosas.  
 Pero aunque tienen almas indomables,   
 juventud española, te aconsejo   
 que aprendas buenas artes; al dinero   
 muchas veces las gracias equivalen.   
 De Castro las estatuas sobresalen 
 con recomendación para el sujeto;   
 el famoso pincel de Inza, en secreto   
 lo pide a las muchachas que lo miran.   
 Los brincos que los pies ligeros tiran   
 de Paco el Boticario, son valuados  
 tal vez por pesos duros, bien gastados,   
 y predicando va por esas calles   
 incontinencia a todas las mujeres,   
 mas que algunos con todos sus haberes,   
 Dionisio, cuando altivo le pasea  
 el caballo galán que se pompea,   
 y él parece, al regirlo, tan astuto,   
 que vuelve racional al noble bruto.   
 Ni ¿por qué callaré al atleta hispano,   
 que al desplantarse intrépido en el llano,  
 el tiro velocísimo tendiendo,   
 ejecuta y no es vista ni aun pensada   
 su rápida y prontísima estocada?,   
 ¿o a Carreras, que al son del instrumento   
 esmero del famoso Granadino,  
 las mozas para con oído atento?   
 ¡Oh, Cala, el de Navarra, no te olvido,   
 que indio, otomano, o gimnasista griego   
 nunca agitaron la veloz pelota   
 cual tú las mueves al tocar el suelo  
 y las mozas se paran al mirarte!   
 Aguarda, que ya voy a celebrarte,   
 retórico y dulcísimo poeta:   
 o bien cantes de amor, o bien de Marte,   
 mientras mi pluma a esta alma esté sujeta,  
 no dejarán mis versos de alabarte   
 a ti y a tu divina poesía.   
 ¡Oh! ¡Cuántos triunfos la lujuria mía   
 debió a esta ciencia! Yo me acuerdo cuando   
 con mis sonetos, sin pagar la blanca, 
 los ojos encendí de la Belica;   
 y según yo los iba recitando,   
 la incontinente y disoluta hembra   
 se iba en pura lujuria electrizando;   
 y hasta la madre Luisa, honrada vieja,  
 sintió el antiguo comezón, y el cano   
 pendejo asió con tabacales yemas,   
 metiendo hasta el nudillo el dedo largo   
 por el conducto que salió tal hija   
 veinte años antes; a los hombres todos 
 viera desenroscándose la pija,   
 revolviéndose a guisa de serpiente   
 causando terremoto en los calzones   
 que revientan saltando los botones,   
 y no por mano de aprendiz cosidos,
 sino de costurera muy prolija,   
 y un furor uterino los sentidos   
 privó a la honesta y venerable anciana,   
 tanto que, asiendo con lasciva gana   
 la vela que arrancó del candelero,
 la derritió al calor de su mechero,   
 y madre e hija, ya sin luz, se agarran   
 de nosotros frenéticas, impuras;   
 lo que pasó después, estando a oscuras,   
 decidlo vos, Piérides, que tanto
 no puedo yo, ni oso,   
 pues siento enflaquecer mi débil canto.   
 Esto consigue el verso numeroso,   
 la elocuencia y divina poesía,   
 en cualquier lugar, de noche o día;  
 privilegio a ningunas artes concedido,   
 pues Moya, el tirador, que cual no ha habido   
 otro más diestro en derribar las aves   
 más chicas que en el aire están volando,   
 no siempre tocar puede la arrojada
 moneda, de un certero escopetazo.   
 El insigne Fernando, a quien el toro   
 le da triunfos, aplausos y apellidos,   
 romper varas no puede en un estrado   
 como acostumbra en el clamoso circo,  
 sereno, sin mover casi el caballo;   
 y él, aplaudido con gritar sonoro,   
 lejos mira la muerte y cerca al toro.   
 Y el membrudo y fortísimo Bragazas   
 puesto sobre las patas, que tirando 
 con Hércules y Céspedes ganara,   
 si en gabinete chico muy pintado   
 la grande barra de sesenta libras   
 con ronco aliento y furia despidiera   
 dando la vuelta al musculoso cuerpo,  
 aún más que enamorar, estremeciera.   
 Pero de Apolo la arte lisonjera   
 halló en cualquier parte proporciones,   
 en todos los lugares y ocasiones;   
 con ella engañarás a las que engañan,  
 con ella harás creer que dar intentas   
 aun lo que de no dar intención tienes;   
 huye frases extrañas y violentas;   
 pues ¿quién si no el que está falto de mente   
 declamará delante de la amiga? 
 Ni tampoco tu boca obscena diga,   
 si no es en muy precisa coyuntura,   
 joraca, derjo, nesjoco, ni ñoco,   
 (trasposición se llama esta figura)   
 en las dos lenguas madres, ni tampoco  
 ignorar sus tres hijas se consiente;   
 y aunque a Narciso venzas en lo hermoso,   
 la hermosura del alma es permanente.   
 No fue hermoso, mas fue muy elocuente   
 Ulises, el sufrido en los trabajos, 
 y la diosa Calipso arder se siente   
 cuantas veces de Troya los asaltos   
 le obligó a repetir Palas robada,   
 Dolón preso y el bárbaro Caballo.   
 El cirujano y el médico las pagan 
 con sangrías, visitas, y con purgas   
 el boticario, y aun las artes bajas   
 a trueque de puntadas y zapatos;   
 pero el gran necio que no sabe nada,   
 a poder de dinero lo hace todo. 
 ¡Oh, ricos! No os jactéis con torpe modo,   
 de conseguir bellezas que, vendidas   
 son a vuestro dinero solamente;   
 y ellas luego a la industria aficionadas   
 de mis doctos discípulos os venden,  
 y es el más tonto aquel que más estafan.   
 Y porque conocer al enemigo   
 en todo trance es cosa de importancia,   
 estudia el tono con que el canto quinto   
 instruye a las resueltas cortesanas. 
 Así el gran Pedro el Czar, aunque vencido   
 en Narva, aprendió el arte de la guerra   
 que enseñó su contrario Carlos doce,   
 luego en Pultova su victoria horrenda.   
 Huye tú, pues, de putas que conocen 
 las artes Moratínicas aleves   
 como de toro ya corrido en plaza.   
 Mas ya mi Musa rematar pretende   
 reduciéndolo todo a una palabra.   
 Ser pérfidos importa solamente: 
 y aunque engañes hoy diez, mañana veinte,   
 tantas putas llovieron a porfía   
 que nunca la mitad hubo que hoy día,   
 y hay donde remudar a todas horas;   
 y en pago de mis cláusulas sonoras, 
 después de descargados los riñones   
 y de haberte atacado los calzones,   
 dirígete a la puerta francamente,   
 cortesías haciendo y chanceando,   
 prometiendo volver fingidamente 
 con presentes grandísimos, y cuando   
 en la calle ya estés, marcha a otra parte   
 y haz lo propio; y dirás: de tan gran arte   
 el gran corsario, el práctico y el diestro   
 el dulce Moratín, fue mi maestro.


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