Carta de Juana Manuela Gorriti a José Hernández (Abril de 1880)

De Wikisource, la biblioteca libre.
 
Saltar a: navegación, buscar


Carta a José Hernández
de Juana Manuela Gorriti

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.



[ pág. ]
Lima, Mayo 5 de 1879


Señor D. José Hernandez.

Buenos Aires.
Muy Señor mío


Hace años que mi difunto y excelente amigo D. Juan María Gutiérrez me remitió la primera parte de su bellísimo «Martin Fierro» que leí con mucho agrado. Mis poetas predilectos han sido siempre los que como Vd. hacen gala de sencillez y no andan rebuscando conceptos.

Hoy he recibido, con una amable dedicatoria de Vd. las partes primera y segunda de su libro, que enriquecerá mi modesta biblioteca americana. Doy á Vd. las gracias por el obsequio y por los benévolos elojios con que me favorece.

El delicadísimo Antonio de Trueba envidiaría á Vd. las páginas 49 y siguientes de la 2ª parte. El contrapunto entre el payador negro y «Martin», es magnífico. Igual aplauso tributo al capítulo 32 en que «Martin» aconseja á sus hijos — Allí hay filosofía sin relumbron y verdadero sentimiento poético — Son dos cuadros de pluma de maestro.

La poesía popular que cultivaron Hidalgo y Ascasubi, está llamada á ejercer positiva influencia sobre la moralidad del pueblo. Consagrarse á ella como Vd. lo hace, es ejercer un sacerdocio. No desmaye Vd.

Hace años que he dejado de rendir culto á las musas, por consagrarme á registrar apolillados infolios históricos. Pero siempre leo con gusto versos, cuando ellos campean el espíritu que en los de Vd. me encanta.

Reiterando á Vd. mis felicitaciones por el buen desempeño de su «Martin», me es grato ofrecérmele muy de corazón, como su amigo afectísimo.



Por conducto de la Legación Peruana, en Buenos Aires, podría Vd. mandar un ejemplar de su obra á la biiblioteca de Lima, donde hay un salón destinado solo á libros americanos. La República Argentina apenas figura con 300 volúmenes entre cerca de 4000 correspondientes á las demás secciones.


El «Nacional» — Buenos Aires, Julio 7 de 1879


Señor D. José Hernandez.

Lima, Abril de 1880.

Primo mio y querido amigo:

Por mi hijo Julio he sabido con pena que Vd. no recibió la carta en que le daba un millón de gracias y felicitaciones, anunciándole haber llegado á mis manos el precioso obsequio con que Vd. me favoreció: la segunda parte de su bellísimo poema, «Martin Fierro».

En Lima ha tenido entusiasta acogida esta publicación, cuyas bellezas poéticas deleitarán á los lectores de todas latitudes; pero solo á nosotros, hijos de ese país mágico del fantasista lenguaje, nos será dado gustar con su deliciosísimo sabor, el colorido local de esas gráficas imágenes que hacen de este libro una serie de cuadros plásticos de sorprendente verdad.

— Estoy encantado con el «Martin Fierro» de Hernandez — díjome uno de los primeros literatos de Lima.

— Y sin embargo — respondí — para ustedes; ese hermoso poema es Rosario en Berberie.

— ¿Por qué?

— Porque la mitad de sus bellezas son para ustedes sanscrito: no las comprenderán.

— Pues yo las percibo muy bien.

— ¡Error! O sino expliqueme Vd. esta:

Nos retiramos con Cruz
A la orilla de un pajal.
Por no pasarlo tan mal
En el desierto infinito,
Hicimos como un bendito
Con dos cueros de bagual

— Pues claro: en lo del bendito expresa la prontitud con que arreglaron las pieles de ese animal.

Y cuando le hube explicado el problema [ pág. ]de la frase picóse enormemente y no me ha perdonado aquella explicación.

Espero que á estas horas, estará V. escribiendo otro libro como este, que es como una golosina: una vez gustado, se anhela otro semejante.

Saludamos á V., Julio y yo, y le estrechamos cordialmente la mano.

De Vd. prima y afectísima amiga.


Separador-linea.jpg


Señor D. José Hernandez.

Estimado compatriota:

Me pide Vd. un lugar en mi biblioteca para su «Martin Fierro», que ha llegado tan suavemente á su edición undécima.

Quiero antes de colocarlo con el honor debido á su bizarría, expresar á Vd. los motivos del placer que me ha causado su héroe.

En primer lugar es hijo lejítimo de Vd. á quien profeso aprecio antiguo. Luego, él se me presenta con su garbo de jinete criollo, con la originalidad de su pintoresco lenguaje, y con el odio mas franco á la opresión.

A mí me encantan esos tipo modelados por la naturaleza, cuando sus facultades nativas no han sido alteradas aún por una civilización que suele ser funesta.

Compare Vd. las calidades de los gauchos con las de los campesinos de otros países, ó con su clase proletaria y verá. Vd. que toda la ventaja está del lado de nuestra raza genuina que lleva grabado en su pecho varonil el sello de la América.

Hay en ese representante primitivo de nuestra nacionalidad, una mezcla singular de astucia y de candor. Pero domina entre los afectos de su alma la idolatría de su independencia.

La Pampa convida á la libertad. Su extensión inmensa, su aire puro, no han sido creados aisladamente para los esclavos.

Pero el desierto incita también á la melancolía, y cuando el payador canta en la guitarra, no es extraño que sus endechas sean tristes, no solo por los males amargos de su condición, sino porque cede á la influencia del espectáculo que le rodea. El aislamiento aumenta esta propensión, y se comprende que al caer de la tarde, aquel soltaría tal vez sus lágrimas al arroyo, cuyas aguas se deslizan como las horas de su humilde existencia.

Si no hubiese en sus costumbres y en su suerte, elementos de interés dramático, Vd. los habría hallado en sus inspiraciones frescas como las florecillas silvestres que matizan nuestra llanura.

Pero otra consideración más trascendente resalta de los versos de «Martin Fierro». Ella se liga con uno de los problemas fundamentales de la sociabilidad en el Rio de la Plata.

Las promesas de la revolución no se han cumplido todavía para los hijos del Pampero. El rancho de paja no basta á protejer á quien lo habita. ¿Quién tendrá derecho de asombrarse que un ser privado de los goces mas puros de la vida, y de cultivo intelectual, apele á su acero para defenderse, ó vengarse, y á su ajil caballo para huir?

Pero me aparto de la peligrosa corriente de tales recuerdos, para felicitar á Vd. por la pintura fiel de esa porción poco estudiada del pueblo argentino.

Cuando Vd. describe algunas escenas, de esas que no tienen nunca mas testigos que las estrellas, ni mas coro que las aves salvajes, se sentirá uno tentado á las correrías agrestes, para sorprender acaso en el fondo del llano el misterio del destino de una parte no menos olvidada, que noble de la humanidad. La simpatía que despierta se aviva cuando se piensa que asistimos á su rápida extimación y cuando su asimilación con razas exóticas cambia esa fisonomía que solo á la poesía es dado perpetuar.

Así el empeño de Vd. será saludado por la sensibilidad y por el patriotismo. Casi todos invocan los númenes más propicios al genio en sus vuelos mas atrevidos.

Pero Vd. se ha contentado con improvisar después del mate, dulces trovas á la


Nota

Esta carta apareció publicada en algunas ediciones del libro El Gaucho Martín Fierro.