Cartas de Juan Sintierra: 22

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Carta V(4) José María Blanco White


Yo me figuro que la representación se puede comparar a una carta que un marido, picado de caballero y atento, escribiese a una de Vds. en esta forma:

Mi adorada Mariquita, o Pepita, &co. Lleno de la sensibilidad que me distingue, y atentado de la dulce confianza que tu amor me inspira, he pensado comunicarte las noticias que acerca de ti me escriben ciertos sujetos todos los correos. Supongan Vds. que aquí el prudente marido ponía el por menor de las noticias, en un capítulo de culpas semejante en la lista de ellas al que la representación hace al gobierno inglés, aunque muy diverso en la materia; y que luego proseguía: Yo bien sé que todas estas noticias proceden de personas que me quieren muy mal, y a ti demasiado bien. Pero si fuera verdad lo que me dicen.

¡Perdona, niña de mis ojos, estas cavilosidades: yo sé que eres como una paloma; si, pero si fuera verdad! ¿Qué crees, ingrata hembra, que yo haría? ¿Piensas que había de ser un Juan Calzas? ¿Piensas que presentaría mi frente para que me la marcases a tu arbitrio? ¿O piensas que dejaría que me viniesen a poblar mi casa como si fuera isla desierta?, pues bien os engañaríais vos, Señora, bien se engañarían ellos, y bien saldrían vanas vuestras esperanzas, y las suyas... ¿No sería el tal marido un prodigio de delicadeza?

Señoras mías: que Vds. tengan temores no es extraño; pero que no haya quien los aquiete entre los que rodean es ciertamente muy sensible, y más sensible que todo, que se diga, en la exposición que en ella se manifiestan los sentimientos del pueblo español. Si así fuera, los temores de Vds. serían más que fundados, porque reinando tal desconfianza no es posible adelantar un paso contra los franceses que tan sans façon quieren hacer a Vds. una visita.

Yo celebraré que al recibo de ésta estén Vds. más tranquilas. Yo no perdonaría trabajo en favor de este objeto, ofreciendo a Vds. tres o cuatro disertaciones con que pudieran responder a esos tertulios, que tal les ponen a Vds. las cabezas; pero ellos se quedarían en sus trece, y Vds. se expondrían a una jaqueca con tan enorme dosis de política. El mejor remedio es que, supuesto que Vds. conocen que son agentes de Napoleón los que inspiran estos temores, «cubiertos unos con la piel de león, y disfrazados otros con la de oveja» hagan Vds. un barrido de sus tertulias en que no quede ninguno de semejantes títeres con cabeza.

Queda de Vds. su más rendido y apasionado servidor.

Juan Sintierra.



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