Compendio de Literatura Argentina: 27
Abrazó con entusiasmo la causa de la Revolución. En el Cabildo abierto de 1810, es de admirarse la manera como el P. Sáenz expresó sus ideas en la votación: Es ya el caso, dijo, de que el pueblo reasuma su originaria autoridad y derechos. En 1810, sólo se permitían expresarse de esta manera los caracteres de templada y enérgica fibra.
La Junta de Observaciones de 1815, lo contó entre sus miembros, y fué uno de los redactores del «Estatuto» que dió aquel cuerpo para el gobierno del Estado.
Su palabra fácil y abundante, dominó muchas veces, en las asambleas á que perteneció, y con gran energía, las opiniones contrarias y las pasiones exaltadas, mostrando bien la brillantez de su inteligencia y la fogosidad de su espíritu, al que no consiguieron dominar, ni la severidad de sus estudios, ni la gravedad de su investidura. Con motivo de la apertura de la «Sociedad Patriótica» de Buenos Aires el año 1812, á la formación de la cual había contribuido con su entusiasmo y su propaganda, pronunció un notable discurso. Murió el año 1825.
Bernardino Rivadavia nació en Buenos Aires el año 1780; después de pasar por el colegio San Cárlos, frecuentó las aulas de filosofía de la Universidad.
En el cabildo abierto del 22 de Mayo, fué de los que acompañaron con su voto á los defensores de las tendencias populares, pero recién el año siguiente hizo Rivadavia su entrada en los gobiernos de la Revolución, como secretario de guerra del Triunvirato.
Más tarde (1821), después de desempeñar una comisión diplomática en Europa, fué nombrado ministro de gobierno. Durante este período llevó á cabo sus grandes reformas, eclesiástica y militar. Los ataques que aquella suscitó, le dieron ocasión para mostrar brillantes cualidades de orador, en sus discursos ante los congresos en que tuvo que defender lo avanzado de sus teorías liberales.
Creó la Universidad de Buenos Aires, fundando también en ella la enseñanza de la Economía Política, uniendo á estos títulos, el de haber sido el primer presidente Constitucional de la República Argentina.
En 1833 pasó nuevamente á Europa, trabajando allí en la traducción de los Viajes de Azara, el libro mejor y más [ pág. ]exacto que hasta entonces se conocía sobre las ricas comarcas que baña el Plata.
Sus últimos años fueron tristes, desterrado por Rosas se refugió en el Brasil, pasando después á España, donde murió el año 1845.
Bernardo Monteagudo es el tribuno de más fibra y energía de la oratoria revolucionaria. Nació en Tucumán el año 1785 y su origen fué tan modesto que por falta de datos sobre su familia se le creyó boliviano, peruano y aún chileno.
Hizo sus primeros estudios en Jujuy, pasando más tarde á la Universidad de Chuquisaca, donde leía en Junio de 1808, al recibir su título de abogado, su magnífica y avanzada tesis sobre «El origen de la sociedad y sus medios de mantenimiento».
Inició su carrera patriótica, tomando parte muy activa en la insurrección de Charcas el año 1809.
Al año siguiente pasó á Buenos Aires, encontrando en ella la atmósfera que convenia al elevado grado de ardor de su carácter y á la extensión de su inteligencia.
En 1811, se encargó de la dirección de la «Gaceta» y sucesivamente de «El Mártir ó el Libre», de «El Independiente» y «El Grito del Sur», que fueron el eco de su espíritu frenético de democracia.
El mismo dice que en su «Memoria sobre los principios políticos que seguía en la administración del Perú» [1] ... «desde el 25 de Mayo de 1809 mi pensamiento y todo mi ser estaban consagrados á la revolución: desde aquel día vivo gratuitamente, unas veces condenado á muerte y otras próximo á encontrarla. Yo no pensé sobrevivir á tanto riesgo.»
En la Asamblea Constituyente del año 1818, se mostró Monteagudo, promotor inteligente y celoso sostenedor de las grandes medidas de reforma dictadas por aquella corporación, y su poderosa inteligencia contribuyó en gran parte á afianzar las ideas democráticas y á hacer que se arraigara y convirtiera en frondoso árbol, la semilla del alma nacional.
Después de acompañar al general San Martín, en las campañas de Chile y del Perú, con el cargo de Auditor de Guerra, fué nombrado en Lima, por aquél, ministro de la Guerra.- ↑ Publicada en Quito el año 1823.