Discurso de George Washington (1812)

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DISCURSO DE GEORGE WASHINGTON AL PUEBLO DE LOS ESTADOS UNIDOS,
ANUNCIÁNDOLE SUS INTENCIONES DE RETIRARSE DEL SERVICIO PUBLICO


AMIGOS Y CONCIUDADANOS,


ESTANDO ya cerca el periodo de la nueva elección de un ciudadano, que administre el poder ejecutivo de los Estados Unidos, y debiendo ya emplearse vuestros pensamientos en designar la persona sobre quien ha de reposar tan importante confianza, me parece oportuno manifestaros mi resolución de retirarme, si me considerais en el número de los que pueden ser electos.

Yo os suplico me hagáis la justicia de estar seguros de que no he tomado esta resolución sin considerar todas las relaciones que ligan a un obediente ciudadano de este país; y de que en esta tierna despedida que pronuncio con dolor, conservo las intenciones de influir en vuestros futuros intereses, y guardare siempre la memoria de vuestra antigua amistad, llevando una convicción plena de que pueden unirse la amistad y el respeto.

La aceptación y continuación hasta aquí en el oficio a que me han llamado dos veces vuestros sufragios, han sido un sacrificio uniforme de mi inclinación a la opinión de mis deberes, y una diferencia a vuestros deseos.

Hubiera yo querido que hubiese sido posible, sin desatender a graves razones, volverme más temprano a aquel retiro de que me separé con dolor. La fuerza de mi inclinación había antes de la elección pasada preparado un discurso en que os declaraba esto; pero una madura reflexión del estado dudoso y crítico de nuestros negocios entonces con las naciones extranjeras, y el parecer unánime de personas de mi íntima confianza, me impelieron a abandonar aquella idea.

Las impresiones con que el primero de todos tomé sobre mi vuestra ardua confianza, se expusieron en su ocasión propia. Al exonerarme de esta confianza, quisiera que dijesen todos si con buenas intenciones he contribuido a la organización y administración del gobierno, exceptuadas las faltas de que es capaz un juicio falible. La experiencia de mi mediocridad, grande a mis propios ojos, y tal vez a los ojos ajenos, ha mantenido los motivos de desconfianza de mi mismo; y el peso de los años, que crece con los días, me amonesta más y más que la sombra del retiro me es tan necesaria como deseable. Llevo la consolación de creer que mientras la elección y la prudencia me invitan a abandonar la escena política, no lo desaprueba el patriotismo.

Contemplando el momento que esta señalado para terminar mi vida pública, mis sentimientos no me permiten suspender la manifestación del reconocimiento profundo de aquella deuda de gratitud, que debo a mi país por los muchos honores con que me ha decorado; mucho mas por haberme conservado su confianza, la que me ha proporcionado ocasiones de mostrarle mi inviolable afecto por servicios fieles y continuos, aunque siempre inferiores a mi celo. Si de ellos resultaron a nuestra patria algunos bienes, recuérdense siempre para vuestra gloria, como un ejemplo instructivo en nuestros anales de que en circunstancias en que las pasiones, agitadas de todos modos, exponían al engaño, en medio de apariencias a las veces dudosas, en situaciones de fortuna a las veces desolantes, en vicisitudes en que la falta de suceso favorecía la censura, la constancia de vuestro apoyo sostenía mis esfuerzos, y los planes que los dirigian.

Penetrado profundamente de esta idea, la llevaré hasta el sepulcro, y su memoria me hará siempre rogar al cielo que continue a favor vuestro las más preciosas demostraciones de su bondad, entre las cuales es la primera el que vuestra unión y cordial afecto sean inalterables: - el que la liberal constitución, obra de vuestras manos, se conserve religiosamente :- el que su administracion en cada departamento se haga con sabiduria y virtud :- el que en fin, la felicidad del pueblo de estos estados, bajo los auspicios de la libertad, sea tan completa, que por el uso prudente de esta libertad se adquiera este beneficio la gloria del aplauso, y el afecto y adopción de las naciones que no la conocen todavía.

Aquí debia tal vez terminar mi discurso : pero la solicitud por vuestra seguridad, que solo se acabará con mi vida, y la aprehensión del peligro, natural a esta solicitud, me impelen en la ocasión presente a ofrecer a vuestra solemne contemplación, y a recomendar a vuestra memoria algunos sentimientos: ellos son el resultado de la reflexión y de una larga experiencia, y me parecen sumamente importantes a la conservación de vuestra felicidad como un pueblo. Os los expondré con tanta mayor libertad, cuanto está mas al descubierto ser los desinteresados avisos de un amigo, que se despide, en cuyos consejos no pueden influir motivos personales.

Hallándose el amor de la libertad tan profundamente esculpido en vuestros corazones, no son precisas mis palabras para fortificarlo.

Amáis la unidad del gobierno, que os constituye un solo pueblo; y la amáis justamente, por que es la principal columna del edificio de vuestra real independencia, el sosten de la tranquilidad doméstica, y de la paz exterior, de vuestra seguridad, prosperidad, y de aquella libertad que apreciáis tanto. Pero como es facil prever, que por diferentes causas, y por varios lados se trabajará mucho, y se emplearán muchos artificios para debilitar en vuestros ánimos la convicción de esta verdad; como en vuestra fortaleza política este es el punto contra quien se dirigirán las baterias de vuestros enemigos interiores y exteriores con constancia, y actividad, aunque a las veces oculta y cautelosamente; es de un momento infinito que estiméis el valor inmenso de vuestra UNIÓN nacional para vuestra felicidad individual y colectiva: que abriguéis a favor suyo una adhesión cordial, habitual é immutable ; acostumbrandoos a mirarla como el paladium de vuestra seguridad y prosperidad política; desvelando por su conservación con una ansiedad celosa, y cortando aun la sospecha de que en algún caso pueda abandonarse; y mirando con la mayor indignación aun las apariencias de los atentados cometidos para separar una porción de nuestra patria de lo restante, o para debilitar los sacrosantos vínculos que a todos nos unen.

La simpatía y el interés nos convidan a esta union. Ciudadanos de una patria comun ó por elección, ó por nacimiento, el amor de esta cara madre concentrar nuestros afectos. Es nombre de AMERICANO, que lleva cada uno, y todo el pueblo en general, debe exaltar siempre el corazón y el patriotismo mucho más que todas las denominaciones derivadas de las diferencias locales. Con corta diferencia nuestras opiniones, y costumbres son las mismas, y seguimos unos mismos principios públicos. Peleásteis por una misma causa, y triunfásteis juntos; la independencia y libertad, que poseéis, son obra de vuestros consejos y esfuerzos reunidos: corristeis una misma fortuna, sufristeis unos mismos trabajos, lográsteis juntos un mismo suceso.

Mas aunque estas consideraciones hacen por si mismas una profunda impresión en vuestra sensibilidad, adquieren nueva fuerza por otras que se fundan en vuestros intereses.- Cada porción de nuestra patria tiene poderosos motivos para amar y guardar la unión de todo el cuerpo nacional.

El norte en su ilimitado comercio con el Sud, protegido por las iguales leyes de un gobierno común, halla en las produciones de este último grandes recursos para negociaciones marítimas, y materiales preciosos para sus manufacturas. En el mismo comercio el Sud aprovechándose de la actividad del Norte ve a el incremento de su agricultura y tráfico. Se alentará la navegación del Norte, y mientras de varios modos contribuye a aumentar la masa de la navegación nacional, promueve la protección y fuerza marítima para la cual no tiene en si suficientes disposiciones.- El Levante en el comercio con el Occidente hallará en el adelantamiento progresivo de las comunicaciones interiores por mar y tierra un expendio mas útil de los efectos que importa de fuera, y los de su propia industria.-El Occidente recibe del Levante subsidios para su incremento y fuerza. Todo reunido contribuye a dar peso, influencia y fuerza marítima a las costas Atlánticas, con tal que se dirija por una unión indisoluble de intereses como una nación. Qualquiera otra ventaja que pudiera esperar el Occidente o por el uso de sus propias fuerzas, o por las alianzas con Poderes extranjeros seria intrinsecamente precaria.

Asi pues, mientras cada parte de la patria recibe de la unión un interes inmediato y particular, todas unidas no pueden dejar de hallar en la combinacion de medios y esfuerzos un gran poder, grandes recursos, y por consiguiente seguridad, y la esperanza de una paz inalterable.- De la unión se deriva otra ventaja de incalculable precio, y es no estar las provincias expuestas entre si a disensiones y guerras, lo que sucedería si faltase un gobierno central.- Esto mismo las libertades de la dura necesidad de mantener grandes cuerpos militares, estableciendo que bajo todas las formas de gobierno es funesto a la libertad, y principalmente a la libertad republicana.

Estas consideraciones hablan un lenguage persuasivo a todo ánimo reflexivo y virtuoso, y le muestran la continuación de la unión de las provincias, o Estados, como el objeto primario de los deseos patrióticos.- ¿Pero un gobierno central puede convenir a tantos Estados, puede abrazar una esfera tan grande? Resuelva la experiencia esta cuestión. Aun oír estas especulaciones es un crimen. Estamos autorizados para esperar que la perfecta organización del gobierno central, con el auxilio de los gobiernos de los Estados respectivos ha de tener el éxito mas feliz. Esta experiencia es hermosa, y capaz de hacer venturoso al género humano. Con tan poderosos y obios motivos para la unión, que tocan a todas las partes de nuestra patria, mientras la experiencia no descubre que un sistema semejante es impracticable, debemos siempre mirar con la mayor desconfianza el patriotismo de aquel, que en cualquier Estado solicite debilitar los vínculos de la unión.

PARA la eficacia y permanencia de vuestra unión es indispensable un gobierno central.- Las mas estrechas alianzas entre las partes componentes no se le pueden adecuadamente subsistir. La experiencia de todos los tiempos ha manifestado infracciones e interrupciones en todas las alianzas. Sensibles a estas verdades elegisteis el gobierno actual, obra de vuestra elección, sin que nadie os hubiese violentado, despues de una investigación plena, y de una madura deliberación; gobierno completamente libre en sus principios, y distribuciones de poderes; que une la seguridad con la energía, y que en si mismo tiene los medios de reformarse: por todo esto tiene derecho a vuestra confianza, y a su conservación.- El respeto a las autoridades, la observancia de las leyes, son deberes que imponen las máximas fundamentales de la verdadera libertad. La base de vuestro sistema político es el derecho que tiene el pueblo de hacer y alterar la constitución y forma de gobierno.- Pero la Constitución existente, mientras no se varie por la voluntad explícita y auténtica de todo el pueblo, es religiosamente obligatoria para todos. La verdadera idea del poder y derecho del pueblo de establecer su propio gobierno, presupone la obligación de cada individuo de obedecer al gobierno establecido.

Todo lo que impide la ejecucion de las leyes, todas las combinaciones y asociaciones bajo cualquier motivo plausible con designio de turbar, oponerse, violentar las regulares deliberaciones de las autoridades constituidas, son destructivas de los principios fundamentales, y de una tendencia peligrosa. Ellas dan nacimiento a las facciones, y les prestan una fuerza extraordinaria. Ellas colocan en lugar de la voluntad delegada de la nación la voluntad de un partido, y las miras pequeñas y artificiosas de unos pocos, y siguiendo los alternativos triunfos de las facciones diferentes, dirigen la administración pública por mal concertados e intempestivos proyectos, no por planes consistentes y saludables, dirigidos por consejos comunes, y modificados por intereses reciprocos.- Por ahora no tenemos tan tristes acasos, pero en la serie de los tiempos y de las cosas, pueden aparecer hombres astutos, ambiciones, y sin principios, que logren trastornar el poder del pueblo, y usurpar las riendas del mando, arruinando despues a aquellas mismas máquinas que les proporcionaron elevarse a una injusta dominación.

Para la conservación de vuestro gobierno, y permanencia de vuestra actual felicidad, se requiere no solo que estorbeis las oposiciones a la autoridades, sino que resistáis con celo el espíritu de innovación acerca de nuestros principios, sin deslumbraros con pretextos espaciosos. El plan de asaltaros será alterar la constitución, para debilitar el vigor del sistema, ya que no puede combatirse al descubierto. En todas las alteraciones a que se os invite, debeis acordaros que el tiempo, y el hábito fijan el verdadero carácter de los gobiernos, y de todas las instituciones humanas : -que la experiencia es quien descubre la tendencia de la constitución de un país : -que la facilidad y ligereza en hacer variaciones, fiándose de opiniones hipotéticas, expone siempre a que no haya nada estable, nada cierto, según la variedad eterna de las hipótesis y de las opiniones : -acordaos especialmente que tanto para un país tan extenso como el nuestro, como para la seguridad y libertad general, es indispensable un gobierno enérgico. La misma libertad, y los poderes bien distribuidos, son los garantes de ella misma. No existe mas que el nombre de libertad, cuando el gobierno es tan débil que no puede impedir los atentados de las facciones, contener a cada uno en los límites señalados por las leyes, y conservar a todos el seguro y tranquilo goze de los derechos de los individuos y de las propiedades.

Os expuse en otra ocasión los riesgos de las facciones; seame lícito fortaleceros mas, y de un modo.

Si hay algun pueblo a quien las leyes de la naturaleza, leyes sacrosantas, esculpidas en los corazones humanos por el Dios de la naturaleza, autorice a romper los lazos, que lo ligan a otro pueblo, es el comunmente llamado América Española . Cuantos ultrajes, cuantos insultos se han acumulado sobre las cabezas de estos infelices! Pobres en medio de las producciones mas preciosas! Sin agricultura; rodeados de campos en que la naturaleza se complace de sonreirse, y de ser madre! Sin industria en medio de la abundancia de las materias primeras! Un monopolio infernal lo hacia todo estéril. Un gobierno estúpido y opresor inutilizaba todas las ventajas naturales. -los ingenios mas bellos, la imaginacion más florida, el ánimo profundo ....condenados al ocio innoble, privados de la luz de las verdaderas ciencias, del gusto y talento de las artes!. --Un enjambre de empleados devoraba su substancia, semejantes a las langostas que de los áridos desiertos se precipitan sobre las fértiles regiones del Asia. --si ya que se les despojaba de la libertad de acción, se les hubiese dejado la del pensamiento ....pero se les negó el comercio y trato con todos los pueblos de la tierra, para que no se les hiciese sensible su infeliz condición, e intentasen variarla. A que hombre se les prohibe el aprender de quien sabe, para ganar un pasar honesto y cómodo? Pero a estos infelices se les prohibió el trato con los pueblos ilustrados, y adelantados en las artes. La estupidez llego a tal punto, se introdujo tanto en los espíritus, que estos pobrecitos llegaron a temer y a mirar con horror el trato con los extranjeros. Como si el infierno, o el error se hubiesen puesto de parte de la opresión, y de la política dura y bárbara, hubieron hombres que se dedicaron a fortalecer en los ánimos estos miedos, y estos horrores. En fin, casi todas estas colonias se han revolucionado: algunas ocupan ya su lugar y han tomado su nombre entre las naciones: otras combaten por sus derechos. La guerra se ha encendido entre los republicanos y realistas, entre Americanos y godos,* entre oprimidos y opresores. Las Cortes y la Regencia de Cadiz, que se han llamado a herederos de los Borbones, apellidan rebeldes a los Americanos al mismo tiempo que los Franceses, y los Españoles adictos a José, llaman a las Cortes, a la Regencia y a todos los de su bando, sean Generales, Jefes, rebeldes, insurgentes, asesinos, ladrones, y cabecillas. Entre tanto Hidalgo, Camargo, Carrasco, Allende Ximenes, y otros muchos Generales, y oficiales de las tropas revolucionarias de México, han parecido en los cadalsos. Si el Emperador de los franceses condenáse al último suplicio a Blake, y a los inumerables oficiales españoles, que tiene prisioneros, y sentenciase a otros a presidios, clamara por la venganza todo el mundo, y se conjurara al Cielo, a la tierra, y hasta los infiernos contra tan infame tiranía, contra este hecho de sangre y de atrocidad; pero los patriotas mexicanos, hombres de ánimo esforzado y sublime, y de intentos ilustres, descendieron al sepulcro sin que nadie los haya llorado: y si sus paisanos no hubiesen jurado vengar su muerte, quedaría sin venganza.

  • En México se da este nombre a los enemigos de la libertad

Si la santidad de su causa les hubiese asegurado el suceso, estos ilustres no hubieran perecido. Empero el reves de aquella fortuna que preservó de la muerte a Hancock y Adams, precipitó a Hidalgo y a sus fieles amigos. Sin tan adversas circunstancias ya fuera México una República augusta; y es de creer que Hidalgo hubiera sido puesto por sus compatriotas al frente de los negocios, encargado como Washington de conducir su país a destinos nuevos y felices. Pero mientras lamento su pérdida, doy gracias al cielo por la luz de esperanza que ofrecen las últimas noticias, que aseguran que el asiento de la autoridad sanguinaria se estremece y bambolea en el centro de México y que en breve pagaran los perversos sus atrocidades. Entonces se rendirán honores a la memoria de Hidalgo; se erigirán mausoleos a los manes de los difuntos ilustres; se consangrarán monumentales a los venerables nombres de los despreciados rebeldes; se les citará en las generaciones futuras como ejemplos de patriotismos, de virtud y de constancia; mientras los nombres de sus enemigos estarán condenados a una inmortalidad infame.

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