Eclesiástico: Capítulo 23
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- Oh Señor, padre y dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios, no permitas que por ellos caiga.
- ¿Quién aplicará el látigo a mis pensamientos, y a mi corazón la disciplina de la sabiduría, para que no se perdonen mis errores, ni pasen por alto mis pecados?
- No sea que mis yerros aumenten, y que abunden mis pecados, que caiga yo ante mis adversarios, y de mí se ría mi enemigo.
- Señor, padre y Dios de mi vida, no me des altanería de ojos,
- aparta de mí la pasión.
- Que el apetito sensual y la lujuria no se apoderen de mí, no me entregues al deseo impúdico.
- La instrucción de mi boca escuchad, hijos, el que la guarda no caerá en el lazo.
- Por sus labios es atrapado el pecador, el maldiciente, el altanero, caen por ellos.
- Al juramento no acostumbres tu boca, no te habitúes a nombrar al Santo.
- Porque, igual que un criado vigilado de continuo no quedará libre de golpes, así el que jura y toma el Nombre a todas horas no se verá limpio de pecado.
- Hombre muy jurador, lleno está de iniquidad, y no se apartará de su casa el látigo.Si se descuida, su pecado cae sobre él, si pasa por alto el juramento, doble es su pecado; y si jura en falso, no será justificado, que su casa se llenará de adversidades.
- Hay un lenguaje que equivale a la muerte, ¡que no se halle en la heredad de Jacob! Pues los piadosos rechazan todo esto, y en los pecados no se revuelcan.
- A la baja grosería no habitúes tu boca, porque hay en ella palabra de pecado.
- Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuanto te sientes en medio de los grandes, no sea que te olvides ante ellos, como un necio te conduzcas, y llegues a desear no haber nacido y a maldecir el día de tu nacimiento.
- El hombre habituado a palabras ultrajantes no se corregirá en toda su existencia.
- Dos clases de gente multiplican los pecados, y la tercera atrae la ira:
- El alma ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta consumirse; el hombre impúdico en su cuerpo carnal: no cejará hasta que el fuego le abrase; para el hombre impúdico todo pan es dulce, no descansará hasta haber muerto.
- El hombre que su propio lecho viola y que dice para sí: "¿Quién me ve?; la oscuridad me envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve, ¿qué he de temer?; el Altísimo no se acordará de mis pecados",
- lo que teme son los ojos de los hombres; no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran los rincones más ocultos.
- Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y todavía lo son después de acabadas.
- En las plazas de la ciudad será éste castigado, será apresado donde menos lo esperaba.
- Así también la mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado de otro un heredero.
- Primero, ha desobedecido a la ley del Altísimo, segundo, ha faltado a su marido, tercero, ha cometido adulterio y de otro hombre le ha dado hijos.
- Esta será llevada a la asamblea, y sobre sus hijos se hará investigación.
- Sus hijos no echarán raíces, sus ramas no darán frutos.
- Dejará un recuerdo que será maldito, y su oprobio no se borrará.
- Y reconocerán los que queden que nada vale más que el temor del Señor, nada más dulce que atender a los mandatos del Señor.
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