Eclesiástico: Capítulo 36
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- Ten piedad de nosotros, Dios, dueño de todas las cosas, mira y siembra tu temor sobre todas las naciones.
- Alza tu mano contra las naciones extranjeras, para que reconozcan tu señorío.
- Como ante ellas te has mostrado santo con nosotros, así ante nosotros muéstrate grande con ellas.
- Que te reconozcan, como nosotros hemos reconocido que no hay Dios fuera de ti, Señor.
- Renueva las señales, repite tus maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho.
- Despierta tu furor y derrama tu ira, extermina al adversario, aniquila al enemigo.
- Acelera la hora, recuerda el juramento, y que se publiquen tus grandezas.
- Que el fuego de la ira devore al que se escape, y los que hacen daño a tu pueblo hallen la perdición.
- Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: "Nadie más que nosotros."
- Congrega todas las tribus de Jacob, dales su heredad como al principio.
- Ten piedad, Señor, del pueblo llamado con tu nombre, de Israel, a quien igualaste con el primogénito.
- Ten compasión de tu santa ciudad, de Jerusalén, lugar de tu reposo.
- Llena a Sión de tu alabanza, y de tu gloria tu santuario.
- Da testimonio a tus primeras criaturas, mantén las profecías dichas en tu nombre.
- Da su recompensa a los que te aguardan, y que tus profetas queden acreditados.
- Escucha, Señor, la súplica de tus siervos, según la bendición de Aarón sobre tu pueblo.
- Y todos los de la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno.
- Todo alimento traga el vientre, pero unos alimentos son mejores que otros.
- El paladar distingue por el gusto la carne de caza, así el corazón inteligente las palabras mentirosas.
- El corazón perverso da tristeza, pero el hombre de experiencia le da su merecido.
- A cualquier marido acepta la mujer, pero unas hijas son mejores que otras.
- La belleza de la mujer recrea la mirada, y el hombre la desea más que ninguna cosa.
- Si en su lengua hay ternura y mansedumbre, su marido ya no es como los demás hombres.
- El que adquiere una mujer, adquiere el comienzo de la fortuna,una ayuda semejante a él y columna de apoyo.
- Donde no hay valla, la propiedad es saqueada, donde no hay mujer, gime un hombre a la deriva.
- ¿Quién se fiará del ladrón ágil que salta de ciudad en ciudad?
- Así tampoco del hombre que no tiene nido y que se alberga donde la noche le sorprende.
| La Biblia - Antiguo Testamento - Eclesiástico | |
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