El árbol del mejor fruto: 041
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Escena I 041
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| CONSTANCIO |
Ya sé que viene,
por mi mal; ya sé que tiene
determinado el camino.
Sin vista a mis años largos,
infeliz, porque en mi espejo
quebrado mire este viejo
fines de un principio, amargos.
¿Por qué prolijo me adviertes
pena que yo llego a ver?
Mi alma no ha menester
que a pedradas la despiertes.
(Tocan cajas destempladas
y trompetas roncas.
Sacan enlutados un ataúd
y banderas negras arrastrando.)
Con otro recibimiento,
hijo, os aguardaba yo;
en túmulo se trocó
vuestra boda y mi contento.
Con vos, el tiempo avariento
pagó el censo acostumbrado
a la muerte, juez airado
que, ya grave, ya ligera,
dando a otros pleitos de espera,
de vos cobra adelantado.
Descubrime el rostro triste,
retrato de lo que fue;
en él mi muerte veré,
si en él mi vida consiste.
Vaso que el licor tuviste
de un alma que ya en su ocaso
se puso y con leve paso
voló a eterno señorío,
bien parece que vacío
no tiene valor el vaso.
¡Qué hermoso que te vi yo!
Pero eres vaso de tierra.
Bañó la vida que encierra
el alma que te informó;
como el baño se acabó,
la tierra te desengaña,
pues de su color te baña,
y el alma de ti se aleja,
como el pastor cuando deja
despoblada la cabaña.
(Suenan chirimías y atabales.)
Pero ¿qué muestras son éstas
de triunfos y glorias reales,
mezclando vivas señales
entre memorias funestas?
¿Yo lágrimas y ellos fiestas?
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