El Futuro de las Islas Falkland y de Su Pueblo

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EL FUTURO DE LAS ISLAS FALKLAND

Y DE SU PUEBLO

Dr. Lyubomir Ivanov
Academia de Ciencias de Bulgaria
Sofia


The Future of the Falkland Islands and Its People



El capítulo principal en el libro
L.L. Ivanov et al, El Futuro de las Islas Falkland y de Su Pueblo.
© Fundación Manfred Wörner, 2003
Impreso en Bulgaria por Doble T Editorial (en inglés)
ISBN: 954-91503-1-3

Autores de los otros capítulos:
Nusha Ivanova
Prof. Carlos Escudé
Ernest Spencer
Prof. Howard Fergus
Consejera Jan Cheek (Islas Falkland)
John Ondawame
Prof. Mark Sandford
Consejero Mike Summers (Islas Falkland)
Prof. Noel Cox
Prof. Nora Femenia
y El gobierno de Santa Helena


1.      Introducción[editar]

Antes de la guerra de las islas Falkland en 1982 poca gente, ni siquiera en
Gran Bretaña, sabía de ellas. Hoy las islas son más conocidas pero en mi
país igual que en otras partes las asocian principalmente con la Guerra
Falkland y con el famoso conflicto territorial con Argentina.

Todavía antes de 1982 fui fascinado por las islas en el Atlántico Sur. Al
inicio atrajo mi interés uno de los sitios más hermosos del mundo – las
islas Georgias del Sur. Luego mis conocimientos de la región se vieron
enriquecidos por las tres expediciones en el Antártico y el trabajo de
campo en la base búlgara ¨San Clemente de Ójrid¨ en la isla de
Livingston perteneciente a las islas Shetland del Sur. En los últimos
cinco años he participado en una discusión en el Internet sobre el tema de
las islas Falkland (Falkland-Malvinas Forum). Los amplios debates y
análisis de los diferentes aspectos de la temprana historia de las islas
Falkland lograron convencerme de que las fuentes argentinas se
caracterizan por una interpretación errónea de la historia, sobre todo del
período de 1820-1833, que muchas veces es reproducida ciegamente en
otras publicaciones, inclusive británicas. En la discusión fueron
presentadas algunas opiniones típicamente argentinas que, junto con su
desarrollo, son una muestra de que la generación venidera en este país
podría entender y valorar mejor las islas Falkland como un país vecino
independiente.

Mi interés personal hacia los territorios de ultramar como las islas
Falkland se debe a sus particularidades específicas, fuera de la norma. En
la época de la globalización estos territorios van convirtiéndose cada vez
más en puentes entre los grandes centros mundiales de poder e influencia.
Es cierto que las islas Falkland están vinculadas a un centro principal de
desarrollo económico, tecnológico y político como lo es Europa. Al
mismo tiempo su disposición geográfica les permite desempeñar el papel
de un puente adicional a otro centro potencial como lo es América del
Sur. Además, la nación Falkland es una de las pocas naciones cuyo
territorio es limítrofe con la Antártida. Estas ventajas únicas por su
género ofrecen posibilidades de desarrollo que otras naciones no tienen.

A título de comparación, las posibilidades geopolíticas de Bulgaria están
reducidas a la opción entre tres fuerzas regionales desiguales por su
poderío, a saber Europa, Rusia y Turquía. Bulgaria, obviamente, se
adherirá a la Unión Europea. Este es un proceso que comprende varias
etapas, empezando por un convenio comercial, pasando por el convenio
de asociación para llegar al final a la etapa de negociaciones sobre la
adhesión. En cada etapa Bulgaria evalúa las ventajas y paga el precio
respectivo. (Tras la adhesión de Bulgaria a la OTAN el 31 de marzo de
2004, en junio del mismo año fueron finalizadas con éxito las
negociaciones sobre la adhesión a la Unión Europea fijando la fecha de la
adhesión para el 1 de enero de 2007 – L.I.). Turquía también aspira a la
adhesión a la Unión Europea sin estar tan preparada y en la medida en
que todavía no es miembro de la Unión, tampoco está interesada en una
adhesión más cercana de Bulgaria; lo mismo es válido de Rusia aunque
este país no ha mostrado todavía un deseo de adhesión a la Unión
Europea. (Dicho sea de paso, probablemente Argentina también sentiría
la tentación de adherirse a la UE.) Rusia todavía pretende tratar a
Bulgaria como parte de su área de influencia – ello se puede notar en la
esfera del comercio, la privatización y las inversiones. La reintegración
de Bulgaria a Europa Occidental no resultó fácil pero fue lograda por
nuestro propio deseo. La consecuencia es la parte cada vez mayor de la
Unión Europea en nuestro comercio exterior que ya supera el 50%
mientras que en los últimos quince años la parte de Rusia y de las ex
repúblicas soviéticas ha bajado respectivamente de un 60% a un 15%.


2.      Las Islas Falkland Hoy[editar]

A diferencia de la mayoría de los territorios de ultramar (excepto
Groenlandia y Guayana francesa) las islas Falkland no son exactamente
un ¨miniestado¨. Su territorio es igual al de Ulster y su zona económica
exclusiva es más grande que la de Gran Bretaña. Su superficie terrestre
ofrece un espacio suficiente para el desarrollo de la agricultura (inclusive
de la agricultura ecológica) y de la construcción de poblaciones igual que
buenas condiciones para el desarrollo del turismo. Las islas gozan de un
número envidiable de buenos puertos naturales y sus aguas son ricas en
pescado y calamares, en el territorio continental hay yacimientos
considerables de petróleo. Son a la vez una de las puertas hacia la vecina
Antártida. (Debido a su presencia en la isla de Livingston Bulgaria
aparece como vecino de las islas Falkland.)

Uno de los activos más importantes de todo estado son sus recursos
humanos, inclusive su potencial demográfico (en las islas Falkland este
recurso crece a un buen ritmo pero todavía es pequeño), igual que el
fundamento de su sociedad cívica y su estructura política. Llama la
atención la práctica democrática de las islas Falkland, la información y la
participación de la sociedad y más que nada las altas normas y la calidad
del gobierno estatal ejercido los Consejeros (miembros de la Asamblea
Legislativa de las islas Falkland). Una de las principales ventajas de su
relación con Gran Bretaña es el actual sistema democrático de gobierno
de las islas Falkland que garantiza una gestión democrática responsable y
sostenible del país. El gobierno de las islas Falkland, desde la legislación
hasta las patrullas pesqueras, va convirtiéndose en una actividad cada vez
más compleja que los isleños y los políticos elegidos por ellos ejercen de
una manera justa, madura y eficiente. Mientras tanto cada vez más
cargos son ocupados por nativos y no por gente contratada del extranjero.
Es por ello que el perfeccionamiento de la democracia en las islas
Falkland resulta una clave para garantizar la prosperidad y el bienestar
ulterior del país.

La estructura constitucional de las islas asegura un nivel de autogobierno
que supera con creces el autogobierno de Escocia, por ejemplo, con la
propiedad exclusiva sobre los recursos naturales de las islas (inclusive
todos los yacimientos de petróleo y los eventuales ingresos de ellos) igual
que con su propia política de inmigración. No obstante, la práctica de
gobierno ha tenido un considerable desarrollo también después de la
aprobación de la Constitución en 1985. Este desarrollo, inclusive la
necesidad, subrayada a menudo por los gobernadores de las islas
Falkland, de que la institución del gobernador sea liberada de la
obligación ¨esquizofrénica¨ de representar tanto Puerto Stanley ante
Londres como Londres ante Puerto Stanley, debería encontrar un lugar
adecuado en la revisión de la Constitución que está en proceso de
realización.

Naturalmente, la estrucutura constitucional real podría ser mejorada en
varios aspectos:

(1)      La elección de un Primer ministro y un gabinete de ministros
con la responsabilidad de ministros;

(2)      El nombramiento de gobernadores ciudadanos de las islas Falkland
(y no funcionarios de Foreign Office), señalados por el Primer ministro
de las islas Falkland y nombrados por la Reina;

(3)      Convenios razonables con Gran Bretaña que den garantías de
que Foreign Office actuaría en su política exterior respecto a las islas
Falkland previo acuerdo del gobierno de las islas;

(4)      La conclusión eventual de un convenio legal global que regule
las relaciones de las islas Falkland con Gran Bretaña similar a la forma de
regular las relaciones entre los Estados Unidos y las islas Marianas del
Norte en su Pacto de libre asociación o a la forma de regular las
relaciones entre Holanda europea, las Antillas holandesas y Aruba en la
Carta del Reino de los Países Bajos.

No hablemos de que tanto el alcance como el ritmo de un desarrollo
evolutivo así tienen que ser determinados por las mismas islas Falkland.
Más concretamente, la vacilación evidente de los líderes políticos de las
islas Falkland en asumir una responsabilidad ministerial en esta etapa
remitiría probablemente esta reforma a otra revisión de la Constitución en
el futuro. Sin embargo, la democracia exige categóricamente la división
de los poderes y la separación del poder ejecutivo del legislativo. Si no,
las asambleas públicas de Puerto Stanley seguirán desempeñando el
papel de una especie de ¨control parlamentario¨ similar a los Problemas
parlamentarios en la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores en
Westminster.


3.      Autodeterminación[editar]

El derecho a la autodeterminación es un principio firme en el derecho
internacional contemporáneo. La práctica de su ejercicio, sin embargo, es
un proceso más bien político que jurídico. La Carta de la ONU, basada
en este mismo principio, no tiene adjunta una relación de
naciones/pueblos lo que deja abierto el problema práctico fundamental:
¿quién es el que tiene y quién es el que no tiene derecho a la
autodeterminación? Para que haya autodeterminación, en cada caso
concreto debe haber en primer lugar una comunidad de personas que se
consideren a sí mismas como una nación/un pueblo, en segundo lugar
ellas deben declarar su derecho a la autodeterminación igual que la
posibilidad de elegir su preferida forma de autogobierno, y al final,
aunque no por su importancia, este derecho declarado debe ser
reconocido por el gobierno central respectivo.

A menudo este proceso ha sido acompañado de dificultades y trabas;
basta recordar la autodeterminación de los pueblos kurdo, palestino,
tibetano y de Timor. Ello no tiene nada que ver con su número como
erróneamente consideran algunos; los kurdos en realidad son más de 20
millones. Al mismo tiempo el dominio neozelandés de Tokelau cuya
población es dos veces menos numerosa que la de las islas Falkland, tiene
su derecho a la autodeterminación, reconocido tanto por Nueva Zelanda
como por la ONU.

Los habitantes de las islas Falkland son una nación al igual que los de
Escocia, Gales o Inglaterra, ni hablar del pueblo de Tokelau. Algo más,
su derecho a la autodeterminación está ya oficialmente reconocido y
garantizado por el gobierno británico mediante el proceso de
confirmación de la Constitución Falkland en 1985. Este acto de
transferencia de las prerrogativas de Londres a Puerto Stanley significa
que en el futuro todas las decisiones referentes a las islas Falkland
deberían tomarse por los mismos isleños siendo este un proceso
definitivo. Una vez reconocida/cedida la autodeterminación, no puede haber
vuelta atrás.

Sin embargo la autodeterminación fue lograda también con los esfuerzos
decididos y abnegados de los mismos isleños siendo el momento clave el
rechazo y el bloqueo exitoso de parte de las islas de los intentos en los
años 70 del siglo pasado de imponerles la llamada ¨solución de cesión-
arrendamiento¨ en que la soberanía debía ser cedida a Argentina y el
gobierno británico debía mantenerse por un período limitado de
transición que durara unos decenios (al ejemplo de Hong Kong).

Hay que subrayar que la autodeterminación de las islas Falkland es un
problema interno por un lado del pueblo falkland representado por el
gobierno elegido por él que ejerce la soberanía de las islas, y por otro, del
gobierno británico que ejerce la soberanía de las islas Falkland a nivel
internacional. Ni Argentina, ni la ONU podrían ser parte en estas
relaciones bilaterales.

Todo reconocimiento de la autodeterminación de las islas Falkland por
terceros como la ONU es deseable pero sin tener en absoluto una
importancia decisiva. Este reconocimiento llegará inevitablemente en el
contexto de los acontecimientos políticos más globales como resultado de
los cuales la práctica de la autodeterminación se desarrolla en el mundo
entero, aunque no se debe descartar la posibilidad de que se siga
ejerciendo una presión sobre el Comité de la ONU para la
descolonización con vistas a que reconozca este derecho y deje de actuar
a dos velocidades.

La participación de la ONU es útil en países como Sahara Occidental o
Timor Oriental donde sin esta organización no podría haber una
autodeterminación. Sin embargo, todos los demás territorios no
autogobernados que actualmente son objeto de observación de parte del
Comité de la ONU para la descolonización ejercen su derecho a la
autodeterminación sin ningún apoyo de parte de la ONU. La
comparación de las clasificaciones anuales, elaboradas por la
organización Freedom House, entre los ¨descolonizados¨ (los 16
territorios actualmente objeto de descolonización de parte de la ONU) y
sus descolonizadores (los 24 países miembros del Comité para la
descolonización) demuestra que los primeros son tres veces más
democráticos que los segundos. Y junto con ello mucho más ricos.

Para colmo los mismos ¨descolonizadores¨ administran territorios como
Tibet (China), Papua Occidental o Irian Jaya (Indonesia), Cahemira
(India) y Chechenia (Rusia) donde la democracia es escasa y la
autodeterminación denegada. Naturalmente, los 16 territorios ¨no
autogobernados¨, llamados así por la ONU, aspiran a adoptar las altas
normas de sus respectivas fuerzas ¨administradoras¨, es decir, las fuerzas
de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Nueva Zelanda y no las de
Cuba, Irak, China, Congo, Irán, Siria, Venezuela y otros miembros del
Comité.

A pesar de todo, el Comité de la ONU para la descolonización podría ser
útil en la preparación de los pueblos de los territorios de ultramar de Gran
Bretaña en cuanto a las demás posibilidades legales existentes de
autodeterminación aparte de la independencia y la total integración con lo
cual compensar la insistencia poco tolerante de Foreign Office de que
toda cesión de más poderes se haga sólo en el contexto de un gráfico de
independencia.

La pretensión argentina de soberanía tampoco podría ser una traba para la
autodeterminación de las islas Falkland. Pretensiones así suelen darse
antes de la autodeterminación y seguir existiendo durante cierto tiempo
después de la obtención del derecho a la autodeterminación como lo
muestran los ejemplos de Mayotte, Belice, Kuwait y Guayana.

Cuando las islas Comores ejercieron su derecho a la autodeterminación
(la independencia de Francia) en 1974, la isla Mayotte eligió otra variante
y a partir de entonces representa una colectividad territorial con Francia
por la cual siguen pretendiendo las islas Comores. Belice obtuvo su
independencia en 1981 siendo todavía objeto de una pretensión de
soberanía de parte de Guatemala que posteriormente fue reducida y hoy
comprende sólo parte de Belice del Sur. Al obtener su independencia en
1961 Kuwait fue objeto de una pretensión de soberanía de parte de Irak
que siguió existiendo hasta 1994. Antes de la declaración de la
independencia de Guayana en 1966 Venezuela pretendía por dos tercios
de su territorio (la zona de Essequibo), una pretension que oficialmente
no ha sido abandonada.

Hay dos variantes posibles para la solución definitiva de la pretensión
territorial de Argentina:

La primera solución – que por su esencia se está aplicando a partir de la
guerra Falkland en adelante – es la anulación paulatina de esta pretensión
hasta el momento en que ella se convertiría (si esto no es todavía un
hecho real) en puramente imaginaria sin ninguna importancia práctica
como lo es por ejemplo la pretensión de Siria por la provincia turca de
Iskenderun (Alexandretta) o la pretensión de Guatemala por Belice, o la
pretensión de Venezuela por Essequibo. Tradicionalmente, la pretensión
por las Malvinas tiene un valor simbólico para los argentinos (como si
fuera parte poco menos que de su identidad nacional) por encima de todas
las ventajas materiales que podrían obtenerse como resultado de una
solución racional por vía de las negociaciones.

En el transcurso del tiempo estas prioridades de Argentina podrían
cambiar en unísono con el desarrollo de los ánimos sociales pero también
es de esperar que la disposición de las islas Falkland de hacer concesiones
materiales disminuya en el futuro. En otras palabras, hasta el momento el
enfoque de Argentina era un ejemplo típico de una estrategia perdedora
del tipo ¨demasiado poco, demasiado tarde¨, en que uno de los países
siempre ofrece algo que antes hubiera sido aceptable pero ya no lo es.

La segunda opción consiste en solucionar el problema por vía de las
negociaciones. Para Argentina ello significaría abandonar su pretensión a
cambio de ciertas concesiones de parte de las islas Falkland, por ejemplo
el establecimiento definitivo de límites de sus zonas económicas
exclusivas en el mar con cambios razonables a favor de Argentina. En
todos los casos, el Convenio sobre el derecho marítimo sugiere un
acuerdo similar referente a la delimitación definitiva aunque si Argentina
no sale con una propuesta realista que sea aceptable para las islas
Falkland, los límites existentes de hecho en este momento resultarían
definitivos. (Hay que decir que los límites establecidos ya comprenden
concesiones considerables para Argentina no siguiendo el principio de la
línea media.) Además en la etapa actual Argentina no aspira a otras
formas existentes de solución como el arbitraje o la sentencia del
Tribunal Internacional de la ONU, evidentemente porque es consciente de
las deficiencias legales de su pretensión.


4.      Experiencia Extranjera[editar]

Antes de señalar algunas variantes para la autodeterminación de las islas
Falkland que podrían surgir como resultado del desarrollo político actual
de las islas, sería correcto mencionar en breve algunas líneas similares de
desarrollo en otros territorios de ultramar autónomos o asociados.

Las islas Normandas (que en realidad representan hoy dos unidades
estatales independientes – Jersey y Guernesey) no son exactamente
unidades autogobernadas del Reino Unido pero sí tienen una relación
estrecha y categóricamente no colonial con Gran Bretaña conservando su
autodeterminación y autonomía local. Al igual que las islas Falkland,
ellas no tienen un sistema de partidos políticos aunque Guernesey se
orienta hacia la forma ministerial de gobierno. Vale la pena mencionar el
hecho de que una característica fundamental de los territorios de ultramar
del Reino Unido como su total autonomía financiera poseen hasta los
territorios estrechamente relacionados con Gran Bretaña y dependientes
de la Corona como las islas Normandas y la isla de Man.

La enseñanza de Gibraltar – que está por ser asimilada – consiste en que
el gobierno británico no está más en condiciones de dominar la voluntad
libre de los territorios de ultramar de Gran Bretaña. Esta enseñanza
influirá sobre el futuro de otros territorios de ultramar
independientemente de la especificidad del caso de Gibraltar.
(Geográficamente Gibraltar está en Europa, es parte de la Unión Europea
etc.) Las contradicciones actuales en el caso de Gibraltar en realidad están
en la base de la necesidad de regular las relaciones entre el Reino Unido y
sus territorios de ultramar sobre la base de un tratado que garantice más
concretamente el hecho de que Foreign Office es el ministerio de asuntos
exteriores de Gibraltar que representa a Gibraltar ante terceros países
como España y no al revés.

En un aspecto más amplio la conducta indignante de Foreign Office
respecto a Gibraltar no se corresponde ni con la orientación principal de
la política exterior del Reino Unido, ni con la voluntad del Parlamento de
Gran Bretaña; ellos envían señales erróneas que podrían estimular el
resurgimiento de diferentes conflictos territoriales en el mundo entero.

La nueva constitución de Gibraltar, aprobada hace poco por la Asamblea
del país, preve un estatuto similar al de un territorio bajo la dependencia
de la Corona como el de las islas Normandas más una eventual
representación en Westminster y en el Parlamento Europeo. La
integración autónoma (devolved integration) con Gran Bretaña cobra
cada vez más popularidad en Gibraltar; según un sondeo reciente de la
opinión pública la mayoría de los gibraltareños apoyan esta idea. La
fórmula fundamental de esta variante es el pleno autogobierno
encargándose el gobierno del Reino Unido de los asuntos exteriores y la
defensa, la ciudadanía (pero no de la inmigración) y las divisas, similar a
las relaciones entre Holanda, las Antillas holandesas y Aruba. Un detalle
importante sería la posibilidad de que estas relaciones sean interrumpidas
unilateralmente por Gibraltar y no por Gran Bretaña.

En el mismo Reino Unido con el autogobierno de Escocia y el País de
Gales llega el turno de cierto autogobierno de Inglaterra introduciendo en
estos momentos una legislación que daría la posibilidad de realizar un
referéndum en las regiones de Inglaterra en cuanto a las asambleas
electorales aunque con poderes legislativos y financieros más modestos
que los de Escocia y el País de Gales. Lo interesante es que los
partidarios de la idea de una asamblea de Yorkshire o de un parlamento
inglés invocan el derecho a la autodeterminación!

Sin embargo, es poco probable que el Reino Unido se convierta en una
federación estándar ya que la descentralización en sus marcos está
acompañada de una considerable asimetría con distinto grado de
autogobierno y ordenamientos constitucionales muy diferentes para
Inglaterra, Escocia, el País de Gales, Ulster, la isla de Man, las islas
Normandas y los territorios de ultramar. La asimetría se ve reforzada por
territorios de ultramar como Georgias del Sur o Akrotiri y Dhekelia que
en esta etapa no tienen población local que sea un sujeto de autogobierno
igual que otros como la isla de la Ascensión o Chagos (territorio británico
en el Océano Índico conocido por la base en la isla de Diego García) que
se encuentran en etapas intermedias de su desarrollo político.

Hay que señalar que incluso en federaciones clásicas como los Estados
Unidos hay (aparte de los cincuenta estados que componen la federación)
componentes asimétricos como Puerto Rico, Guam, las islas Marianas del
Norte, Samoa americana, la parte americana de las islas Virginia y el
mismo distrito federal de Columbia (¨Imposición fiscal sin
representación¨). La mayoría de los mencionados eligen solos
gobernadores que son los jefes de sus gobiernos y tienen también sus
representantes elegidos sin derecho al voto en el Congreso de los Estados
Unidos.

De los territorios europeos de ultramar Aruba y las Antillas holandesas
tienen ministros plenipotenciarios en el Consejo de Ministros de Holanda
sobre los problemas de la defensa, la soberanía nacional, los asuntos
exteriores y la ciudadanía. Ellos no eligen diputados al parlamento
holandés pero envían delegados cuando se aprueban leyes válidas de todo
el reino. Los gobernadores de Aruba y las Antillas holandesas son
habitantes locales. Los tres países – Holanda en Europa, las Antillas
Holandesas que comprenden Bonaire, Curaçao, Saba, San Eustatius y la
parte holandesa de San Martín, y Aruba tienen un voto igual en el Reino
con lo cual lo convierten en una especie de federación.

Según el Tratado de Roma de 1957 con las modificaciones respectivas
introducidas por el Tratado de Maastricht, el Tratado de Amsterdam y el
Tratado de Niza, las Antillas holandesas y Aruba (exactamente igual a los
territorios de ultramar del Reino Unido) se consideran territorios
asociados de la Unión Europea sin ser parte de la misma Unión.
Groenlandia y las islas Faroe eligen dos diputados cada una al Folketing
danés (parlamento). Dinamarca es parte de la Unión Europea pero las
isla Faroe no, mientras que Groenlandia era parte de la Unión antes de
retirarse en 1985.

Las islas Aaland son una provincia autogobernada de la minoría sueca en
Finlandia siendo Finlandia responsable de la política exterior y la
defensa. No obstante, para que los tratados internacionales sean válidos
también de las islas Aaland, tienen que ser aprobados por el Lagting
(Asamblea) de Aaland.


5.      El Futuro de las Islas Falkland[editar]

La forma actual de gobierno de las islas Falkland podría evolucionar en
dos sentidos de autodeterminación: una asociación libre o integración
autónoma y una independencia completa. (Las mencionadas asociación
libre e integración autónoma son por su esencia dos facetas de una misma
variante que de aquí en adelante llamaremos ¨integración autónoma¨.)
Una curiosidad del guión de independencia es el hecho de que las
independientes islas Falkland tendrían dos vecinos inmediatos: Argentina
y … Gran Bretaña (Georgias del Sur).

No es necesario elegir apresuradamente entre las posibles variantes de
autodeterminación. Es mejor que este sea el resultado del desarrollo
natural de las cosas basándose sobre lo que las islas Falkland ya han
alcanzado. La autodeterminación comprende también la libertad de
cambiar de opinión posteriormente ya que las generaciones venideras
pueden tomar otra decisión.

Estoy convencido de que toda futura opción entre la independencia y la
integración autónoma es una opción entre dos variantes buenas y no entre
una buena y otra mala. Este es el lugar de señalar algunos argumentos
que podrían servir de punto de partida para un análisis más detallado:

(1)      Las islas Falkland autogobernadas no perderían a Gran Bretaña
como puerta de entrada a una región mundial tan desarrollada e
importante como Europa, tampoco perderían su status de país asociado a
la Unión Europea. Esta fue probablemente una de las causas por las
cuales Aruba anuló su convenio de independencia con Holanda
conservando en cambio su vínculo constitucional con Holanda/UE;

(2)      Las islas Falkland autogobernadas guardarían las ventajas de
la ciudadanía del Reino Unido/la Unión Europea inclusive el derecho a la
residencia en el Reino Unido/UE, los servicios consulares y de otro tipo
de Foreign Office (¿Cuántas embajadas podrían permitirse las islas
Falkland como país independiente?);

(3)      Las islas Falkland autogobernadas podrían seguir gozando del
mismo grado de seguridad absoluta como el actual garantizado por Gran
Bretaña y, por consiguiente, por los aliados de Gran Bretaña (EEUU y
OTAN) sin par en la esfera de la seguridad. Y al revés, la sobrevivencia
de los estados más pequeños parece depender en sumo grado de sus
vecinos más grandes. En el caso de las islas Falkland ningún convenio
regional con América Latina podría suprimir el peligro de
acontecimientos negativos inesperados en el continente que harían
vulnerables las islas Falkland;

(4)      Las islas Falkland autogobernadas más bien guardarían su
fuerte grupo de influencia en Londres en vez de quedarse solas con sus
posibilidades relativamente modestas para influir sobre los
acontecimientos internacionales que afectan las Islas.

En el caso de que las islas Falkland opten por guardar su relación con
Gran Bretaña, ellas deberían identificar el interés que tiene Gran Bretaña
en esta relación. ¿Qué interés tendría el Reino Unido para guardar un
vínculo constitucional con las islas Falkland? Los sentimientos generados
por la Guerra Falkland siguen vivos y hondos – esta guerra debe haber
cambiado a Gran Bretaña no menos que a las mismas islas Falkland –
pero serán menos expresivos en las generaciones venideras.

Con la acumulación de recursos (por ejemplo, un eventual
descubrimiento de petróleo en cantidades industriales) las islas Falkland
podrían pensar en asumir parte de la carga de la defensa tal como las islas
Normandas aportan medios a la hacienda de Gran Bretaña por los
servicios que ella les presta en la esfera de la defensa y de la política
exterior. Ello naturalmente no significa que por su cuenta corran los
gastos de la guarnición de la base aérea militar de Mount Pleasant o la
defensa asegurada por la Flota Real – es cierto que la gente de Brize
Norton (Inglaterra) no paga por la base aérea militar de Brize Norton sino
que es gravada con tributos para la defensa como todos los demás
ciudadanos del Reino Unido. Con el presupuesto actual para la defensa
que asciende a 32 mil millones de dólares estadounidenses y con una
población de 60 millones de habitantes, los gastos para la defensa serían
alrededor de 533 dólares per cápita de la población, es decir un aporte
equitativo de las islas Falkland no superaría 1,6 millones de dólares
anualmente. Además habría razón para deducir los gastos para las
Fuerzas Armadas locales de las islas Falkland.

En caso de que sea acordado el principio de este aporte, su existencia real
podría adaptarse para tomar en cuenta el hecho de que para las islas
Falkland – a diferencia de las islas Normandas o de la misma Gran
Bretaña – la prioridad queda la edificación de una infraestructura básica
como la red nacional de carreteras, el equipamiento portuario de agua
profunda y eventualmente una segunda población urbana aparte de
Puerto Stanley. (Como subrayó la Consejera Jan Cheek en la discusión que
siguió a mi conferencia, las islas Falkland ya están haciendo un aporte
directo a las Fuerzas Británicas en las islas Falkland; según datos
presentados por ella posteriormente, la suma del aporte actual de las islas
Falkland para la defensa, inclusive para las Fuerzas Armadas de las islas,
asciende a 1,1 millón de dólares aproximadamente – L. I.)

En cuanto a su relación con Europa/UE a través de Gran Bretaña, las islas
Falkland deben expresar una posición más definida en cuanto al grado de
asociación con la Unión Europea que sería el más conveniente para ellos
eligiendo en el abanico desde la plena integración con la UE como
Gibraltar o Guayana francesa hasta la no participación como las islas
Normandas o Groenlandia.

Aparte de los eventuales acuerdos con la Unión Europea, las islas
Falkland pueden adoptar un enfoque flexible previendo también un
acuerdo sobre el comercio con la naciente Area de Libre Comercio de las
Américas (ALCA).

Ello significa que la responsabilidad de Gran Bretaña en la esfera de los
asuntos exteriores cobraría un carácter más formal y técnico siendo la
política exterior una obra del Primer Ministro de las islas y del gabinete
ministerial con un ministro expresamente responsable.

En todo caso no hay ninguna razón para que las islas Falkland realicen su
autodeterminación sobre la base de algo que sea otra cosa que una
evaluación de las ventajas y las pérdidas prácticas que tendría para ellas
cada una de las variantes. Algunos podrían no pensar así. Por ejemplo,
desde el punto de vista argentino la variante de la independencia sería el
mal menor – si no un paso hacia la anexión de las islas, por lo menos una
manera de reducir la presencia territorial de Gran Bretaña en el Atlántico
Suroeste y limitarla a las islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur;
además de que la idea de la integración autónoma es sumamente ajena a
la cultura y la tradición política argentina.

En resumen, en la óptica del desarrollo interior es poco probable que la
independencia traiga a las islas Falkland algo que ellas no hayan logrado
ya o que no puedan lograr mediante el desarrollo natural hacia la
integración autónoma. En un aspecto exterior – que sin embargo influye
en el desarrollo interior – la independencia podría hasta cierto punto
restringir las posibilidades de las islas Falkland de seguir su interés
nacional. Por ello la forma adecuada de la integración autónoma (la
asociación libre) parece conjugar las ventajas de la independencia y la
asociación con un país importante reduciendo al mismo tiempo las
deficiencias respectivas de ambas variantes.


Sofia - Isla Livingston - Ushuaia - Puerto Williams - Punta Arenas
febraio de 2003


Presentado como conferencia pública en Puerto Stanley, Islas Falkland,
la 4 de marcha de 2003.


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