El médico de su honra Acto 1: 3
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| ENRIQUE: |
¿Quién llama?
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| MENCÍA: |
¡Albricias...
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| ENRIQUE: |
¡Válgame el cielo!
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| MENCÍA: |
...que vive tu alteza!
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| ENRIQUE: |
¿Dónde estoy?
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| MENCÍA: |
En parte, a lo menos
donde de vuestra salud
hay quien se huelgue.
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| ENRIQUE: |
Lo creo,
si esta dicha, por ser mía,
no se deshace en el viento,
pues consultando conmigo
estoy, si despierto sueño,
o si dormido discurro,
pues a un tiempo duermo y velo.
Pero ¿para qué averiguo,
poniendo a mayores riesgos
la verdad? Nunca despierte
si es verdad que agora duermo;
y nunca duerma en mi vida
si es verdad que estoy despierto.
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| MENCÍA: |
Vuestra alteza, gran señor,
trate prevenido y cuerdo
de su salud, cuya vida
dilate siglos eternos,
fénix de su misma fama,
imitando al que en el fuego
ave, llama, ascua y gusano,
urna, pira, voz y incendio,
nace, vive, dura y muere,
hijo y padre de sí mesmo;
que después sabrá de mí
dónde está.
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| ENRIQUE: |
No lo deseo;
que si estoy vivo y te miro,
ya mayor dicha no espero;
ni mayor dicha tampoco,
si te miro estando muerto;
pues es fuerza que sea gloria
donde vive ángel tan bello.
Y así no quiero saber
qué acasos ni qué sucesos
aquí mi vida guiaron,
ni aquí la tuya trajeron;
pues con saber que estoy donde
estás tú, vivo contento;
y así, ni tú que decirme,
ni yo que escucharte tengo.
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| MENCÍA: |
(Presto de tantos favores
Aparte
será desengaño el tiempo).
Dígame ahora, ¿cómo está
vuestra alteza?
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| ENRIQUE: |
Estoy tan bueno,
que nunca estuvo mejor;
sólo en esta pierna siento
un dolor.
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| MENCÍA: |
Fue gran caída;
pero en descansando, pienso
que cobraréis la salud;
y ya os están previniendo
cama donde descanséis.
Que me perdonéis, os ruego,
la humildad de la posada;
aunque disculpada quedo...
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| ENRIQUE: |
Muy como señora habláis,
Mencía. ¿Sois vos el dueño
de esta casa?
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| MENCÍA: |
No, señor;
pero de quien lo es, sospecho
que lo soy.
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| ENRIQUE: |
Y ¿quién lo es?
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| MENCÍA: |
Un ilustre caballero,
Gutierre Alfonso Solís,
mi esposo y esclavo vuestro.
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| ENRIQUE: |
¡Vuestro esposo!
Levántase don ENRIQUE
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| MENCÍA: |
Sí, señor.
No os levantéis, deteneos;
ved que no podéis estar
en pie.
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| ENRIQUE: |
Sí puedo, sí puedo.
Sale don ARIAS
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| ARIAS: |
Dame, gran señor, las plantas,
que mil veces todo y beso,
agradecido a la dicha
que en tu salud nos ha vuelto
la vida a todos.
Sale don DIEGO
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