La Saga de Gilgamesh: Tablilla IV
Con su tercer resoplido saltó contra Enkidu, que paró su embestida. Brincó entonces Enkidu hacia lo alto, asiendo el toro del cielo por los cuernos. El toro del cielo le lanzó espuma a la cara, y se la restregó con el rabo. Enkidu hablo a Gilgamesh, y le dijo: “Amigo mío, hemos preciado en mucho nuestras vidas, si hemos ganado enemigos entre los que están en el cielo”. Gilgamesh blandió entonces sus cuatro espadas, y lanzándose hacia el toro del cielo, lo burló por clavarle la espalda en el vientre, pero sólo le hirió, y mientras arrastraba sus entrañas por el suelo de la calle de los mercados, recibió una cornada, y fue arrojado junto a la fuente de la plaza. Enkidu le cortó el rabo con su hacha, pero poco después cayó, y el toro del cielo se dirigió hacia Gilgamesh. Él se levantó, y empuñándo una sola espada pudo hincarla entre el cuello y las astas. Cuando el toro del cielo estuvo muerto, le arrancaron su corazón, y lo ofrecieron ante Sammash. Retrocediendo por rendirle homenaje, ambos se sentaron. Entonces Ishtar subió al muro de la ciudad de Uruk, desde lo más alto de las almenas profirió una maldición: “¡Pobre de Gilgamesh, que me injurió matando al toro del cielo!” Cuando Enkidu oyó estas palabras, arrancó el muslo derecho del toro y se lo arrojó a la cara a la diosa, diciendo: “Si pudiera atraparte, como a él te trataría, ¡Colgaría sus entrañas junto a las tuyas!”. Con esto, Ishtar llamó del templo a las rameras y a las mozas del placer, para que se lamentasen sobre el muslo del toro del cielo.
| El poema de Gilgamesh de Anónimo | |
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