El purgatorio de San Patricio Jornada 1 Cuadro 1: 2
De Wikisource, la biblioteca libre.
| Polonia. |
¡Gran desdicha!
|
| Rey. |
Polonia,
¿qué es eso?
|
| Polonia. |
Esa inconstante Babilonia,
que al cielo se levanta
—tanta es su furia y su violencia tanta—
con un furor sediento
—¿quién ha visto con sed tanto elemento?—
en sus entrañas bárbaras esconde
diversas gentes, donde
a consagrar se atreve
sepulcros de coral, tumbas de nieve
en bóvedas de plata;
porque el dios de los vientos los desata
de la prisión que asisten;
y ellos, sin ley y sin aviso, embisten
a ese bajel, cuyo clarín sonaba,
cisne que sus exequias se cantaba.
Yo, desde aquella cumbre,
que al sol se atreve a profanar la lumbre,
contenta le advertía,
por ver que era Filipo el que venía;
Filipo, que en los vientos, lisonjeras
tus armas, tremolaban sus banderas;
cuando su estrago admiro
y, cada voz envuelta en un suspiro,
desvanecí primero sus despojos,
efeto de mis labios y mis ojos,
porque dieron veloces
más agua y viento en lágrimas y voces.
|
| Rey. |
Pues, dioses inmortales,
¿cómo probáis con amenazas tales
tanto mi sufrimiento?
¿Queréis que suba a derribar violento
ese alcázar azul, siendo segundo
Nembrot, en cuyos hombros
pueda escaparse el mundo,
sin que me caüse asombros
el ver rasgar los senos
con rayos, con relámpagos y truenos?
Dentro Patricio.
|
| Patricio. |
¡Ay de mí!
|
| Leogario. |
Triste voz.
|
| Rey. |
¿Qué es eso?
|
| Capitán. |
A nado
un hombre se ha escapado
de la cruel tormenta.
|
| Lesbia. |
Y con sus brazos dar la vida intenta
a otro infelice, cuando
estaba con la muerte agonizando.
|
| Polonia. |
Mísero peregrino,
a quien el hado trujo, y el destino,
a tan remota parte,
norte vocal, mi voz podrá guiarte
si me escuchas, pues por animarte hablo:
llegad.
Salen mojados Patricio y Ludovico, abrazados los dos,
y caen saliendo cada uno a su parte.
|
| Patricio. |
¡Válgame Dios!
|
| Ludovico. |
¡Válgame el diablo!
|
| Lesbia. |
A piedad han movido.
|
| Polonia. |
Si no es a mí, que nunca la he tenido.
|
| Patricio. |
Señores, si desdichas
suelen mover los corazones dichas,
sucedidas no espero
que pueda hallarse corazón tan fiero
a quien no ablanden. Mísero y rendido,
piedad por Dios a vuestras plantas pido.
|
| Ludovico. |
Yo no, que no la quiero;
que de los hombres ni de Dios la espero.
|
| Rey. |
Decid quién sois; sabremos
la piedad y hospedaje que os debemos.
Y porque no ignoréis quién soy, primero
mi nombre he de decir; porque no quiero
que me habléis indiscretos,
ignorando quién soy, sin los respetos
a que mi vista os mueve,
y sin la adoración que se me debe.
Yo soy el rey Egerio,
digno señor deste pequeño imperio;
pequeño porque es mío,
que hasta serlo del mundo desconfío
de mi valor. El traje,
más que de rey, de bárbaro salvaje
traigo porque quisiera
fiera ansí parecer, pues que soy fiera.
A dios ninguno adoro,
que aun sus nombres ignoro,
ni aquí los adoramos ni tenemos,
que el morir y el nacer sólo creemos.
Ya que sabéis quién soy, y que fue mucha
mi majestad, decid quién sois.
|