El sí de las niñas: 35
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Escena catorceava
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| El sí de las niñas - Acto segundo |
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DOÑA FRANCISCA, RITA
y la pone encima de la mesa.)
| RITA | Mucho silencio hay por aquí. |
| DOÑA FRANCISCA | Se habrán recogido ya... Estarán rendidos. |
| RITA | Precisamente. |
| DOÑA FRANCISCA | ¡Un camino tan largo! |
| RITA | ¡A lo que obliga el amor, señorita! |
| DOÑA FRANCISCA | Sí, bien puedes decirlo: amor... Y yo, ¿qué no hiciera por él? |
| RITA | Y deje usted, que no ha de ser este el último milagro. Cuando lleguemos a Madrid, entonces |
| DOÑA FRANCISCA | Pues en eso consiste todo. Si él fuese un hombre despreciable, ni mi madre hubiera admitido su |
| RITA | ¡Ay!, ahora que me acuerdo... Pues poquito me lo encargó... Ya se ve, si con estos amores tengo |
| DOÑA FRANCISCA | ¿A qué vas? |
| RITA | El tordo, que ya se me olvidaba sacarle de allí. |
| DOÑA FRANCISCA | Sí, tráele, no empiece a rezar como anoche... Allí quedó junto a la ventana... Y ve con |
| RITA | Sí, mire usted el estrépito de caballerías que anda por allá abajo... Hasta que lleguemos a |
| DOÑA FRANCISCA | Te puedes llevar la luz. |
| RITA | No es menester, que ya sé dónde está. (Vase al cuarto de DOÑA IRENE.) |