El sí de las niñas: 46

De Wikisource, la biblioteca libre.
Saltar a: navegación, buscar
Escena octava 2 46
Pág. 46 de 55
El sí de las niñas - Acto tercero none



DON DIEGO No tengo empeño de saber más... Pero de todo

lo que acabo de oír resulta una gravísima
contradicción. Usted no se halla inclinada al
estado religioso, según parece. Usted me
asegura que no tiene queja ninguna de mí, que
está persuadida de lo mucho que la estimo, que
no piensa casarse con otro, ni debo recelar que
nadie me dispute su mano... Pues ¿qué llanto es
ése? ¿De dónde nace esa tristeza profunda, que
en tan poco tiempo ha alterado su semblante de
usted, en términos que apenas le reconozco?
¿Son éstas las señales de quererme
exclusivamente a mí, de casarse gustosa
conmigo dentro de pocos días? ¿Se anuncian así
la alegría y el amor?

(Vase iluminando lentamente del teatro,
suponiendo que viene la luz del día.)

DOÑA FRANCISCA Y ¿qué motivos le he dado a usted para tales

desconfianzas?

DON DIEGO Pues ¿qué? Si yo prescindo de estas

consideraciones, si apresuro las diligencias de
nuestra unión, si su madre de usted sigue
aprobándola y llega el caso de...

DOÑA FRANCISCA Haré lo que mi madre me manda, y me casaré

con usted.

DON DIEGO ¿Y después, Paquita?


DOÑA FRANCISCA Después..., y mientras me dure la vida,

seré mujer de bien.

DON DIEGO Eso no lo puedo yo dudar... Pero si usted me

considera como el que ha de ser hasta la muerte
su compañero y su amigo, dígame usted: estos
títulos, ¿no me dan algún derecho para merecer
de usted mayor confianza? ¿No he de lograr que
usted me diga la causa de su dolor? Y no para
satisfacer una impertinente curiosidad, sino para
emplearme todo en su consuelo, en mejorar su
suerte, en hacerla dichosa, si mi conato y mis
diligencias pudiesen tanto.

DOÑA FRANCISCA ¡Dichas para mí!... Ya se acabaron.


DON DIEGO ¿Por qué?


DOÑA FRANCISCA Nunca diré por qué.


DON DIEGO Pero ¡qué obstinado, qué imprudente silencio!...

Cuando usted misma debe presumir que no
estoy ignorante de lo que hay.

DOÑA FRANCISCA Si usted lo ignora, señor don Diego, por Dios no

finja que lo sabe; y si en efecto lo sabe usted, no
me lo pregunte.

DON DIEGO Bien está. Una vez que no hay nada que decir,

que esa aflicción y esas lágrimas son
voluntarias, hoy llegaremos a Madrid, y dentro
de ocho días será usted mi mujer.

DOÑA FRANCISCA Y daré gusto a mi madre.


DON DIEGO Y vivirá usted infeliz.


DOÑA FRANCISCA Ya lo sé.


<<<
>>>
El sí de las niñas del Leandro Fernández de Moratín

Advertencia

Acto primero - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Acto segundo - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX - X - XI - XII - XIII - XIV - XV - XVI

Acto tercero - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX - X - XI - XII - XIII