El sí de las niñas: 55

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Escena treceava 55
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El sí de las niñas - Acto tercero none


DON CARLOS, DON DIEGO, DOÑA IRENE, DOÑA FRANCISCA, RITA


(Sale DON CARLOS del cuarto precipitadamente; coge de un
brazo a DOÑA FRANCISCA, se la lleva hacia el fondo del teatro
y se pone delante de ella para defenderla. DOÑA IRENE se
asusta y se retira.)


DON CARLOS Eso no... Delante de mí nadie ha de ofenderla.


DOÑA FRANCISCA ¡Carlos!


DON CARLOS Disimule

(A DON DIEGO)
usted mi atrevimiento... He visto que la insultaban, y no
me he sabido contener.

DOÑA IRENE ¿Qué es lo que me sucede Dios mío?... ¿Quién

es usted?... ¿Qué acciones son éstas?... ¡Qué
escándalo!

DON DIEGO Aquí no hay escándalos... Ese es de quien su

hija de usted está enamorada... Separarlos y
matarlos viene a ser lo mismo... Carlos... No
importa... Abraza a tu mujer.
(Se abrazan DON CARLOS y DOÑA FRANCISCA,
y después se arrodillan a los pies de DON DIEGO.)

DOÑA IRENE ¿Conque su sobrino de usted?...


DON DIEGO Sí, señora, mi sobrino, que con sus palmadas, y

su música, y su papel, me ha dado la noche más
terrible que he tenido en mi vida... ¿Qué es esto,
hijos míos, qué es esto?

DOÑA FRANCISCA ¿Conque usted nos perdona y nos hace felices?


DON DIEGO. Sí, prendas de mi alma... Sí. Texto

(Los hace levantar con expresión de ternura.)

DOÑA IRENE ¿Y es posible que usted se determina a hacer un

sacrificio?...

DON DIEGO Yo pude separarlos para siempre, y gozar

tranquilamente la posesión de esta niña amable;
pero mi conciencia no lo sufre... ¡Carlos!...
¡Paquita!... ¡Qué dolorosa impresión me deja en
el alma el esfuerzo que acabo de hacer!...
Porque, al fin, soy hombre miserable y débil.

DON CARLOS (Besándole las manos.)

Si nuestro amor, si nuestro agradecimiento pueden bastar
a consolar a usted en tanta pérdida...

DOÑA IRENE ¡Conque el bueno de don Carlos! Vaya que...


DON DIEGO Él y su hija de usted estaban locos de amor,

mientras que usted y las tías fundaban castillos
en el aire, y me llenaban la cabeza de ilusiones,
que han desaparecido como un sueño... Esto
resulta del abuso de la autoridad, de la opresión
que la juventud padece; estas son las
seguridades que dan los padres y los tutores, y
esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas...
Por una casualidad he sabido a tiempo el error
en que estaba... ¡Ay de aquellos que lo saben
tarde!.

DOÑA IRENE En fin, Dios los haga buenos, y que por muchos

años se gocen... Venga usted acá, señor, venga
usted, que quiero abrazarle.
(Abrazando a DON CARLOS. DOÑA FRANCISCA se
arrodilla y besa la mano a su madre.)
Hija, Francisquita. ¡Vaya! Buena elección has tenido...
Cierto que es un mozo galán... Morenillo, pero tiene un
mirar de ojos muy hechicero.

RITA Sí, dígaselo usted, que no lo ha reparado la

niña... Señorita, un millón de besos.
(Se besan DOÑA FRANCISCA y RITA.)

DOÑA FRANCISCA Pero, ¿ves qué alegría tan grande?...

¡Y tú, como me quieres tanto!... Siempre, siempre
serás mi amiga.

DON DIEGO Paquita hermosa

(Abraza a DOÑA FRANCISCA),
recibe los primeros abrazos de tu nuevo padre...
No temo ya la soledad terrible que amenazaba a mi vejez...
Vosotros
(Asiendo de las manos a DOÑA FRANCISCA y a DON CARLOS)
seréis la delicia de mi corazón; y el primer fruto de
vuestro amor... sí, hijos, aquél....
no hay remedio, aquél es para mí. Y cuando le
acaricie en mis brazos, podré decir: a mí me
debe su existencia este niño inocente; si sus
padres viven, si son felices, yo he sido la causa.

DON CARLOS ¡Bendita sea tanta bondad!


DON DIEGO Hijos, bendita sea la de Dios.



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El sí de las niñas del Leandro Fernández de Moratín

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