Imágenes del pecado

De Wikisource, la biblioteca libre.


Imágenes del pecado
de Evaristo Carriego



Enfermizas plenitudes 
          de emociones amatorias, 
modernismo de lo Raro, 
          de embriagueces ilusorias, 
que disfrazan las crudezas de sus credos materiales, 
como fórmulas severas 
          de blasones impolutos, 
          que, discretos, disimulan 
          los salvajes atributos, 
las paganas desnudeces de las fuerzas germinales. 


Rosa-estigma que en los labios 
          han dejado los orfebres 
de la Ardencia. Bestias malas 
          de lascivias y de fiebres, 
que no doman los actuales filosóficos Orfeos, 
acechando por las noches 
          los oficios sigilosos... 
por las noches consteladas 
          de los besos milagrosos 
que deshacen en las bocas el rubí de los deseos... 


Predilecta medianoche 
          vagamente ensoñativa, 
que ha exhumado un bello libro 
          de lectura sugestiva, 
de encubiertas entrelíneas de extravíos irreales... 
¡Oh, curiosa, febriciente 
          cabecita conturbada, 
que en los tibios abandonos 
          delatados en la almohada 
se fecunda de las sabias poluciones cerebrales! 


¡Oh, cuán negros los hastíos 
          de las púberes sensuales! 
-¡Oh, cuán largas las esperas 
          de los pálidos nupciales, 
en los ratos aburridos de cloróticas visiones... 
cuando creen que las abejas 
          evocadas vendrán, fieles, 
a traerles, compasivas, 
          con sus vinos y sus mieles, 
las cantáridas nocturnas de las fuertes obsesiones!... 


Voz fatal que en los gentiles 
          Evangelios de Afrodita, 
          al cenáculo vedado 
          de su roja mesa invita. 
¡Oh, furtivas comuniones en los cultos que revelan 
el peligro imaginable 
          de las hostias consagradas 
donde, lívidas, se ocultan 
          las cabezas desmayadas 
de los duendes cautelosos que en la extraña misa velan!... 


Neurasténica enclaustrada 
          cuyos lirios de pureza 
ha violado sin esfuerzo 
          la triunfal Naturaleza: 
Esa siempre parturienta, santamente dolorida. 
-Fue la hora en que cayeron 
          deshojados los claveles, 
que, al sangrar las castidades 
          en los tálamos crueles 
los augurios se regaron con los filtros de la Vida-. 


Virgen mística de celda, 
          brasa blonda de incensario, 
fiel ritual de oscurantismo, 
          fría imagen de santuario, 
por la fe de su locura tonsurada contra el Vicio, 
que ha sentido en los insomnios 
          conmover su paz austera 
un satánico deseo 
          de su sangre de soltera, 
de su palma que claudica del inútil sacrificio. 


Delicada sensitiva 
          en los cálidos antojos 
que se burla de la ausencia 
          de la luz de los sonrojos... 
Que exaltando sus caprichos -¡los diabólicos, los tiernos!... 
al Cantar de los Cantares, 
          siempre nuevo en sus caricias, 
sabe ungir de la gloriosa 
          caridad de sus delicias 
a las vértebras que sufren el horror de los inviernos. 


Favorita de Nirvana, 
          de los vinos superfinos, 
espasmódica del éter, 
          que ilustró los pergaminos 
de la nueva aristocracia del hatchís y la morfina: 
Ofertorio inconfesable 
          de exquisita delincuencia 
generosa, sorprendente, 
          bien gustada quintaesencia 
de ilusión por el pecado de la copa clandestina... 


Pubertad de conventillo 
          que, en su génesis, halaga 
la teoría lamentable 
          del harapo y de la llaga, 
silenciando la inconsciente repulsión a lo maldito... 
Alentadas bizarrías 
          de muchacha sensiblera, 
que presume ingenuamente 
          de Manón arrabalera, 
suavemente flagelada por las sedas del Delito. 


Cortesana de suburbio, 
          que se sabe mustia y vieja 
y olvidar quiere los hondos 
          desconsuelos de su queja, 
palpitante, en su derrota, por la última aventura, 
que, al cruzar los barrios bajos 
          en la tarde de la cita, 
va creyendo ser la triste, 
          la incurable Margarita 
que abandona con la muerte su romántica locura. 


Torturada visión breve 
          del amor de una heroína 
del prostíbulo y la cárcel: 
          roja flor de guillotina, 
que ha soñado con un novio que la finge una azucena: 
con un blondo Nazareno 
          que la mueve a inevitable 
santa senda arrepentida, 
          -de intuición insospechable- 
a seguir su religiosa vocación de Magdalena. 


Bella trágica historiada, 
          Salomé del histerismo, 
portadora de extrañezas 
          del país del exotismo, 
iniciada en el secreto de las cláusulas suicidas, 
que, en sus largas devociones 
          por las fiestas misteriosas, 
por las torpes confidencias 
          y las pautas tenebrosas, 
comulgó con los maestros de las músicas prohibidas. 


¡Oh, las pascuas de las carnes 
          bondadosas, que florecen 
por aquellas que concluyen... 
          por aquellas que envejecen! 
¡Oh, los siete ángeles malos! ¡Oh, los ángeles propicios 
al exvoto de las manos 
          sabiamente extenuativas, 
que degüellan las palomas 
          de las blancas rogativas, 
en las vísperas sangrientas de los negros sacrificios! 
Herramientas personales