Job: Capítulo 17
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- Mi aliento se agota, mis días se apagan sólo me queda el cementerio.
- ¿No estoy a merced de las burlas, y en amarguras pasan mis ojos las noches?
- Coloca, pues, mi fianza junto a ti, ¿quién, si no, querrá chocar mi mano?
- Tú has cerrado su mente a la razón, por eso ninguna mano se levanta
- Como el que anuncia a sus amigos un reparto, cuando languidecen los ojos de sus hijos,
- me he hecho yo proverbio de las gentes, alguien a quien escupen en la cara.
- Mis ojos se apagan de pesar, mis miembros se desvanecen como sombra.
- Los hombres rectos quedan de ello asombrados, contra el impío se indigna el inocente;
- el justo se afianza en su camino, y el de manos puras redobla su energía.
- Pero, vosotros todos, volved otra vez, ¡no hallaré un solo sabio entre vosotros!
- Mis días han pasado con mis planes, se han deshecho los deseos de mi corazón.
- Algunos hacen de la noche día: se acercaría la luz que ahuyenta las tinieblas.
- Mas ¿qué espero? Mi casa es el seol, en las tinieblas extendí mi lecho.
- Y grito a la fosa: "¡Tú mi padre!", a los gusanos: "¡Mi madre y mis hermanos!"
- ¿Dónde está, pues, mi esperanza? y mi felicidad ¿quién la divisa?
- ¿Van a bajar conmigo hasta el seol? ¿Nos hundiremos juntos en el polvo?
| La Biblia - Antiguo Testamento - Job | |
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