Job: Capítulo 41
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- ¡Sería vana tu esperanza porque su vista sola aterra!
- No hay audaz que lo despierte, ¿y quién podrá resistir ante él?
- ¿Quién le hizo frente y quedó salvo? ¡Ninguno bajo la capa de los cielos!
- Mencionaré también sus miembros, hablaré de su fuerza incomparable.
- ¿Quién rasgó la delantera de su túnica y penetró en su coraza doble?
- ¿Quién abrió las hojas de sus fauces? ¡Reina el terror entre sus dientes!
- Su dorso son hileras de escudos, que cierra un sello de piedra.
- Están apretados uno a otro, y ni un soplo puede pasar entre ellos.
- Están pegados entre sí y quedan unidos sin fisura.
- Echa luz su estornudo, sus ojos son como los párpados de la aurora.
- Salen antorchas de sus fauces, chispas de fuego saltan.
- De sus narices sale humo, como de un caldero que hierve junto al fuego.
- Su soplo enciende carbones, una llama sale de su boca.
- En su cuello se asienta la fuerza, y ante él cunde el espanto.
- Son compactas las papadas de su carne: están pegadas a ella, inseparables.
- Su corazón es duro como roca, resistente como piedra de molino.
- Cuando se yergue, se amedrentan las olas, y las ondas del mar se retiran.
- Le alcanza la espada sin clavarse, lo mismo la lanza, jabalina o dardo.
- Para él e hierro es sólo paja, el bronce, madera carcomida.
- No le ahuyentan los disparos del arco, cual polvillo le llegan las piedras de la honda.
- Una paja le parece la maza, se ríe del venablo que silba.
- Debajo de él tejas puntiagudas: un trillo que va pasando por el lodo.
- Hace del abismo una olla borbotante, cambia el mar en pebetero.
- Deja tras sí una estela luminosa, el abismo diríase una melena blanca.
- No hay en la tierra semejante a él, que ha sido hecho intrépido.
- Mira a la cara a los más altos, es rey de todos los hijos del orgullo.
| La Biblia - Antiguo Testamento - Job | |
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