La Vuelta de Martín Fierro: 23
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- 902 - Un nápoles mercachifle que andaba con un arpista, cayó también en la lista sin dificultá ninguna: lo agarré a la treinta y una y le daba bola vista. - 903 - Se vino haciendo el chiquito, por sacarme esa ventaja; en el pantano se encaja aunque robo se le hacía, lo cegó Santa Lucía y desocupó las cajas. - 904 - Lo hubieran visto afligido llorar por las chucherías. «Ma gañao con picardía» decía el gringo y lagrimiaba, mientras yo en un poncho alzaba todita su merchería. - 905 - Quedó allí aliviao del peso sollozando sin consuelo, había caído en el anzuelo tal vez porque era domingo, y esa calidá de gringo no tiene santo en el cielo. - 906 - Pero poco aproveché de fatura tan lucida: el diablo no se descuida, y a mí me seguía la pista un ñato muy enredista que era Oficial de partida. - 907 - Se me presentó a esigir la multa en que había incurrido, que el juego estaba prohibido que iba a llevarme al cuartel. Tube que partir con él todo lo que había alquirido. - 908 - Empezó a tomarlo entre ojos por esa albitrariedá; yo había ganao, es verdá, con recursos, eso sí; pero él me ganaba a mí fundao en su autoridá. - 909 - Decían que por un delito mucho tiempo andubo mal; un amigo servicial lo compuso con el Juez, y poco tiempo después lo pusieron de Oficial. - 910 - En recorrer el partido continuamente se empleaba. Ningún malevo agarraba pero traía en un carguero, gallinas, pavos, corderos que por ay recoletaba. - 911 - No se debía permitir el abuso a tal estremo: mes a mes hacía lo mesmo, y ansí decía el vecindario, «este ñato perdulario ha resucitao el diezmo.» - 912 - La echaba de guitarrero y hasta de concertador: sentao en el mostrador lo hallé una noche cantando, y le dije -co... mo... quiando con ganas de oír un cantor. - 913 - Me echó el ñato una mirada que me quiso devorar, mas no dejó de cantar y se hizo el desentendido, pero ya había conocido que no lo podía pasar. - 914 - Una tarde que me hallaba de visita... vino el ñato, y para darle un mal rato dije fuerte... «Ña... to... ribia no cebe con la agua tibia.» Y me la entendió el mulato. - 915 - Era el todo en el Juzgao, y como que se achocó ay nomás me contestó: «cuanto el caso se presiente te he de hacer tomar caliente y has de saber quién soy yo.» - 916 - Por causa de una muger se enredó más la cuestión; le tenía el ñato afición, ella era muger de ley, moza con cuerpo de güey muy blanda de corazón. - 917 - La hallé una vez de amasijo, estaba hecha un embeleso: y le dije... «Me intereso en aliviar sus quehaceres, y ansí, señora, si quiere yo le arrimaré los güesos.» - 918 - Estaba el ñato presente sentado como de adorno. Por evitar un trastorno ella al ver que se dijusta, me contestó... «si usté gusta arrímelos junto al horno.» - 919 - Ay se enredó la madeja y su enemistá conmigo; se declaró mi enemigo, y por aquel cumplimiento ya sólo buscó el momento de hacerme dar un castigo. - 920 - Yo veía que aquel maldito me miraba con rencor buscando el caso mejor de poderme echar el pial; y no vive más el lial que lo que quiere el traidor. - 921 - No hay matrero que no caiga, ni arisco que no se amanse. Ansí, yo, dende aquel lance no salía de algún rincón tirao como el San Ramón después que se pasa el trance.
| La Vuelta de Martín Fierro de José Hernández | |
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