La lucha por la vida III: 042
|
II
Pág. 042 de 127
|
| La lucha por la vida III Segunda parte | Pío Baroja |
|---|
El domingo siguiente llegó Manuel tarde a la reunión; hacía un hermoso tiempo de invierno, y Manuel y la Salvadora lo aprovecharon para pasear.
Cuando entró Manuel en el juego de bolos, la discusión estaba en su período álgido.
-Qué tarde -le dijo el Madrileño-; te has perdido la gran juerga; pero, en fin, todavía continúa.
Las caras estaban congestionadas.
-¿Quiénes son los que discuten?
-El Estudiante, Prats y ese jorobado amigo tuyo. El jorobado era Rebolledo.
-Lo que proclamamos nosotros -decía el estudiante Maldonado con voz iracunda- es el derecho al bienestar de todos.
-Ese es el derecho que yo no veo por ningún lado -replicó Rebolledo, padre.
-Pues yo, sí.
-Pues yo, no. Para mí, tener derecho y no poder, es como no tener derecho. Todos tenemos derecho al bienestar; todos tenemos derecho a edificar en la Luna. ¿Pero podemos? ¿No? Pues es igual que si no tuviéramos derecho.
-Se pueda o no se pueda, el derecho es el mismo -replicó Maldonado.
-Claro -dijo Prats.
-No, claro no -y el jorobado agitó enérgicamente la cabeza con vigorosos signos negativos-, porque el derecho de la persona varía con los tiempos y hasta con los países.
-El derecho es siempre el mismo -afirmó el grupo jacobino.
-Pero ¿cómo antes se podía haces una cosa, por ejemplo, tener esclavos, y ahora no? -preguntó el jorobado.
-Porque las leyes eran malas.
-Todas las leyes son malas -afirmó rotundamente el Libertario.
Las leyes son como los perros que hay en el Tercer Depósito -dijo con ironía el Madrileño-; ladran a los que llevan blusa y mala ropa.
-Si se suprimiera el Estado y las leyes -afirmó uno de los circunstantes- los hombres volverían a ser buenas personas.
-Esa es otra cuestión -repuso con desdén Maldonado-; yo le contestaba al señor -y señaló a Rebolledo-, y, ¡la verdad!, no recuerdo lo que decía.
-Usted decía -dijo el jorobado- que las leyes antiguas, que permitían tener esclavos, eran malas, y yo digo que no; lo que sí afirmo es que si volvieran aquellas leyes volvería a haber el derecho de tener esclavos.
-No ...; la ley es una cosa; el derecho es otra.
-El derecho es lo que a cada uno le corresponde naturalmente como hombre... Todos tenemos derecho a la vida; creo que no lo negará usted.
-Ni lo niego ni lo afirmo...; pero que mañana vengan los negros, por ejemplo, a Madrid, y, a éste quiero y a éste no quiero, empiecen a cortar cabezas, ¿qué hace usted con el derecho a la vida?
-Podrán quitar la vida, no el derecho a la vida -replicó Prats. -¿De modo que estará uno muerto, pero tendrá derecho a la vida?
Aquí, en Madrid, todo se resuelve con chistes -dijo el catalán enfadado.
-No, no es un chiste; es una aplicación de lo que ustedes dicen.
-Es usted un reaccionario.
-Yo discuto como puedo. Presento mis argumentos, y por ahora no me han convencido.
-Pero ¿es que usted no cree -gritó Maldonado- que todo el que nace tiene derecho a vivir?