La romanza
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Ahora, te visitan pensamientos que no ahuyentarás jamás; ahora surgen ante ti visiones que no se desvanecerán jamás; jamás ellas dejarán tu espíritu, pero se fijarán como gotas de rocío sobre la hierba.
La brisa, —esa respiración de Dios,— reposa inmóvil, y la bruma que se extiende como una sombra sobre la colina, —como una sombra cuyo velo no se ha desgarrado todavía,— resulta así un símbolo y un signo. Como logra permanecer suspendida a los árboles, ese es el misterio de los misterios!
LA ROMANZA
¡Oh romanza que gustas cantar, la frente adormecida y las alas plegadas, entre las hojas verdes agitadas a lo lejos sobre algún lago umbrío, tú has sido para mí un papagayo de vivos colores, un pájaro nmy familiar; tú me has enseñado a leer mi alfabeto, a [ pág. ]balbucear todas mis primeras palabras, mientras que, niño de mirada sagaz, me hundia en huraños bosques.
En estos últimos tiempos, el eterno Cóndor de los tiempos ha estremecido de tal modo mi cielo hasta en sus alturas, agrandando el tumulto producido por el pasaje y la huida de los años, y tengo tan obstinadamente los ojos fijos en el inquietante horizonte, que no me queda tiempo para mis dulces ocios.