Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas

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Las aventuras de Alicia

en el País de las Maravillas


de


Lewis Carroll


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Índice


AliciaPaisMaravillas.jpg


Capítulo I - En la madriguera del conejo

Capítulo II - El charco de las lágrimas

Capítulo III - Una carrera loca y una larga historia

Capítulo IV - La casa del conejo

Capítulo V - Consejos de una oruga

Capítulo VI - Cerdo y pimienta

Capítulo VII - Una merienda de locos

Capítulo VIII - El croquet de la reina

Capítulo IX - La historia de la Falsa Tortuga

Capítulo X - El baile de la Langosta

Capítulo XI - ¿Quién robó las tartas?

Capítulo XII - La declaración de Alicia


A través de la tarde color de oro

el agua nos lleva sin esfuerzo por nuestra parte,
pues los que empujan los remos
son unos brazos infantiles
que intentan, con sus manitas
guiar el curso de nuestra barca.


Pero, ¡las tres son muy crueles!
ya que sin fijarse en el apacible tiempo
ni en el ensueño de la hora presente,
¡exigen una historia de una voz que apenas tiene aliento,
tanto que ni a una pluma podría soplar!
Mas, ¿qué podría una voz tan débil
contra la voluntad de las tres?


La primera, imperiosamente, dicta su decreto:
"¡Comience el cuento!"
La segunda, un poco más amable, pide
que el cuento no sea tonto,
mientras que la tercera interrumpe la historia
nada más que una vez por minuto.


Conseguido al fín el silencio,
con la imaginación las lleva,
siguiendo a esa niña soñada,
por un mundo nuevo, de hermosas maravillas
en el que hasta los pájaros y las bestias hablan
con voz humana, y ellas casi se creen estar allí.


Y cada vez que el narrador intentaba,
seca ya la fuente de su inspiración
dejar la narración para el día siguiente,
y decía: "El resto para la próxima vez",
las tres, al tiempo, decían: "¡Ya es la próxima vez!"


Y así fue surgiendo el "País de las Maravillas",
poquito a poco, y una a una,
el mosaico de sus extrañas aventuras.
Y ahora, que el relato toca a su fín,


También el timón de la barca nos vuelve al hogar,
¡una alegre tripulación, bajo el sol que ya se oculta!


Alicia, para tí este cuento infantil.
Ponlo con tu mano pequeña y amable
donde descansan los cuentos infantiles,
entrelazados, como las flores ya marchitas
en la guirnalda de la Memoria.
Es la ofrenda de un peregrino
que las recogió en países lejanos.

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