Las inquietudes de Shanti Andía: 038

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Las inquietudes de Shanti Andía - Libro segundo Pío Baroja


-Necesito una hora para preparar todo esto -dijo el montañés.

-Muy bien -contestó el capitán-. Le concedemos a usted la hora.

-Pueden ustedes dar una vuelta si quieren.

-No, no. ¿Para qué? Tráigase usted una botella de manzanilla de Sanlúcar y unas aceitunas.

Bebimos los dos, y de pronto me dijo don Ciiíaco:

-Mira, pilotín; te he presentado a Hortensia y a don Matías porque te pueden servir.

-¡Muchas gracias! -repuse yo.

-Espérate. Aquí tienes que quedarte un año; no conoces a nadie y es conveniente que, en caso de necesidad, puedas dirigirte a alguien; pero te voy a contar la historia de Hortensia para que sepas a qué atenerte.

-¡Demonio! Tiene historia.

-Tú verás. Hortensia es vizcaína, de un pueblo próximo a Bilbao. Su padre era un contramaestre a quien llamaban el Griego. Probablemente lo sería; algún aventurero que llegó al pueblo y se casó. La bella Hortensia tenía pretensiones, era muy hermosa y no quería casarse con un cualquiera. Después de todo, hacía bien. En esto, un amigo mío, Fermín Menchaca, capitán de barco metido a comerciante en Cádiz, fue al pueblo, donde acababa de morir su padre, que era patrón de una lancha; vio a Hortensia y se enamoró de ella. Menchaca no estaba dispuesto a casarse, ni tampoco a dejar a Hortensia. La llenó de regalos y de joyas. Ella dijo que no a todo. O su mujer o nada. Menchaca prometió hacerla su mujer y Hortensia cedió.

En el momento del matrimonio, Menchaca, que era voluble, se escapó del pueblo, dejando a Hortensia embarazada.

La muchacha, nada tímida, al ver su abandono, vendió las joyas que le había regalado el amante y se presentó con su hija en Cádiz. Menchaca estaba en Filipinas; Hortensia fue a Filipinas, encontró a Menchaca y le obligó a cagarse con ella.

Menchaca era un hombre exaltado, atrevido, con ideas geniales, capaz de cosas buenas y de cosas malas. Menchaca no era un hombre completo; creía como en un artículo de fe en esa simpleza de que a las mujeres no hay que tomarlas en serio. Te lo dice un viejo, y un viejo solterón que ha adorado a las mujeres; Shanti, no creas nada de lo que digan ellas, y menos lo que te digan de ellas. No creas que una mujer es, por serlo, débil o tímida o poco inteligente. El sexo es una indicación muy vaga y las variaciones son infinitas. Si quieres saber cómo es una mujer, primeramente no te enamores de ella; después estúdiala con tranquilidad, y cuando la conozcas bien..., te pasará que ya no te importará nada por ella.

-Trataré de seguir su consejo.

-Si puedes, pilotín; si puedes... Como iba diciendo, a pesar de que Menchaca tenía medios de comprobar. que Hortensia era un carácter, no quiso verlo ni reconocerlo. Menchaca se había asociado con este don Matías Cepeda que has visto; asociación extraña desde el punto de vista del carácter, porque Menchaca era un hombre atrevido y lleno de iniciativas, y, por el contrario, Cepeda es el tipo vulgar del comerciante escamón que va marchando rutinariamente sobre seguro. Cepeda es un asturiano que vino aquí sin un cuarto y hoy tiene una gran fortuna.

-Pues eso, don Ciríaco, no me parece de tontos.

-Pero, ¿tú sabes por qué medio ha hecho Cepeda su fortuna?

-No.

-Pues con su físico.

-¿Con su físico? Tiene gracia.

-Sí, con su físico. Tú dirás que no es un Adonis; pero la fealdad de un hombre no es casi nunca un obstáculo. Cepeda llegó a Cádiz, de sus montañas de Asturias, y entró de dependiente en un gran almacén de azúcar, de café y de cacao de la calle de la Aduana; luego se casó con la dueña, y ésta, al morir, le instituyó heredero único, con lo que quedó viudo y riquísimo.


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