Las mujeres de la independencia: 06

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Las mujeres de la independencia Vicente Grez



V


Luisa Recabárren.


 Uno de los salones mas célebres durante la época de la independencia fué el de la señora Luisa Recabárren de Marin, no solo por la hermosura i talento de la dama que en él hacia los honores, sino mui principalmente por la importancia de las personas que ahí se reunian.

 Podria decirse que ese salon fué el verdadero centro de los hombres de letras i de los pensadores de la revolucion. Camilo Henriquez descollaba en él como figura estraña i dominadora; su conversacion animada i fecunda agradaba a todos, especialmente a las mujeres a quienes seducia el contraste de la palabra ardiente con la fisonomía melancólica del fraile. Parecia un hombre dominado por una profunda pasión: sí, padecia de mal de patria — seguian despues el doctor Vera, que podríamos llamar el poeta de la revolucion; hombre fino i amable, tímido ántes de la lucha, pero que no carecia de cierto valor en medio de la accion; Argomedo, carácter frio en apariencias pero apasionado en el fondo; Mackenna, figura caballeresca i galante, que tan trájico fin habia de tener en el duelo con Luis Carrera; Irisarri, crítico i polemista eminente, diplomático i hombre de estado. Tales eran las figuras principales de aquel salón histórico.

 En medio de esa sociedad brillante, Luisa Recabárren ejercia el encantador dominio que dá la belleza unida a las altas dotes del espíritu i del corazon. Seducido por tantos atractivos, un hombre de mérito, don Gaspar Marin, que despues habia de representar un gran papel en la revolucion, la hizo su esposa. Ella se casó enamorada; habia encontrado por fortuna un hombre que realizaba sus sueños de mujer; Marin, casi tan jóven como ella, poseia ademas esa otra juventud eterna que jamas se marchita con los años, la juventud de las grandes ideas i deseos.

 En 1810, al iniciarse la revolucion, Marin tenia 33 años [1] i apesar de su juventud era uno de los hombres mejor preparados por el estudio para lanzarse en medio del torbellino de la gran lucha. Carácter firme, valiente, siempre dueño de sí mismo, sus compañeros de colejio le habian baustizado con el título de el romano. En su juventud su lectura favorita habia sido las Vidas de Plutarco, o la Biblia de los fuertes, como dice Michelet. Despues se apasionó de Rousseau, bebiendo en él su elocuencia i sus principios.

 La intimidad de Luisa con aquel hombre ilustre contribuyó a desarrollar sus fuerzas intelectuales elevándolas a una grande altura. Fué una de las mujeres de su época que conoció mejor la literatura francesa, cuyo idioma poseia con perfeccion; brillante en la conversacion i en la polémica, discutia cualquier asunto social o histórico, político o relijioso, con una elevacion de criterio que asombraba a los hombres eminentes que frecuentaban su salon. Se asegura que fué ella, durante muchos años, el solo maestro de sus hijos: el éxito que obtuvo de su enseñanza es bien conocido, pues de ese hogar cariñoso salieron intelijencias que han honrado a la república: Ventura Marin, el escritor i filósofo austero que consagró su vida a la meditación i al estudio; Francisco; orador de mérito i hombre público de acrisolada virtud; Mercedes, una de la poetisas mas inspiradas i fecundas de América.

 La reconquista española ofreció a Luisa Recabárren la oportunidad de dar a conocer las dotes admirables de su corazon; ante el triste espectáculo que ofrecia la ruina de la grandiosa obra de nuestra independencia, ella no se abatió un solo instante; tenia profunda fé en el resultado final de la empresa, i cuando todo parecia perdido, Luisa aseguraba que era imposible volver a esclavizar a un pueblo que habia probado, siquiera por una hora, las delicias de la libertad. Seria cuestion de mas sacrificios i de mas sangre, pero nunca se lograria borrar del corazon del pueblo el ideal de su independencia.

 En octubre de 1814, cuando los españoles victoriosos perseguian a los patriotas como el tigre persigue a su presa, Marin se vió obligado a ocultarse en un asilo retirado. Luisa siguió viviendo en su casa; pero por la noche se deslizaba sola por las sombrías calles hasta llegar al apartado rincon en que se ocultaba el ilustre patriota. Algunas rápidas horas de felicidad dulcificaban los pesares de aquel noble infortunio. Sin embargo, estas entrevistas, tanto mas adorables cuanto que eran arrancadas al peligro, no pudieron repetirse mucho, i Marin decidió emigrar, como tantos otros, al otro lado de los Andes.

 Luisa Recabárren tuvo que luchar desde entónces con una doble adversidad: la completa falta de recursos (sus bienes estaban confiscados por el gobierno español), i el golpe dado a su corazon con la ausencia de su esposo; pero los espíritus heróicos recobran nuevos brios en medio de las grandes desgracias.

 Desafiando todos los peligros que la amenazaban, Luisa comunicaba a su esposo los acontecimientos políticos que podian interesar a los planes de los emigrados, recibiendo de él igual retribución. Cada vez que una carta de Mendoza llegaba a sus manos buscaba cautelosamente a los patriotas o los reunia en su casa para darles cuenta de lo que su esposo le referia, reanimando así el abatido espíritu de algunos.

 La propaganda de esta mujer animosa no tardó en llegar a los oidos de Marcó; se la supuso en correspondencia con Manuel Rodriguez, porque entre los papeles de éste, capturados en Melipilla, se citaba a la señora Recabárren «como una de las personas que se encontraban presentes a la lectura de cierta carta circunstanciada de San Martín». Marcó creyó que la clave con la cual podria descifrar los nombres de las personas comprometidas en estas correspondencias, se encontraba en poder de Luisa Recabárren, (i parece que lo estaba realmente), i exijió de ella la entrega de ese importante medio de desbaratar la revolucion; pero todas las amenazas fueron inútiles. A fin de doblegar su carácter se la condujo presa al Monasterio las de Agustinas, el 4 de enero de 1817, miéntras se seguian los trámites de su proceso.

 La hermosa prisionera debió sufrir amargamente en su encierro, pues en esos asilos monásticos se conservaba poderoso el viejo espíritu feudal de la colonia. Las revoluciones del pensamiento se estrellan siempre al pié de estos muros inamovibles sin que logren conmoverlos, coma se estrellan las olas del océano contra las grandes rocas.

 Pocos dias despues, el 12 de febrero, la señora Recabárren salia triunfante de su prisión; la república habia vencido a la colonia i Luisa podia ver realizado su ideal de patria.

 ¡Grandiosa época! Cuán dignas de ser amadas, de ser adoradas de rodillas, eran aquellas nobles mujeres, que, olvidándose de que eran esposas i madres, se inspiraban solo en el amor a la patria! Así, con el ejemplo de su heroismo, engrandecian la familia e inculcaban en el alma de aquella jeneracion la idea del deber i del sacrificio, hoi al parecer tan debilitada.

  1. Don Gaspar Marin nació en 1772 i Luisa Recabárren en 1777. — Ambos nacieron en la Serena.