Los Treinta y Nueve Escalones

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                            LOS TREINTA Y NUEVE PASOS (ESCALONES) – JOHN BUCHAN
CAPITULO UNO: EL HOMBRE QUE MURIÓ

Mi nombre es Richard Hannay y tengo 37 años. Nací en Escocia, pero en 1883 mi familia se mudó a Rhodesia (Primer nombre para Zimbabue 1964-1979). Crecí en África y trabajé duro por 20 años. Entonces, en marzo de 1914, regresé a Gran Bretaña. Eso fue 5 meses antes de que la 1ª Guerra Mundial comenzara. Llevaba mucho dinero conmigo y quería pasar un buen tiempo. Gran Bretaña era el centro de todos mis sueños y planes, y esperaba quedarme allá por el resto de mi vida. En mayo estaba viviendo en un apartamento en Londres. Una noche, estaba solo allí, leyendo el periódico. Estaba interesado en una historia acerca de Karolides, el Primer Ministro Griego.

“Es un buen hombre”, pensaba para mis adentros, “y también es honesto. Es probablemente el Primer Ministro más fuerte en Europa, y los alemanes lo odian”

El sonido del timbre de la puerta interrumpió mi lectura. Dejé el periódico y abrí la puerta. Un hombre estaba parado afuera. Era un hombre delgado con una barba marrón y pequeños ojos azules. Yo no sabía su nombre, pero él tenía un apartamento en el último piso del edificio.

"¿Puedo hablar con usted?", dijo. "¿Puedo entrar un minuto?" Lo invité a pasar y cerré la puerta. Él parecía muy nervioso. “Lo siento mucho”, dijo. “Pero estoy en dificultades. ¿Me ayudará? “Bueno, lo escucharé”, dije. “Pero no le prometo más que eso” Preparé una bebida fuerte para él y se la tomó rápidamente. Cuando dejó el vaso, lo partió. "Perdón", dijo, "Estoy un poco nervioso esta noche y hay una buena razón para ello. Usted parece ser un hombre honesto, señor. Usted parece un hombre que no se asusta fácilmente. Bien, Estoy en un gran aprieto y necesito un amigo”. “Cuénteme acerca de eso”, dije, “Y entonces le daré mi respuesta” “Soy americano”, dijo. “Hace unos años atrás vine a Europa a trabajar para un periódico americano. Aprendí varios idiomas y descubrí bastante acerca de las políticas europeas. También averigüé acerca de los planes de Alemania para la guerra y conozco un grupo de espías alemanes. Así que, estos espías me están buscando ahora, y ese es mi problema. Si usted conoce algo de política, señor, sabrá esto. Europa está muy cerca de una guerra, y hay sólo un hombre que puede detenerla.” “¿Quién es él?”, pregunté. “Karolides, el Primer Ministro Griego” “Oh, yo acabo de leer algo acerca de él”, dije. “Hay un artículo en el periódico nocturno” “Si. Bueno, los alemanes quieren matarlo”, dijo. “Ellos me matarán también si pueden. Karolides va a venir a Londres el próximo mes y él va a visitar el Ministerio de Asuntos Exteriores el 15 de junio. Ellos han escogido esa fecha para matarlo. Soy el único hombre que puede salvarlo.” “Y cómo puedo ayudarlo, Sr….?” “Scudder”, dijo. “Franklin P. Scudder. Solo le he dicho, señor, que estos espías quieren matarme. Yo pensaba que estaba completamente a salvo de mis enemigos en Londres. Pero ayer en la noche encontré una tarjeta en mi buzón de correo, y había un nombre de hombre escrito en él. Era el nombre de unos de los espías, mi peor enemigo.” “Usted debería contarle al Ministerio de Asuntos Exteriores”, dije. “Ellos le ayudarán y tal vez ellos puedan salvar a Karolides también” “No hay tiempo para eso. Mis enemigos saben que estoy en este edificio. Ellos probablemente estén esperándome afuera. ¿Cree usted que pueda esconderme en su apartamento, señor? “Bueno, Quiero confirmar su historia primero”, dije. “Iré afuera y echaré un vistazo. Si veo algo inusual, estaré de acuerdo en ayudarlo. ¿Está bien?” Dejé el apartamento salí a la calle. Un hombre estaba parado fuera del edificio. Él levantó su mano cuando me vio. Eché un vistazo rápidamente y vi un rostro en la ventana cruzando la calle. La señal del hombre fue respondida, y la cara se alejó de la ventana. Compré otro periódico en la esquina de la calle y entonces regresé al apartamento. “Está bien, Sr. Scudder”, dije. “Usted puede quedarse aquí esta noche. He confirmado su historia. Hay un hombre afuera que está actuando un tanto extraño. Pienso que sus enemigos están quedándose en la casa que está al cruzar la calle” Scudder permaneció en mi apartamento discretamente por varios días. Cuando yo salía, él se ponía muy nervioso. Siempre había alguien parado fuera del edificio. Vi el rostro en la ventana opuesta a la mía unas pocas veces, pero nadie venía al apartamento. Scudder leía y fumaba. Llenaba un pequeño libro negro con notas y contaba los días para el 15 de junio. “Un día”, dijo, “El tiempo está pasando rápidamente, Hannay. Mientras ellos están vigilando la casa, yo no podré marcharme. Si ellos me agarran, ¿continuará usted la pelea?” Me gustaban las aventuras de Scudder, y su historia era emocionante. Pero no tenía interés en la política. Él continuaba hablando, yo escuchaba. Me contó acerca de una mujer de nombre Julia Czechenyi, quien era una de las espías. “Ella es una terrible enemiga, Hannay”, dijo, “pero el anciano es peor”. Este anciano era el enemigo en jefe de Scudder, y lo describía muy claramente. “Es extraño”, dijo, “pero él tiene la voz de un hombre joven. Y sus ojos, Hannay! Cuando tú ves sus ojos, nunca los olvidas. Son pequeños y a menudo medio cerrados, como los ojos de un pájaro” Él habló por mucho tiempo ese día. No puedo recordar todo lo que dijo. Pero yo sabía que estaba más nervioso que de costumbre. En la noche fui a cenar con un amigo. Eran las 10:30 cuando regresé. Abrí la puerta del apartamento y estaba adentro. Las luces no estaban encendidas y eso me pareció algo extraño. Las encendí y eché un vistazo. No había nadie allí, así que pensé que Scudder ya estaba en la cama. Llegué a la siguiente habitación y vi algo en la esquina. Por un momento no pude ver qué era. Entonces repentinamente me sentí muy frío y débil. Quería abrir la boca y gritar. Pero no podía moverme o decir nada. Scudder estaba tumbado sobre su espalda con un cuchillo atravesado en su corazón. CAPÍTULO DOS: EL LECHERO Me senté en un sillón y se sentía muy enfermo. Me senté allí tal vez por cinco minutos, y entonces me invadió un ataque de miedo nuevamente. La cara blanca de Scudder era demasiado para mi. Cubrí el cuerpo con un mantel. Conseguí una bebida y me senté nuevamente a pensar. Scudder estaba muerto y su cuerpo probaba su historia. Sus enemigos lo mataron porque he conocía sus planes. “Yo seré el siguiente”, pensaba. “Ellos saben que él vivía en el último piso del edificio. Ellos saben que él se estaba quedando en mi apartamento. Y ellos supondrán que él me contó acerca de sus planes” Qué podría hacer? Bueno, yo podría ir a la policía y contarles la historia. Pero había un problema sobre la muerte de Scudder. “La policía pensará que yo lo maté”, pensaba. Estuve pensando sobre eso por mucho tiempo y entonces formé un plan. Yo no conocía a Scudder muy bien, pero me caía bien. Disfruté también de una aventura y quería continuar su trabajo. “Podría escribir al Primer Ministro”, pensé, “o al Ministerio de Asuntos Exteriores”. Pero tal vez eso no será necesario. Me marcharé por unas cuantas semanas, regresaré a Londres e iré con la policía” Examiné el cuerpo de Scudder y le quité la ropa. Busqué su libro de notas en sus bolsillos pero no estaba allí. No tenía ningún otro papel. Abrí mi escritorio y saqué un mapa de Gran Bretaña. Pensé que Escocia era el mejor lugar para mi plan. Nací allá y hablaba como un escocés. También hablaba alemán muy bien y pensaba acerca de ir a Alemania. Pero tal vez Escocia era una mejor idea. Escogí Galloway, el cual era un parte vacía del país. No había grandes pueblos allá y no era demasiado lejos. Sabía que había un tren a Escocia en la mañana. Dejé Londres a las 7:10. Pero cómo podría salir del apartamento? Los enemigos de Scudder estaban probablemente a las afueras del edificio, así que tenía que abandonarlo secretamente. Entonces, de repente tuve una gran idea. Cada mañana a las 6:30 el lechero me traía my leche. Era un hombre joven y éramos de la misma talla. Él usaba un sombrero blanco y un abrigo. Mi idea era tomar prestadas sus ropas y la lata de leche. Entonces podría marcharme del edificio vestido como un lechero. Fui a la cama y dormí por unas cuantas horas. En la mañana conté mi dinero y puse 50 libras en mi bolsillo. Mientras me estaba alistando, recordé mi tabaco. Metí mis dedos en la gran caja de tabaco y sentí algo duro debajo de ellos. Era el pequeño libro negro de Scudder, y lo puse en mi bolsillo. Era una buena señal, pensé, Scudder lo escondió allí, y sus enemigos no lo habían encontrado. Faltaban 25 minutos para las 7 ahora, y el lechero estaba retrasado. Pero de repente escuché el ruido de la lata de leche en las escaleras y abrí la puerta. “Entre, por favor”, dije. “Quiero hablar con usted” ÉL entró en el apartamento y cerró la puerta. “Escuche”, dije, “usted es un buen hombre y quiero que me ayude”. Saqué una libra de mi bolsillo y añadí, “Si está de acuerdo, le daré esto” Cuando él vio la libra, sus ojos se abrieron enormemente. “¿Qué quiere que haga?” “Quiero que me preste sus ropas y su lata de leche por unos cuantos minutos”, dije. Él rió. “¿Para qué los quiere?”, preguntó. “No puedo explicarle ahora. Présteme sus cosas y se las regresaré en 10 minutos”. Puse la libra en su mano. “De acuerdo”, dijo. “A mí también me agrada un poco de diversión” Me puse sus ropas y salimos del edificio. Cerré la puerta detrás de mí. “No me siga”, dije. “Regresaré pronto” Bajé las escaleras y llegué a la calle. Hice ruido con la lata de leche y comencé a cantar. El hombre que estaba estacionado afuera me miraba. Él no decía nada. Miré la casa al cruzar la calle y vi el rostro en la ventana de nuevo. Tomé otra calle y comencé a correr. Entonces me quité las ropas del lechero y las arrojé, y la lata de leche, por encima de la pared. Cuando llegué a la estación del ferrocarril, eran las 7 y 10. El tren se marchaba lentamente de la estación, y no tenía tiempo de comprar un tiquete. Corrí hacia él y agarré la manija de la puerta. La abrí con dificultad y me subí al tren. El recolector de tiquetes pronto llegó donde mi. Pronto el revisor vino hacia mí. Él se enojó conmigo, y tuve que darle alguna excusa. Pero la aceptó y escribió un tiquete a Newton-Stewart in Galloway.

CAPÍTULO TRES: EL DUEÑO DE LA POSADA Viajé todo ese día. El tren se detuvo en la estación Leeds, donde compré algo de comida y los periódicos matutinos. Otro revisor me dijo que tenía hacer cambio de trenes en Dumfries. Leí los periódicos, pero por supuesto, no hubo nada en ellos acerca de la muerte de Scudder. Era demasiado pronto para eso. Entonces saqué el pequeño libro de Scudder. Estaba lleno de números, pero había también algunos nombres extraños. Las palabras “Hofgaard”, “Luneville”, “Avocado” y “Pavia” estaban escritas allí. “Pavia” se repetía varias veces. Era claramente alguna especie de código y me interesan mucho los códigos. Pensé acerca de este. Podía ver que había números en el lugar de las letras. Pero ¿qué significaban los nombres? Sabía que algunos de ellos eran pueblos. Pero ¿¡qué códigos se usaban para los nombres de personas? Usualmente hay una palabra clave en códigos como este., y trataba de adivinarlo. “Hofgaard” no era claramente la palabra clave, porque no encajaba con el resto del código. Traté con las otras palabras pero ninguna de ellas encajaba. Dormí por una o dos horas, y entonces la voz del ticket… me despertó. “Dese prisa, señor. Usted tiene que hacer el cambio aquí”. Miré por la ventana. Estábamos en la estación Dumfries. Salí y crucé hacia el tren a Galloway. El tren estaba casi lleno, y tuve una interesante conversación con un granjero. ¡Él pensó que yo también era granjero! Hablamos sobre animales y el precio de la leche y la harina. La gente se bajaba en diferentes estaciones, pero yo continuaba. A las 5:00 en punto el tren se detuvo en un pequeño lugar y me gustó la vista de él. No podía recordar su nombre, pero era muy tranquilo. Y estaba una considerable distancia de Londres. Abandoné el tren y el chico del hombre del ferrocarril tomó mi tiquete. Era una magnífica noche y me sentía completamente feliz. Seguí el camino por casi una milla y luego tomé un camino por el río. No era tan largo antes de alcanzar la casa pequeña. Había una mujer en la puerta de la casa y hablé con ella. “¿Puedo quedarme esta noche?”, pregunté. “Usted es bienvenido”, contestó. “Por favor, entre”. Enseguida ella colocó a excelente comida en frente de mí, y bebí varios vasos de espesa, leche dulce. Cuando oscureció, su esposo llegó a casa. Él era un hombre de gran tamaño con cabello negro grueso. Hablamos por una hora o más, y fumó algo de mi tabaco. Ellos no me hicieron ninguna pregunta. Tal vez ellos también pensaban que yo era un granjero. En la mañana disfruté de un gran desayuno. Pero cuando le ofrecí una libra a la mujer, ella rechazó tomarla. Era un cálido día, así que ella me dio una pequeña lata de leche para llevarla conmigo. Eran las 9 en punto cuando abandoné la casa. Caminé una cuantas millas hacia el sur porque quería regresar al ferrocarril. Pero, por supuesto, no pude regresar a la misma pequeña estación. El hombre del ferrocarril y el chico conocían mi rostro. No quería que ellos me recordaran. Así que me dirigí a la próxima estación y en el camino hacia allá organicé un plan. El camino más seguro era regresar a Dumfries. Si la policía estaba buscándome, estaba más seguro en un pueblo grande. Cuando alcancé la estación, compré un tiquete a Dumfries. No tenía mucho tiempo para esperar a que el tren llegara. Entré en él con un anciano y su perro, y el hombre pronto se durmió. Tomé prestado su periódico matutino, el cual estaba colocado en el puesto cerca de mí. La historia acerca del asesinato estaba en primera página en letras grandes: ASESINATO EN UN APATAMENTO DE LONDRES. El lechero, dijo el diario, esperó por mí cerca de media hora. Luego llamó a la policía. Ellos llegaron a mi apartamento y encontraron el cuerpo de Scudder. El lechero fue arrestado y llevado a prisión. Sentí lástima por el pobre hombre. La historia continuaba en la página de atrás. Y las últimas noticias eran que el lechero estaba fuera de prisión. La policía estaba ahora buscando a un hombre llamado Richard Hannay! Ellos creían que él estaba camino a Escocia por vía férrea. Estaba feliz de que el lechero estuviera libre. Él no sabía nada acerca del asesinato, y sólo había conseguido una libra por ese incidente. El tren se detuvo en la estación que ya conocía. Era el lugar en donde salí la noche anterior. Tres hombres hablaban con el hombre del ferrocarril y el niño. Los veía. El chico estaba mostrándoles el camino que yo tomé. El tren inició su marcha de nuevo. Mientras salía de la estación, cubrí mi cara con el periódico. Avanzó cerca de una milla y de repente paró de nuevo.. No estábamos en la estación. El tren estaba cerca de un puente sobre un rio. Esta era mi oportunidad, y cambié mi plan. Abrí la puerta y salté. Pero el perro del anciano trató de seguirme. El anciano despertó y corrió hacia la puerta. “¡Auxilio, Auxilio!”, gritó. Emprendí carrera abajo hacia la ribera y me escondí en una espesa hierba. El recolector de tiquetes y un gran número de otras personas permanecían de pie en la puerta abierta. Una posibilidad de salvarme. Ahora podía ver que el perro estaba atado al hombre. Repentinamente, el perro saltó del tren y haló también al anciano. Ellos levantaron al anciano, y en la emoción el perro mordió a alguien. Yo aproveché esa oportunidad y me alejé corriendo en medio de la espesa hierba. Cuando miré hacia atrás, la emoción se había acabado. La gente se estaba subiendo al tren de nuevo, y éste enseguida comenzó a moverse. Caminé a lo largo de la ribera y pensé acerca de mi problema. Estaba a salvo pero también estaba atemorizado. No sé si era miedo a la policía. Estaba pensando en los enemigos de Scudder y en sus planes. Estaba seguro de que ellos querían matarme. Tal vez ellos querían verme en prisión. Ellos eran realmente un peligro para mi y me sentía muy atemorizado. Mis problemas no terminaban allí. Subí desde el rio y busqué la cima de una colina. Habían otras colinas alrededor de mí, podía ver claramente a varias millas. Había una estación de ferrocarril y una o dos casas. Un camino corría de la estación hacia el este. Entonces alcé la vista al cielo azul, y mi corazón casi dejó de latir. Un avión pequeño estaba volando hacia mí. Y sabía que los enemigos de Scudder estaban en ese avión. La policía británica nunca usaba aviones para buscar gente. Me escondí detrás de una roca y observaba. El avión subía y bajaba de la ribera. Era tan bajo que podía ver al hombre dentro de él. Pero estaba seguro de que él no me veía. Entonces el avión subió y dio la vuelta. Sobrevoló el rio de nuevo y regresó hacia el sur. Decidí dejar esas colinas. No había lugar para esconderme. Y no tenía ninguna oportunidad en contra de un avión. A las 6 en punto, llegué al camino. Lo seguí por unas cuantas millas. Comenzaba a oscurecer cuando llegué a una casa solitaria cerca del puente. Un hombre joven estaba leyendo en el puente. “Buenas noches”, dijo. “¿Es una excelente, verdad?” “Sí, lo es.”, respondí. “¿Es esta casa una posada?” “Sí señor, yo soy el dueño de la posada. ¿Le gustaría quedarse aquí esta noche?” “”Es usted el dueño de la posada. Es usted muy, joven, ¿no?” “Bueno, mi padre murió el año pasado y me dejó esta posada. Estoy viviendo aquí con mi madre pero no me agrada este trabajo del todo. Prefiero escribir historias, pero ¿sobre qué puedo escribir? No conozco mucha gente interesante” De inmediato tuve la idea de que este joven hombre podría ayudarme. “Le contaré una historia”, dije. “y es verdadera. Necesito un amigo. Le contaré esta historia si usted me ayuda. Le daré autorización de escribirla pero no haga nada antes del 15 de junio. Esa es una fecha muy importante” Entonces me senté en el puente y le conté una historia. Él escuchaba, y sus ojos brillaron con asombro. “Soy un granjero de Rodhesia”, dije, “y vine a Gran Bretaña hace unas pocas semanas atrás. Viajé por barco desde el oeste africano alemán. Los alemanes allá pensaban que era un espía. . Ellos me siguieron todo el camino hasta Gran Bretaña. Ellos ya mataron a mi mejor amigo y ahora ellos están tratando de matarme. ¿Ha leído el periódico hoy?” - “Sí”. “Bien, entonces usted sabe acerca del asesinato de Franklin Scudder”. Los ojos del hombre joven se abrieron enormemente. “Él era mi mejor amigo, y lo mataron en mi apartamento” Le conté que Scudder estaba trabajando para el Ministerio de Asuntos Exteriores antes de su muerte. Y le expliqué que me contó algo sobre los secretos de los alemanes. Era una historia bastante larga, y la hice muy emocionante. Al final le dije, “Está buscando una aventura, ¿no es cierto?, bueno, acaba de encontrarla ahora. Estos espías alemanes pueden venir aquí, y quiero que me esconda de ellos.” “Él me tomó por el brazo y me empujó hacia la posada. “Estará a salvo aquí, señor”, dijo. “Cuénteme nuevamente sus aventuras, y yo las escribiré” “De acuerdo. Pero tiene que hacer algo primero. Scudder me dio un largo mensaje en código. Y tengo que descubrir qué significa” Mientras íbamos hacia la posada, escuché el avión de nuevo. Estaba volando bajo hacia el puente. Conseguí un tranquilo cuarto en la parte trasera de la casa. La madre del dueño de la posada me traía mis alimentos. Este lugar era muy apropiado. A la mañana siguiente saqué la libreta de notas de Scudder y comencé a trabajar. El código era uno difícil y tenía que probar con muchas posibles palabras claves. Por el mediodía supe donde estaban los espacios entre las palabras. No sabían aun las letras. Después de cenar traté de nuevo y trabajé duro hasta las 3 en punto. Entonces de repente tuve una idea. Estaba recostado en mi silla cuando el nombre de una mujer vino a mi mente. Era Julia Czechenyi, una de los peores enemigos de Scudder. Tal vez su nombre era la palabra clave. Lo intenté y enseguida lo probé en el código y ¡eso era!

“Julia” tenía cinco letras, y estas letras eran usadas en lugar de a,e,i,o,u. “J” es la décima letra en inglés, así que él usaba el número 10 para representar “a”. La letra “e” era la “u” de “Julia”, y la “u” es la letra 21. Así que Scudder escribió el número 21 por la “e”. El nombre “Czechenyi” me dio otros nueve números, y  pronto pude leer las notas de Scudder. Me senté en mi cuarto trabajando tranquilamente toda la tarde. Los hechos en el libro de Scudder eran terribles. Para el tiempo en que la mujer me trajo mi té, yo era un hombre muy nervioso. Mi rostro lucía pálido, y no quería tomar nada. 

“¿Está usted bien, señor?”, preguntó ella. “Luce enfermo”. “Oh no es nada”, dije. “Por favor deje las cosas en la mesa” Hubo un repentino ruido afuera de la posada, y la mujer dejó mi habitación. Escuché un carro detenerse y luego hubo voces escaleras abajo. Unos minutos después el dueño de la posada entró corriendo a mi cuarto. “Dos hombres acaban de llegar”, dijo, “y están buscándolo. Ellos lo describieron muy bien” “¿Qué les dijo?” - “Les dije que ese quedó aquí anoche pero que se había marchado esta mañana” “Puede describírmelos?” - “Uno es un hombre delgado con ojos oscuros y el otro es más bien gordo” “¿Hablan ellos como ingleses? - “Oh sí, eso creo” Recogí un pedazo de papel y escribí rápidamente en alemán: “Piedra Negra. Scudder sabía acerca de esto, pero no podía actuar hasta el 15 de junio. Karolides está indeciso de sus planes, y probablemente yo no puedo ayudar. Pero trataré el Sr. T piensa que debería…” Entonces yo rasgué los lados del papel. Parecía una parte de una carta privada. “Deles esto”, dije. “Dígales que lo encontró en mi habitación” Tres minutos después los hombres pusieron el carro en marcha. El dueño de la posada regresó muy emocionado. “Su papel les dio una sorpresa”, dijo. “El hombre oscuro se tornó pálido, y el gordo lucía muy alarmado. Ellos pagaron por sus bebidas y se marcharon” “Ahora quiero que haga algo por mí”, dije. “Súbase a su bicicleta y vaya a la policía en Newton-Stewart. Describa a los dos hombres y hábleles del asesinato en Londres. Puede inventar algo. Puede decir que usted escuchó una conversación entre ellos. Un hombre le contó al otro que acababa de salir de prisión. Y diga que usted también escuchó el nombre de Scudder. Y no terminó allí. Estos hombres regresarán mañana en la mañana, y la policía tiene que estar allí para arrestarlos.” Él corrió por su bicicleta, y yo continué con mi trabajo sobre las notas de Scudder. Eran las seis en punto cuando él regresó. “Todo está bien”, dijo. “La policía estará aquí a las 8:00 de la mañana” Comimos juntos, y tuve que contarle nuevamente mis aventuras. Él hacía notas acerca de ellas durante la comida. No pude dormir esa noche. Terminé con el libro de Scudder y entonces me senté en mi silla hasta la mañana. Estuve pensando acerca de la terrible historia de Scudder. A las 8:00, tres policías llegaron a la posada. El dueño los conocía y les mostró el garaje. Ellos dejaron su carro allí y luego entraron a la posada. Mi plan no era muy bueno. Yo quería que la policía arrestara a los hombres. Entonces estaría a salvo. Pero ahora tenía una mejor idea. Escribí una nota al dueño de la posada y la dejé en mi habitación. Luego abrí la ventana y caí calladamente en el jardín. Me encontré la grama y pasé a un costado del campo. Unos minutos más tarde alcancé los árboles. El carro estaba estacionado allí, y me subí. Lo encendí y me alejé conduciendo. El viento llevaba el sonido de las voces enojadas a mis oídos. Pero pronto estaba viajando a lo largo de ese camino a 50 millas por hora. CAPÍTULO CUATRO: LA AVENTURA CON EL SEÑOR HARRY Era una bonita mañana, pero no estaba pensando en el magnífico clima o en la vista a mi alrededor. Mis pensamientos eran totalmente acerca de las notas de Scudder. Sabía ahora que Scudder me mintió en mi apartamento. Él me contó mucho acerca de Karolides, y parte de eso era verdad. Pero no me contó sus secretos realmente importantes. Tal vez él tenía miedo de contarle a alguien. Por supuesto, Karolides estaba en peligro, pero ¡el peligro para Europa misma era mucho mayor! Ese era realmente el secreto que Scudder guardaba en su pequeño libro. Las palabras “39 escalones” estaban allí varias veces en sus notas. En un pedazo escribió: “Treinta y nueve escalones. Los conté. Altura de la marea 10.17 p.m.” ¿Qué significaba? Los treinta y nueve escalones estaban en cualquier parte de la costa; la palabra “marea” probaba eso. Pero ¿por qué eran estos escalones importantes? Las notas de Scudder decían que definitivamente iba a haber una guerra. Nadie podía detenerla. Los alemanes tenían sus planes listos años atrás, en febrero de 1912. Ellos planearon matar a Karolides y usar su muerte como una excusa para la guerra. “Los alemanes hablarán de tranquilidad en Europa”, escribió él, “pero ellos están listos para la guerra”. Ellos van a atacarnos repentinamente” Scudder también escribió acerca de la visita de un oficial francés a Londres. Él era la cabeza del ejército francés e iba a venir el 15 de junio. “Este oficial aprenderá sobre los planes británicos y regresará a Francia.” Scudder agregó que la Piedra Negra, el grupo de espías alemanes, también estarían en Londres ese mismo día. Ellos esperaban aprender acerca de los planes también y enviarlos a Alemania. Cuando él murió, Scudder estaba tratando de detenerlos. Manejé a travesando las bellas poblaciones de Galloway. Era una parte bonita de Escocia. Pero no podía disfrutar de la calma que estaba a mi alrededor. Tenía que encontrar la forma de continuar con el trabajo de Scudder. Pero iba a ser muy difícil. La policía y los de la “Piedra Negra” estaban detrás de mí, y no tenía amigos en Escocia. Al mediodía llegué a un pueblo. Estaba muy hambriento y decidí detenerme allí. Entonces vi a un policía. Estaba parado afuera de la oficina postal, leyendo un telegrama. Cuando vio mi carro, él levantó su mano. Al mismo tiempo él corrió hacia la mitad del camino. “¡Deténgase!, ¡deténgase!”, gritó. De repente, supe que el telegrama era sobre mí. Después de su conversación con el dueño de la posada, quizás aceptaron la historia de los espías. Los espías probablemente me describieron y al carro, y la policía luego envió telegramas a los oficiales de todas las aldeas. No me detuve. El policía alargó su mano y se fue al lado del carro. Él agarró mi brazo a través de la ventanilla, la cual estaba abierta. Me golpeó muy fuerte y se replegó en la carretera. Yo manejé hacia dentro del país nuevamente. Conduje varias colinas arriba y abajo. Estaba cansado y hambriento. Comencé a buscar una tranquila posada donde pudiera descansar. Pero de repente hubo un ruido sobre mí y miré. El avión estaba a pocas millas de distancia, volando hacia mí. Manejé deprisa colina abajo entre los árboles. Un carro conducía hacia mí desde un lado estrecho del camino, y yo no podía detenerme. Halé el volante con fuerza a la derecha y cerré mis ojos. Mi carro corrió a través de los árboles y comenzó a caer. Vi un rio a 50 pies debajo de mí. Salté del carro y caí en la hierba. Hubo un terrible ruido cuando el carro dio vueltas varias veces. Entonces quedó como un montón de metal viejo sobre la ribera. Alguien tomó mi mano y me haló fuera de la hierba. Una voz amable dijo, “¡Está usted herido? Un hombre joven y alto estaba de pie allí. “Siento muchísimo esto”, dijo. “Vi su carro, pero ninguno de los dos pudo parar a tiempo. Espero que esté bien. Pero usted luce bastante pálido” Me alegré por el accidente. La policía estaba buscando ese carro, así que no podía viajar lejos en él ahora. “Yo era el que manejaba terriblemente, señor”, dije. “Iba demasiado rápido en estos caminos estrechos”. Bien, no puedo conducir ese carro de nuevo. Este es el fin de mis festivo escocés, pero al menos no estoy muerto.” “Lo siento mucho”, dijo él de nuevo. Miró su reloj y continuó. “Hay tiempo para ir a mi casa. Usted puede cambiarse sus prendas y conseguir algo de comer allá. ¿Dónde está su maleta? ¿Está en el carro allá abajo? “ “No. Todas mis cosas están en una posada a 40 millas de distancia”” ¿Qué podía decirle acerca de mí mismo? No quería decir que era Rhodesiano. Mi nombre estaba en todos los periódicos. La policía sabía que yo era de Rhodesia. Así que decidí ser un australiano. Conocía mucho acerca de Australia. Así él no podía descubrir quién era. “Soy australiano”, continué, “y nunca llevo muchas prendas conmigo” “Un australiano”, gritó. “Bueno, ¡soy el hombre más suertudo de Escocia! Usted está en contra de Protección, por supuesto”. “Lo estoy.”, respondi rápidamente. Pero no tenía idea a lo que él se refería. “Está bien”. El movimiento libre de mercancías es la mejor cosa para Gran Bretaña. Bueno, ahora usted podrá ayudarme esta noche”. Él tomó mi brazo y me haló hacia su carro. Minutos después llegamos a la casa. Él sacó tres o cuatro de sus trajes y los puso sobre la cama. Escogí un traje azul oscuro y me lo puse. También tomé prestado una de sus camisas. Luego él me llevó a la cocina. Había algo de comida en la mesa. “Si no nos damos prisa, llegaremos tarde”, dijo. “Coma algo ahora y tome algo de comida en su bolsillo. Cuando regresemos esta noche, tendremos una buena comida. Tenemos que estar en Brattleburn a las 7:00. Tomé una taza de café y algo de carne fría. El hombre joven se mantenía cerca del fuego y hablaba. “Usted ha llegado justo a la hora exacta, Señor… Oh, disculpe. Usted no me ha dicho su nombre.” - “Twisdon”, dije. “Ah, Twisdon. Bueno, estoy en un problema, Señor Twisdon, y me gustaría que usted me ayudara. Hay una reunión esta noche en Brattleburn y tengo que hacer un discurso político. Yo soy candidato al Parlamento por esta parte de Galloway, y Brattleburn es mi ciudad principal. Bueno, yo tenía todo listo para la reunión, y Crumpleton, usted sabe, el Primer Ministro, iba a hacer el discurso principal. Pero tenía un telegrama de él esta tarde. Él está enfermo y no puede venir. Eso significa que tengo que hacer el discurso yo mismo.” “Bueno, si usted quiere que la gente vote por usted”, dije, “debería ser capaz de hacer un discurso.” “Oh, claro que puedo hacer un discurso corto, pero 10 minutos es demasiado para mí. Ahora, sea un buen hombre, Twisdom, y ayúdeme. Usted puede contarle a los presentes todo acerca el libre movimiento de mercancías y Australia.” No sabía nada acerca de esto, pero también necesitaba ayudar. Tal vez esta era una oportunidad. “De acuerdo”, dije. “No soy un muy buen orador pero hablaré a sus amigos acerca de Australia”. Dejamos la casa entonces y conducimos hacia Brattleburn. En el camino el hombre joven me contó unas cuantas cosas acerca de él mismo, y uno de estos hechos era muy interesante. Su padre y su madre estaban muertos. Así que usualmente vivía con su tío, quien era el Secretario en Jefe de la Oficina de Asuntos Extranjeros. Esta era una noticia emocionante porque el Secretario en Jefe era un hombre importante. Quería conocerlo. Esperaba que este joven pudiera hacer algo por mí. Manejamos atravesando un pequeño pueblo en donde dos policías detuvieron el carro. Ellos encendieron luces sobre nuestros rostros, y me sentí muy nervioso. Me dio miedo de que ellos fueran a arrestarme. “Lo siento, señor Harry”, dijo uno de los oficiales. “Estamos buscando un auto robado” “Oh, está bien” sonrió el señor Harry. “Mi carro es demasiado viejo para que alguien lo robe”, dijo, y continuamos la marcha. Faltaban cinco minutos para las siete cuando nosotros llegamos a Brattleburn. El señor Harry detuvo el carro en las afueras de la alcaldía, y entramos. Había 500 personas en el salón. Un hombre se levantó y dio un discurso corto. Él explicó que el señor Crumpleton estaba enfermo y no podía venir. “Pero, somos muy afortunados en Brattleburn esta noche”, continuó. “Un famoso orador de Australia está aquí. Primero, pienso, escucharemos al hombre que va a recibir cada uno de los votos de Brattleburn”. El señor Harry comenzó su discurso. Tenía 50 páginas de notas en su mano y comenzó a leerlas. Era un terrible discurso, y sentía mucha lástima por él. Algunas veces él miraba sus papeles, y entonces se perdía en la línea. Una o dos veces olvidó por completo por dónde iba. Él recordó unas cuantas oraciones de un libro y las repitió con orgullo como un chico de escuela. Sus ideas eran también un tanto erróneas. Él decía que el gobierno estaba cometiendo terribles errores, que no había ningún peligro con Alemania. Yo casi suelto la risa. “No hay ningún peligro con Alemania, en absoluto”, dijo él. “El gobierno lo ha imaginado. Los alemanes sólo quieren ser amigos, y así que nosotros no necesitamos un gran ejército. Estamos botando dinero en armas y buques de guerra” Yo pensaba en el pequeño libro negro de Scudder. Los planes alemanes ya casi estaban listos. Ellos no estaban interesados en ser amigables. Yo hablé después del señor Harry y hablé acerca de Australia. Describí las políticas del país y sus planes y el trabajo del gobierno allá. La gente escuchaba muy educadamente y algunas veces mostraban estar de acuerdo. Pero olvidé todo acerca del libre movimiento libre de las mercancías! Los oradores estaban agradecidos al final de la reunión. El señor Harry y yo nos subimos al carro de nuevo y salimos de Brattleburn. “Ese fue un brillante discurso, Twisdom”, dijo él, “y ellos lo disfrutaron. Ahora iremos a casa y podremos tener nuestra comida. Quiero que se quede en mi casa esta noche” Después de la cena esa noche, prendimos el fuego y hablamos. “Escuche, señor Harry”, dije. “Quiero contarle algo y es muy importante. Usted es un buen hombre, así que no esconderé nada de usted. Usted está bastante equivocado.” Él me miró muy sorprendido. “Usted se refiere, ¿en mi discurso?, preguntó. ¿Quiere decir acerca del peligro proveniente de Alemania? ¿Piensa usted que ellos nos atacarán?” “Ellos probablemente nos atacarán el próximo mes”, dije. “Ahora escuche esta historia. Hace unos días un espía alemán asesinó a un amigo en Londres…” Recuerdo la luz de la hoguera en la habitación del señor Harry. Regresé a sentarme en una gran silla y le conté todo. Repetí todas las notas de Scudder y aún recordé lo de los treinta y nueve escalones y la marea. Describí mis aventuras con el lechero y la policía en la posada. Entonces dije, “Los policías están tratando de arrestarme por el asesinato. Pero puedo probar que no maté a Scudder. El hecho es que me atemorizan esos espías alemanes. Ellos son mucho más listos que la policía. Si la policía me arresta, será un accidente. Y recibiré un cuchillo en mi corazón, como Scudder. El señor Harry estaba mirándome atentamente. “Es usted un hombre nervioso, Señor Hannay”, preguntó. No le contesté in palabras. Desmonté un pesado cuchillo de la pared. Lancé el cuchillo al aire y lo atrapé en mi boca. “Aprendí a hacer esto hace muchos años en Rhodesia”, dije. “Pero un hombre nervioso no podría hacerlo” ÉL sonrió. “De acuerdo, Hannay. Usted no necesita probarlo. Yo no sé mucho sobre política pero reconozco a un hombre honesto. Creo en lo que ha dicho. Dígame qué puedo hacer para ayudarlo.” “Bien, su tío es el Secretario en Jefe de la Oficina de Asuntos Exteriores y él podrá hacer algo. Quiero que le escriba una carta. Pregúntele si puedo reunirme con él antes del 15 de junio.” “¿Qué nombre diré? - “Twisdon. Es más seguro para olvidar el nombre Hannay” El señor Harry se sentó en la mesa y escribió esta carta: Querido tío. Le he dado tu dirección a un hombre llamado Twisdon quien quiere conocerte. Él espera verte antes del 15 de junio. Se amable con él, por favor y cree su historia. Cuando él llegue, dirá las palabras “Piedra Negra”. Y cantará unas cuantas líneas de “Anni Laurie” “Bueno, esto luce bien”, dijo el señor Harry. “El nombre de mi tío es el señor Walter Bullivant, y su casa está cerca de Artinswell sobre el río Kennet. Ahora. ¿Cuál es el siguiente paso? “Puede darme un traje viejo de sus prendas?. Dije. “Y mostrarme un mapa de Galloway. Si la policía viene aquí buscándome, usted puede mostrarles el carro. Pero no les cuente nada” “Y si los espías viene, ¡Qué les diré a ellos? - “Diga que me he ido a Londres” El señor Harry me trajo la ropa y el mapa de Galloway. Miré el mapa y encontré el ferrocarril al sur. “Esta es la parte más vacía del país”, dijo el señor Harry, mostrándome un área no muy distante. “Suba por este camino y luego gire a la derecha. Estará en las colinas antes del desayuno. Estará completamente a salvo allá pero tendrá que viajar al sur el 12 o el 13 de junio” Él me dio una vieja bicicleta y a las dos de la mañana abandoné la casa. A las cinco en punto el sol salió y estaba a 25 millas. Colinas verdes se levantaban a mí alrededor a cada lado.

CAPÍTULO CINCO: EL HOMBRE DEL CAMINO QUE USABA ANTEOJOS Descansé un momento en la cima de la colina. El camino corría cruzando un espacio llano en frente de mi y luego baja al rio. Una pequeña casa se levantaba abajo en los campos, pero no había señal de vida. Estaba muy cansado, así que me acosté y cerré los ojos. Eran las 7:00 cuando un sonido me despertó; era el avión de nuevo. No me moví. Volaba muy por debajo sobre las montañas. Dio la vuelta hacia mí y pude ver a los dos hombres en él. Ambos estaban mirándome. Estaba seguro de que ellos me conocían. Entonces la máquina subió rápidamente y se alejó de la costa. Tenía que marcharme de ese lugar antes de que regresaran. Ellos probablemente vieron mi bicicleta, así que tenía que tirarla. Dejé el camino y empujé la bicicleta hacia algunos árboles. Entonces vi un pequeño charco y empujé la bicicleta en él. El día estaba cálido y claro y pude ver el camino al este y al oeste. No había nada en él. Pero estaba seguro de que mis enemigos estaban camino abajo. Así que crucé las colinas hacia el norte. Después de un tiempo miré atrás. Mis ojos estaban muy bien y vi una línea de huellas de pasos humanos. Había un espacio de 30 pasos entre un hombre y el siguiente. Ellos venían hacia un suelo alto. Corrí pero no conseguí llegar muy lejos. Había más hombres en frente. “No puedo alejarme de aquí”, pensé. “Si me muevo, ellos me verán. Así que tengo que permanecer en lo alto del suelo y esconderme en algún lugar.” Corrí a lo largo de la cima de la colina y encontré de nuevo el camino. Di la vuelta en una esquina del camino y allí encontré al hombre del camino. Estaba preparándose para trabajar, pero se movía muy lentamente. El levantó la vista y me vio venir de cerca. “Este es un trabajo terrible”, dijo, “y no puedo hacerlo hoy. Estoy demasiado enfermo para trabajar, y eso un hecho” Él era un hombre extraño y usaba un par de anteojos grandes. Sus ojos parecían muy rojos. “¿Cuál es el problema?”, pregunté, pero sabía la respuesta. “Usted hace este trabajo todos los días, ¿no es así? ¿Por qué no puede hacerlo hoy?” “Lo hago”, contestó él, “pero mi hija no viene a casa de Londres todos los días. Ella vino a casa ayer, y nosotros tuvimos una fiesta anoche”. Él se quitó sus anteojos y entonces continuó. “Yo me emborraché mucho anoche y mi cabeza se siente terrible.” “Lo lamento,” dije. “La cama es con seguridad el mejor lugar para usted” “”Ah, pero eso no es fácil. Mi nuevo jefe viene hoy a verme a mí y a mi trabajo. Si voy a casa a acostarme, él no me encontrará aquí. Y entonces perderé mi trabajo” De repente tuve una buena idea. “Escuche,” dije. “Tal vez yo pueda ayudarlo. ¿Lo conoce el nuevo jefe muy bien?” – “No. No lo conozco pero sé algo acerca de él. Él viaja en un pequeño carro.” “¿Dónde está su casa?,” pregunté. Él me mostró una casa pequeña en los campos de abajo. “Bien. Usted regrese a la cama y consiga dormir algo. Yo haré su trabajo. Si el jefe no lo conoce, él no me reconocerá tampoco” Él me miró y entonces rió. “Bueno, usted es un hombre simpático. Será bastante fácil y no necesita hacer mucho trabajo.” Él me mostró un montón de piedras. “Yo terminé estas piedras ayer”, dijo, “y usted no necesita hacer nada más de eso. Baje al camino hasta que llegue a un montón de rocas. Tráigamelas aquí. Trabajará con ellas mañana. Mi nombre es Alexander Turnbull pero mis amigos me llaman Specky. Esto es porque uso estos anteojos. Cuando mi jefe llegue, tendrá que hablar educadamente. Y llámelo señor. Él estará bastante feliz con eso.” “Tal vez el jefe sepa que usted usa anteojos”, dije. “permítamelos por hoy”. Él rio nuevamente. “Bien, bien, esto es divertido”. Él me dio sus anteojos y su viejo y sucio sombrero. Me quité mi abrigo y se lo di. “Llévese eso a casa con usted”, dije, “guárdelo por mi” Entonces él se fue. Diez minutos después, yo mismo lucía como el hombre del camino. Tuve que ensuciar mis pantalones y zapatos. Los pantalones de Turnbull iban atados sobre la rodilla, así que até los míos de la misma forma. Los espías miraban todo y estaba preocupado por mis manos. Ellos las veían suaves y bastante suaves, así que me las ensucié. La comida de Turnbull y un viejo periódico reposaban a un costado del camino. Eran las 8:00 ahora, y yo estaba sintiendo bastante hambre. Así que robé algo de su pan y queso y conseguí una comida rápida. Luego comencé mi trabajo y cargué las rocas camino arriba. Mientras estaba trabajando, recordé a un viejo amigo de Rhodesia. Él era policía cuando lo conocí. Su vida era extraña y difícil. Cuando estaba en peligro, a menudo se vestía como otra persona. Él me dijo, “Pero la ropa sola no es suficiente, Hannay. Tienes que tratar de SER otra persona y tienes que creerlo tú mismo. Si no haces eso, fallarás.” Así que ahora creeré que soy el hombre del camino. Y pensaré acerca de mi vida y mi trabajo. Vivía en la pequeña casa de arriba. Mi hija vino ayer a casa y tuvimos una fiesta. Me emborraché y me sentía enfermo. Pero el nuevo jefe quería verme hoy, y tenía que esperarlo. Trabajé por una hora o más y conseguí ensuciarme bastante. Era un trabajo sucio. De repente una voz habló desde el camino y eché un vistazo. Un hombre joven estaba hablándome desde un pequeño carro. “”Es usted Alexander Turnbull?”, preguntó. “Soy su nuevo jefe, y mi oficina está en el salón del pueblo en newton-Stewart. El camino luce muy bien aquí, Turnbull. Hay una parte suave a una milla de distancia, debería limpiar los costados del camino. Estaré por aquí nuevamente la próxima semana. Buenos días” Él se alejó, y me sentí muy feliz. Mi actuación fue lo suficiente bastante buena para él. Cerca de las 11:00 un granjero conducía algunas ovejas camino abajo. Cuando me vio, se detuvo. – “¿Dónde está Specky?”, preguntó. “Está enfermo”, contesté. “Estoy haciendo su trabajo por unos cuantos días” Alrededor del mediodía un carro grande venía del camino. Pasó sobre mí y se detuvo varios cientos de pies de distancia. Tres hombres bajaron del carro y caminaron lentamente de regreso hacia mí. Conocía a dos de ellos. Eran los hombres que habían visitado la posada en Galloway. Uno de ellos era delgado y de tez oscura y el otro era más bien gordo. Pero no conocía al tercer hombre, quien era de mayor edad que los otros. “Buenos días,” dijo el tercer hombre. “Usted tiene un trabajo fácil aquí”. Me tomé mi tiempo. Bajé una gran roca y me senté lentamente. Ellos estaban mirándome, y sus ojos no se perdían de nada. “Hay peores trabajos que este,” dije, “pero probablemente hay también peores. Me gustaría tener el de ustedes y sentarme todo el día en ese carrazo. El hombre mayor estaba ahora mirando el periódico de Turnbull. “¿Consigue usted el periódico todos los días?, preguntó – “Sí, los consigo pero son de tres o cuatro días después”. Levantó el periódico y miró la fecha en él. Entonces lo puso nuevamente. El hombre delgado estaba mirando mis zapatos y hablaba unas cuantas palabras en alemán. Entonces el más viejo dijo: “Usted tiene un par de zapatos fine. ¿Los compró aquí? – “No – dije – estos zapatos vienen de Londres. Los conseguí del caballero que estaba cazando aquí el año pasado. Ahora, ¿Cuál es su nombre?” y trataba de recordar el nombre. El hombre gordo ahora hablaba en alemán. “Vamos”, dijo. “Este hombre está en lo correcto” Ellos me hicieron una pregunta más. “Pasó alguien por aquí esta mañana temprano? Tal vez manejando una bicicleta” Pensé acerca de la pregunta por un momento. Entonces dije, “bien, yo llegué un poquito tarde esta mañana. Mi hija vino a casa desde Londres ayer y tuvimos una fiesta anoche. Dejé la casa a las 7:00, y no había nadie en el camino entonces. El tercer hombre me dijo adiós y regresó al carro. Tres minutos después ellos continuaron su marcha. Me sentí muy feliz, pero continué trabajando. Era bueno que lo hiciera también, el carro pronto regresó. El tercer hombre me miró nuevamente al momento que pasaron. Terminé el pan de Turnbull y el queso y alrededor de las 5:00 el trabajo fue completado. Pero no estaba seguro de siguiente paso. Estaba seguro de que mis enemigos permanecían en el área. Decidí bajar a la casa de Turnbull. Pude regresarle sus cosas y conseguir mi abrigo. Pude permanecer allí hasta que oscureció. Y luego esperaba alejarme atravesando las colinas. Pero repentinamente otro carro se acercó desde el camino y se detuvo. Había un hombre en él y me llamó: “¿Tiene usted una linterna?” – Lo miré y lo reconocí. Era una muy buena oportunidad. Su nombre era Marmaduke Jopley, y lo vi una o dos veces en Londres antes del homicidio. Odiaba a ese hombre. Era amigo de un joven hombre rico y de unas damas de edad quienes a menudo lo invitaban a sus casas. Bien, Jopley era demasiado débil y eso me molestaba. Decidí actuar rápidamente. “Hola, Jopley,” dije. “estoy sorprendido de verte aquí”. Su rostro palideció. “¿Quién eres tú?” preguntó con voz nerviosa. “Hannay”, dije. “De Rhodesia. ¿No me recuerda? “Hannay, ¡el asesino!”, gritó. – “Así es. Ahora escúcheme. Si no hace esto rápidamente también seré el asesino de Jopley. Deme su abrigo y sombrero.” Él estaba muy atemorizado. Hizo lo que le dije. Me puse su abrigo nuevo sobre mi ropa vieja y puse su sombrero sobre mi cabeza. Entonces, le di los anteojos y el sombrero viejo y sucio de Turnbull. “Úselos por unos cuantos minutos,” dije. “Nadie lo reconocerá” ¡Cual camino seguir ahora? Jopley estaba manejando desde el este, y yo decidí regresar por ese camino. Entré en el carro y le ordené a Jopley entrar en el asiento del pasajero. Entonces nos marchamos. “Ahora, Jopley”, dije, “si usted no causa problemas, no saldrá herido. Pero no trate de hacer nada y no hable. Recuerde que soy el asesino. Si causa algún problema, lo mataré” Conducimos ocho millas a lo largo del camino. Varios hombres permanecían en las esquinas mientras pasábamos. Ellos miraban el carro pero no trataban de detenernos. Alrededor de las 7:00 me dirigí a un estrecho camino y llegamos a las montañas. Las aldeas y las casas estuvieron pronto detrás de nosotros. Al final detuve el carro en un lugar tranquilo. Le di a Jopley su abrigo y su sombrero y recogí nuevamente los anteojos y el viejo sombrero de Turnbull. “Gracias”, dije. “Ahora puede ir y buscar a la policía”. Vi la luz roja de su carro hasta perderse sobre la colina.

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