Luces de bohemia:Escena última

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ESCENA ÚLTIMA

La taberna de PICA LAGARTOS: Lobreguez con un temblor de acetileno: DON LATINO DE HISPALIS, ante el mostrador, insiste y tartajea convidando al POLLO DEL PAY-PAY. Entre traspiés y traspiés, da la pelma.


DON LATINO: ¡Beba usted, amigo! ¡Usted no sabe la pena que rebosa mi corazón! ¡Beba usted! ¡Yo bebo sin dejar cortinas!

EL POLLO: Porque usted no es castizo.

DON LATINO: ¡Hoy hemos enterrado al primer poeta de España! ¡Cuatro amigos en el cementerio! ¡Acabóse! ¡Ni una cabrona representación de la Docta Casa! ¿Qué te parece, Venancio?

PICA LAGARTOS: Lo que usted guste, Don Latí.

DON LATINO: ¡El Genio brilla con luz propia! ¿Que no, Pollo?

EL POLLO: Que sí, Don Latino.

DON LATINO: ¡Yo he tomado sobre mis hombros publicar sus escritos! ¡La honrosa tarea! ¡Soy su fideicomisario! Nos lega una novela social que está a la altura de Los Miserables. ¡Soy su fideicomisario! Y el producto íntegro de todas las obras, para la familia. ¡Y no me importa arruinarme publicándolas! ¡Son deberes de la amistad! ¡Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal no mira al suelo! ¡Señores, ni una representación de la Docta Casa! ¡Eso, sí, los cuatro amigos, cuatro personalidades! El Ministro de la Gobernación, Bradomín, Rubén y este ciudadano. ¿Que no, Pollo?

EL POLLO: Por mí, ya puede usted contar que estuvo la Infanta.

PICA LAGARTOS: Me parece mucho decir que se halló la política representada en el entierro de Don Max. Y si usted lo divulga, hasta podrá tener para usted malas resultas.

DON LATINO: ¡Yo no miento! ¡Estuvo en el cementerio el Ministro de la Gobernanción! ¡Nos hemos saludado!

EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Sería Fantomas!

DON LATINO: Calla tú, mamarracho. ¡Don Antonio Maura estuvo a dar el pésame en la casa del Gallo!

EL POLLO: José Gómez, Gallito, era un astro, y murió en la plaza, toreando muy requetebién, porque ha sido el rey de la tauromaquia.

PICA LAGARTOS: ¿Y Terremoto, u séase Juan Belmonte?

EL POLLO: ¡Un intelectual!

DON LATINO: Niño, otra ronda. ¡Hoy es el día más triste de mi vida! ¡Perdí un amigo fraternal y un maestro! Por eso bebo, Venancio.

PICA LAGARTOS: ¡Que ya sube una barbaridad la cuenta, Don Latí! Tantéese usted, a ver el dinero que tiene. ¡No sea caso!

DON LATINO: Tengo dinero para comprarte a ti, con tu tabernáculo.

Saca de las profundidades del carrik un manojo de billetes y lo arroja sobre el mostrador, bajo la mirada torcida del chulo y el gesto atónito de Venancio. EL CHICO DE LA TABERNA se agacha por alcanzar entre las zancas barrosas del curda un billete revolante. La niña PISA BIEN, amurriada en un rincón de la tasca, se retira el pañuelo de la frente, y espabilándose fisga hacia el mostrador.


EL CHICO DE LA TABERNA: ¿Ha heredado usted, Don Latí?

DON LATINO: Me debían unas pocas pesetas, y me las han pagado.

PICA LAGARTOS: No son unas pocas.

LA PISA BIEN: ¡Diez mil del ala!

DON LATINO: ¿Te deben algo?

LA PISA BIEN: ¡Naturaca! Usted ha cobrado un décimo que yo he vendido.

DON LATINO: No es verdad.

LA PISA BIEN: El 5775.

EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Ese mismo número llevaba Don Max!

LA PISA BIEN: A fin de cuentas no lo quiso, y se lo llevó Don Latí. Y el tío roña aún no ha sido para darme la propi.

DON LATINO: ¡Se me había olvidado!

LA PISA BIEN: Mala memoria que usted se gasta.

DON LATINO: Te la daré.

LA PISA BIEN: Usted verá lo que hace.

DON LATINO: Confía en mi generosidad ilimitada.

EL CHICO DE LA TABERNA se desliza tras el patrón, y a hurto, con una seña disimulada, le tira del mandil. PICA LAGARTOS echa la llave al cajón y se junta con el chaval en la oscuridad donde están amontonadas las corambres. Hablan expresivos y secretos, pero atentos al mostrador con el ojo y la oreja. LA PISA BIEN le guiña a DON LATINO.


LA PISA BIEN: Don Latí, ¡me dotará usted con esas diez mil del ala!

DON LATINO: Te pondré piso.

LA PISA BIEN: ¡Olé los hombres!

DON LATINO: Crispín, hijo mío, una copa de anisete a esta madama.

EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Va, Don Latí!

DON LATINO: ¿Te estás confesando?

LA PISA BIEN: Don Latí, ¡está usted la mar de simpático! ¡Es usted un flamenco! ¡Amos, deje de pellizcarme!

EL POLLO: Don Latino, pupila, que le hacen guiños a esos capitales.

LA PISA BIEN: ¡Si llevábamos el décimo por mitad! Don Latí una cincuenta, y esta servidora de ustedes, seis reales.

DON LATINO: ¡Es un atraco, Enriqueta!

LA PISA BIEN: ¡Deje usted las espantás para el calvorota! ¡Vuelta a pellizcarme! ¡Parece usted un chivo loco!

EL POLLO: No le conviene a usted esa gachí.

LA PISA BIEN: En una semana lo enterraba.

DON LATINO: Ya se vería.

EL POLLO: A usted le conviene una mujer con los calores extinguidos.

LA PISA BIEN: A usted le conviene mi mamá. Pero mi mamá es una viuda decente, y para sacar algo, hay que llevarla a la calle de la Pasa.

DON LATINO: Yo soy un apóstol del amor libre.

LA PISA BIEN: Usted se ajunta con mi mamá y conmigo, para ser el caballero formal que se anuncia en La Corres. Precisamente se cansó de dar la pelma un huésped que teníamos, y dejó una alcoba, para usted la propia. ¿Adónde va usted, Don Latí?

DON LATINO: A cambiar el agua de las aceitunas. Vuelvo. No te apures, rica. Espérame.

LA PISA BIEN: Don Latí, soy una mujer celosa. Yo le acompaño.

PICA LAGARTOS deja los secretos con el chaval, y en dos trancos cruza el vano de la tasca. Por el cuello del carrik detiene al curda en el umbral de la puerta. DON LATINO guiña el ojo, tuerce la jeta, y desmaya los brazos haciendo el pelele.


DON LATINO: ¡No seas vándalo!

PICA LAGARTOS: Tenemos que hablar. Aquí el difunto ha dejado una pella que pasa de tres mil reales -ya se verán las cuentas- y considero que debe usted abonarla.

DON LATINO: ¿Por qué razón?

PICA LAGARTOS: Porque es usted un vivales, y no hablemos más.

EL POLLO DEL PAY-PAY se acerca ondulante. A intento deja ver que está empalmado, tose y se rasca ladeando la gorra. ENRIQUETA tercia el mantón y ocultamente abre una navajilla.


EL POLLO: Aquí todos estamos con la pupila dilatada, y tenemos opción a darle un vistazo a ese kilo de billetaje.

LA PISA BIEN: Don Latí se va a la calle de ganchete con mangue.

EL POLLO: ¡Fantasía!

PICA LAGARTOS: Tú, pelmazo, guarda la herramienta y no busques camorra.

EL POLLO: ¡Don Latí, usted ha dado un golpe en el Banco!

DON LATINO: Naturalmente.

LA PISA BIEN: ¡Que te frían un huevo, Nicanor! A Don Latí le ha caído la lotería en un décimo del 5775. ¡Yo se lo he vendido!

PICA LAGARTOS: El muchacho y un servidor lo hemos presenciado. ¿Es verdad, muchacho?

EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Así es!

EL POLLO: ¡Miau!

PACONA, una vieja que hace celestinazgo y vende periódicos, entra en la taberna con su hatillo de papel impreso, y deja sobre el mostrador un número de El Heraldo. Sale como entró, fisgona y callada. Solamente en la puerta, mirando a las estrellas, vuelve a gritar su pregón.


LA PERIODISTA: ¡Heraldo de Madrid! ¡Corres! ¡Heraldo! ¡Muerte misteriosa de dos señoras en la calle de Bastardillos! ¡Corres! ¡Heraldo!

DON LATINO rompe el grupo y se acerca al mostrador, huraño y enigmático. En el círculo luminoso de la lámpara, con el periódico abierto a dos manos, tartamudea la lectura de los títulos con que adereza el reportero el suceso de la calle de Bastardillos. Y le miran los otros con extrañeza burlona, como a un viejo chiflado.


LECTURA DE DON LATINO: El tufo de un brasero. Dos señoras asfixiadas. Lo que dice una vecina. Doña Vicenta no sabe nada. ¿Crimen o suicidio? ¡Misterio!

EL CHICO DE LA TABERNA: Mire usted si el papel trae los nombres de las gachís, Don Latí.

DON LATINO: Voy a verlo.

EL POLLO: ¡No se cargue usted la cabezota, tío lila!

LA PISA BIEN: Don Latí, vámonos.

EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Aventuro que esas dos sujetas son la esposa y la hija de Don Máximo!

DON LATINO: ¡Absurdo! ¿Por qué habían de matarse?

PICA LAGARTOS: ¡Pasaban muchas fatigas!

DON LATINO: Estaban acostumbradas. Solamente tendría una explicación. ¡El dolor por la pérdida de aquel astro!

PICA LAGARTOS: Ahora usted hubiera podido socorrerlas.

DON LATINO: ¡Naturalmente! ¡Y con el corazón que yo tengo, Venancio!

PICA LAGARTOS: ¡El mundo es una controversia!

DON LATINO: ¡Un esperpento!

EL BORRACHO: ¡Cráneo previlegiado!

Luces de bohemia - Ramón María del Valle-Inclán

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