Más allá del bien y del mal

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Más allá del bien y del mal
de Friedrich Wilhelm Nietzsche‎


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[editar] I

La voluntad hacia la verdad, qué nos va a seducir todavía hacia ciertos atrevimientos, aquella famosa veracidad, de la cual todos los filósofos hablaron con honra: ¡qué preguntas nos ha presentado esa voluntad hacia la verdad ya!, ¡Qué preguntas curiosas traviesas discutibles! - ¿Esa ya es una história larga, y sin embargo parece, que no haya empezado recientemente?, ¿Qué milagro, si finalmente nos convertimos en suspicazes, que pierden la paciencia y nos giramos impacientemente?, ¿Qué n o s o t r o s aprendemos a preguntar de esa esfinge?, ¿Quién es, en el fondo dentro de nosotros, que nos pone preguntas?, ¿Q u é dentro de nosotros quiere en el fondo llegar "hacia la verdad"? De hecho, quedamos mucho tiempo parados delante la pregunta hacia la causa de esa voluntad, - hasta que nosotros, finalmente quedamos totalmente parados delante una pregunta más profunda aún. Preguntamos por el v a l o r de esa voluntad. Puesto que queremos verdad: ¿p o r q u é no p r e f e r i m o s no-verdad y engaño?, ¿E incertidumbre?, ¿Incluso ignorancia?

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[editar] IX

¿"De acuerdo con la naturaleza" queréis vivir? ¡Ay — estoicos nobles, qué mentira de palabras! Imaginados un ser, tal como es la naturaleza, abundoso sin medida, indiferente sin medida, sin intenciones y respetos, sin conmiseración y justicia, cruel y abandonado e incierto, imaginados la indiferencia misma como poder — cómo podríais vivir de acuerdo con esa indiferéncia?, ¿Vivir — no es eso justamente un querer-ser-diferente, como es esa naturaleza?, ¿No significa vivir: estimar, preferir, ser injusto, ser limitado, querer ser diferente?

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[editar] XVI

Hay todavía candorosos observadores de si mismos, cuales creen, que haya „certezas directas“, por ejemplo „yo pienso“, o como según la superstición de Schopenhauer „yo quiero“: como si el distinguir/reconocimiento podría concebir su objeto de manera pura y desnuda, como „cosa en sí“, y no tuviera lugar un falseamiento ni del lado del sujeto, ni del lado del objeto. Pues, que „certezas directas“, igual que „cognición absoluta“ y „sujeto en si“, implica una „contradictio in adjecto“, repetiré cien veces: se debería soltarse por fin de la seducción de las palabras! Puede ser que el pueblo crea que el reconocimiento fuera una percepción final. El filósofo tiene que decirse: „si descompono el proceso, que se expresa en la frase „yo pienso“, entonces recibo una serie de proposiciones osadas, que son difíciles de fundamentar, y quizás imposible, — por ejemplo, que lo sea yo, quien piensa, que sobretodo algo tuviera que existir, que piensa, que el pensar fuera una actuación y un efecto de un ser, el cual es pensado como la causa, que exista un "yo", en fin, que ya está claro, lo que se tiene que nombrar, -- que yo sé, qué es Pensar.

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[editar] XVII

Lo que afecta/atanya/concerne/reza/se refire a la superstición de los Lógicos: pues, no voy a cansarme de sublinar un pequeño hecho una y otra vez, que no admiten esos supersticiosos, — es decir, que un pensamiento entra, cuando quiera „ello“, y no cuando quiera „yo“; así que resulta como un f a l s i m i e n t o del hecho, decir: el sujeto „yo“ es la condición del predicado „pensar“. Ello piensa: pero que ese „ello“ fuera justamente aquello viejo famoso „Yo“, es, dicho con clemencia, solamente una presunción, una aserción, sobre todo ninguna „certeza inmediata“. Al final está hecho/dicho ya demasiado con este „ello piensa“: este „ello“ ya contiene una interpretación del procedimiento y no pertenece al procedimiento mismo.

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[editar] XIX

Los filósofos suelen de hablar del libre albedrío (la voluntad libre), como si fuera la cosa más conocida del mundo, incluso Schopenhauer dió para entender la voluntad sola la conocemos en el fondo, la conocemos totalmente, sin descuento y sin añadidura fuera conocida. Pero me parece una vez más que Schopenhauer ha hecho en este caso también, lo que suelen que hacer los filósofos: que él ha absorbido un prejuicio del pueblo y lo ha exagerado. La voluntad me parece sobre todo algo complicado, algo que sólo en forma de palabra constituye una unidad - y esa reducción hacia una palabra encasquilla el prejuicio del pueblo. Ese prejuicio se puso sobre la cautela de los filósofos. Seamos por una vez más cautelosos, seamos „no-filosóficos“ —, digamos: en cada voluntad hay primero una mayoría de sentimientos, es decir el sentimiento de la afección, desde el allí (weg), la sensación de la afección hacía aquí (hin), la sensación desde este „allí" (hin) y „aquí“ (weg) mismo, luego una sensación acompañante de músculos, la cual — sin que pongamos „brazos y piernas“ en marcha — empieza su juego a través de un tipo de costumbre, en cuanto „querramos“ nosotros.

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