Manual de Lavado de Cerebro: Capítulo III
De Wikisource, la biblioteca libre.
No se ha podido verificar si el siguiente texto se encuentra en alguna de las licencias aceptadas por Wikisource. Si eres la persona que subió el texto, deja un mensaje en la página de discusión para indicar el origen y la licencia del texto. Si no se puede determinar su legalidad se procederá a su borrado. Para más detalles véase Wikisource:Políticas de copyrights.
Motivo: ..n primer lugar, yo soy el traductor, así que tengo derechos, como..Usuario:Russed
Firma y fecha: --Silvestre 16:07 19 dic 2006 (UTC)
Se está tramitando la solicitud o confirmación sobre la licencia o derechos de copia sobre este texto.
Véase: Wikisource:permisos de copia
El Hombre está sujeto a ciertos deseos y necesidades que son tan naturales a su esencia como son a la de cualquier otro animal. El Hombre, sin embargo, tiene la peculiaridad de exagerar algunos de éstos más allá de los límites de la razón. Esto es obvio a través del crecimiento de clases acomodadas grupos pseudo- intelectuales, la "Pequeña Burguesía", el capitalismo, y otros males.
Se ha dicho, con verdad, que un décimo de la vida de un hombre está preocupado por la política y nueve décimos con la economía. Sin comida, el individuo se muere. Sin ropa, se hiela. Sin casas y armas, es presa para los lobos hambrientos. La adquisición de artículos suficientes para responder a estos requisitos indispensables de comida, ropa, y refugio, en la razón, es el derecho natural de un miembro de un Estado ilustrado. Un exceso de tales artículos provoca descontento e inquietud. La presencia de artículos y materiales de lujo, y la creación y apertura artificiales de los apetitos, como en la publicidad capitalista, son seguros para acentuar las características menos deseables del Hombre.[1]
El individuo es un organismo económico, en lo que respecta a que requiere una cierta cantidad de comida, una cierta cantidad de agua, y debe contener dentro de él una cierta cantidad de calor para vivir. Cuando él tiene más comida que lo que puede comer, más ropa que la que necesita para protegerse, entra entonces en cierta ociosidad que embota su inteligencia y conocimiento, y lo hace presa para dificultades que, en un estado menos tóxico, habría previsto y evitado. Por lo tanto, tenemos que un exceso es una amenaza al individuo.
No es menos diferente en un grupo. Donde el grupo adquiere demasiado, su conocimiento de sus propios compañeros y del ambiente es en consecuencia reducido, y la eficacia del grupo en general se pierde.
El manteniendo de un equilibrio entre glotonería y la necesidad es el campo de la Economía apropiada, y es la asignatura apta y la preocupación del Estado Comunista.
El deseo y la necesidad son un estado de mente. Los individuos pueden ser educados para desear y querer más de lo que pueden alguna vez posiblemente obtener, y tales individuos son desdichados. La mayoría de las características autónomas de los capitalistas vienen completamente de la codicia. Él (el capitalista) explota al trabajador lejos más allá de cualquier necesidad que de su propia parte, como un capitalista, necesita.
En una nación donde no se controlan los equilibrios económicos, el apetito del individuo es excesivamente abierto por persuasiones encantadoras y elaboradas para desear, y un tipo de locura sucede, donde cada individuo es convencido de que posea más de lo que puede usar, y de poseerlo incluso a expensas de sus compañeros.
Existe, en los equilibrios económicos, el otro lado. La privación demasiado larga y demasiado grande puede provocar deseos insalubres que, en sí, se acumulan si se los deja a solas más de lo que el individuo puede usar. La pobreza misma, tan cuidadosamente cultivada en los estados capitalistas, puede provocar un desequilibrio de la adquisición. Así como un vacío atraerá las masas hacia él, en un país donde se permite la privación forzada sobre las masas, y donde el deseo es abierto artificialmente, la necesidad se vuelve codicia, y uno descubre fácilmente en tales estados la explotación de los muchos para el beneficio de los pocos.
Si uno, por las tecnologías de Psicopolítica, fuera a embotar esta codicia excesiva en los pocos que la poseen, el trabajador sería liberado para buscar un equilibrio más natural. Aquí tenemos dos extremos. Cualquiera de los dos de ellos es una locura. Si deseamos crear una locura sólo necesitamos saturar o privar a un individuo lejos más allá de la habilidad para soportar y tenemos un desequilibrio mental. Un ejemplo simple de esto es la alteración de presiones demasiado bajas con (presiones) demasiado altas en una cámara, un procedimiento psicopolítico excelente. La presión rápidamente variada provoca un caos en que la voluntad individual no puede actuar y donde otras voluntades, forzosamente, asumen entonces el control.
Esencialmente, en un país entero uno debe eliminar al avaro por cualquier medio, y luego debe crear y continuar una semi- privación en las masas para comandar y controlar la nación completamente. Para suprimir las voluntad individuales de las masas debe adoctrinarse en las masas una esperanza interrumpida por la prosperidad con muchos sueños y visiones del exceso de comodidad, y esta esperanza debe ser contrastada contra la realidad de la privación y la amenaza continua de la pérdida de todos factores económicos en caso de la deslealtad al Estado.
En una nación bajo conquista como América, nuestro enfoque lento y sigiloso necesita tomar ventaja solamente del ciclo de bonanzas y depresiones inherente a las naciones capitalistas para asegurar el control cada vez más fuerte sobre las voluntades individuales. Una bonanza es tan ventajosa como una depresión para nuestros fines, porque durante la prosperidad que nuestras líneas de propaganda sólo deben continuar resaltando la riqueza que el período está repartiendo a los pocos selectos para divorciar su control del estado. Durante una depresión uno sólo debe señalar que sucedió como resultado de la avaricia de unos pocos y la incompetencia política general de los líderes nacionales.
El manejo de la propaganda económica no es propiamente la esfera de la Psicopolítica, pero el psicopolítico debe entender las medidas económicas y objetivos Comunistas relacionados con ellos. Las masas han llegado últimamente a creer que sólo la tributación excesiva de los ricos puede relevarlos de la "Clase de ocio onerosa" y pueden por lo tanto ser traídas a aceptar una cosa tal como el impuesto sobre la renta, un principio marxista se resbaló fácilmente en el marco capitalista en 1909 en los Estados Unidos. Esto aunque la ley básica de los Estados Unidos lo prohibía y aunque el Comunismo había estado activo sólo algunos años en América en ese momento. Tal éxito como la ley de Impuesto a las Ganancias, si hubiera sido seguido totalmente podría haber traído a los Estados Unidos y no a Rusia en la escena mundial como la primera nación Comunista. Pero la virilidad y el sentido común del pueblo ruso ganó. Podría no ser que los Estados Unidos se harán completamente Comunistas hasta pasada la mitad del siglo pero cuándo lo haga será debido a nuestro conocimiento de gran calidad de economía y de Psicopolítica.
El agente Comunista experimentado en economía tiene como su tarea el soborno de organismos de impuestos y su personal para crear el máximo disturbio y caos y la aprobación de leyes se adaptadas a nuestros propósitos, y a él debemos dejar esta tarea. El operador psicopolítico tiene un papel claramente diferente en el drama. El rico, el experimentado en finanzas, el bien informado en gobierno son blancos particulares e individuales para el psicopolítico. El suyo es el papel de quitar del tablero a esos individuos que detendrían o corromperían los programas económicos Comunistas. Por lo tanto un operador psicopolítico debe haber traído a su equipo como un confidente confiado a cada hombre rico, cada estadista, cada persona bien informada y capaz en el gobierno.
Las familias de estas personas están a menudo trastornadas a partir de la ociosidad y el exceso, y este hecho debe ser se aprovechado, incluso creado. La salud y el desenfreno normales del hijo de un hombre rico deben ser retorcidos y pervertidos y explicados en la neurosis y luego, ayudado por una administración oportuna de drogas o violencia, convertidos en criminalidad o locura. Esto causa inmediatamente que alguien en la "Curación mental" se contacte confidencialmente con la familia, y desde este punto en adelante se debe luego aprovechar al máximo ese contacto.
El comunismo podía tener éxito mejor si, como el lado de cada uno de éstos hombres ricos o influyentes pudiese ponerse un operador psicopolítico, una autoridad indiscutida en el campo de la "Curación mental" que pudiera entonces, por su consejo u opiniones guiadas, o a través del medio de una esposa o hija, ordenar a la política óptima para embrollar o perturbar las políticas económicas del país y, cuando llegue el momento eliminar al hombre rico o influyente para siempre, administrar la droga o el tratamiento apropiados para provocar su completa internación como un paciente en una institución o su muerte por suicidio.
Plantado al lado de las personas poderosas de un país el operador psicopolítico también guiar otras políticas para la mejora de nuestra batalla.
El capitalista no conoce la definición de la guerra. Él piensa en la guerra como el ataque con fuerza realizado por soldados y máquinas. No sabe que una más eficaz aunque algo más larga guerra puede lucharse con pan o, en nuestro caso, con drogas y la sabiduría de nuestro arte. El capitalista nunca ha ganado una guerra en verdad. El psicopolítico está teniendo poca dificultad en ganar ésta.
[editar] Referencias
- ↑ N. del T: En este punto coincido. "Lo necesario para todos, lo superfluo para ninguno", como repetía Santo Tomás Moro en su obra Utopía, del siglo XVI, que refleja la preocupación, ya en aquella época, por construir un mundo mejor, ideal. Moro entendía hacia dónde debían destinarse, necesariamente, todos los recursos humanos y materiales, toda la energía creativa y la fuerza laboral, sin que nada se desvíe o derroche.