Novena devota del glorioso apóstol San Vicente Ferrer

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Novena devota del glorioso apóstol San Vicente Ferrer
de la Orden de Predicadores del Convento de la Pasión



Compendio de la prodigiosa vida del glorioso San Vicente Ferrer[editar]

El dia 23 de enero del año 1340 nació San Vicente Ferrer en Valencia, ciudad que da nombre á su reino. Su nacimiento verdaderamente fue un rasgo de la gran bondad, misericordia y providencia de Dios para con su Iglesia. Se hallaba ésta entonces sumamente agitada de la corrupcion de costumbres é ignorancia en los deberes para con Dios y su santa ley, que reinaban en la mayor parte de las naciones de Europa, y resfriada la caridad y la piedad de muchos de sus hijos. Dios ofendido castigó á casi toda la Europa con la peste horrorosa que la envió el año 1338, y que duró cerca de dos años; al fin de los cuales al glorioso San Vicente Ferrer, como un signo de su misericordia, para que como su Apostol con las señales de un verdadero apostolado reparase la piedad, purificase el santuario, y atrajese á Dios y á su felicidad á los que ni aun aquel castigo horroroso del Señor (la peste dicha) habia abierto los ojos de sus almas, cerrados con el sueño de los vicios.

Fue prevenido San Vicente con las dulzuras de la gracia, y educado por sus piadosos padres en el santo temor de Dios y virtudes cristianas, cual convenia á las sublimes ideas que el Señor tenia sobre él. Fue un angel desde niño, y de un angel fueron sus acciones y sus estudios. De diez y siete años era ya filósofo y teólogo, y tenia sublimes conocimientos de la ciencia de los Santos, que no es otra que la de las virtudes fundadas en la humildad y perfeccionadas con la caridad.

Para llenar por su parte los designios de Dios, que ya conocia, y de que le habia dado exactas ideas y signos nada equívocos, tomó el hábito de Santo Domingo en el convento de Predicadores de Valencia, su patria. Aqui, al paso que se perfeccionó en todas las virtudes, y heroicamente cumplió y llenó sus solemnes votos y leyes de su Orden, hizo otro tanto con las ciencias y con la oratoria sagrada propias de su instituto, que sus Prelados, aun siendo muy joven, le mandaron enseñar públicamente, graduándole de Doctor y Maestro.

Dios, como va dicho, le destinaba para su Apostol en la mayor parte de Europa, y le separó, como en otro tiempo á Pablo y Bernabé, de la enseñanza en las Universidades para la grande obra á que le destinó; á saber, la de llevar su santo nombre á las gentes, á los reinos y á los hijos de Israel, como hizo con aquéllos.

Comenzó pues su Apostolado y predicacion con tal zelo, con tanta erudicion, con tales signos prodigiosos, que muy en breve se vieron unis efectos tan admirables, que dieron bien á entender que su mision era de Dios. Judíos, hereges, mahometanos, malos cristianos á millares se convertian al Señor. España, Francia, Inglaterra, parte de Alemania, la Italia, fueron reinos que esperimentaron las mayores y mejores reformas con la predicacion y vida santa de este nuevo Apostol.

Como á tal, Dios le dio la autoridad y poder de hacer milagros, ilustrándole con los dones de su santo espíritu, señales, dice San Pablo, de un verdadero Apostol. Con estos, si su doctrina fue alguna vez despreciada de los enemigos de la fé, quedaban todos enmudecidos, confundidos, y convertidos. Predicaba siempre en su nativo idioma, y todas las gentes le entendian en los suyos propios. La naturaleza y sus leyes parece están á su disposicion: él mandaba en los elementos, y tenia, digámoslo asi, dominio sobre la vida y la muerte.

Resucitó muchos muertos, sanó paralíticos, curó toda clase de enfermos, dio vista á los ciegos, oido á los sordos, hizo andar á los cojos y tullidos, lanzó el maligno espíritu de los obsesos, dio partos felices, y aun sacó en ellos de los umbrales de la muerte á muchas mugeres que peligraban. Por último, fueron tantos los milagros que en vida y muerte obró, que averiguados sobre ochocientos por los jueces de su canonizacion, dejaron ya de comprobar otros muchos por no hacer interminable el proceso. Para conocer si serian muchos los que obró, basta saber que todos los dias despues del sermon mandaba al compañero que llevaba tocar una campanilla á hacerlos. Tocau á fer milacres, decia en su idioma nativo.

Sobre estos divinos dones el Espíritu Santo le enriqueció con el de profecía, de consejo, de discrecion de espíritus, de sabiduría, últimamente de cuantos estuvieron adornados los que el Señor destinó para sus Apóstoles.

Mas no por solo este destino sublime y angelical que el Señor dio á su siervo san Vicente le hizo tan poderoso en obras y palabras, sino por el modo con que correspondió á su divina gracia y á sus dones, siendo heroico en todas las virtudes morales y cristianas. Fue humilde hasta el estremo de no firmarse sino con el nombre de pecador, persuadiéndose era el mayor de todos los pecadores. Asi es que fue cruelísimo consigo mismo, usando siempre del cilicio, de la disciplina, abstinencias, ayunos y toda obra de mortificación y de penitencia, con que procuraba aplacar al Señor por sus culpas enormes en sola su imaginacion. Fue purísimo en alma y cuerpo; paciente, lleno de mansedumbre, de piedad, de zelo, de caridad, sosteniendo estas virtudes con una oracion continua; en una palabra, era en un todo conforme á Jesucristo.

Desde su misma niñez asi lo fue, y en él no hubo mas alteracion que los mayores grados de perfeccion con que cada dia adelantaba en esta conformidad y en sus heroicas virtudes. En medio pues de tanta heroicidad, amado de Dios y de los hombres, entre los dulcísimos nombres de Jesus y de María rindió su espíritu en manos del Señor á 5 de abril de 1419 en Vannes, ciudad de la Bretaña menor en el reino de Francia, y le colocó el Omnipotente en su paraiso celestial, premiando asi sus virtudes, su zelo apostólico, su heroica santidad, y haciendo que su memoria permanezca por medio de signos prodigiosos y de milagros estupendos en el corazon de sus devotos entre bendiciones, alabanzas y eterna gratitud.

Luego que el Santo fue beatificado y canonizado, creciendo cada dia mas y mas la fama de los milagros y beneficios que por su poderosa intercesion Dios hacia á sus devotos, comenzaron éstos á reclamarla por medio de cultos piadosos y religiosos, y de novenarios que hacian en su honor. Nuestra España especialmente ha adoptado éstos, y por su medio ha interesado frecuentemente al Santo.

Con los calamitosos tiempos que han transcurrido no ha dejado de resfriarse la piedad y devocion en algunos, que con frecuencia omiten estas y otras prácticas piadosas: y en otros una piedad mal entendida ha hecho emplear las novenas de los Santos en meras estériles alabanzas, sin tratar de edificarse con sus virtudes. Para ocurrir al primer escollo y avivar la piedad de aquellos, ha parecido conveniente ofrecerles esta Novena de San Vicente Ferrer, bastante abreviada, extractada de otra que por dilatada, aunque muy devota, algunos se cansaban de ella: y para evitar el segundo, se ha puesto esta misma por orden de virtudes, para que la consideracion de una de ellas cada dia nos escite á imitarla en el egemplar que nos ofrece el mismo Santo: y asi al paso que le alabemos y procuremos su favor en la secuela de sus virtudes, nos proporcionemos iguales objetos de alabanza en la Gloria de los bienaventurados.


Advertencias[editar]

1.ª Para hacer con fruto esta Novena se debe confesar y comulgar el dia que se empiece, con el objeto de que sea con toda pureza de alma y cuerpo, y merecer que el Señor oiga nuestras oraciones. Y será muy bueno repetir esta diligencia el último dia.

2.ª En el tiempo que se destina para la meditacion, procuraremos recoger nuestro interior y dejándonos de rezos y otras devociones, meditaremos precisamente en la virtud que se propone para cada dia, procurando fijarla en nuestro corazon.

3.ª Cuando pidamos á Dios el socorro en nuestras necesidades corporales, hágase con fé viva, pero resignados en la divina voluntad; porque si no nos conviene, es gran piedad de Dios el que no nos lo conceda.

4.ª Será muy bueno que los Predicadores dirijan sus sermones á engrandecer la virtud que toque meditar aquel dia, declamando contra el vicio opuesto, y procurando escitar á los fieles á abrazarla con los egemplos que de ella dio el glorioso San Vicente.


Modo de hacer la novena[editar]

Dia primero[editar]

Temor de Dios

Puesto de rodillas delante del Altar ó Imagen de San Vicente, y hecha la señal de la cruz, dirá el Acto Contricion siguiente:

Señor mio Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, en cuyos misterios y fe creo, en cuya misericordia y méritos infinitos de vuestra pasion y muerte espero ser eternamente feliz, y á quien amo sobre todas las cosas y aun sobre mi propia vida, me pesa, Dios mio, haberos ofendido, por ser vos quien sois y por vuestra infinita bondad; y propongo perder mil vidas que tuviese, antes que volveros á ofender, y satisfaceros, ayudado de vuestra divina gracia, por mis ofensas. Os doy palabra firme de confesarme y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos: espero en vuestra misericordia infinita me perdonareis todos mis pecados, y me dareis gracia para perseverar en estos mis propósitos firmes, y emplearme en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amen.

Oracion para todos los dias

Glorioso Padre San Vicente, dignísimo hijo de Santo Domingo, que destinado por Dios para Predicador de las gentes, mereciste que tu alma fuese adornada con todas las virtudes y dones del Espítiru Santo, para que con tu doctrina y ejemplo convirtieses los pecadores á verdadera penitencia, y atrajeses á los infieles á la fé de Jesucristo: humildemente te pido interpongas tus poderosos méritos ante nuestro Dios y Señor, para que apartando de mí cuanto le sea desagradable, me conceda la gracia de imitar tus virtudes, y con ellas emplearme en su santo servicio hasta el último momento de mi vida. Amen.

Oracion para el primer dia

Dulcísimo Jesus, que deseando que todos los hombres, ayudados por vuestra divina gracia, obrasen en temor y temblor su eterna felicidad, les manifestásteis siempre con vuestras palabras y egemplos el fundamento de la verdadera sabiduría en este mismo temor, y que en vuestro siervo San Vicente Ferrer les ofrecísteis un modelo práctico de este precioso don del Espítiru Santo, mandándole anunciase á todas las gentes la proximidad de vuestro juicio, para que los pecadores se retrajesen de vuestras ofensas, y emprendiesen una saludable penitencia: concededme, Dios mio, por la intercesion del mismo Santo, que penetrada mi alama de este santo temor, y teniendo á la vista vuestros altos juicios, huya de todas las ocasiones de pecar, y me haga digno de vuestras misericordias. Amen.

Aquí meditará cada uno el dia del juicio, y procurará imprimir en su alma el santo temor de Dios.


Concluida la meditacion dirá los versos siguientes:

Misericordia, Señor, y atended piadoso á mi corazón.
Misericordia, Dios mio, que mi alma se halla enferma, y las virtudes estan en ella muy desmayadas y perdidas.
Misericordia, Señor, y atended a lo humillado y abatido que me veo de mis enemigos.
Misericordia, Señor, que me veo angustiado, y habiendo provocado contra mí vuesta justicia, me hallo confuso, y se estremece mi cuerpo.
Misericordia, Dios mio, y sea segun vuestra gran clemencia.
Misericordia, Señor, que me atropella el enemigo; todo el dia me acomete y molesta.
Misericordia, Señor, pues en vos confia mi alma, y se alegra mi corazón en vos. Gloria Patri, E.c.


Oracion á S. Vicente Ferrer
Para el primer dia.

Amado Padre San Vicente, que poseido del santo temor de Dios, diste abundantísimos frutos de verdadera sabiduría, y predicándole á los pecadores é infieles, los ilustraste en los verdaderos caminos de su eterna felicidad: alcánzame, que temiendo yo á Dios siga el camino de las virtudes, de que tantos y tan repetidos egemplos nos diste, que guia al objeto de mi felicidad, que consiste en la posesion del mismo Dios. Amen.

Para alcanzar esta gracia se dirá tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá todos los dias con la siguiente oracion.

Glorioso Apostol de Valencia San Vicente, te consta, Santo mio, la necesidad de mi alma, y el consuelo que necesita; por tanto te suplico humildemente interpongas delante de Dios tus poderosos méritos, para que consiga de su divina piedad las virtudes y la gracia que pido en esta Novena; y que en el artículo de mi muerte me dé conocimiento entero, me conserve el habla para la confesion de mis culpas, me conceda una perfecta contricion de ellas, una fé viva, una esperanza firme, y una caridad ardiente, para que con toda seguridad y puro corazón pueda decir: En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu, que eres bendito y glorioso en los siglos de los siglos. Amen.

Dia segundo[editar]

Humildad.

Hecha la señal de la cruz, dicho el Acto de Contricion, y la oracion Glorioso Padre, &c., como en el primer dia, pág. 16, luego se dirá la siguiente oracion.

Dulcísimo Jesus, que deseoso de plantar en el corazon de los hombres la verdadera humildad, no dudásteis tomar forma de siervo, humillándoos hasta la muerte de Cruz; y que en vuestro siervo San Vicente renovásteis frecuentemente egemplos de humildad, con los que yo abatiese mi amor propio: ilutrad, Dios mio, mi alma, para que conociendo mi miseria huya del orgullo y vanidad, enemigos capitales de ella, y únicamente apetezca el desprecio y abatimiento, para que asi algun dia sea por vos, segun vuestra promesa, ensalzado y glorificado entre los verdaderos humildes en la gloria. Amen.

Aqui considerará cada uno su propia nada, y pedirá á Dios la verdadera humildad. Luego dirá los versos Misericordia Señor, &c., pág. 18, y después la siguiente oración.

Amado Padre San Vicente, espejo clarísimo de humildad, que alabado y aclamado de Pontífices, de Reyes, de Príncipes, y de los puesblos, quienes á porfia te llenaban de honores, supiste conservarte humilde, desechando todo orgullo y vanidad: alcánzame, Santo mio, esta virtud, con la cual á su egemplo desprecie el vicio de la soberbia, y viendo mi nada y mi miseria, conozca que solo Dios es el grande, á quien únicamente es debido el honor y la gloria; y de él espere la que tiene preparada á los humildes y mansos de corazon. Amen.

Se dirá tres veces Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá con la oracion Glorioso Apostol de Valencia, &c., pág.20.


Dia tercero[editar]

Caridad.

Hecha la señal de la cruz y dicho el Acto de Contricion y la oracion Glorioso Padre, &c. pág. 16, luego dirá la siguiente oracion.

Dulcísimo Jesus, que llevado del amor al hombre bajásteis del cielo á la tierra, os vestísteis de nuestra humana naturaleza, y padecísteis muerte atroz en una cruz, para de este modo llamar su atencion á fuerza de beneficios á vuestro amor y servicio, dándole ademas un egemplar de heroica caridad en vuestro siervo San Vicente, con cuya virtud supo él tanto agradaros y serviros: os suplico inflameis mi voluntad con el fuego de esta caridad, para que á vos solo ame, á vos solo sirva, y desprecie por vos aun mi propia vida, ganándola asi para mi propia felicidad. Amen.

Aquí se considerará el amor que nos tiene nuestro Dios, y la obligacion que tenemos de corresponder á este amor.

Luego dirá los versos Misericordia Señor, &c., pág. 18, y despues la siguiente oracion.

Amado Padre San Vicente, que cual serafin abrasado en amor de Dios, dia y noche meditabas su santa ley con el objeto de agradarle en todo; indagabas su divina voluntad para cumplirla, y en continuas alabanzas al Señor esplicabas tu caridad: abrasa, Santo mio, mi alma con el fuego de esta heroica virtud, para que á imitacion tuya yo sirva á mi Dios, y le ame con todo mi corazon, á fin de que despreciando todas las cosas por su amor, merezca alcanzar su gracia y su gloria. Amen.

Se dirá tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá con la oracion Glorioso Apostol, &c., pág. 20.


Dia cuarto[editar]

Castidad.

Hecha la señal de la cruz y dicho el Acto de Contricion y la oracion Glorioso Padre, &c., pág. 16, se dirá la siguiente oracion.

Dulcísimo Jesus, que agradándoos en tanto grado la virtud de la pureza, nacísteis de una Madre Vírgen y distinguísteis con particular amor á vuestro virgen discípulo San Juan; y sobre estos ejemplares nos habeis dado en vuestro siervo San Vicente un Angel en esta santa virtud, para que á su ejemplo nosotros seamos puros y castos en obras, palabras y pensamientos: concededme, Jesus mio, por su intercesion poderosa, que aparte yo de mi corazón todo impuro deseo, y sea casto en obras y palabras, para que asi sea digno de entonar aquel dulce cántico que cantan los puros y castos en el cielo. Amen.

Aquí se meditará sobre la hermosura de la Pureza, pidiendo al Señor que nos la dé en alma y cuerpo.

Luego se dirán los versos Misericordia Señor, &c., pág. 18, y despues la siguiente oracion.

Amado Padre San Vicente, espejo cristalísimo de pureza y castidad, que conservaste con los auxilios de la gracia todo el discurso de tu vida, apartándote de aquellas ocasiones peligrosas que los enemigos de nuestras almas escogen para empañarlas y perderlas, viviendo siempre mortificado en tus sentidos, y conteniendo tus pasiones con el ayuno y la penitencia: alcánzame, Santo mio, que mortificando yo mis pasiones y apetitos, y manteniéndome siempre puro y casto en obras, palabras y pensamientos, sea templo vivo del Espíritu Santo. Amen.

Se dirá tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá con la oracion Glorioso Apostol de Valencia, &c., pág. 20.

Dia quinto[editar]

Mortificacion.

Hecha la señal de la cruz y dicho el Acto de Contricion y la Oracion Glorioso Padre, &c., pág. 16, se dirá la siguiente oracion.

Dulcísimo Jesus, que venido al mundo á redimir al hombre, y á enseñarle los caminos de su salvacion con vuestros egemplos y doctrina, le guiásteis por el de la mortificacion, ayunando, velando, padeciendo hambre, desnudez y cansancio; y le dísteis para egemplar de esta virtud á vuestro siervo San Vicente, para que como él mortificásemos nuestra carne con nuestros apetitos: infundid, Salvador mio, en mi alma vivísimos deseos de imitaros, para que mortificados mis apetitos y pasiones, y macerada mi carne con la penitencia, satisfaga en algun modo á vuestra justicia por mis culpas, y merezca ser escrito en el libro de la vida. Amen.

Aqui se meditará cuánta necesidad tenemos de mortificar nuestra carne, para que no se rebele contra el espíritu.

Luego se dirán los versos Misericordia Señor, &c., pág. 18, y despues la siguiente oracion.

Amado Padre San Vicente, que para tener siempre sujetos tus apetitos y pasiones, los tuviste toda tu vida clavados en la cruz de Jesucristo, mortificándolos con ayunos, abstinencias, cilicios, disciplinas y demas géneros de penitencias con que pudiste vencer los enemigos de nuestra salud: alcánzame, Santo mio, aquel espíritu de mortificacion que vino á enseñarnos Jesucristo, para que crucificado yo con él en la tierra, merezca resucitar con él en su gloria. Amen.

Se dirá tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá con la oracion Glorioso Apostol de Valencia, &c., pág. 20.


Dia sexto[editar]

Paciencia.

Hecha la señal de la cruz y dicho el Acto de Contricion y la Oracion Glorioso Padre, &c., pág. 16, se dirá la siguiente oracion.

Dulcísimo Jesus, que anunciado como varon de dolores y enfermedades tolerásteis con las mas heroica paciencia los que cargaron sobre vos por los pecados de los hombres; y lejos de abrir la boca para quejaros de los golpes, injurias, oprobios y contusiones, con que indignamente fuísteis tratado, orásteis por los mismos enemigos, que asi os mortificaron y crucificaron; y á mayor abundamiento quisísteis poneros por admirable egemplar de paciencia á vuestro siervo San Vicente en los trabajos que padeció, para que nos avergonzásemos de nuestro poco sufrimiento: dadme, Dios mio, esta paciencia, para que á imitacion vuestra yo sufra, resignado en vuestra divina voluntad, los agravios é injurias de mis prógimos, y los trabajos que de cualquier modo me vengan, y asi se cumpla en mí el dicho de vuestro Apostol: Si con Cristo padecemos, con Cristo seremos glorificados. Amen.

Aquí se meditará la resignacion que tuvo Jesucristo en medio de sus tormentos y su muerte, y el poco sufrimiento que tenemos en nuestros trabajos.

Luego se dirán los versos Misericordia Señor, &c., pág. 18, y despues la siguiente oracion.

Amado Padre San Vicente, que perfecto imitador de Jesucristo crucificado sufriste con la mayor paciencia y mansedumbre, asi los grandes trabajos y enfermedades con que Dios provocaba tu virtud, como los malos pensamientos, falsos testimonios, calumnias y burlas pesadas de hombres perdidos, de mugeres escandalosas, y aun de algunos de tus discípulos, perdónandolos á imitacion del mismo Jesucristo, y dispensándoles favores y beneficios: alcánzame, Padre mio, que imite yo esta misma mansedumbre y paciencia, para que con verdad diga á mi Dios: Perdónanos nuestras deudas, asi como nosotros perdonamos á nuestros deudores. Amen.

Se dirá tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá con la oracion Glorioso Apostol de Valencia, &c., pág. 20.


Dia séptimo[editar]

Oracion.

Hecha la señal de la cruz y dicho el Acto de Contricion y la Oracion Glorioso Padre, &c., pág. 16, se dirá la siguiente oracion.

Dulcísimo Jesus, que despues de haber persuadido á los hombres la necesidad de orar, y enseñándoles el modo de hacerlo, les dísteis continuos ejemplos de oracion, y quisísteis que dedicado siempre á esta virtud vuestro siervo San Vicente se verificase en él lo que decia San Pablo; que nuestra conversacion es en los cielos, para que nosotros, siguiendo sus pasos, nos acostumbrásemos á este santo ejercicio: moved, Jesus mio, mi alma para que se dedique en un todo á la oracion, y merezca conseguir por ella vencer los enemigos de mi eterna salud, y tolerar las tribulaciones por donde debo pasar para ser feliz. Amen.

Aquí se meditará cuánta necesidad tenemos de los auxilios de Dios, los cuales se consiguen por medio de la oracion.

Luego se dirán los versos Misericordia Señor, &c., pág. 18, y despues la siguiente oracion.

Amado Padre San Vicente, que penetrado de la bondad y misericordia del Señor para con los hombres, y que solo de sus benéficas manos les han de venir los auxilios y la gracia para amarle, servirle y vencer los enemigos de su salvacion, te elevabas en la mas alta contemplacion para darle gracias por tan incomparables beneficios: alcánzame, Santo mio, que penetrado yo de estos mismos sentimientos, tenga una oracion fervorosa, por la que consiga todo cuanto necesito para la salud de mi alma. Amen.

Se dirá tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá con la oracion Glorioso Apostol de Valencia, &c., pág. 20.

Dia octavo[editar]

Amor al prógimo.

Hecha la señal de la cruz y dicho el Acto de Contricion y la Oracion Glorioso Padre, &c., pág. 16, se dirá la siguiente oracion.

Dulcísimo Jesus, que llevado del amor á los hombres quisísteis nacer verdadero hombre sin dejar de ser Dios, vivir y conversar con ellos, enseñarles los caminos de la verdadera felicidad, y morir últimamente por ellos; cuyo ejemplar unido con el de vuestro siervo San Vicente, que se desvivia por el bien de sus prógimos, nos dice el mutuo amor que debe reinar entre los hombres: comunicadme, Dios mio, eficaces deseos de amar á mis prógimos, aun á mis enemigos mismos, y de hacerles todo el bien posible en lo temporal y espiritual, para que asi merezca oir algun dia de vuestra boca lo que oirán vuestros escogidos: Venid, benditos de mi Padre, al reino que os tendo preparado. Amen.

Aquí se meditará la obligacion que tenemos de amar á nuestros prógimos, pues todos somos hijos de un mismo Padre, que es Dios.

Luego se dirán los versos Misericordia Señor, &c., pág. 18, y despues la siguiente oracion.

Amado Padre San Vicente, que abrasado en el amor de tus prógimos les procurabas todos los bienes posibles con tu predicacion, oraciones y penitencias por su salud eterna, y con tus estupendos milagros por su bien temporal: te suplico, Santo mio, me alcances del Señor iguales deseos de emplearme en la salud de mis hermanos, aunque fuesen mis mayores enemigos, amándolos de todo corazon, y procurando su verdadera felicidad para que yo reciba el premio condigno en el reino de los cielos. Amen.

Se dirá tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá con la oracion Glorioso Apostol, &c., pág. 20.

Dia nono[editar]

Penitencia.

Hecha la señal de la cruz y dicho el Acto de Contricion y la Oracion Glorioso Padre, &c., pág. 16, se dirá la siguiente oracion.

Dulcísimo Jesus, que lleno de bondad no quereis la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, proporcionándole el remedio de su conversion en la penitencia y aborrecimiento de sus culpas, y dándole un vivo ejemplar en vuestro siervo San Vicente, que á pesar de su inocencia castigaba continuamente su cuerpo, y le reducia á servidumbre para que yo aprendiese á castigar el mio, que tantas veces ha pecado: concededme, Señor mio, fortaleza para satisfaceros con obras de penitencias las muchas ofensas que os tengo hechas, y asi justificado como el Publicano merezca vuestro perdon, vuestra gracia y vuestra gloria. Amen.

Aquí se meditará cuánto necesitamos ejercitar la penitencia para satisfacer por nuestros pecados.

Luego se dirán los versos Misericordia Señor, &c., pág. 18, y despues la siguiente oracion.

Amado Padre San Vicente, clarísimo espejo de inocencia, que no teniendo culpa de grave de que llorar, derramabas lágrimas copiosas de dolor, y castigabas tu inocente cuerpo con el ayuno, el cilicio y las disciplinas, las mas veces de sangre, por los defectos leves y precaverlos: alcánzame, Santo mio, un verdadero conocimiento de mis pecados, un dolor intensísimo de haber ofendido á Dios, y un ánimo resuelto de satisfacer al Señor con obras de penitencia, con que pague en esta vida las penas que merezco por ellos, y asi purificado y santificado, pueda entrar en el reino de la gloria. Amen.

Se dirá tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, &c., y se concluirá con la oracion Glorioso Apostol de Valencia, &c., pág. 20.

Gozos al glorioso S. Vicente Ferrer[editar]

Pues gozas supremo honor
Por tu virtud eminente,
Sed, Apostol San Vicente,
Nuestro amado protector.

El cielo antes de nacer
Tu santidad pronostica,
Y con milagros publica
Los prodigios que has de hacer.
De tu virtud superior
Fue el indicio mas patente.
Sed, Apostol, &c.
Valencia en tu nacimiento
Se esplicó con alborozo,
Adelantándose el gozo
Para aplaudirte portento.
Hizo inmortal su esplendor
Con las luces del Oriente.
Sed, Apostol, &c.


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