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LIBRO I.
3. Decía que «la cepa lleva tres racimos: el primero de gusto, el segundo de embriaguez y el tercero de disgusto». Admirábase mucho de que entre los griegos se desafiasen los artistas y juzgasen de las obras los que no eran artífices. Preguntado de qué forma se haría uno abstemio o aguado, respondió: «Mirando los torpes gestos de los borrachos». Decía también que se maravillaba de «cómo los griegos, que ponen leyes contra los que injurian a otros, honran a los atletas que se hieren mutuamente». Habiendo sabido que el grueso de las naves no es más de cuatro dedos, dijo: «Tanto distan de la muerte los que navegan». Llamaba al aceite «medicamento de frenesí, pues ungidos con él los atletas se enfurecían más unos contra otros». Decía: «¿Cómo es que los que prohíben el mentir mienten abiertamente en las tabernas?» Admirábase también de que «los griegos al principio de la comida beban en vasos pequeños, y después de saciados en vasos grandes»[1]. En sus retratos anda esta inscripción: «Se debe refrenar la lengua, el vientre y la carne».