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buena conducta, firmado por su jefe, quedarían absueltos del resto de la condena. Respondieron las autoridades, que sería obedecido el mandato con la sumisión debida a las órdenes de los reyes, y luego de darse testimonio por el notario con el procurador Fernando del Salto y dos testigos, a saber: el alcalde Lorenzo de Escarrana y García Fernández Camero, se hizo la misma publicación en Moguer.1
Más cuando se divulgó la noticia, de que se trataba de navegar con rumbo a occidente, y penetrar en la mar Tenebrosa, se llenaron de espanto y consternación los habitantes; pues este solo nombre helaba la sangre en el corazón de los mas intrépidos.
Hoy, desde la cumbre del saber, nos causará extrañeza semejante terror; pero, en aquel tiempo era natural y casi lógico, porque se apoyaba en la razón. El telescopio no había medido aun el espacio, ni enumerado las miríadas de soles de la vía láctea, ni tomado la proyección de los picos de la Luna, ni contado los satélites de Júpiter y Urano, ni descompuesto el triple anillo de Saturno, ni pesado las diversas masas, ni calculado los diferentes rumbos de los mundos, que gravitan en torno de nuestro Sol, y la composición, el peso y el volumen de la tierra ni estaban establecidos, ni su forma determinada. Unos opinaban que era plana, larga y que se prolongaba de un modo indefinido por el inconmensurable Océano, otros que era cuadrada, y que hielos y mar sin límites la rodeaban; se negaba terminantemente la existencia de los antípodas, y se admitían "zonas inhabitadas". A consecuencia de los errores de la náutica, las lecciones de los geógrafos se manifestaban tan oscuras y contradictorias como el caos. No debe pues causar extrañeza que tal confusión se reflejara en las inteligencias. Como en la mente lo desconocido se da la mano con lo tenebroso, y lo tene-
1. Real Sobre-Carta. Suplem. prim. a la colec. diplom., núm. VIII.