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Reinaban á la sazon en Palos la zozobra y el desaliento, pues no habia una familia á la cual no preocupara la suerte que hubiera podido caber á un pariente, ó á un amigo: todos temian participase sus temores, porque los consideraban perdidos para siempre en los abismos de la mar Tenebrosa. Siete meses y doce dias iban transcurridos; que también los dias se contaban entonces, sin recibir nuevas de aquellos hijos del pueblo, que una orden de los reyes obligó á seguir al gran prometedor jenoves, cuya memoria maldecian mas de una madre y de una esposa en sus insomnios. Cual fuera la suerte de los infelices sacrificados así en aras de la ambicion de un visionario estranjero, ni los alcaldes, ni el corredor marítimo Diego Prieto, bien relacionado en la corte, lo sabian.