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HISTORIA
DE LA


PATAGONIA, TIERRA DEL FUEGO,
É ISLAS MALVINAS


POR


Mr. FEDERICO LACROIX,


DE LA ISLA DE FRANCIA




Los países de que vamos á ocuparnos se hallan comprendidos entre los 38-55 grados de latitud S. y los 60-77 de lonjitud occidental. Situados en la estremidad del nuevo mundo y bajo un clima inhabitable, solo han podido ser examinados con un objeto científico. Son pocos ó ningunos los habitantes que hay allí, y en el sur, muy raros establecimientos, mas pronto abandonados que formados. En el norte como en el mediodía, el cuidado de la propia subsistencia ocupa demasiado a sus habitantes para que les quede tiempo de tomar parte en los principios de civilizacion que se conocen en los estados inmediatos del Perú y Chile. Son aquellos pueblos hoy dia, con corta diferencia, en sus hábitos lo que eran en la época en que se descubrió aquella parte de América; si bien es verdad que la imprudencia y la conducta, esencialmente impolítica de los primeros Españoles que se establecieron en medio de ellos, debió privarles de todo lo que la Europa hubiera podido darles y enseñarles para beneficio suyo y de su propio interés. Agréguese á esto que el aspecto que ofrece la presentida civilizacion de los paises limítrofes, no ha debido animar mucho á los Patagones y Araucanos á seguir el ejemplo de las poblaciones indíjenas del centro; las cuales se han dejado inocular dócilmente de los vicios de nuestra sociedad. En efecto, por donde quiera, la raza blanca ha introducido en la América meridional la anarquía y la inmoralidad; por donde quiera el despotismo monárquico ó la ambicion de algunos intrigantes sin talento ha producido el mas lamentable desorden, y ha impedido el desarrollo de las naciones mas favorecidas con respecto á la intelijencia. Desde las provincias septentrionales del Brasil hasta Buenos Aires, desde la Bolivia y el Perú hasta las fronteras meridionales de Chile, no hay mas que luchas sangrientas, escisiones continuas y detenciones forzosas en el camino de la barbarie y de la ignorancia; espectáculo bien propio para justificar la paradoja de J. J. Rousseau sobre el estado salvaje. No es estraño pues que los pueblos del Sur no hayan sido todavía tentados de tomar su parte en las funestas ventajas de semejante civilizacion. Lo que sí admira es cómo aquel instinto de curiosidad que á falta de otros motivos impulsa al hombre á

PATAGONIA. (Cuaderno 1.) 1