Página:Literatura policial en la Argentina. Waleis, Borges, Saer.djvu/26

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parte de Ia competencia de los lectores, un texto ideal que no es ninguno de los realmente existentes pero que, de algún modo, los contiene. Esta distinción adquiere una significación especial en el caso del género policial. En un artículo de 1942, Bioy Casares escribía: Tal vez el género policial no haya producido un libro. Pero ha producido un ideal: un ideal de invención, de rigor, de elegancia (en el sentido que se da a la palabra en las matemáticas) para los argumentos.“ uso más frecuente, una entidad abstracta, una representación mental que forma recordaba sus primeras lecturas policiales: Leía a Edgar Wallace y no me gustaba, leía a Sexton Blake y tampoco me gustaba... Me agradaba la literatura policial más allá de cada uno de sus libros." La misma distinción aparece en una entrevista de hace unos años en la que concepción restricta del género policial se interesa especialmente por la historia del género, por sus textos, y cualquier detalle concreto puede resultarle importante siempre que en los textos del género se haya repetido un número suficiente de veces. Es por eso que en los códigos del policial, que constituyen la expresión más acabada de esa concepción, es posible encontrar instrucciones sorprendentemente específicas e involuntariamente humorísticas como la del padre Knox que reco- mendaba la ausencia de chinos en las narraciones policiales. Una. concepción amplia, en cambio, se interesa por el género como abstracción, como matriz de posibilidades. El hecho de que una tradición literaria sufra la desventura histórica de pasar por determinadas condiciones de producción no es un argumento concluyente contra ese género. "Claro que se puede decir", comentaba Borges en una entrevista, "que hay pésimos textos policiales, de igual modo que hay pésimas epopeyas, pésimas novelas históricas; en fin, cualquier género que citemos ha dado también frutos maléficos. Además, yo recuerdo una vez en que le pregunté con cierta imprudencia a Pedro Henríquez Ureña si le gustaban las fábulas; entonces él me contestó ¿me dio una lección de sensatez—: ‘ No soy enemigo de los géneros”? La lección de Henríquez Ureña no era sino la distinción entre texto y género. Uno de los ensayos de Edmund Wilson contra las novelas policiales se 27 Un género no es sólo su historia (sus textos): es también sus posibilidades. Una