Página:Literatura policial en la Argentina. Waleis, Borges, Saer.djvu/32

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lector dos posibilidades: o bien leer otro texto ‘policialles decir, leer otra vez "lo mismo”), o bien leer otra vez lo mismo (es decir, leer "otro" texto policial). La actividad de releer puede prescindir de la operación material de volver las páginas. Si dejamos de lado la poco interesante distinción entre revisar un texto por medio de nuestros sentidos y revisarlo en nuestra memoria, puede afirmarse que el género policial no sólo propone siempre la relectura sino también que obliga al lector a releer forzosamente. Las últimas páginas de una narración policial invitan siempre a releer del modo en que lo hacen las adivinanzas: la solución final no es el lugar en que se extingue la producción de significados del texto sino, por el contrario, el punto en que se inicia un impulso nuevo y a la vez definitivo que recorre retrospectivamente la narración y la transforma. Un texto policial, podría decirse, no termina nunca con un movimiento de lectura sino de relectura. Pero el género propone también la relectura durante el desarrollo de sus textos porque requiere un tipo de lector que efectúe un trabajo de conexión más intenso que en otras modalidades narrativas para relacionar los numerosos datos aportados por la investigación. Si el lector de textos policiales debe actuar detectivescamente en la tarea de reconstruir, a partir de fragmentos, una historia, cada nueva información que se agrega pide una confrontación con todas las informaciones obtenidas hasta ese momento. Para asegurar aun más la relectura, el género elige un ordenamiento de la información que supone.un gran número de interpretacio- nes y reinterpretaciones retrospectivas. Por ejemplo, dadas tres informaciones A, B y C, tales que C sólo puede ser comprendida con el conocimiento de B, y B con el conocimiento de A, el género las dispone en el orden C, B, A.“ Pero, en general, no es posible leer un texto policial, especialmente una novela, sin al mismo tiempo releerlo. El final de un texto pol ¡cial no sólo invita a la relectura sino que habitualmente la impone: la tipica escena final de las narraciones policiales clásicas en la que el detective, oportunamente rodeado por todos los personajes, revela la solución después de un largo discurso en el que recuerda, desde el principio, todas los misterios y los lentos avances de su investigación, es un ejercicio de relectura y reinterpretación ("Recordarán ustedes..." es la apertura característica de estos discursos). El detective interroga a diferentes testigos sobre unrepisodio que ya conocemos, el detective resume en una libreta (un grabador en el cine) los datos recogidos, el detective reflexiona y discute con su ayudante sobre 33 al género que esos lectores han elegido. Acabado un texto policial se le ofrecen al