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NUESTRA SEÑORA DE PARIS.

—¡Dios! repitió la Esmeralda, y había en su acento un no se que pensativo y apasionado.

Soltósela en aquel momento uno de sus brazaletes y cayó al suelo. Bajóse presuroso Gringoire para recojerlo, y cuando alzó la cabeza , ya habian desaparecido la mujer y la cabrita. Oyó entónces el ruido de un cerrojo en una puertecilla que comunicaba sin duda á algun chirivitil que se cerraba por dentro.

— ¿Si á lo menos me habrá dejado cama en que dormir? dijo nuestro filósofo.

Hizo detenida inspeccion de la estáncia, pero no halló en ella mas mueble á propósito para el sueño, que un cofre de madera bastante largo, cuya tapa estaba ademas toda esculpida , lo que procuró á Gringoire , cuando en él se tendió, una sensacion algo semejante á la que recibiria Micromegas tendiéndose cuan largo era sobre los Alpes.

— Vaya con Dios, dijo acomodándose lo mejor que pudo , fuerza será resignarse. ¡ Pero vaya una noche de bodas en sumo grado particular! Yo lo siento, porque habia en este consorcio del cántaro roto un no se que de candoroso y antidiluviano que me placia.


LIBRO TERCERO.

I.

NUESTRA SEÑORA.

Un edificio majestuoso y magnifico es sin duda todavia la iglesia de Ntra. Sra. de Paris; pero por mas hermosa que se conserve en su ancianidad, dificil es no suspirar , no indignarse al ver las degradaciones, las mutilaciones sin número que simultáneamente el tiempo y los hombres han hecho en el venerable monumento , sin respetar á Carlomagno que puso su primera piedra, sin respeto á Felipe Augusto , que en él puso la última.

Sobre la faz de esta antigua reina de nuestras catedrales, siempre al lado de una arruga se encuentra una cicatriz. Tempus edax homo edacior, lo que yo traduciria con estas palabras : el tiempo es ciego, el hombre es estúpido.

Si pudiéramos examinar una á una con el lector las

Nuestra Senora de Paris pg 33
Interior de Nuestra Señora de Paris.

varias huellas de la destrucion impresas en la antigua iglesia , al tiempo le tocaria la menor parte , la mayor á los hombres , sobre todo , á los hombres del arte; y tengo que decir hombres del arte, porque ha habido personas que se han dado asi mismas el titulo de arquitectos en los dos últimos siglos.

Y ántes de pasar adelante, para no citar mas que algunos ejemplos capitales, es seguro que hay pocas páginas arquitecturales mas bellas que aquella fachada en que sucesivamente y á la par, las tres puertas en forma de ogiva , el cordon bordado y festoneado de los veintiocho niños reales , el inmenso roseton central flanqueado de sus dos ventanas laterales como el sacerdote en medio del diácono y del subdiácono; la alta y aérea galeria de arcos trebolados que sostiene una ancha plataforma sobre sus sútiles columnas,— en fin las dos negras y mazizas torres con sus techos de pizarra, parles armoniosasde untodo magnifico superpuestas en cinco pisos gigantescos, se desarrollan a la vista de tropel y sin confusion, con sus innumerables detalles de estatuaria, de escultura y de cinceladura unidos poderosamente á la tranquila grandeza del conjunto : mmensa sinfonia de piedra, por decirlo asi; obra colosal de un hombre y de un pueblo , una

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TOMO I.