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Xn BIBUOTECA DE LOS AMERICANISTAS.

los expedicionarios, salieron de nuevo á la mar el 4 de Mar- zo; navegaron hasta el río de Tabasco y Grijalba, en cuyas márgenes, provocados por los indígenas, se dieron aquellas sangrientas batallas de Potonchon y de C.ntla que iniciaron el dominio de Cortés en la que llamó Nueva España, y pa- sando luego á las tierras comarcanas de San Juan de Ulüa establecieron en la fundación de la Villarica de la Veracruz la base de las conquistas del continente.

De allí en adelante no faltó Bernal Díaz á su puesto en ninguna de las más importantes funciones de guerra. Pre- sente estuvo en las de Tizapacinca, que dieron ya á cono- cer á los españoles á cuánto llegaba el poderío, magnitud y riqueza de las tierras que osados iban á conquistar: cum- plió cual debía en los numerosos combates reñidos con los re- publicanos tlaxcaltecas que, por satisfacer odios de vecindad, se aliaron á los extranjeros y contribuyeron decididamente á destruir el poderoso imperio de Moctezuma fundado por gentes de su raza: peligró, como todos, en la espantosa ce- lada dispuesta por la teocracia mexicana en Cholula que, vencida por Cortés con la habilidad y energía que le eran tan propias en los lances decisivos, les abrió el camino de la capital á las huestes cristianas; y penetrando en ella con una audacia jamás vista, coadyuvó con nuestro soldado al inaudito atrevimiento de privar de su libertad al temido em- perador Moctezuma en el propio corazón de su prepotente im]:>erio y en medio de sus incontables y valientes subditos, y al no menos temerario arrojo de dejarle en prisiones y á la custodia de Pedro de Alvarado y de unos pocos conquistado- res, en tanto que el caudillo con el resto, y entre ellos Ber- nal Díaz, se dirigía á la costa, y desbarataba la expedición de Panfilo de Narváez, y le prendía, y se apoderaba de sus mil trescientos combatientes, y volvía seguidamente con aquella ya nutrida hueste á librar á sus compañeros de Mé- xico del aprieto en que estaban por el pronunciamiento ge- neral en su contra de los naturales de toda la tierra. Allí participó como todos del pavoroso conflicto y sangriento desastre de la funesta retirada de la capital en aquella noche