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XX BIBLIOTECA DE LOS AMERICANISTAS.

las barbacanas de la fortaleza donde los sitiados se defen- dían, suponiéndoles descuidados y en la creencia de que los españoles no atacarían mientras la oscuridad durase , p^a desmentirles penetró Díaz con otro soldado por un portillo, atacóles reciamente, y siguiéndole á sus voces los demás sitiadores desbarataron é hicieron huir á los chamultecas, que, vencidos, prestaron luego incondicional obediencia á España. En premio de aquella hazaña, realmente valero- sa, ame depositó aquel pueblo de Chamula el capitán Luis Marín, dice el historiador, porque desde México le había escrito Cortés que me diese una buena cosa de lo que con- quistase, y también porque era yo mucho su amigo del Luis Marín, y porque fui el primer soldado que les entró den- tro. Cortés me envió cédula de encomienda guardada y me tributaron más de ocho años:» la cual cédula fué después confirmada por el gobernador Marcos de Aguilar.

Claramente se ve en esto que no olvidaba Cortés ni las promesas hechas á Bernal Díaz, ni el afecto que en más de una ocasión le había expresado; y tan lo entendían así los conquistadores sus compañeros, que muchos acudían á él mortificándole con peticiones de cartas recomendatorias para el caudillo gobernador, cuando le dirigían alguna pre- tensión. Pero con todo, y á pesar de tanta influencia cerca del dispensador de las mercedes, no fué nuestro soldado de los más persistentes en solicitar, ni por consiguiente de los más favorecidos en disfrutarlas por sus servicios en la con- quista.

Hecha la de los chamultecas, y recorridos los pueblos de la Chontalpa, Copilco y Ulapa, volvieron los expedicio- narios á Guazacoalco, al tiempo que celebraban los veci- nos de México, con alegrías y ruidosos regocijos, el nombra- miento de gobernador propietario de la Nueva España que el Emperador había enviado á Cortés por medio de sus parientes Rodrigo de Paz y Francisco de las Casas; del cual suceso esperaban los descubridores grandes provechos y la segura posesión de los que habían obtenido. Pero sabiendo á la vez que se dirigían á la capital para encargarse de sus