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DISCURSO PRELIMINAR. XXI

empleos unos oficiales de la Real hacienda, nombrados por la metrópoli para que entendiesen en la administración de los pueblos sometidos, se enfriaron algo las alegrías, sospe- chando, y no sin motivo, que alguna desazón les había de traer la presencia de aquellos advenedizos.

Fueron éstos el tesorero Alonso de Estrada, que se decía hijo del Rey Católico; el contador Rodrigo de Albornoz (i), el factor Gonzalo de Salazar y el veedor Pedro Armíldez Chirino, sujetos todos bien recomendados en la corte, que, al nombrarlos, demostró claramente que si anduvo remisa en concederle al conquistador lo que de derecho le corres- pondía, y bastante desacertada y poco previsora entorpe- ciendo más que alentando la colosal empresa realizada por el caudillo extremeño, no pecó de falta de diligencia en pro- curar utilizarse de los ricos productos que aquellas dilata- disimas tierras le brindaban ; aunque pecara, y mucho, de impaciente en descubrir el poco tacto político, al hacer los nombramientos de tales funcionarios y manifestar así como desconfianzas de los héroes que sin el auxilio nacional habían acrecido el poder de su patria con la posesión de un mundo. Medida fué aquella aconsejada acaso por émulos apasionados, como lo fué también la de enviar á Cortés, para escatimarle la alta honra alcanzada, jueces de residencia que, cuando más, podrían formar la cuenta de su heroísmo; pero medidas eran muy propias de nuestro carácter, que aun se repiten y durarán por desgracia mientras no nos curemos de la absurda enfermedad de las desconfianzas oficiales, tan propia de la vida moderna, y de la manía de sembrar la- mentables inquietudes con innecesarias complicaciones ad- ministrativas.

En tanto que aquellos entorpecedores de los planes de Cortés tomaban posesión de sus puestos fiscales y empeza- ban á mover las pasiones, que al exaltarse tantos con-

(i) Estrada había dejado el cargo de Contino de la casa del Empera- dor, y Albornoz el de Secretario, para pasar á la Nueva España. — Cla- vigero. — Carta de Carlos V á Hernán Cortés, de Valladolid á aS de Octubre de i522, dándose por satisfecho de sus servicios en la conquista,