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DISCURSO PRELIMINAR. XXY

comida, y á traer, conducidas por indios, ciento treinta car- gas de maíz, y algunas gallinas, y frísoles, miel y sal, aperci- bidos ios soldados de la llegada del convoy, lanzáronse des- ordenadamente sobre él, y lo arrebataron todo en un cerrar de ojos sin conocimiento del caudillo ni de los jefes in- mediatos. Mucho irritó á Cortés aquel tumultuoso aten- tado y escandalosa falta de respeto á las ordenanzas; uy como vio, dice Bernal Díaz, y consideró que el enojo era por demás y dar voces en desierto, me mandó llamar á mí, y muy enojado me dijo que cómo puse tal cobro en el bas- timento. Yo le dije que procurara su merced enviar ade- lante guardas para ello; y aunque él en persona estuviera guardándolo, se lo tomaran , porque le guarde Dios de la hambre, que no tiene ley. Y como vio que no había reme- dio ninguno, y que tenía mucha necesidad, me halagó con palabras melosas, estando delante el capitán Gonzalo de Sandoval, y me dijo: — Oh señor hermano Bernal Díaz del Castillo, por amor de mí, que si dejastes algo escondido en el camino, que partáis conmigo, que bien creído tengo de vuestra buena diligencia que traeríades para vos y para vuestro amigo Sandoval. Y como oí sus palabras y de la manera que lo dijo, hube lástima del. Y también Sandoval me dijo: — Pues yo, juro á tal, tampoco tengo un puñado de maíz de qué tostar y hacer cacalote. Y entonces concerté y dije: — Conviene que esta noche, al cuarto de la modorra, después que esté reposado el real, vamos por doce cargas de maíz y veinte gallinas, y miel y frísoles y sal, y dos indias para hacer pan que me dieron y han de venir de noche; y esto hemos de partir entre vuestra merced y Sandoval é yo y mi gente. Él se holgó en el alma y me abrazó, y Sandoval dijo que quería ir aquella noche conmigo por el bastimen- to; y lo trujimos: con que pasaron aquella hambre... Pre- guntó Cortés si los frailes tenían que comer; é yo le res- pondí que cuidaba Dios mejor dellos que él, porque todos los soldados les daban de lo que habían tomado por la no- che, é que no morirían de hambre. i> Vista la buena cuenta que de su persona daba Bernal Díaz