Página:Recordacion Florida Tomo I.pdf/43

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tXXn BIBLIOTECA DE LOS AMERICANISTAS.

prometo, y empeño estas barbas, yo ós haga muchas mer- cedes; que bien os lo debo antes de agora. — En fin, no aprovechó cosa ninguna; que no me dejó ir consigo.» ¿Ten- dría presente Castillo, al hacer su petición, el desaire infe- rido en México á su jefe cuando aconsejándole que siguiese á su lado prefirió el de Sandoval? En consecuencia de la afectuosa negativa, tomó con Luis Marín y los otros de Guazacoalco la vuelta de Naco, después de darles Cortés un abrazo y encargarles que sin excusa alguna siguiesen la vía de México y pasaran, si hubiese lugar, por «la provincia de Nicaragua para demandarla á su Majestad el tiempo ade- lante.»

Contrarios vientos, temporales deshechos y acaso apoca- miento del convaleciente y de los marinos, hicieron arribar dos veces al puerto de Trujillo el buque en que iba el con- quistador, quien á la segunda arribada, teniendo por pro- videncial aquella oposición de los elementos, pues no hay grande hombre que no tenga su peculiar superstición, deci- dió no contrariarla y esperar en aquella tierra, que tan mal le había tratado, circunstancias menos adversas. Resuelto á ello, envió contraórdenes á Sandoval, encargándole que quedara donde estuviese y no pasase adelante en el camino de México: ¡pues todas estas precauciones creía necesarias el conquistador para evitar que se complicasen los asuntos políticos de su querida Nueva España, tan revueltos por los empleados del fisco constituidos en autoridad!

El disgusto que en el campo de Sandoval produjeron las nuevas órdenes de Cortés, bien puede suponerse cuál sería en los que, cansados de conquistas, y de guerrear y de sufrir sin tregua durante largos años, ansiaban ya algún descanso. Tal les contrarió aquel mandato, que hasta maldiciones públicas dirigieron á su autor, murmurando y diciendo todos, según el mismo Bernal Díaz afirma: «que ya no había ventura en cuanto él ponía la mano;» atribuyendo nuestro soldado aquella decadencia del caudillo á la preocupación en que había caído desde la injusta muerte de Cuauhtemot- zín. Ya desbordados en la arrebatadora corriente de la