Pigmalion

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PIGMALION,

ESCENA LÍRICA.

PUESTA LIBREMENTE EN VERSO CASTELLANO

P O R

DON FRANCISCO DURÁN.

SEGUNDA EDICION,

CORREGIDA.


Pigmalion - Separador.png


con licencia,
en Madrid, por Pantaleon Aznar.

Año m.dcc.xcii.


ARGUMENTO.

Pigmalion, célebre Escultor de la Isla de Chipre, cinceló con tanta perfeccion la estatua de una joven bellísima en marmol, que luego se enamoró de ella entregándose al mayor extremo de locura, pues la miraba, hablaba y trataba como si fuera persona humana, y (segun los Gentiles) habiendo un dia suplicado Pigmalion á Venus se doliese de su extremado amor, animando la estatua, se lo concedió la Diosa.


NOTA.

 Esta Fábula significa, que Pigmalion, aborreciendo la licencia con que en general vivian las mugeres de Chipre, educó muy virtuosamente á una hermosa doncella, y despues la admitió por esposa.

PIGMALION.

EL TEATRO HA DE REPRESENTAR un taller de Escultor con modelos, grupos, y demas adherentes necesarios; habrá tambien en el fondo una estatua de Galatéa sentada en un pedestal, con gradería de marmol, y colocada en un hermoso nicho adornado todo con flores, y cubierto con alguna rica estofa, que se pueda descorrer facilmente.

Pigmalion aparece sentado junto á un bufete, en ademán de hombre abatido, se levanta luego, toma el cincél y el martíllo, mira las estatuas del obrador, las da de quando en quando alguna cincelada, y dice con admiracion y desaliento:

 ¡Toscas están!..... ¡nada expresan!...
 ¡Son de piedra!... estan sin vida!...
 ¡Nada de ellas sacar puedo
 Por mas que intento pulirlas!...
 ¿Donde estás, ingenio mio?...
 Talento mio, ¿qué via
 Has tomado? ¿qué te has hecho?
 Todo mi fuego es ceniza;
 ¡Se heló mi imaginacion!
 ¡Murió ya mi fantasía!

 ¡Ya solo saco del marmol
 Estatuas que á nadie admiran!
 Pigmalion, ya no haces Dioses:
 Solo eres vulgar artista.

  Arroja los instrumentos de cincelar.

 Andad, viles instrumentos,
 Origen de mis fatigas,
 Ya que no me dais hoy fama,
 No me causeis ignominia.

  Pasease en ademán de hombre pensativo.

 ¡Á qué extremo tan funesto
 Has llegado, suerte mia!
 ¡Qué raro trastorno es éste,
 Que tanto el alma me agita!
 Tiro, ciudad opulenta
 Y soberbia, ya no excitan
 Mi afecto los monumentos
 De las artes que en tí brillan:
 Perdí el gusto de admirarlos:
 El trato de los artistas
 Y Filósofos me cansa;
 Los Poëtas me fastidian;
 Las alabanzas, la gloria
 No me mueven, no me animan;
 Aborrezco los aplausos,
 Aun aquellos que podria
 La posteridad rendirme

 Perdió ya la amistad fina
 Para mí sus atractivos,
 Y la sociedad me irrita.
 ¡Y vosotros, delicados
 Objetos, obras pulidas
 De la gran Naturaleza,
 Á quienes yo me atrevia
 Á imitar, quando tan solo
 Me complací en vuestra vista!
 ¡Vosotros, modelos mios,
 Que en mi espíritu encendiais
 El fuego de amor é ingenio,
 No me causais ya harmonía
 Desde que excedió mi mano
 Á vuestra hermosura misma!...

Se sienta, y despues de dar vuelta con la vista al obrador, dice:

 Un desconocido encanto,
 En este obrador me liga,
 Y, ni á trabajar acierto,
 Ni es fácil de él mi salida;
 Vagando de grupo en grupo,
 Paso las horas y dias,
 Y mi cincél desconoce
 Ya la mano que le guia;
 Ni estos bosquexos ya sienten

 La que darles pudo vida.

  Levántase con ímpetu y agitacion.

 Sí; perdido está mi ingenio:
 En mi juventud se mira
 Mi talento amortiguado!...
 ¡Ah Cielos! ¿qué llama activa
 Me consume interiormente?
 ¿Pueden encontrar cabida
 Donde el ingenio está muerto,
 Conmociones tan prolixas,
 Tan violentas inquietudes,
 Y agitacion tan contínua;
 Sin que yo á penetrar llégue
 La causa que las motiva?...
 Temí, que admirando mi obra
 Del afán me distrahía:
 Ese pavellon dispuse,
 Y con manos atrevidas
 Cubrí la mejor estatua
 De quantas el mundo admira;
 Pero desde que la oculto
 Crece mi melancolía,
 Y no pienso en otra cosa....
 ¡En qué aprecio, mientras viva,
 Tendré alhaja tan insigne!
 Quando ya desvanecida
 Mi industria, no me produzca

 Obra alguna de mí digna,
 Mostrando á mi Galatéa,
 Diré á voces: Esto hacía
 Pigmalion en otros tiempos....
 ¡O Galatéa Divina,
 Tú; quando todo me falte,
 Consolarás mis fatigas....

Mira la cortina que oculta á Galatéa, y suspira.

 Mas ¿por qué quiero ocultarla?
 ¿Qué gano en no descubrirla?
 Obligado á estar ocioso
 ¿Por qué privar á mi vista
 Del placer de estar mirando
 La mas perfecta obra mia?
 Quizá tendrá alguna falta,
 Y quizá podré añadirla
 Algo mas para su adorno;
 Produccion tan peregrina
 Merece que en ella todas
 Las gracias se hallen unidas.
 Tal vez mi imaginacion
 Revivirá con su vista;
 Volvamos á exâminarla;
 Pero ¿qué digo? ¿por dicha
 La he exâminado, si ciego
 Al mirar sus maravillas?...

Va á correr la cortina, y se suspende con turbacion.

 Yo no sé qué me conturba
 Al llegar á esta cortina;
 Un grande asombro me hiela:
 Parece que mis indignas
 Manos tocan, el Santuario
 En que una Deidad habita....
 ¡Insensato, es una piedra,
 Obra de tus manos mismas!
 ¿Qué importa? tambien los Dioses,
 Que en nuestros templos, se fixan,
 Son de la propia materia,
 Y hechos por el mismo artista....

Va titubeando, corre la cortina, se descubre Galatéa, y se arrodilla con grandes extremos de agitacion.

 ¡O celestial Galatéa!
 Culto mi amor te dedica....
 Pero ¡qué ilusion! ¡qué engaño!
 Queriendo sacarte Ninfa,
 Te hice Diosa, en gracia excedes
 La Venus que rindió á Alcidas...[1]

  Levántase.

 ¡Vanidad!.... ¡flaqueza humana!
 ¡Mas cada instante me admira!....
 Me arrebata el amor propio,
 Y parece que me excita
 Á adorarme en esta obra....
 ¡Qué bella! .... ¡qué concluída!....
 No la han hecho igual los Dioses,
 Ni naturaleza misma....
 Posibles es que esta hermosura
 Salió de las manos mias!....
 ¡Ellas tocarla pudieron!....
 ¡Mi boca tuvo osadía!....
 Pigmalion, mira una falta....
 La ropa está muy subida....
 Aquellas gracias que oculta
 Es menester descubrirlas.

Vá ácia la estatua con cincél y martillo, sube la gradería cómo receloso y asombrado, va á dar un golpe, y se retira.

 ¡Qué temblor! ¡qué turbacion!
 ¡El cincél se me desliza!
 Ni puedo ya, ni me atrevo;
 Enmendarla es destruirla.

Da al fin un golpe, dexa caer el cincél y martillo, exclama con los dos primeros versos, y queda como atónito.

 ¡Qué asombro es éste, Dioses poderosos!
 ¡Al golpe del cincél la carne vibra!...

   Baxa trémulo.

 ¡Qué espantosa ilusion me sobresalta!....
 Nó.... no la tocaré; pues con su ira
 Me amenazan los Dioses si lo intento....
 Para Divinidad está escogida....
 Mírala, Pigmalion.... ¿qué mudar quieres?
 ¿Qué nuevas gracias tienes que añadirla?
 Su misma perfeccion es su defecto:
 Si así no fuera, ¿qué la faltaría?
 Pero á hermosura tal la falta el alma;
 Y no debe desde hoy estár sin vida.

  Mirando tiernamente á Galatéa.

 Para animarse cuerpo tan perfecto
 ¡Qué espíritu tan grande necesita!....
 ¿Qué deseos impuros son los mios?....
 ¿Qué votos insensatos encaminas,
 Infelíz Pigmalion?.... ¡Sagrados Cielos!
 Quando está mi ilusion desvanecida,
 Si exâminar mi corazon quisiera,
 Me causára rubor, me indignaría.

Se entrega á un abatimiento que le obliga á apoyarse.

 ¿Y es ésta la pasion que me enagena?
 ¿Un objeto insensible es quien me obliga
 Á no salir de aquí? ¿ese marmol duro,
 Que trabajó este hierro, me domína?
 Recóbrate, insensato; mira, advierte
 Que estás en grave error, que ya deliras.

   Con ímpetu.

 Mas nó, que todo el juicio tengo entero,
 No hay en esto demencia, ni malicia.
 Si yo prendado estoy, no es de ese marmol,
 Es de un ser animado, á quien imita;
 Es, sí, de una figura encantadora,
 Que al vivo representa ésta esculpida;
 Si hay, por dicha, en el Orbe tal figura,
 Sea qualquiera el suelo donde exista,
 Mientras llégo á saberlo, y á encontrarla,
 Mi corazon sus votos la encamina.
 Si causa mi delirio solamente
 El discernir la hermosa gallardía,
 Y es delito rendirme tanto á ella,
 ¡Deidades justicieras y benignas,
 Que á tal portento de beldad me inclina!

   Afectuosamente.

 ¡Con qué llama tan dulce y tan violenta
 Abrasa mis potencias, y me obliga
 Á entregarla otra vez el alma toda!

 ¡Pero ¡ah! que ella se queda yerta y fria,
 Aunque mi corazon, vuelto en vesubio,
 Salir quiere del pecho á darla vida!...
 ¡Pareceme que puedo facilmente
 Cederla el mismo ser que á mí me aníma!...
 Fallezca Pigmalion. Sea al instante,
 Como en su amable Galatéa viva.
 Mas ¿qué digo? si yo me transformára
 De admirarla y amarla; pues no sea
 Mi espíritu quien hoy la dé la vida,
 Anímese por otro; y yo la ame,
 Logrando ver mi fé correspondida.

   Fuera de sí.

 ¡Amor terrible!... ¡Amor el mas funesto!
 Mi corazon todo el infierno abriga...
 ¡Oh Dioses Soberanos, que estais viendo
 La violenta pasion que así me agita!
 Quantos prodigios, por menores causas,
 De vuestro gran poder el mundo admira?
 Doléos de mis penas; á este objeto
 Comunicad el ser que necesita....

   Patéticamente.

 Y tú, suprema esencia, que te ocultas
 Á los sentidos, y en el pecho brillas,
 Alma del Universo, de quien pende
 La existencia del hombre, y la harmonía

 De los quatro Elementos, fuego dulce,
 Venus celeste, sacra y peregrina:
 ¡Oh, Venus, por quien todo se conserva,
 Y siempre está en reproduccion contínua!
 ¿Qué se ha hecho tu equidad, y los auxilios
 De la rara virtud que comunicas?
 ¡En la naturaleza no hay ya leyes
 Que arreglen la pasion que me domína!
 ¡Internado en mi pecho está tu fuego,
 Y un mortal hielo en este marmol fixas!
 ¡Tengo de mas la vida que á é le falta,
 Y no hay prodigios para mí este dia!
 Mis esperanzas.... sí.... ya fenecieron.
 El órden de las cosas hoy se mira
 Trastornado, confuso, y ha perdido
 Todo el vigor naturaleza misma.
 Á sus leyes la fuerza restituye;
 El curso restablece con que giran,
 Y esparce hoy, con proporcion perfecta,
 Tu grande influxo y proteccion divina.
 Dos obras solamente hay desigualdades:
 Haz que mi llama intensa se divida,
 Y dé calor á esta figura helada.
 Á mi súplica atiende, pues tú misma,
 Por mi mano, formaste estos hechizos,
 Que solo esperan sentimiento y vida.
 Quítame la mitad, dásela toda,

 Lo deséo, con tal que en ella viva.
 Ya que admites los cultos obsequiosos
 Que los mortales todos te dedican,
 Y solo no te honra el que no siente,
 Tu gloria aumenta con tus obras mismas.
 Salva el baldon de la naturaleza,
 El gran borron que la resulta evita,
 De que este perfectísimo modélo
 Sea imágen de cosa que no exista.

Quédase abatido un rato, y al volver en sí dice con expresion blanda:

 ¡Qué inesperada calma!
 ¡Quando mi sangre ardía
 En una mortal fiebre,
 Mis miembros imprevisto aliento aníma!
  Corriendo por mis venas,
 De virtud exquisita,
 Un bálsamo va suave,
 Que me causa esperanza y alaegría.
  Tambien siento se infunde
 En mí ya nueva vida,
 Que así el conocimiento
 De nuestra dependencia tranquiliza.
  Por infelíz que sea
 Un mortal, se le alivian
 Todas las inquietudes,
 Si invoca á las Deidades con fé viva.

  Pero esta confianza
 Queda desvanecida,
 Para aquellos que tienen
 Déseos necios, locas fantasías.
  En un estado semejante al mio,
 Los Dioses de escucharnos no se dignan,
 Aun es mayor delirio que el deséo,
 La esperanza que el lógro facilita.
 De este gran desvarío avergonzado,
 Ni á contemplar me atrevo quién me hechiza.
 Si quiero levantar los tristes ojos
 Á este objeto fatal, siento á su vista
 Una nueva inquietud, un nuevo espanto,
 Y una opresion que el respirar me priva.

   Irónicamente.

 ¡Anímate, infelíz! mira tu obra,
 ¡Tu atencion toda en esa estatua fixa!

  Repara que aníma la estatua.

 ¡Dioses, qué veo! ¡ó ver se me figura!
 ¡El color propio de las carnes mismas!
 ¡Moverse el cuerpo, y en sus ojos fuego!
 ¡Esto solo faltaba á mis desdichas!

Cree que el movimiento de la estatua es efecto de su imaginacion enardecida.

 ¡Infelíz Pigmalion! ¿qué te sucede?
 ¡Al extremo llegó tu fantasía!
 Te dexa la razon, como el ingenio,

 No sientas el perderla, pues perdída,
 Libertará tu fama del oprobio.
 Para el que adora un marmol es gran dicha
 Llenarse de frenéticas visiones
 Hasta el último instante de su vida.

Vuelve á mirar la estatua, y al notar que baxa los escalones, se arrodilla, y levanta los ojos al Cielo.

 ¡Oh soberana Venus! ¡oh prestigio
 De una llama de amor la mas activa!

   Galatéa tentandse á sí propia.

 Yo...

   Pigmalion sorprehendido.

 ...... ¡Yo!......

   Galatéa volviendo á tentarse.

 ......... Esto es yó.

   Pigmalion.

 .................. ¡Oh encantadora
 Ilusion! que ya llenas de delicias
 Mis oídos, ¡ah! ¡nunca me abandones!...

Galatéa da algunos pasos, tienta otra estatua, y dice:

 Esto no es yó.

Da vuelta Galatéa al obrador con la vista, Pigmalion la observa atentamente, ella al volverse, en medio del Teatro, llega á ponerle una mano sobre el hombro, él se la toma, la arrima á su pecho, y al mismo tiempo dice Galatéa, dando un suspíro:

 ............¡Esto es yó! sí...

   Pigmalion.

 ..........................Sí, Divina
 Galatéa; sí, amable y dulce objeto,
 Obra la mas perfecta, y la mas digna
 De mi corazon, mis manos y los Dioses,
 Mi ser todo está en tí, y toda mi dicha
 Penderá desde hoy únicamente,
 En ser yo todo tuyo, en ser tú mia.


F I N.

  1. Alcidas fué un joven que se enamoró de una sobresaliente estatua de Venus, que los Gentiles veneraban en la ciudad de Guido.