Revista de España: Boletín 17

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Boletín bibliográfico
de Revista de España: Tomo V#Número 17

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


BOLETIN BIBLIOGRÁFICO.[editar]

LIBROS ESPAÑOLES.[editar]


Poesía y arte de los árabes en España y en Sicilia, por Adolfo Federico de Schack, traducido del alemán por D. Juan Valera, de la Academia Española. — Tomo II. — Madrid: Imprenta y estereotipia de Rivadeneyra, 1868.

En la página 352 del segundo tomo de nuestra Revista, dimos breve noticia del primero de esta obra, y cuanto allí decimos puede y debe repetirse á propósito del segundo, en el que no brillan con menos esplendor las admirables cualidades del puro y amenísimo estilo que distingue al Sr. Valera, y es por cierto en sumo grado útil y agradable, que cuando ordinariamente se estropea nuestro hermoso idioma en multitud de traducciones de libros franceses, se demuestre, como ya lo hicieron el Abate Marchena y otros, aunque no muchos escritores, que es posible verter á nuestra lengua, sin alterarla ni afearla, los pensamientos expresados en otras, sin que por eso pierdan su brio, su gala, su claridad, ni ninguna otra de sus propiedades. Abundan también en este tomo las traducciones en verso castellano de poesías árabes, y en ellas, no sólo se echa de ver al consumado hablista si no al poeta, porque sólo siéndolo, como lo es el Sr. Valera, se pueden revestir de nueva forma artística los pensamientos de otros poetas.

El tomo que nos ocupa, trata en primer lugar del famoso Almotamid, último Rey de la dinastía de los Abbadidas de Sevilla, cuya historia parece una verdadera novela, tal como la refiere Dozy en su Historia de los Musulmanes de España. Nacido en el Trono, supo con su valor y con su astucia extender el reino heredado sin que los graves negocios públicos le ocuparan todo su tiempo, teniéndolo de sobra para el placer y para el cultivo de la poesía. Su entusiasmo por esta bella arte fué tal, que el haber improvisado ante él unos versos fué la causa de su amor á Romaiquiya, desde entonces su fiel compañera, lo mismo en la próspera que en la adversa fortuna, y que por su carácter y varia suerte es un personaje en alto grado poético, que vivió sin duda mucho tiempo en las tradiciones de nuestra patria, y de ellas lo tomó el Infante D. Juan Manuel en su Conde D. Lucanor, donde es la protagonista de la historia, que constituye el trigésimo ejemplo. Los gloriosos principios del reinado de Almotamid tuvieron un trágico remate, pues llamado Jusuf en socorro de los Musulmanes españoles, que se creian próximos á su ruina por los triunfos de Alfonso IV de Castilla, condujo el Jefe de los Almoravides por volver las armas contra su cliente apoderándose de su reino, y por último de su persona, que redujo á una dura prisión en la que al cabo murió el Rey poeta. Esta mudanza de la fortuna, y estas terribles desgracias, aumentaron el estro poético de Almotamid, siendo los mejores versos los que compuso en la mazmorra de Agat, donde murió en el año de 1095.

El segundo párrafo ó capitulo de esta obra, está especialmente dedicado á Ibn-Qeidun, Ibn-Lebban, Ibn-Ammar é Ibn-ul-Catib, todos famosísimos poetas, y los más, altísimos personajes, Ibn-Lebban llegó á ser Régulo de Murviedro, y no pudiendo defenderse contra el Cid, entregó la ciudad á Ibn-Razin, Señor de Albarracin, abrazando después una vida aventurera y errante, que dio materia á la mayor parte de sus poesías. Más curiosa y dramática es la historia de Ibn-Ammar, que desde la más desvalida pobreza llegó á la cumbre de la fortuna, merced á su privanza con Almotamid, á cuyas manos murió al fin trágicamente en castigo cruel, pero justo, de sus ingratitudes y traiciones. Ibn-ul-Catib es el último poeta arábigo español de gran renombre, y floreció en el siglo XIV, bajo la dinastía de los Nazaritas.

De todos estos autores se traducen por el Sr. Valera á nuestra lengua muchas poesías, que si como él mismo reconoce, no son de gran mérito, ofrecen grandísimo interés, porque revelan los sentimientos, usos y costumbres de las tribus orientales que vivieron más de ocho siglos en la Península.

La poesía de los árabes en Sicilia es la materia del párrafo tercero de este tomo, duodécimo de la obra, y en él, después de dar noticia de varios poetas que florecieron en aquella isla, demuestra el Sr. Schack, que el influjo de la civilización árabe se extendió y dominó mucho tiempo en Sicilia después de la conquista de los Normandos. En el siguiente, y bajo el epígrafe de Poesía popular y Poesía narrativa, prueba el autor que ambas existieron entre los Árabes, contra los que afirman que todas las composiciones de sus poetas estaban inspiradas y eran imitaciones de las antiguas kasidas y moalakat, que constituían, por decirlo así, su poesía clásica; y por lo demás, el Sr. Schack cree fundadamente que aunque el carácter lírico sea el dominante en la mayor parte de las obras de los poetas árabes, las hay que lo tienen también evidentemente narrativo.

Por conclusión, en el último capitulo de este tomo, se trata de la poesía de los árabes en sus relaciones con la poesía de los pueblos cristianos de Europa, y se sostiene la opinión de que la primera tuvo influencia así en el fondo como en la forma de la segunda, sino tan grande y decisiva como algunos pretenden, al menos notable sobre todo en los poetas españoles de la Edad Media, que como el Arcipreste de Hita, Garci Fernandez y el Marqués de Santillana dejan conocer desde luego, y aun ellos mismos confiesan esta influencia. Con este motivo el Sr. Valera da interesantes noticias de un género de literatura descubierta por el Sr. Gayangos, y á la que da con propiedad el nombre de aljamiada, por estar escrita en caracteres arábigos y compuesta en castellano pero con mezcla de palabras árabes. Existen varios poemas de este género, que se cultivó en España por los Moriscos hasta que fueron expulsados de ella á principio del siglo XVII. Tales son, en brevísimo resumen, las interesantes materias que se contienen en este tomo, que no nos dejará esperar por mucho tiempo los siguientes, aunque el traductor esté hoy absorbido por gravísimas ocupaciones.


Cuentos de la villa. Colección de poesías, por D. J. A. de Viedma. — Madrid, 1868.

Es la poesía, como dijo el Príncipe de nuestros Ingenios, dama excelente y hermosa, á quien sirven, cuidan y engalanan con todo linaje de atavíos las Artes y las Ciencias todas. De aquí el singular fenómeno (para algunos inexplicable) de que enmedio de los estudios más recónditos y severos, y como sirviendo de descanso á tareas arduas, y aun entre el ruido y tráfago de las cosas políticas, suelen oirse melódicos acentos, hijos del corazón que ama, de la mente qne se remonta á lo ideal y de la imaginación y el estro que traspasa y sube en vigoroso vuelo por encima de los males y desdichas de que es no interrumpida cadena esta vida terrestre. Las almas verdaderamente poéticas, á quienes el Cielo concedió númen divino, alzan el eco de sus canciones, ora apacibles, ora enérgicas, respondiendo al sentimiento que brota espontáneo del corazón de todos; pero que no todos tienen voces para expresar, ni cincel con que imprimir, ni paleta con que representar con vida y esplendor.

El Sr. Viedma, hijo predilecto de la Musa lírica, sentimental y tierna, ya exponga, ya varíe, ya enseñe, ya se duela, ya reprenda, personifica hasta cierto punto el actual período de transición en que se halla nuestra poesía, que no es (ni serlo puede) ni el remoto ritmo del clasicismo anticuado, ni la turbación general de ideas y de formas del romanticismo que, aun siendo joven, era viejo.

Concepciones más elevadas y grandiosas, y ménos chocantes, han de ser las que sirvan de norte á los poetas contemporáneos, si no quieren ver roto, y lo que es peor, menospreciado su cetro misterioso, que enseña y cautiva y corrige, deleitando con los deleites inefables de sus ricos dones.

El autor de los Cuentos de la villa merece, bajo ese concepto, no pocos elogios y plácemes. En su coleccioncita de poesías breves y sencillas, demuéstrase claramente que puede y debe aspirar á cosas mayores. Quien tan donosamente describe personas y épocas; quien tan fácil y elegantemente sabe aprovecharse de la rica lengua española; quien tanto siente y tan bien juzga su forma y modos poéticos, harto se ve que tiene capacidad para remontarse á las alturas sublimes de la lírica moderna, sujetiva y objetiva á un tiempo mismo.

Muchas de las composiciones del Sr. Viedma recuerdan la intención y robustez y el lirismo dramático de nuestro inmortal Homero, fuente inagotable y pura de inspiraciones poéticas.

Como esta nota bibliográfica no se presta á mayores dimensiones, nos abstenemos de copiar varios trozos bellísimos que comprueban aquella aserción. El lector curioso y de buen gusto esperamos que hará por leer el librito, y será de nuestro mismo parecer.


La sopa de los conventos, ó sea tratado de economía política, en estilo joco-sério, acerca de los obstáculos tradicionales en nuestro país, por D. Vicente de la Fuente. — Madrid, 1868.— Un tomo en 4.° de 166 págs.


Si la publicación de esta obrilla no carecía de oportunidad hace dos meses, mucho mayor debe de tenerla ahora que están sobre el tapete, como suele decirse, las cuestiones de libertad, de asociación y abolición de comunidades religiosas. Es una apología ferviente de los conventos y su sopa, y una incisiva sátira contra la desamortización ó, más bien, contra los desamortizadores, y sobre todo, contra los demoledores de edificios monásticos. Su autor, que lo es también de la única Historia eclesiástica de España que tenemos, del tomo 50 de la España Sagrada, de la Biografía de León de Castro, de La Pluralidad de Cultos, de la Retencion de bulas y de otras obras históricas y de derecho canónico, pasa con justicia por uno de los sujetos más eruditos de nuestra Nación, y de serlo da claras muestras en el libro que ahora examinamos, lleno, como todos los suyos, de peregrinas é interesantes noticias, discretamente traídas en apoyo de las opiniones que profesa.

Excusado es manifestar que estas no son las de la Revista, sin que, por eso, desconozcamos que en medio de todo dice grandes verdades, particularmente en lo relativo al vandalismo de que fueron lamentable objeto las riquezas artísticas y bibliográficas de los antiguos monasterios. Ni se crea tampoco que somos enemigos sistemáticos de las órdenes y asociaciones religiosas; confesamos de buen grado sus ventajas bajo el aspecto de la caridad y de la ciencia; pero querámoslas desligadas de la tradición absolutista, naciendo, desarrollándose y floreciendo en el seno de la libertad, cual vemos en Francia, en Inglaterra y en los Estados-Unidos. De esta suerte, acomodadas al espíritu de la época presente, y contenidas dentro de su legítima esfera, pueden ser, en nuestro concepto, y lo serán sin duda en España, un elemento eficaz de progreso moral, científico, artístico y hasta económico, produciendo, en vez de Filósofos rancios, Lacordaires, Ravignanes, Jacintos y de la Portes. Si tales condiciones admitiera el Sr. de la Fuente, asaz enamorado de lo antiguo, como buen arqueólogo, no distaría tanto nuestro sentir del suyo.

Por lo demás, y prescindiendo de creencias políticas, no se ha de negar que La sopa de los Conventos es un opúsculo bien escrito y de muy agradable lectura, donde alternan los cuadros de costumbres con las leyendas piadosas, y los recuerdos históricos con las reflexiones económicas y sociales. La soltura y desenfado del estilo, revelan la franqueza y sinceridad característica del autor, aragonés de pura raza, que dice lo que siente sin pararse en pelillos, ni circunloquios, por duros y amargos que sean. La dicción, sino siempre correcta, es en general castiza, como hombre chapado á la antigua y familiarizado, por lo mismo, con nuestros buenos escritores del siglo de oro, y con las expresivas frases y locuciones del pueblo, que emplea con la mayor naturalidad y lisura. Sólo nos desagrada que la exageración de estas buenas dotes le haya llevado á valerse de expresiones poco cultas y aun chavacanas. Ne quid nimis.