Romeo y Julieta: 2

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[Entra] el CORO

CORO

Ahora yace muerto el viejo amor
y el joven heredero ya aparece.
La bella que causaba tal dolor
al lado de Julieta desmerece.
Romeo ya es amado y es amante:
los ha unido un hechizo en la mirada.
Él es de su enemiga suplicante
y ella roba a ese anzuelo la carnada.
Él no puede jurarle su pasión,
pues en la otra casa es rechazado,
y su amada no tiene la ocasión
de verse en un lugar con su adorado.
Mas el amor encuentros les procura,
templando ese rigor con la dulzura.
[Sale.]


I - Entra ROMEO solo.[editar]

ROMEO ¿Cómo sigo adelante, si mi amor está aquí? Vuelve, Tierra, y busca tu centro. [Se esconde.]


Entran BENVOLIO y MERCUCIO.

BENVOLIO ¡Romeo! ¡Primo Romeo! ¡Romeo!

MERCUCIO Este es muy listo, y seguro que se ha ido a dormir.

BENVOLIO Vino corriendo por aquí y saltó la tapia de este huerto. Llámale, Mercucio.

MERCUCIO Haré una invocación. ¡Romeo! ¡Locuelo! ¡Delirios! ¡Prendado! Aparece en forma de suspiro. Di un verso y me quedo satisfecho. Exclama «¡Ay de mí!», rima « amor » con « flor », di una bella palabra a la comadre Venus y ponle un mote al ciego de su hijo, Cupido el golfillo , cuyo dardo certero hizo al rey Cofetua amar a la mendiga. Ni oye, ni bulle, ni se mueve: el mono se ha muerto; haré un conjuro. Conjúrote por los ojos claros de tu Rosalina, por su alta frente y su labio carmesí, su lindo pie, firme pierna, trémulo muslo y todas las comarcas adyacentes, que ante nosotros aparezcas en persona.

BENVOLIO Como te oiga, se enfadará.

MERCUCIO Imposible. Se enfadaría si yo hiciese penetrar un espíritu extraño en el cerco de su amada, dejándolo erecto hasta que se escurriese y esfumase. Eso sí le irritaría. Mi invocación es noble y decente: en nombre de su amada yo sólo le conjuro que aparezca.

BENVOLIO Ven, que se ha escondido entre estos árboles, en alianza con la noche melancólica. Ciego es su amor, y lo oscuro, su lugar.

MERCUCIO Si el amor es ciego, no puede atinar. Romeo está sentado al pie de una higuera deseando que su amada fuese el fruto que las mozas, entre risas, llaman higo. ¡Ah, Romeo, si ella fuese, ah, si fuese un higo abierto y tú una pera! Romeo, buenas noches. Me voy a mi camita, que dormir al raso me da frío. Ven, ¿nos vamos?

BENVOLIO Sí, pues es inútil buscar a quien no quiere ser hallado.


Salen.

ROMEO [adelantándose] Se ríe de las heridas quien no las ha sufrido. Pero, alto. ¿Qué luz alumbra esa ventana? Es el oriente, y Julieta, el sol. Sal, bello sol, y mata a la luna envidiosa, que está enferma y pálida de pena porque tú, que la sirves, eres más hermoso. Si es tan envidiosa, no seas su sirviente. Su ropa de vestal es de un verde apagado que sólo llevan los bobos ¡Tírala! (Entra JULIETA arriba, en el balcón]

¡Ah, es mi dama, es mi amor! ¡Ojalá lo supiera! Mueve los labios, mas no habla. No importa: hablan sus ojos; voy a responderles. ¡Qué presuntuoso! No me habla a mí. Dos de las estrellas más hermosas del cielo tenían que ausentarse y han rogado a sus ojos que brillen en su puesto hasta que vuelvan. ¿Y si ojos se cambiasen con estrellas? El fulgor de su mejilla les haría avergonzarse, como la luz del día a una lámpara; y sus ojos lucirían en el cielo tan brillantes que, al no haber noche, cantarían las aves. ¡Ved cómo apoya la mejilla en la mano! ¡Ah, quién fuera el guante de esa mano por tocarle la mejilla!

JULIETA ¡Ay de mí!

ROMEO Ha hablado. ¡Ah, sigue hablando, ángel radiante, pues, en tu altura, a la noche le das tanto esplendor como el alado mensajero de los cielos ante los ojos en blanco y extasiados de mortales que alzan la mirada cuando cabalga sobre nube perezosa y surca el seno de los aires!

JULIETA ¡Ah, Romeo, Romeo! ¿Por qué eres Romeo? Niega a tu padre y rechaza tu nombre, o, si no, júrame tu amor y ya nunca seré una Capuleto.

ROMEO ¿La sigo escuchando o le hablo ya?

JULIETA Mi único enemigo es tu nombre. Tú eres tú, aunque seas un Montesco. ¿Qué es «Montesco» ? Ni mano, ni pie, ni brazo, ni cara, ni parte del cuerpo. ¡Ah, ponte otro nombre! ¿Qué tiene un nombre? Lo que llamamos rosa sería tan fragante con cualquier otro nombre. Si Romeo no se llamase Romeo, conservaría su propia perfección sin ese nombre. Romeo, quítate el nombre y, a cambio de él, que es parte de ti, ¡tómame entera!

ROMEO Te tomo la palabra. Llámame « amor » y volveré a bautizarme: desde hoy nunca más seré Romeo.

JULIETA ¿Quién eres tú, que te ocultas en la noche e irrumpes en mis pensamientos?

ROMEO Con un nombre no sé decirte quién soy. Mi nombre, santa mía, me es odioso porque es tu enemigo. Si estuviera escrito, rompería el papel.

JULIETA Mis oídos apenas han sorbido cien palabras de tu boca y ya te conozco por la voz. ¿No eres Romeo, y además Montesco?

ROMEO No, bella mía, si uno u otro te disgusta.

JULIETA Dime, ¿cómo has llegado hasta aquí y por qué? Las tapias de este huerto son muy altas y, siendo quien eres, el lugar será tu muerte si alguno de los míos te descubre.

ROMEO Con las alas del amor salté la tapia, pues para el amor no hay barrera de piedra, y, como el amor lo que puede siempre intenta, los tuyos nada pueden contra mí.

JULIETA Si te ven, te matarán.

ROMEO ¡Ah! Más peligro hay en tus ojos que en veinte espadas suyas. Mírame con dulzura y quedo a salvo de su hostilidad.

JULIETA Por nada del mundo quisiera que te viesen.

ROMEO Me oculta el manto de la noche y, si no me quieres, que me encuentren: mejor que mi vida acabe por su odio que ver cómo se arrastra sin tu amor.

JULIETA ¿Quién te dijo dónde podías encontrarme?

ROMEO El amor, que me indujo a preguntar. Él me dio consejo; yo mis ojos le presté. No soy piloto, pero, aunque tú estuvieras lejos, en la orilla más distante de los mares más remotos, zarparía tras un tesoro como tú.

JULIETA La noche me oculta con su velo; si no, el rubor teñiría mis mejillas por lo que antes me has oído decir. ¡Cuánto me gustaría seguir las reglas, negar lo dicho! Pero, ¡adiós al fingimiento! ¿Me quieres? Sé que dirás que sí y te creeré. Si jurases, podrías ser perjuro: dicen que Júpiter se ríe de los perjurios de amantes. ¡Ah, gentil Romeo! Si me quieres, dímelo de buena fe. O, si crees que soy tan fácil, me pondré áspera y rara, y diré « no » con tal que me enamores, y no más que por ti. Mas confía en mí: demostraré ser más fiel que las que saben fingirse distantes. Reconozco que habría sido más cauta si tú, a escondidas, no hubieras oído mi confesión de amor. Así que, perdóname y no juzgues liviandad esta entrega que la oscuridad de la noche ha descubierto.

ROMEO Juro por esa luna santa que platea las copas de estos árboles...

JULIETA Ah, no jures por la luna, esa inconstante que cada mes cambia en su esfera, no sea que tu amor resulte tan variable.

ROMEO ¿Por quién voy a jurar?

JULIETA No jures; o, si lo haces, jura por tu ser adorable, que es el dios de mi idolatría, y te creeré.

ROMEO Si el amor de mi pecho...

JULIETA No jures. Aunque seas mi alegría, no me alegra nuestro acuerdo de esta noche: demasiado brusco, imprudente, repentino, igual que el relámpago, que cesa antes de poder nombrarlo. Amor, buenas noches. Con el aliento del verano, este brote amoroso puede dar bella flor cuando volvamos a vernos. Adiós, buenas noches. Que el dulce descanso se aloje en tu pecho igual que en mi ánimo.

ROMEO ¿Y me dejas tan insatisfecho?

JULIETA ¿Qué satisfacción esperas esta noche?

ROMEO La de jurarnos nuestro amor.

JULIETA El mío te lo di sin que lo pidieras; ojalá se pudiese dar otra vez.

ROMEO ¿Te lo llevarías? ¿Para qué, mi amor?

JULIETA Para ser generosa y dártelo otra vez. Y, sin embargo, quiero lo que tengo. Mi generosidad es inmensa como el mar, mi amor, tan hondo; cuanto más te doy, más tengo, pues los dos son infinitos. [Llama el AMA dentro.]

Oigo voces dentro. Adiós, mi bien. -¡Ya voy, ama!-Buen Montesco, sé fiel. Espera un momento, vuelvo en seguida. [Sale. ]

ROMEO ¡Ah, santa, santa noche! Temo que, siendo de noche, todo sea un sueño, harto halagador y sin realidad.


[Entra JULIETA arriba.]

JULIETA Unas palabras, Romeo, y ya buenas noches. Si tu ánimo amoroso es honrado y tu fin, el matrimonio, hazme saber mañana (yo te enviaré un mensajero) dónde y cuándo será la ceremonia y pondré a tus pies toda mi suerte y te seguiré, mi señor, por todo el mundo.

AMA [dentro] ¡Julieta!

JULIETA ¡Ya voy!-Mas, si no es buena tu intención, te lo suplico...

AMA [dentro] ¡Julieta!

JULIETA ¡Voy ahora mismo!-..abandona tu empeño y déjame con mi pena. Mañana lo dirás.

ROMEO ¡Así se salve mi alma...!

JULIETA ¡Mil veces buenas noches!


Sale.

ROMEO Mil veces peor, pues falta tu luz. El amor corre al amor como el niño huye del libro y, cual niño que va a clase, se retira entristecido.


Vuelve a entrar JULIETA [arriba].

JULIETA ¡Chss, Romeo, chss! ¡Ah, quién fuera cetrero por llamar a este halcón peregrino! Mas el cautivo habla bajo, no puede gritar; si no, yo haría estallar la cueva de Eco y dejaría su voz más ronca que la mía repitiendo el nombre de Romeo.

ROMEO Mi alma me llama por mi nombre. ¡Qué dulces suenan las voces de amantes en la noche, igual que la música suave al oído!

JULIETA ¡Romeo!

ROMEO ¿Mi neblí?

JULIETA Mañana, ¿a qué hora te mando el mensajero?

ROMEO A las nueve.

JULIETA Allá estará. ¡Aún faltan veinte años! No me acuerdo por qué te llamé.

ROMEO Deja que me quede hasta que te acuerdes.

JULIETA Lo olvidaré para tenerte ahí delante, recordando tu amada compañía.

ROMEO Y yo me quedaré para que siempre lo olvides, olvidándome de cualquier otro hogar.

JULIETA Es casi de día. Dejaría que te fueses, pero no más allá que el pajarillo que, cual preso sujeto con cadenas, la niña mimada deja saltar de su mano para recobrarlo con hilo de seda, amante celosa de su libertad.

ROMEO ¡Ojalá fuera yo el pajarillo!

JULIETA Ojalá lo fueras, mi amor, pero te mataría de cariño. ¡Ah, buenas noches! Partir es tan dulce pena que diré « buenas noches » hasta que amanezca. [Sale.]

ROMEO ¡Quede el sueño en tus ojos, la paz en tu ánimo! ¡Quién fuera sueño y paz, para tal descanso! A mi buen confesor en su celda he de verle por pedirle su ayuda y contarle mi suerte.


[Sale.]

II - Entra FRAY LORENZO solo, con una cesta.[editar]

FRAY LORENZO Sonríe a la noche la clara mañana rayando las nubes con luces rosáceas. Las sombras se alejan como el que va ebrio, cediendo al día y al carro de Helio Antes que el sol abra su ojo de llamas, que alegra el día y ablanda la escarcha, tengo que llenar esta cesta de mimbre de hierbas dañosas y flores que auxilien. La tierra es madre y tumba de natura, pues siempre da vida en donde sepulta: nacen de su vientre muy diversos hijos que toman sustento del seno nutricio. Por muchas virtudes muchos sobresalen; ninguno sin una y todos dispares. Grande es el poder curativo que guardan las hierbas y piedras y todas las plantas. Pues no hay nada tan vil en la tierra que algún beneficio nunca le devuelva, ni nada tan bueno que, al verse forzado, no vicie su ser y se aplique al daño. La virtud es vicio cuando sufre abuso y a veces el vicio puede dar buen fruto.

Entra ROMEO. Bajo la envoltura de esta tierna flor convive el veneno con la curación, porque, si la olemos, al cuerpo da alivio, mas, si la probamos, suspende el sentido. En el hombre acampan, igual que en las hierbas, virtud y pasión, dos reyes en guerra; y, siempre que el malo sea el que aventaja, muy pronto el gusano devora esa planta.

ROMEO Buenos días, padre.

FRAY LORENZO ¡Benedicite! ¿Qué voz tan suave saluda tan pronto? Hijo, despedirse del lecho a estas horas dice que a tu mente algo la trastorna. La preocupación desvela a los viejos y donde se aloja, no reside el sueño; mas donde la mocedad franca y exenta extiende sus miembros, el sueño gobierna. Si hoy madrugas, me inclino a pensar que te ha levantado alguna ansiedad. O, si no, y entonces seguro que acierto, esta noche no se ha acostado Romeo.

ROMEO Habéis acertado, pero fue una dicha.

FRAY LORENZO ¡Dios borre el pecado! ¿Viste a Rosalina?

ROMEO ¿Cómo Rosalina? No, buen padre, no. Ya olvidé ese nombre y el pesar que dio.

FRAY LORENZO Bien hecho, hijo mío. Mas, ¿dónde has estado?

ROMEO Dejad que os lo diga sin gastar preámbulos. He ido a la fiesta del que es mi enemigo, donde alguien de pronto me ha dejado herido, y yo he herido a alguien. Nuestra curación está en vuestra mano y santa labor. No me mueve el odio, padre, pues mi ruego para mi enemigo también es benéfico.

FRAY LORENZO Habla claro, hijo: confesión de enigmas solamente trae absolución ambigua.

ROMEO Pues oíd: la amada que llena mi pecho es la bella hija del gran Capuleto. Le he dado mi alma, y ella a mí la suya; ya estamos unidos, salvo lo que una vuestro sacramento. Dónde, cómo y cuándo la vi, cortejé, y juramos amarnos, os lo diré de camino; lo que os pido es que accedáis a casarnos hoy mismo.

FRAY LORENZO ¡Por San Francisco bendito, cómo cambias! ¿Así a Rosalina, amor de tu alma, ya has abandonado? El joven amor sólo está en los ojos, no en el corazón. ¡Jesús y María! Por tu Rosalina bañó un océano tus mustias mejillas. ¡Cuánta agua salada has tirado en vano, sazonando amor, para no gustarlo! Aún no ha deshecho el sol tus suspiros, y aún tus lamentos suenan en mi oído. Aquí, en la mejilla, te queda la mancha de una antigua lágrima aún no enjugada. Si eras tú mismo, y tanto sufrías, tú y tus penas fueron para Rosalina. ¿Y ahora has cambiado? Pues di la sentencia: «Que engañe mujer si el hombre flaquea.»

ROMEO Me reñíais por amar a Rosalina.

FRAY LORENZO Mas no por tu amor: por tu idolatría.

ROMEO Queríais que enterrase el amor.

FRAY LORENZO No quieras meterlo en la tumba y tener otro fuera.

ROMEO No me censuréis. La que amo ahora con amor me paga y su favor me otorga. La otra lo negaba.

FRAY LORENZO Te oía muy bien declamar amores sin saber leer Mas ven, veleidoso, ven ahora conmigo; para darte ayuda hay un buen motivo: en vuestras familias servirá la unión para que ese odio se cambie en amor.

ROMEO Hay que darse prisa. Vámonos ya, venga.

FRAY LORENZO Prudente y despacio. Quien corre, tropieza.

Salen.

III - Entran BENVOLIO y MERCUCIO.[editar]

MERCUCIO ¿Dónde demonios puede estar Romeo? Anoche, ¿no volvió a casa?

BENVOLIO No a la de su padre, según un criado.

MERCUCIO Esa moza pálida y cruel, esa Rosalina, le va a volver loco de tanto tormento.

BENVOLIO Tebaldo, sobrino del viejo Capuleto, ha enviado una carta a casa de su padre.

MERCUCIO ¡Un reto, seguro!

BENVOLIO Romeo responderá.

MERCUCIO Quien sabe escribir puede responder una carta.

BENVOLIO No, responderá al que la escribe: el retado retará.

MERCUCIO ¡Ah, pobre Romeo! Él, que ya está muerto, traspasado por los ojos negros de una moza blanca, el oído atravesado por canción de amor, el centro del corazón partido por la flecha del niño ciego. ¿Y él va a enfrentarse a Tebaldo?

BENVOLIO Pues, ¿qué tiene Tebaldo?

MERCUCIO Es el rey de los gatos , pero más. Es todo un artista del ceremonial: combate como quien canta las notas, respetando tiempo, distancia y medida; observando las pausas, una, dos y la tercera en el pecho; perforándote el botón de la camisa; un duelista, un duelista. Caballero de óptima escuela, de la causa primera y segunda Ah, la fatal «passata» , el «punto reverso», el «hai» !

BENVOLIO ¿El qué?

MERCUCIO ¡Mala peste a estos afectados, a estos relamidos y a su nuevo acento! «¡Jesús, qué buena espada! ¡Qué hombre más apuesto! ¡Qué buena puta!» ¿No es triste, abuelo, tener que sufrir a estas moscas foráneas, estos novedosos, estos «excusadme» , tan metidos en su nuevo ropaje que ya no se acuerdan de los viejos hábitos? ¡Ah, su cuerpo, su cuerpo!


Entra ROMEO.

BENVOLIO Aquí está Romeo, aquí está Romeo.

MERCUCIO Sin su Romea y como un arenque ahumado. ¡Ah, carne, carne, te has vuelto pescado! Ahora está para los versos en los que fluía Petrarca. Al lado de su amada, Laura fue una fregona (y eso que su amado sí sabía celebrarla); Dido, un guiñapo; Cleopatra, una gitana; Helena y Hero, pencos y pendones; Tisbe, con sus ojos claros, no tenía nada que hacer. Signor Romeo, bon jour: saludo francés a tu calzón francés. Anoche nos lo diste bien.

ROMEO Buenos días a los dos. ¿Qué os di yo anoche?

MERCUCIO El esquinazo. ¿Es que no entiendes?

ROMEO Perdona, buen Mercucio. Mi asunto era importante, y en un caso así se puede plegar la cortesía.

MERCUCIO Eso es como decir que en un caso como el tuyo se deben doblar las corvas.

ROMEO ¿Hacer una reverencia?

MERCUCIO La has clavado en el blanco.

ROMEO ¡Qué exposición tan cortés!

MERCUCIO Es que soy el culmen.

ROMEO ¿De la cortesía?

MERCUCIO Exacto.

ROMEO No, eres el colmo, y sin la cortesía.

MERCUCIO ¡Qué ingenio! Sígueme la broma hasta gastar el zapato, que, cuando suelen gastarse las suelas, te quedas desolado por el pie.

ROMEO ¡Ah, broma descalza, que ya no con...suela!

MERCUCIO Sepáranos, Benvolio: me flaquea el sentido.

ROMEO Mete espuelas, mete espuelas o te gano.

MERCUCIO Si hacemos carrera de gansos, pierdo yo, que tú eres más ganso con un solo sentido que yo con mis cinco. ¿Estamos empatados en lo de «ganso»?

ROMEO Empatados, no. En lo de «ganso» estamos engansados.

MERCUCIO Te voy a morder la oreja por esa.

ROMEO Ganso que grazna no muerde.

MERCUCIO Tu ingenio es una manzana amarga, una salsa picante.

ROMEO ¿Y no da sabor a un buen ganso?

MERCUCIO ¡Vaya ingenio de cabritilla, que de una pulgada se estira a una vara!

ROMEO Yo lo estiro para demostrar que a lo ancho y a lo largo eres un inmenso ganso.

MERCUCIO ¿A que más vale esto que gemir de amor? Ahora eres sociable, ahora eres Romeo, ahora eres quien eres, por arte y por naturaleza, pues ese amor babeante es como un tonto que va de un lado a otro con la lengua fuera para meter su bastón en un hoyo.

BENVOLIO ¡Para, para!

MERCUCIO Tú quieres que pare mi asunto a contrapelo.

BENVOLIO Si no, tu asunto se habría alargado.

MERCUCIO Te equivocas: se habría acortado, porque ya había llegado al fondo del asunto y no pensaba seguir con la cuestión.

ROMEO ¡Vaya aparato! Entran el AMA y su criado [PEDRO]. ¡Velero a la vista!

MERCUCIO Dos, dos: camisa y camisón.

AMA ¡Pedro!

PEDRO Voy.

AMA Mi abanico, Pedro.

MERCUCIO Para taparle la cara, Pedro: el abanico es más bonito.

AMA Buenos días, señores.

MERCUCIO Buenas tardes, hermosa señora.

AMA ¿Buenas tardes ya?

MERCUCIO Sí, de veras, pues el obsceno reloj está clavado en la raya de las doce.

AMA ¡Fuera! ¿Qué hombre sois?

ROMEO Señora, uno creado por Dios para que se vicie solo.

AMA Muy bien dicho, vaya que sí. «Para que se vicie solo», bien.-Señores, ¿puede decirme alguno dónde encontrar al joven Romeo?

ROMEO Yo puedo, pero, cuando le halléis, el joven Romeo será menos joven de lo que era cuando le buscabais: yo soy el más joven con ese nombre a falta de otro peor.

AMA Muy bien.

MERCUCIO ¡Ah! ¿Está bien ser el peor? ¡Qué agudeza! Muy lista, muy lista.

AMA Si sois vos, señor, deseo hablaros conferencialmente.

BENVOLIO Le intimará a cenar.

MERCUCIO ¡Alcahueta, alcahueta! ¡Eh-oh!

ROMEO ¿Has visto una liebre?

MERCUCIO Una liebre, no: tal vez un conejo viejo y pellejo para un pastel de Cuaresma.

Anda alrededor de ellos cantando.

Conejo viejo y pellejo,
conejo pellejo y viejo
es buena carne en Cuaresma.
Pero conejo pasado
ya no puede ser gozado
si se acartona y reseca.

Romeo, ¿vienes a casa de tu padre? Comemos allí.

ROMEO Ahora os sigo.

MERCUCIO Adiós, vieja señora. Adiós, señora, señora, señora.


Salen MERCUCIO y BENVOLIO.

AMA Decidme, señor. ¿Quién es ese grosero tan lleno de golferías?

ROMEO Un caballero, ama, al que le encanta escucharse y que habla más en un minuto de lo que oye en un mes.

AMA Como diga algo contra mí, le doy en la cresta, por muy robusto que sea, él o veinte como él. Y, si yo no puedo, ya encontraré quien lo haga. ¡Miserable! Yo no soy una de sus ninfas, una de sus golfas.

Se vuelve a su criado PEDRO.

¡Y tú delante, permitiendo que un granuja me trate a su gusto!

PEDRO Yo no vi que nadie os tratara a su gusto. Si no, habría sacado el arma al instante. De verdad: soy tan rápido en sacar como el primero si veo una buena razón para luchar y tengo la ley de mi parte.

AMA Dios santo, estoy tan disgustada que me tiembla todo el cuerpo. ¡Miserable! -Deseo hablaros, señor. Como os decía, mi señorita me manda buscaros. El mensaje me lo guardo. Primero, permitid que os diga que si, como suele decirse, pensáis tenderle un lazo, sería juego sucio. Pues ella es muy joven y, si la engañáis, sería una mala pasada con cualquier mujer, una acción muy turbia.

ROMEO Ama, encomiéndame a tu dama y señora. Declaro solemnemente...

AMA ¡Dios os bendiga! Voy a decírselo. Señor, Señor, ¡no cabrá de gozo!

ROMEO ¿Qué vas a decirle, ama? No has entendido.

AMA Le diré, señor, que os declaráis, y que eso es proposición de caballero.

ROMEO Dile que vea la manera de acudir esta tarde a confesarse, y allí, en la celda de Fray Lorenzo, se confesará y casará. Toma, por la molestia.

AMA No, de veras, señor. Ni un centavo.

ROMEO Vamos, toma.

AMA ¿Esta tarde, señor? Pues allí estará.

ROMEO Ama, espera tras la tapia del convento. A esa hora estará contigo mi criado y te dará la escalera de cuerda que en la noche secreta ha de llevarme a la cumbre suprema de mi dicha. Adiós, guarda silencio y serás recompensada. Adiós, encomiéndame a tu dama.

AMA ¡Que el Dios del cielo os bendiga! Esperad, señor.

ROMEO ¿Qué quieres, mi buena ama?

AMA ¿Vuestro criado es discreto? Lo habréis oído: « Dos guardan secreto si uno lo ignora.»

ROMEO Descuida: mi criado es más fiel que el acero.

AMA Pues mi señorita es la dama más dulce... ¡Señor, Señor! ¡Tan parlanchina de niña! Ah, hay un noble en la ciudad, un tal Paris, que le tiene echado el ojo, pero ella, Dios la bendiga, antes que verle a él prefiere ver un sapo, un sapo de verdad. Yo a veces la irrito diciéndole que Paris es el más apuesto, pero, de veras, cuando se lo digo, se pone más blanca que una sábana. ¿A que « romero » y « Romeo» empiezan con la misma letra?

ROMEO Sí, ama, con una erre. ¿Qué pasa?

AMA ¡Ah, guasón! «Erre» es lo que hace el perro. Con erre empieza la... No, que empieza con otra letra. Ella ha hecho una frase preciosa sobre vos y el romero; os daría gusto oírla.

ROMEO Encomiéndame a tu dama.

AMA Sí, mil veces.

Sale [ROMEO]. ¡Pedro!

PEDRO ¡Voy!

AMA Delante y deprisa. Salen.

IV - Entra JULIETA[editar]

JULIETA El reloj daba las nueve cuando mandé al ama; prometió volver en media hora. Tal vez no lo encuentra; no, imposible. Es que anda despacio. El amor debiera anunciarlo el pensamiento, diez veces más rápido que un rayo de sol disipando las sombras de los lúgubres montes. Por eso llevan a Venus veloces palomas y Cupido tiene alas. El sol está ahora en la cumbre más alta del día; de las nueve a las doce van tres largas horas, y aún no ha vuelto. Si tuviera sentimientos y sangre de joven, sería más veloz que una pelota: mis palabras la enviarían a mi amado, y las suyas me la devolverían. Pero estos viejos... Muchos se hacen el muerto; torpes, lentos, pesados y más pálidos que el plomo.

Entra el AMA [con PEDRO].

¡Dios santo, es ella! Ama, mi vida, ¿qué hay? ¿Le has visto? Despide al criado.

AMA Pedro, espera a la puerta.

[Sale PEDRO.]

JULIETA Mi querida ama... Dios santo, ¿tan seria? Si las noticias son malas, dilas alegre; si son buenas, no estropees su música viniéndome con tan mala cara.

AMA Estoy muy cansada. Espera un momento. ¡Qué dolor de huesos! ¡Qué carreras!

JULIETA Por tus noticias te daría mis huesos. Venga, vamos, habla, buena ama, habla.

AMA ¡Jesús, qué prisa! ¿No puedes esperar? ¿No ves que estoy sin aliento?

JULIETA ¿Cómo puedes estar sin aliento, si lo tienes para decirme que estás sin aliento? Tu excusa para este retraso es más larga que el propio mensaje. ¿Traes buenas o malas noticias? Contesta. Di una cosa a otra, y ya vendrán los detalles. Que sepa a qué atenerme: ¿Son buenas o malas?

AMA Eres muy simple eligiendo, no sabes elegir hombre. ¿Romeo? No, él no. Y eso que es más guapo que nadie, que tiene mejores piernas, y que las manos, los pies y el cuerpo, aunque no merecen comentarse no tienen comparación. Sin ser la flor de la cortesía es más dulce que un cordero. Anda ya, mujer, sirve a Dios. ¿Has comido en casa?

JULIETA ¡No, no! Todo eso lo sabía. ¿Qué dice de matrimonio, eh?

AMA ¡Señor, qué dolor de cabeza! ¡Ay, mi cabeza! Palpita como si fuera a saltar en veinte trozos. Mi espalda al otro lado... ¡Ay, mi espalda! ¡Que Dios te perdone por mandarme por ahí para matarme con tanta carrera!

JULIETA Me da mucha pena verte así. Querida, mi querida ama, ¿qué dice mi amor?

AMA Tu amor dice, como caballero honorable, cortés, afable y apuesto, y sin duda virtuoso... ¿Dónde está tu madre?

JULIETA ¿Que dónde está mi madre? Pues, dentro. ¿Dónde iba a estar? ¡Qué contestación más rara! «Tu amor dice, como caballero... ¿Dónde está tu madre?»

AMA ¡Virgen santa! ¡Serás impaciente! Repórtate. ¿Es esta la cura para mi dolor de huesos? Desde ahora, haz tú misma los recados.

JULIETA ¡Cuánto embrollo! Vamos, ¿qué dice Romeo?

AMA ¿Tienes permiso para ir hoy a confesarte?

JULIETA Sí.

AMA Pues corre a la celda de Fray Lorenzo: te espera un marido para hacerte esposa. Ya se te rebela la sangre en la cara: por cualquier noticia se te pone roja. Corre a la iglesia. Yo voy a otro sitio por una escalera, con la que tu amado, cuando sea de noche, subirá a tu nido. Soy la esclava y me afano por tu dicha, pero esta noche tú serás quien lleve la carga. Yo me voy a comer. Tú vete a la celda.

JULIETA ¡Con mi buena suerte! Adiós, ama buena. Salen.

V - Entran FRAY LORENZO y ROMEO.

FRAY LORENZO Sonría el cielo ante el santo rito y no nos castigue después con pesares.

ROMEO Amén. Mas por grande que sea el sufrimiento, no podrá superar la alegría que me invade al verla un breve minuto. Unid nuestras manos con las santas palabras y que la muerte, devoradora del amor, haga su voluntad: llamarla mía me basta.

FRAY LORENZO El gozo violento tiene un fin violento y muere en su éxtasis como fuego y pólvora, que, al unirse, estallan. La más dulce miel empalaga de pura delicia y, al probarla, mata el apetito. Modera tu amor y durará largo tiempo: el muy rápido llega tarde como el lento.

Entra JULIETA apresurada y abraza a ROMEO.

Aquí está la dama. Ah, pies tan ligeros no pueden desgastar la dura piedra. Los enamorados pueden andar sin caerse por los hilos de araña que flotan en el aire travieso del verano; así de leve es la ilusión.

JULIETA Buenas tardes tenga mi padre confesor.

FRAY LORENZO Romeo te dará las gracias por los dos, hija.

JULIETA Y un saludo a él, o las suyas estarían de más.

ROMEO Ah, Julieta, si la cima de tu gozo se eleva como la mía y tienes más arte que yo para ensalzarlo, que tus palabras endulcen el aire que nos envuelve, y la armonía de tu voz revele la dicha íntima que ambos sentimos en este encuentro.

JULIETA El sentimiento, si no lo abruma el adorno, se precia de su verdad, no del ornato. Sólo los pobres cuentan su dinero, mas mi amor se ha enriquecido de tal modo que no puedo sumar la mitad de mi fortuna.

FRAY LORENZO Vamos, venid conmigo y pronto acabaremos, pues, con permiso, no vais a quedar solos hasta que la Iglesia os una en matrimonio.

Salen.




Romeo y Julieta de William Shakespeare

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