Romeo y Julieta: 5

De Wikisource, la biblioteca libre.
Saltar a: navegación, buscar



I - Entra ROMEO.[editar]

ROMEO Si puedo confiar en la verdad de un sueño halagador, se acercan buenas nuevas. El rey de mi pecho está alegre en su trono y hoy un insólito vigor me eleva sobre el suelo con pensamientos de júbilo. Soñé que mi amada vino y me halló muerto (sueño extraño, si en él un muerto piensa) y me insufló tanta vida con sus besos que resucité convertido en un emperador. ¡Ah, qué dulce ha de ser el amor real si sus sombras albergan tanta dicha! Entra BALTASAR, criado de Romeo. ¡Noticias de Verona! ¿Qué hay, Baltasar? ¿No traes cartas del fraile? ¿Cómo está mi amor? ¿Está bien mi padre? ¿Cómo está Julieta? Dos veces lo pregunto, pues nada puede ir mal si ella está bien.

BALTASAR Entonces está bien y nada puede ir mal. Su cuerpo descansa en la cripta de los Capuletos y su alma inmortal vive con los ángeles. Vi cómo la enterraban en el panteón y a toda prisa cabalgué para contároslo. Perdonadme por traeros malas nuevas, pero cumplo el deber que me asignasteis.

ROMEO ¿Es verdad? Entonces yo os desafío, estrellas.-Ya sabes dónde vivo; tráeme papel y tinta y alquila caballos de posta. Salgo esta noche.

BALTASAR Calmaos, señor, os lo ruego. Estáis pálido y excitado, y eso anuncia alguna adversidad.

ROMEO Calla, te equivocas. Déjame y haz lo que te he dicho. ¿No tienes carta para mí de Fray Lorenzo?

BALTASAR No, señor.

ROMEO No importa. Vete. Y alquila esos caballos. Yo voy contigo en seguida. Sale BALTASAR. Bien, Julieta, esta noche yaceré contigo. A ver la manera. ¡Ah, destrucción, qué pronto te insinúas en la mente de un desesperado! Recuerdo un boticario, que vive por aquí. Le vi hace poco, cubierto de andrajos, con cejas muy pobladas, recogiendo hierbas. Estaba macilento; su penuria le había enflaquecido. En su pobre tienda pendía una tortuga, un caimán disecado y varias pieles de peces deformes; y por los estantes, expuestas y apenas separadas, un número exiguo de cajas vacías, cazuelas verdes, vejigas, semillas rancias, hilos bramantes y panes de rosa ya pasados. Viendo esa indigencia, yo me dije: "Si alguien necesita algún veneno, aunque en Mantua venderlo se pena con la muerte, este pobre hombre se lo venderá." Ah, la idea se adelantó a mi menester y ahora este menesteroso ha de vendérmelo. Que yo recuerde, esta es la casa; hoy es fiesta, y la tienda está cerrada. ¡Eh, boticario! Entra el BOTICARIO.

BOTICARIO ¿Quién grita?

ROMEO Vamos, ven aquí. Veo que eres pobre. Toma cuarenta ducados y dame un frasco de veneno, algo que actúe rápido y se extienda por las venas, de tal modo que el cansado de la vida caiga muerto y el aliento salga de su cuerpo con el ímpetu de la pólvora inflamada cuando huye del vientre del cañón.

BOTICARIO De esas drogas tengo, pero las leyes de Mantua castigan con la muerte a quien las venda.

ROMEO ¿Y tú temes la muerte, estando tan escuálido y cargado de penuria? El hambre está en tu cara; en tus ojos hundidos, la hiriente miseria; tu cuerpo lo visten indignos harapos. El mundo no es tu amigo, ni su ley, y el mundo no da ley que te haga rico, conque no seas pobre, viola la ley y toma esto.

BOTICARIO Accede mi pobreza, no mi voluntad.

ROMEO Le pago a tu pobreza, no a tu voluntad.

BOTICARIO Disolved esto en cualquier líquido y bebedlo y, aunque tengáis el vigor de veinte hombres, al instante os matará.

ROMEO Aquí está el oro, peor veneno para el alma; en este mundo asesina mucho más que las tristes mezclas que no puedes vender. Soy yo quien te vende veneno, no tú a mí. Adiós, cómprate comida y echa carnes. [Sale el BOTICARIO.] Cordial y no veneno, ven conmigo a la tumba de Julieta, que es tu sitio.

II - Entra FRAY JUAN.[editar]

FRAY JUAN ¡Eh, santo franciscano, hermano! Entra FRAY LORENZO.

FRAY LORENZO Esa parece la voz de Fray Juan. Bien venido de Mantua. ¿Qué dice Romeo? Si escribió su mensaje, dame la carta.

FRAY JUAN Fui en busca de un hermano franciscano que había de acompañarme. Le hallé en la ciudad, visitando a los enfermos. La guardia sanitaria, sospechando que la casa en que vivíamos los dos estaba contagiada por la peste, selló las puertas y nos prohibió salir. Por eso no pude viajar a Mantua.

FRAY LORENZO Entonces, a Romeo, ¿quién le llevó mi carta?

FRAY JUAN Aquí está, no pude mandársela ni conseguir que nadie os la trajese. Tenían mucho miedo de contagios.

FRAY LORENZO ¡Ah, desventura! Por la orden franciscana, no era una carta cualquiera, sino de gran trascendencia. No entregarla podría hacer mucho daño. Vamos, Fray Juan, buscadme una palanca y llevádmela a la celda.

FRAY JUAN Ahora mismo os la llevo, hermano. Sale.

FRAY LORENZO He de ir solo al panteón. De aquí a tres horas despertará Julieta. Se enfadará conmigo cuando sepa que Romeo no ha sido avisado de lo sucedido. Volveré a escribir a Mantua; a ella la tendré aquí, en mi celda, hasta que llegue Romeo. ¡Ah, cadáver vivo en tumba de muertos! Sale.


III - Entran PARIS y su PAJE, con flores, agua perfumada [y una antorcha].[editar]

PARIS Muchacho, dame la antorcha y aléjate. No, apágala; no quiero que me vean. Ahora échate al pie de esos tejos y pega el oído a la hueca tierra. Así no habrá pisada que no oigas en este cementerio, con un suelo tan blando de tanto cavar tumbas. Un silbido tuyo será aviso de que alguien se acerca. Dame esas flores. Haz lo que te digo, vamos.

PAJE [aparte] Me asusta quedarme aquí solo en el cementerio, pero lo intentaré. [Sale. ] PARIS cubre la tumba de flores.

PARIS Flores a esta flor en su lecho nupcial. Mas, ay, tu dosel no es más que polvo y piedra. Con agua de rosas lo he de rociar cada noche, o con lágrimas de pena. Las exequias que desde ahora te consagro son mis flores cada noche con mi llanto. Silba el PAJE. Me avisa el muchacho; viene alguien. ¿Qué pie miserable se acerca a estas horas turbando mis ritos de amor y mis honras? Entran ROMEO y BALTASAR con una antorcha, una azada y una barra de hierro. ¡Cómo! ¿Con antorcha? Noche, ocúltame un instante. [Se esconde.]

ROMEO Dame la azada y la barra de hierro. Ten, toma esta carta. Haz por entregarla mañana temprano a mi padre y señor. Dame la antorcha. Te lo ordeno por tu vida: por más que oigas o veas, aléjate y no interrumpas mi labor. Si desciendo a este lecho de muerte es por contemplar el rostro de mi amada, pero, sobre todo, por quitar de su dedo un valioso anillo, un anillo que he de usar en un asunto importante. Así que vete. Si, por recelar, vuelves y me espías para ver qué más cosas me propongo, por Dios, que te haré pedazos y te esparciré por este insaciable cementerio. El momento y mi propósito son fieros, más feroces y mucho más inexorables que un tigre hambriento o el mar embravecido.

BALTASAR Me iré, señor, y no os molestaré.

ROMEO Con eso me demuestras tu amistad. Toma: vive y prospera. Adiós, buen amigo.

BALTASAR [aparte] Sin embargo, me esconderé por aquí. Su gesto no me gusta y sospecho su propósito. [Se esconde.]

ROMEO Estómago odioso, vientre de muerte, saciado del manjar más querido de la tierra, así te obligo a abrir tus mandíbulas podridas y, en venganza, te fuerzo a tragar más alimento. Abre la tumba.

PARIS Este es el altivo Montesco desterrado, el que mató al primo de mi amada, haciendo que ella, según dicen, muriese de la pena. Seguro que ha venido a profanar los cadáveres. Voy a detenerle. [Desenvaina.] ¡Cesa tu impía labor, vil Montesco! ¿Pretendes vengarte más allá de la muerte? ¡Maldito infame, date preso! Obedece y ven conmigo, pues has de morir.

ROMEO Es verdad, y por eso he venido. Querido joven, no provoques a un desesperado; huye y déjame. Piensa en estos muertos y teme por tu vida. Te lo suplico, no añadas a mi cuenta otro pecado moviéndome a la furia. ¡Márchate! Por Dios, más te aprecio que a mí mismo, pues vengo armado contra mí mismo. No te quedes; vete. Vive y después di que el favor de un loco te dejó vivir.

PARIS Rechazo tus súplicas y por malhechor te prendo.

ROMEO ¿Así que me provocas? Pues toma, muchacho. Luchan. [Entra el PAJE de Paris.]

PAJE ¡Dios del cielo, están luchando! Llamaré a la guardia. [Sale.]

PARIS ¡Ah, me has matado! Si tienes compasión, abre la tumba y ponme al lado de Julieta. [Muere.]

ROMEO Te juro que lo haré. A ver su cara. ¡El pariente de Mercucio, el Conde Paris! ¿Qué decía mi criado mientras cabalgábamos que mi alma agitada no escuchaba? Creo que dijo que Paris iba a casarse con Julieta. ¿Lo dijo? ¿O lo he soñado? ¿O me he vuelto loco oyéndole hablar de Julieta y creo que lo dijo? Ah, dame la mano: tú estás conmigo en el libro de la adversidad. Voy a enterrarte en regio sepulcro. ¿Sepulcro? No, salón de luz, joven muerto: aquí yace Julieta, y su belleza convierte el panteón en radiante cámara de audiencias. Muerte, yace ahí, enterrada por un muerto. [Coloca a PARIS en la tumba.] ¡Cuántas veces los hombres son felices al borde de la muerte! Quienes los vigilan lo llaman el último relámpago. ¿Puedo yo llamar a esto relámpago? Ah, mi amor, mi esposa, la Muerte, que robó la dulzura de tu aliento, no ha rendido tu belleza, no te ha conquistado. En tus labios y mejillas sigue roja tu enseña de belleza, y la Muerte aún no ha izado su pálida bandera. Tebaldo, ¿estás ahí, en tu sangrienta mortaja? ¿Qué mejor favor puedo yo hacerte que, con la misma mano que segó tu juventud, matar la del que ha sido tu enemigo? Perdóname, primo. ¡Ah, querida Julieta! ¿Cómo sigues tan hermosa? ¿He de creer que la incorpórea Muerte se ha enamorado y que la bestia horrenda y descarnada te guarda aquí, en las sombras, como amante? Pues lo temo, contigo he de quedarme para ya nunca salir de este palacio de lóbrega noche. Aquí, aquí me quedaré con los gusanos, tus criados. Ah, aquí me entregaré a la eternidad y me sacudiré de esta carne fatigada el yugo de estrellas adversas. ¡Ojos, mirad por última vez! ¡Brazos, dad vuestro último abrazo! Y labios, puertas del aliento, ¡sellad con un beso un trato perpetuo con la ávida Muerte! Ven, amargo conductor; ven, áspero guía. Temerario piloto, ¡lanza tu zarandeado navío contra la roca implacable! Brindo por mi amor. [Bebe.] ¡Ah, leal boticario, tus drogas son rápidas! Con un beso muero. Cae. Entra FRAY LORENZO con linterna, palanca y azada.

FRAY LORENZO ¡San Francisco me asista! ¿En cuántas tumbas habré tropezado esta noche? ¿Quién va?

BALTASAR Un amigo, alguien que os conoce.

FRAY LORENZO Dios te bendiga. Dime, buen amigo, ¿de quién es esa antorcha que en vano da luz a calaveras y gusanos? Parece que arde en el panteón de los Capuletos.

BALTASAR Así es, venerable señor, y allí está mi amo, a quien bien queréis.

FRAY LORENZO ¿Quién es?

BALTASAR Romeo.

FRAY LORENZO ¿Cuánto lleva ahí?

BALTASAR Media hora larga.

FRAY LORENZO Ven al panteón.

BALTASAR Señor, no me atrevo. Mi amo cree que ya me he ido y me amenazó terriblemente con matarme si me quedaba a observar sus intenciones.

FRAY LORENZO Entonces quédate; iré solo. Tengo miedo. Ah, temo que haya ocurrido una desgracia.

BALTASAR Mientras dormía al pie del tejo, soñé que mi amo luchaba con un hombre y que le mataba. [Sale.]

FRAY LORENZO ¡Romeo! Se agacha y mira la sangre y las armas. ¡Ay de mí! ¿De quién es la sangre que mancha las piedras de la entrada del sepulcro? ¿Qué hacen estas armas sangrientas y sin dueño junto a este sitio de paz? ¡Romeo! ¡Qué pálido! ¿Quién más? ¡Cómo! ¿Paris? ¿Y empapado de sangre? ¡Ah, qué hora fatal ha causado esta triste desgracia! [Se despierta JULIETA.] La dama se mueve.

JULIETA Ah, padre consolador, ¿dónde está mi esposo? Recuerdo muy bien dónde debo hallarme, y aquí estoy. ¿Dónde está Romeo?

FRAY LORENZO Oigo ruido, Julieta. Sal de ese nido de muerte, infección y sueño forzado. Un poder superior a nosotros ha impedido nuestro intento. Vamos, sal. Tu esposo yace muerto en tu regazo , y también ha muerto Paris. Ven, te confiaré a una comunidad de religiosas. Ahora no hablemos: viene la guardia. Vamos, Julieta; no me atrevo a seguir aquí. Sale.

JULIETA Marchaos, pues yo no pienso irme. ¿Qué es esto? ¿Un frasco en la mano de mi amado? El veneno ha sido su fin prematuro. ¡Ah, egoísta! ¿Te lo bebes todo sin dejarme una gota que me ayude a seguirte? Te besaré: tal vez quede en tus labios algo de veneno, para que pueda morir con ese tónico. Tus labios están calientes.

GUARDIA [dentro] ¿Por dónde, muchacho? Guíame.

JULIETA ¿Qué? ¿Ruido? Seré rápida. Puñal afortunado, voy a envainarte. Oxídate en mí y deja que muera. Se apuñala y cae. Entra el PAJE [de Paris] y la guardia.

PAJE Este es el lugar, ahí donde arde la antorcha.

GUARDIA 1 Hay sangre en el suelo; buscad por el cementerio. Id algunos; prended a quien halléis. [Salen algunos GUARDIAS.] ¡Ah, cuadro de dolor! Han matado al conde y sangra Julieta, aún caliente y recién muerta, cuando llevaba dos días enterrada. ¡Decídselo al Príncipe, avisad a los Capuletos, despertad a los Montescos! Los demás, ¡buscad! [Salen otros GUARDIAS.] Bien vemos la escena de tales estragos, pero los motivos de esta desventura, si no nos los dicen, no los vislumbramos. Entran GUARDIAS con [BALTASAR] el criado de Romeo.

GUARDIA 2 Esté es el criado de Romeo; estaba en el cementerio.

GUARDIA 1 Vigiladle hasta que venga el Príncipe. Entra un GUARDIA con FRAY LORENZO.

GUARDIA 3 Aquí hay un fraile que tiembla, llora y suspira. Le quitamos esta azada y esta pala cuando salía por este lado del cementerio.

GUARDIA 1 Muy sospechoso. Vigiladle también. Entra el PRINCIPE con otros.

PRÍNCIPE ¿Qué desgracia ha ocurrido tan temprano que turba mi reposo? Entran CAPULETO y la SEÑORA CAPULETO.

CAPULETO ¿Qué ha sucedido que todos andan gritando?

SEÑORA CAPULETO En las calles unos gritan "¡Romeo!"; otros, "¡Julieta!"; otros, "¡Paris!"; y todos vienen corriendo hacia el panteón.

PRÍNCIPE ¿Qué es lo que tanto os espanta?

GUARDIA 1 Alteza, ahí yace asesinado el Conde Paris; Romeo, muerto; y Julieta, antes muerta, acaba de morir otra vez.

PRÍNCIPE ¡Buscad y averiguad cómo ha ocurrido este crimen!

GUARDIA 1 Aquí están un fraile y el criado de Romeo, con instrumentos para abrir las tumbas de estos muertos.

CAPULETO ¡Santo cielo! Esposa, mira cómo se desangra nuestra hija. El puñal se equivocó. Debiera estar en la espalda del Montesco y se ha envainado en el pecho de mi hija.

SEÑORA CAPULETO ¡Ay de mí! Esta escena de muerte es la señal que me avisa del sepulcro. Entra MONTESCO.

PRÍNCIPE Venid, Montesco: pronto os habéis levantado para ver a vuestro hijo tan pronto caído.

MONTESCO Ah, Alteza, mi esposa murió anoche: el destierro de mi hijo la mató de pena. ¿Qué otro dolor amenaza mi vejez?

PRÍNCIPE Mirad y veréis.

MONTESCO ¡Qué desatención! ¿Quién te habrá enseñado a ir a la tumba delante de tu padre?

PRÍNCIPE Cerrad la boca del lamento hasta que podamos aclarar todas las dudas y sepamos su origen, su fuente y su curso. Entonces seré yo el guía de vuestras penas y os acompañaré, si cabe, hasta la muerte. Mientras, dominaos; que la desgracia ceda a la paciencia. Traed a los sospechosos.

FRAY LORENZO Yo soy el que más; el menos capaz y el más sospechoso (pues la hora y el sitio me acusan) de este horrendo crimen. Y aquí estoy para inculparme y exculparme, condenado y absuelto por mí mismo.

PRÍNCIPE Entonces decid ya lo que sabéis.

FRAY LORENZO Seré breve, pues la vida que me queda no es muy larga para la premiosidad. Romeo, ahí muerto, era esposo de Julieta y ella, ahí muerta, fiel esposa de Romeo: yo los casé. El día del secreto matrimonio fue el postrer día de Tebaldo, cuya muerte intempestiva desterró al recién casado. Por él, no por Tebaldo, lloraba Julieta. Vos, por apagar ese acceso de dolor, queríais casarla con el Conde Paris a la fuerza. Entonces vino a verme y, desquiciada, me pidió algún remedio que la librase del segundo matrimonio, pues, si no, se mataría en mi celda. Yo, entonces, instruido por mi ciencia, le entregué un narcótico, que produjo el efecto deseado, pues le dio el aspecto de una muerta. Mientras, a Romeo le pedí por carta que viniera esta noche y me ayudase a sacarla de su tumba temporal, por ser la hora en que el efecto cesaría. Mas Fray Juan, el portador de la carta, se retrasó por accidente y hasta anoche no me la devolvió. Entonces, yo solo, a la hora en que Julieta debía despertar, vine a sacarla de este panteón, pensando en tenerla escondida en mi celda hasta poder dar aviso a Romeo. Pero al llegar, unos minutos antes de que ella despertara, vi que yacían muertos el noble Paris y el fiel Romeo. Cuando despertó, le pedí que saliera y aceptase la divina voluntad, pero entonces un ruido me hizo huir y ella, en su desesperación, no quiso venir y, por lo visto, se dio muerte. Esto es lo que sé; el ama es conocedora de este matrimonio. Si algún daño se ha inferido por mi culpa, que mi vida sea sacrificada, aunque sea poco antes de su hora, con todo el rigor de nuestra ley.

PRÍNCIPE Siempre os he tenido por hombre venerable. ¿Y el criado de Romeo? ¿Qué dice a esto?

BALTASAR A mi amo hice saber la muerte de Julieta, y desde Mantua él vino a toda prisa a este lugar, a este panteón. Me dijo que entregase esta carta a su padre sin demora y, al entrar en la tumba, me amenazó de muerte si no me iba y le dejaba solo.

PRÍNCIPE Dame la carta; la leeré. ¿Dónde está el paje del conde que avisó a la guardia? Dime, ¿qué hacía tu amo en este sitio?

PAJE Quería cubrir de flores la tumba de su amada. Me pidió que me alejase; así lo hice. Al punto llegó alguien con antorcha dispuesto a abrir la tumba. Mi amo le atacó y yo corrí a llamar a la guardia.

PRÍNCIPE La carta confirma las palabras del fraile, el curso de este amor, la noticia de la muerte; y aquí dice que compró a un humilde boticario un veneno con el cual vino a morir y yacer con Julieta. ¿Dónde están los enemigos, Capuleto y Montesco? Ved el castigo a vuestro odio: el cielo halla medios de matar vuestra dicha con el amor, y yo, cerrando los ojos a vuestras discordias, pierdo dos parientes. Todos estamos castigados.

CAPULETO Hermano Montesco, dame la mano: sea tu aportación a este matrimonio, que no puedo pedir más.

MONTESCO Pero yo sí puedo darte más: haré a Julieta una estatua de oro y, mientras Verona lleve su nombre, no habrá efigie que tan gran estima vea como la de la constante y fiel Julieta.

CAPULETO Tan regio yacerá Romeo a su lado. ¡Pobres víctimas de padres enfrentados!

PRÍNCIPE Una paz sombría nos trae la mañana: no muestra su rostro el sol dolorido. Salid y hablaremos de nuestras desgracias. Perdón verán unos; otros, el castigo, pues nunca hubo historia de más desconsuelo que la que vivieron Julieta y Romeo. Salen todos.




Romeo y Julieta de William Shakespeare

Personajes - Acto 1 - Acto 2 - Acto 3 - Acto 4 - Acto 5