Sabiduría: Capítulo 11
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- Ella dirigió felizmente sus empresas por medio de un profeta santo.
- Atravesaron un desierto deshabitado y fijaron sus tiendas en parajes inaccesibles;
- hicieron frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios.
- Tuvieron sed y te invocaron: de una roca abrupta se les dio agua, de una piedra dura, remedio para su sed.
- Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo, fue para ellos en su apuro un beneficio.
- En vez de la fuente perenne de un río enturbiado por una mezcla de sangre y barro
- en pena de su decreto infanticida, diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante,
- mostrándoles por la sed que entonces sufrieron de qué modo habías castigado a sus adversarios.
- Pues cuando sufrieron su prueba - si bien con misericordia corregidos - conocieron cómo los impíos, juzgados con cólera, eran torturados;
- pues a ellos los habías probado como padre que amonesta, pero a los otros los habías castigado como rey severo que condena.
- Tanto estando lejos como cerca, igualmente se consumían,
- pues una doble tristeza se apoderó de ellos, y un lamento con el recuerdo del pasado:
- porque, al oír que lo mismo que era su castigo, era para los otros un beneficio, reconocieron al Señor;
- pues al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio, al final de los acontecimientos le admiraron después de padecer una sed bien diferente de la de los justos.
- Por sus locos e inicuos pensamientos por los que, extraviados, adoraban reptiles sin razón y bichos despreciables, les enviaste en castigo muchedumbre de animales sin razón,
- para que aprendiesen que, por donde uno peca, por allí es castigado.
- Pues bien podía tu mano omnipotente - ella que de informe materia había creado el mundo - enviar contra ellos muchedumbre de osos o audaces leones,
- o bien fieras desconocidas, entonces creadas, llenas de furor, respirando aliento de fuego, lanzando humo hediondo o despidiendo de sus ojos terribles centellas,
- capaces, no ya de aniquilarlos con sus ataques, sino de destruirlos con sólo su estremecedor aspecto.
- Y aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir, perseguidos por la Justicia, aventados por el soplo de tu poder. Pero tú todo lo dispusiste con medida, número y peso.
- Pues el actuar con inmenso poder siempre está en tu mano. ¿Quién se podrá oponer a la fuerza de tu brazo?
- Como lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra.
- Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan.
- Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho.
- Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado?
- Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida,
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